Una Ubuntu nueva… ¿cada mes?

Liberar una nueva versión de Ubuntu cada mes. Eso es lo que propone Scott Remnant, miembro del consejo directivo de Ubuntu, en su blog personal: adaptar los ciclos de publicación de Ubuntu para que cada mes haya una nueva versión. De momento no es más que eso, una propuesta, pero ¿parece buena o mala idea?

Ubuntu

Afirma que ahora mismo Ubuntu tiene un problema: la obsesión con añadir una determinada función en una determinada nueva versión. Así, cuando llegue la fecha (pongamos, 12.04) se eliminará el software que funciona y se sustituirá por la nueva versión con la nueva función, aunque ésta no funcione completamente. Es verdad que en ocasiones Canonical ha pecado de forzar este tipo de cosas. Pero adaptar los ciclos mensuales, si no se cambia lo demás, no sólo no sirve de nada, sino que puede originar nuevos problemas.

Y ello porque nada hace pensar que mover el sistema a ciclos mensuales vaya a solucionar algo, más bien promete no solucionar nada en absoluto; la solución no es tan obvia. Eso sí, habrá una nueva versión cada mes. ¿Ubuntu quiere ser Firefox? Creo que es un error aplicar al software de escritorio, bajo control del usuario, la lógica del software web privativo, que no está bajo control del usuario. Lo es con un navegador, y lo es tanto más con un sistema operativo que puede ser usado, potencialmente, en servidores y puestos de trabajo que requieren, ante todo, estabilidad y fiabilidad.

Obligarse a tener un sistema nuevo cada mes, con la necesidad de incluir novedades (hasta ahora era fácil, porque los ciclos de Ubuntu se sincronizan con los de Gnome), es la receta para las urgencias, las prisas y el software a medio terminar. Demasiados sustos para una gran parte de tus usuarios, que buscan exactamente lo contrario.

La Unión Europea extiende el copyright de obras musicales hasta los 70 años

Los Beatles, siempre jóvenes, siempre con copyright
[Foto: Los Beatles, siempre tan jóvenes, siempre tan protegidos por su copyright.]

La industria tenía prisa: Cliff Richard, los Beatles y los Rolling Stones estaban al límite (algunas de sus grabaciones, de hecho, quedaron en dominio público) y en unos años iba a ser peor: Hendrix, Joplin, The Doors, Dylan y todas las vacas sagradas de los años 60 se escaparían por completo.

Las obras musicales estaban protegidas, hasta ahora, durante 50 años. Medio siglo para ejercer un enormemente lucrativo monopolio al que uno se acostumbra y, bueno, luego no quieres dejarlo sin más. Desde ayer, en la Unión Europea la restricción de copia, ese monopolio injusto que demarca una propiedad tan intangible que más que propiedad es denegación de derechos a los demás (derecho a modificar y republicar una obra) se prolonga hasta los 70 años desde su creación. Lo aprobó ayer el Europarlamento, aunque haya que leerlo en la BBC porque en la página de la institución no aparece en portada. No debe sorprendernos, estaba ya hablado desde 2009 cuando hablamos de Paul McCartney y el europarlamento.

Una mirada al pasado, otra más; otra piedra sobre el dominio público. Una barrera nueva a la innovación, que es lo único que nos hará salir de esta crisis. Estar en un agujero y seguir cavando. Así de irracional es todo.

[Actualización 16:07: La firma en sí se estampará el lunes, así que si de milagro algún Estado se china y cambia de idea, quedaría sin firmar. Parece altamente improbable.]

[Actualización 2011-09-09: Jomra nos deja un interesante comentario con algunas precisiones.]

[Actualización 2011-09-13: Christian Engström habla de la derrota sufrida por los amantes del conocimiento libre a manos del club de Estados europeos.]

La supervivencia del mensaje

Blog

¿Qué aporta un blog que no te aportan los servicios para red social tipo Twitter o Facebook?

Dice George Siemens que mientras las últimas suplen únicamente su necesidad de contacto con los más cercanos, el blog le permite estructurar ideas que perduran en el tiempo y representan, desde hace más de una década, oportunidades de trabajo, viajes y crecimiento. Dice Siemens que, como consecuencia, está perdiendo el interés en estas redes sociales; y es que si no le aportan nada más, para mantener el contacto con tus personas cercanas ya hay múltiples vías.

Dejando de lado lo que perdemos y los efectos perniciosos, la diferencia es lo que Bianka Hajdu pone en términos de flujo y sustancia. Eso y que los blogs constituyen una presencia gestionada más controlable.

Aunque tanto unas cosas como otras constituyen parte de nuestra presencia gestionada en la web (algo cada vez más importante frente a la presencia no gestionada, que desemboca en algo como «tu red sin ti», en palabras de Fernando Tricas), el cómo se construye una y otra presencia determina qué se obtiene: qué publico alcanza nuestro mensaje, durante cuánto tiempo está accesible el mismo; empezando por aquellos que estén dispuestos a usar la herramienta en toda su capacidad, adaptándola a lo que cada uno estime oportuno, y terminando en esa larga cola de lectores que no nos leen el primer día, sino que descubren nuestras ideas y propuestas pasado un tiempo.

Sin quitar importancia a lo que otros tipos de diseño de flujo de información tengan que aportar, esto último (la vida media y la perdurabilidad de nuestro mensaje, que al final equivale a la vida media de los frutos de nuestro trabajo) es especialmente crítico. Para ello, ya lo sabemos, no hay nada como un blog en un espacio adaptado exactamente a las necesidades de nuestro mensaje. Nada que no supiéramos y que no hayamos defendido hace ya años, pero es bueno saber que entre tanta moda aún hay personas que mantienen la cabeza fría y en su sitio.

