Todo excusas

Las personas no difieren demasiado acerca de qué consideran malvado; difieren enormemente acerca de qué maldades considerarán justificables.

G. K. Chesterton

En estos días posteriores a la condena contra la cúpula del PSOE en el primero de los casi 200 juicios que van a salir sobre la corrupción en Andalucía, vale la pena recordar que muchos de quienes hoy callan, cuando no ponen paños calientes, o directamente mienten para justificar a los corruptos, pusieron el grito en el cielo con otro grave caso de corrupción, la Gürtel, afectando en aquel caso a los otros, al PP.

Ambos casos son igualmente rechazables. No hay necesidad de elegir si uno es mejor que el otro.

Por sus silencios y sus justificaciones los reconoceréis, algunos se presentaban como azote de corrupción y bien barato se han vendido a cambio de un par de sillones.

Patético y desolador.

Cuando equivocamos el origen de la riqueza

Una sociedad que crea que la riqueza se crea por fortuna o privilegio se devorará viva a sí misma.

Naval Ravikant, CEO de AngelList

Por eso creo que el hecho de que la más alta élite política española esté implicada en los casos de corrupción para obtener títulos académicos de forma fraudulenta es tan grave: porque el mensaje que transmiten es que a ese bienestar tan solo se accede mediante esos privilegios.

Fútbol, cultura, pretenciosidad

Quienes me conocen saben que no soy muy de fútbol. Quiero decir, de ver fútbol en la tele y emocionarme con alguno de los equipos y todo eso; sencillamente, no es lo mío.

No obstante, tengo que decir que tiene algo de paradójico los ataques de tanto pretencioso que critica el fútbol por ser anticultura, masivo, y bruto, mientras se traga sistemáticamente toda una sucesión de series producidas para el público altermasivo no sólo estadounidense sino también europeo.

Ante este público snob que se traga el anzuelo de la cultura alternativa (sic) más masiva que hemos conocido tiene algo de subversivo defender al fútbol y a quienes deciden que tanto tiene de entretenimiento una película mala que dure 2 horas como un partido de fútbol visto en la tele, que también va a durar dos horas.

Cayendo del guindo con WeWork

Ahora que comienza a haber consenso entorno a WeWork y el humo alrededor de su modelo no está de más recordar lo que escribíamos en este blog hace ya siete años, en pleno 2012, al hilo de la entonces emergente burbuja del coworking:

los espacios de coworking son una mutación del mercado inmobiliario, que se las ingenia para alquilar sus inmuebles vacíos buscando una rentabilidad mayor de la que conseguirían alquilando el inmueble completo a un único cliente, aún suponiendo que hubiera (y no la hay…) demanda de inmuebles completos

El hilo que va del falsamente innovador coworking que no deja de ser un alquiler lavado de cara a WeWork pasa por Uber y las empresas que sin ser tecnológicas intentan hacer creer a los incautos de que lo son para beneficiarse de las altísimas valoraciones en ratio facturación:valoración de las acciones de cara a una hipotética OPV. Hace un año sobr Uber escribí aquí mismo los dos principales factores separando a Uber de un gigante tecnológico:

De la ausencia de efecto red característica de las empresas de internet a la ausencia de economía de escala en la compra.

Todo lo comentado para Uber aplica al nuevo bluf inmobiliario que es WeWork.

Para sorpresa de absolutamente nadie, la prensa compra ese relato una y otra vez porque lo único que les interesa es inventar relatos en los que la innovación se mide en inversiones millonarias. El relato del dinero es un panal de miel ante el que los informadores profesionales sucumben con alarmante y patética facilidad. Shocked, shocked.

El nuevo contrato social: estudiarás hasta el fin de tus días

Siento profunda pena cuando veo a tantísimos estudiantes universitarios cuya única ambición es opositar en cuanto terminen el grado para meter la cabeza en un puesto de trabajo que les dure toda la vida.

Obviamente, no voy a juzgar ni los actos ni las ambiciones de los demás con mi propia vara personal e intransferible de medir, así que tampoco me preocupo en exceso. Pero sí creo que muchas veces perdemos oportunidades de hacer de nuestras vidas un viaje mucho más entretenido, más provechoso, y luego nos lamentamos de que las mismas hayan terminado siendo aburridas, o rutinarias.

Si hablamos de trabajo, la mayor parte de quienes están profundamente quemados con su trabajo lo están porque llevan demasiado tiempo haciendo cada día exactamente lo mismo.

