Liberar una nueva versión de Ubuntu cada mes. Eso es lo que propone Scott Remnant, miembro del consejo directivo de Ubuntu, en su blog personal: adaptar los ciclos de publicación de Ubuntu para que cada mes haya una nueva versión. De momento no es más que eso, una propuesta, pero ¿parece buena o mala idea?

Afirma que ahora mismo Ubuntu tiene un problema: la obsesión con añadir una determinada función en una determinada nueva versión. Así, cuando llegue la fecha (pongamos, 12.04) se eliminará el software que funciona y se sustituirá por la nueva versión con la nueva función, aunque ésta no funcione completamente. Es verdad que en ocasiones Canonical ha pecado de forzar este tipo de cosas. Pero adaptar los ciclos mensuales, si no se cambia lo demás, no sólo no sirve de nada, sino que puede originar nuevos problemas.
Y ello porque nada hace pensar que mover el sistema a ciclos mensuales vaya a solucionar algo, más bien promete no solucionar nada en absoluto; la solución no es tan obvia. Eso sí, habrá una nueva versión cada mes. ¿Ubuntu quiere ser Firefox? Creo que es un error aplicar al software de escritorio, bajo control del usuario, la lógica del software web privativo, que no está bajo control del usuario. Lo es con un navegador, y lo es tanto más con un sistema operativo que puede ser usado, potencialmente, en servidores y puestos de trabajo que requieren, ante todo, estabilidad y fiabilidad.
Obligarse a tener un sistema nuevo cada mes, con la necesidad de incluir novedades (hasta ahora era fácil, porque los ciclos de Ubuntu se sincronizan con los de Gnome), es la receta para las urgencias, las prisas y el software a medio terminar. Demasiados sustos para una gran parte de tus usuarios, que buscan exactamente lo contrario.