Próximamente… ¿con los zapatos puestos?

Por mucho que lo diga la mismísima Janet Napolitano, Secretaria de Seguridad Nacional de los Estados Unidos, hasta que no se apruebe oficialmente serán sólo palabras: parece que próximamente los viajeros de avión de aquel país no tendrán que quitarse los zapatos en los controles de seguridad. ¿Será verdad que el jefazo de la TSA ha aprendido algo desde su inefable estreno? Faltarían dos cosas: primero que lo aprueben y, segundo, que los mismos políticos necios que importaron esa medida sin cuestionarla, se apresuren también a importar su derogación.

Amazon.es desde la semana que viene

Amazon

Una larga década esperando su llegada, y ya teníamos gran parte de los beneficios (envío sin gastos de envío, por ejemplo), pero pensar que desde la semana que viene podremos comprar libros en Amazon, recibirlos rápido y sin gastos de envío resulta delicioso, aunque sea tan sólo por las ganas acumuladas que le tengo a la Casa del libro y a todos sus acólitos; incluido ese engendro terrible que los editores llamaron Libranda. Lo último se hará esperar pues ya sabemos que, al menos por ahora, Amazon no venderá libros en formato electrónico.

Ahora sólo falta saber si las condiciones (precios, catálogo) serán tan competitivos como las de sus otras filiales. Los mojigatos que durante años se han empeñado en cobrarnos precios abusivos cuando intentábamos comprar un libro por Internet se merecen un poco de guerra. Falta por saber si Amazon planteará dicha competencia. El día 15 saldremos de dudas; no hablemos demasiado de comercio electrónico todavía.

No eres el usuario, eres el producto

Dice Don Norman, autor de The Design of Everyday Things, citado en GigaOM, que:

Most people would say «we’re the users, and the product is advertising», but in fact the advertisers are the users and you are the product.

Decíamos hace tres años en La vida privada como producto (y lo incluimos en La sociedad de control) que:

la historia del capitalismo indica que toda nueva revolución comercial se ha cimentado convirtiendo en productos industriales producidos y comercializados en serie y de forma masiva objetos que hasta ese momento eran fabricados de forma artesanal. Así sucedió con la revolución textil en Flandes y con la invención de los transportes masivos de pasajeros (sobre todo el ferrocarril) en la Inglaterra del siglo XIX. Henry Ford convirtió, a su vez, el transporte individual en producto industrial fabricado en serie y, más tarde, la industria de los electrodomésticos nos creó la necesidad de toda clase de pequeños aparatos que hacían las tareas que anteriormente se hacían a mano. Por último (hasta ahora), la industria del entretenimiento hizo de nuestro tiempo libre un objeto de negocio.

Tal como están las cosas, la próxima revolución comercial no podría más que convertir en objeto de mercadeo lo único que aún no ha sido invadido: nuestra vida privada.

No pasa nada, ya lo sabemos. Tomar nota no nos hace ni mejores ni peores. Se trata, tan sólo, de ser conscientes de ello. Quizá exigiríamos a ciertos servicios una recompensa mucho mayor de la que ofrecen a cambio de todos nuestros datos. O quizá más personas buscarían alternativas.

My Tiny Todo, sencillo gestor libre para tus tareas pendientes

My Tiny Todo, gestor de tareas libre

Hace ya un par de meses que estoy usando My Tiny Todo, un gestor de tareas online y libre. Echaba de menos algo así desde que abandoné RememberTheMilk, y quería algo que fuera igual de sencillo y ligero, sin distracciones… pero libre, algo que me pudiera llevar a mi servidor.

El tema es que usé diversos métodos, algunos de ellos verdaderamente útiles, como el de anotar todo lo pendiente (por insignificante que pareciera) en la moleskine al comenzar el día e ir añadiendo las nuevas tareas sobre la marcha. Eso permite ver qué tareas llevas arrastrando durante más días y supera con creces (creo) alternativas como llenar la mesa de post-it. Sin embargo, la opción no es perfecta. Tendemos a llevar en el bolsillo cada vez menos cosas, como vimos cuando hablamos de los retos que plantea la movilidad; un cuaderno de papel es el primer candidato a quedarse en casa si queremos economizar bultos. El móvil, sin embargo, siempre viene con nosotros, de modo que una aplicación web ligera y libre es un gran candidato a permitirnos anotar cualquier cosa en cualquier momento en una lista de tareas que podremos acceder más adelante desde otros dispositivos.

Tras evaluar otros proyectos mucho más ambiciosos (más adaptados a gestión de proyectos para trabajo en equipos bien diferenciados) y también libres, como ProjectPier, encontré en My Tiny Todo exactamente lo que iba buscando: una interfaz sencilla, gestión de tareas y listas de tareas y posibilidad de tener la instalación en mi propio servidor. Poder añadir tareas desde una aplicación ajena, bien de escritorio o de móvil, sería ya la bomba, pero de momento no se puede.

Como desventaja, la lista de funciones que incluye el software no incluye, aún, el multiusuario. El desarrollador lo promete para antes de final de año y será un auténtico win eso de poder compartir tareas con otros usuarios… ahora lo más que se puede hacer es compartir un usuario y colgarle en las etiquetas el nombre de la persona que trabaja para finalizar algo. Evidentemente, esto no importa para nada a quienes deseen hacer un uso personal (e intransferible) de la herramienta que, ya digo, cumple su función de forma sobresaliente.

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