Estamos en 2019 y pocas cosas generan tanta frustración como las expectativas irreales de dejar de estudiar en cuanto uno recibe un título de estudios superiores (bien FP, bien universidad). Hay un motivo por el cual los discursos que se dan a graduados universitarios en Estados Unidos se llaman Commencement speech. Discurso de inicio, o de iniciación. No se llaman discurso del punto final a tomar por culo esta mierda de apuntes de una vez, no. Hacen alusión a que la etapa que uno deja atrás es el preámbulo, está antes incluso del comienzo. Cuando lo recibes, tienes aún un largo viaje por delante.

Lo explicaba bien Thomas Friedman en una conferencia a la que he aludido varias veces:

Puedes ser un empleado de por vida en AT&T, pero solo si vas a estar aprendiendo cosas nuevas de por vida. Si esa no es tu actitud, no puedes ser empleado de por vida. Éste es el nuevo contrato social.

Si aspiramos a vivir al margen de los retos que nos pone la vida, esto puede sonar aterrador. Sin embargo, lejos de lamentarnos por ello, creo que hay algunas cosas buenas en esta nueva realidad.

La más importante es que el cambiar de trabajo, a veces incluso de profesión aunque esto es mucho más complicado conforme avanzamos por la vida, te abre nuevas oportunidades: hacer cosas nuevas, aprender cosas nuevas.

Esto nos lleva de nuevo a otro comentario sobre los valores que inculcamos a los niños para que afronten el futuro. No es el camino más fácil, pero sí es el más atractivo, sobre todo si vemos lo que en él hay de valioso. Sería efectivamente más fácil no tener que esforzarnos en reutilizar nuestros conocimientos y nuestro bagaje para algo nuevo e ir siempre un paso más allá, pero entonces estaríamos siempre estancados en el mismo sitio.

Las religiones laicas, los «días de», y el gimnasio

Al ser humano le encantan las historias, aprendemos mediante ellas y, además, de forma completamente inconsciente nos creemos mejor lo que podemos narrar como una sucesión de hechos enlazados, pues viajamos a hombros de nuestros sesgos cognitivos.

Las religiones son siempre un compendio de cuentos e historias. Un tipo concreto de historias centradas en la moral, la ética, y la gestión de la vida pública y privada, a veces útiles y otras no tanto; pero historias al fin y al cabo.

Los días-de

Es por esto que con el retroceso de la religión en occidente queda libre ese hueco. Las personas dejan de creer en dioses pero necesitan seguir creyendo, quieren seguir creyendo en algo, y quieren seguir celebrando cosas y eventos a lo largo y ancho del calendario del mismo modo que antes se celebraban las cosechas, el acortamiento / alargamiento de los días, o el final del invierno. Y creerán muchas cosas, a menudo incluso cualitativamente similares a las que tanto les ofenden.

No voy a entrar a debatir los paralelismos del comunismo y el cristianismo, eso lo pueden encontrar bien explicado en otros sitios.

Pero cada vez que se celebra un «día de» no puedo evitar pensar que los días-de no son otra cosa que un santoral laico que no difiere nada de dedicar un día a la diosa de la guerra, al dios del trueno, al de las cosechas, o al de la fertilidad, algo que seguramente ya sucedía hace miles de años.

Este tipo de celebraciones que nos llevan del día del medio ambiente, al de la paz, al de los enamorados, al de la mujer trabajadora, al del padre, y al siguiente del cuál aún no hemos oído hablar en un carrousel infinito vienen a llenar el vacío sentimental dejado por la religión.

El gimnasio

Al mismo tiempo, cuando las personas dejan de congregarse en la iglesia los domingos, no desaparece la necesidad ni el deseo de estar con otras personas con las que tengamos cosas en común, de reunirse y congregarse en torno a algo que aporte sentido al día a día aunque sea a modo de rutina que nos recuerde que se acerca el mediodía, o la medianoche, o que ya hemos salido de trabajar y podemos relajarnos.

Es ahí donde ese rol de punto de encuentro que otrora recayese sobre la iglesia ahora es ocupado por otros espacios laicos. Cuando se deja de ser un veinteañero que hace deporte abundante y de forma espontánea, esta actividad física ha de hacerse deliberada y planificadamente (para no caer víctimas de nuestra propia pereza) para no sentirnos demasiado anquilosados. Y el lugar para ello son los gimnasios.