Diagramas de Voronoi

Diagrama de Voronoi aplicado al fútbol

Los diagramas de Voronoi son una interesante forma de repartir el espacio en regiones que tienen en común la cercanía a un determinado elemento situado en ese mismo espacio.

También se les conoce como Polígonos de Thiessen o teselaciones de Dirichlet.

Hay una explicación excepcional escrita por Clara Grima, tan brillante por sencilla que estoy dispuesto a creer que hasta un niño de tres años puede entender el concepto, tal y como afirma la autora.

Un ejemplo de estos diagramas sería la división de un campo de fútbol en función de la ubicación de los diferentes jugadores sobre el terreno de juego, que acompaña a esta anotación.

Gracias a estos diagramas es fácil observar que uno de los equipos controla efectivamente una parte mayor del campo, y que las regiones controladas por ellos están todas conectadas, habilitando pases.

Buscando (des-)conexión: cómo ha cambiado nuestro uso de Internet

Offline

De todos los sonidos que mi hijo no entenderá, atesoro especialmente el de mi viejo módem conectándose a Internet mediante una infraestructura telefónica cuyo propósito había sido repensado.

Con esas palabras comenzó hace muchos años una excepcional y memorable columna en The Atlantic, que no es la primera vez que cito. El sonido en cuestión puede oírse en Soundcloud; si son ustedes unos nostálgicos y vivieron ese momento, quizá quieran atreverse a oirlo, pero no me hago responsable de nada.

Si en aquellos años noventa me hubieran pedido adivinar el uso (cuantitativo, pero también cualitativo) que haríamos de Internet un par de décadas después, habría errado, y lo habría hecho por un magnífico y enorme margen, porque una cosa es entrever desde el principio que la brecha digital era otra cosa a la que nos vendían los políticos, y otra diferente ser capaz de atisbar la magnitud del cambio que ha sufrido nuestro mundo en dos décadas.

Si vamos a los datos más o menos concretos, en Internet World Stats tienen una tabla con la que he preparado la siguiente gráfica para ver el crecimiento del número global de usuarios de Internet y el porcentaje de población que representa.

Desde 1995, la población conectada a Internet ha pasado desde 16 millones a más de 4000 millones (250x), y ha pasado de ser menos del 0.5% a más de la mitad de la población mundial global. La tendencia de ambos indicadores es similar porque el crecimiento que han experimentado es enormemente mayor al crecimiento de la población mundial para el mismo periodo.

El cambio es tan profundo que en Europa y América lo complicado ha pasado a ser justo lo contrario: encontrar a alguien que no esté conectado a Internet. Incluso, para quienes la usamos tanto dentro como fuera de nuestro día a día en el trabajo el reto es buscar espacios y momentos sin Internet, para aislarnos de ella siquiera un rato y realizar actividades de otro tipo que requieran concentración, o sencillamente para no ser interrumpidos constantemente.

Al hilo de esto último, el tiempo que permanecesmos online también ha subido: en Estados Unidos, cuyo contexto es muy similar al que tenemos en España, las aproximadamente 9 horas promedio de 2005 se duplicaron hasta 20 en 2014 (Ofcon), y subieron por encima de 25 horas semanales en 2017 (datos de UK en esta ocasión, también recogidos por Ofcon pero reseñados en Telegraph). En promedio, miramos la pantalla del móvil cada 12 minutos en busca de notificaciones; en efecto, ese sistema de recompensa variable nos tiene bien enganchados.

Si nos quedamos con ese dato, parece que estamos online unas 4 horas al día, y sanseacabó. La realidad no es así. El cambio drástico es que en realidad estamos conectados, accesibles y vulnerables a interrupciones indeseadas de forma permanente, y en esas 4 horas diarias se incluye únicamente el tiempo que pasamos usando servicios digitales.

No se trata de discutir si Google nos está volviendo tontos o no (respuesta corta: no), sino de enfocarnos en otro matiz: las distracciones y las interrupciones nos impiden alcanzar un rendimiento intelectual mayor, tanto individualmente como en grupo, y ya son el mayor enemigo para nuestro desempeño. Esta entrevista a Michael Sandel del pasado octubre es una buena lectura al respecto.

El reto de las distracciones y el esfuerzo concentrado es mayor en los jóvenes y los niños. No es casualidad que mientras la mayor parte de la población sienta a sus niños delante de Youtube para casi todo (desde conseguir que se calmen a conseguir que coman o pasen por algún que otro aro), las clases medias y altas más conscientes (principalmente, profesionales muy vinculados al software y la tecnología) intentan por todos los medios limitar el tiempo de uso que sus hijos disponen de las diferentes pantallas con las que conviven.

Un tema sobre el que debatir muchísimo, apenas quería anotar unas ideas y ya ven que el post se ha ido alargando. Es un tema al que dedico cada vez más reflexiones, en esa búsqueda constante de mejorar mi forma de usar la tecnología y aprender con ella, mientras busco la forma en que lograr que mi hijo también lo haga, cuando le llegue el momento.

Año nuevo, tema nuevo

He actualizado la plantilla con la que renderizamos el contenido en el blog. Ahora funcionamos con el tema Graphy, que es muy similar al que veníamos usando pero tiene detallitos que me convencen más.

Por el camino la página especial que teníamos para la VS Pedia ha perdido su formato, así que habrá que recuperarla. A ver si lo hago prontito. (Actualización, un rato después: Ya la hemos arreglado.)

Gracias a Moisés Cabello, sin cuya ayuda no habría descubierto este tema.

2018, un buen año

Con todos sus matices, porque un año es muy largo incluso para quienes ya no somos niños y los vemos pasar volando delante de nuestras narices, este año 2018 que estamos a punto de finiquitar ha sido para mí un gran año tanto personal como profesionalmente.

Podría hablar de muchas de las cosas que han acontecido pero, por ser este mi blog, voy a centrarme precisamente en el blog. Uno de mis propósitos del año fue volver a escribir en este blog con regularidad, usarlo para seguir aprendiendo algo más alejado del ruido que promueve la absurdamente mal llamada web social.

Esta entrada hace la número 64 de este año, casi el doble que los dos años anteriores juntos. Sesenta y cuatro entradas, algo así como una entrada a la semana; creo que es una frecuencia con la que me he vuelto a sentir cómodo. El resultado ha sido muy positivo: reflexión, debate, y aprendizaje. Es verdad que hay otros medios y otros formatos para comunicar y debatir. Desde luego, esos medios son mejores si uno está en ello por la pasta, pero el blog sigue siendo un formato ideal para expresar ideas no triviales y debatir sobre ellas si uno espera feedback (una newsletter no tiene esa componente, aunque sea muy efectiva en otros aspectos).

Espero que a quienes pasáis leyendo estas anotaciones el año os haya deparado como poco las mismas satisfacciones que a mí, y que el próximo 2019 nos trate aún mejor. En cualquier caso, nos seguiremos leyendo.

La banca según Sillicon Valley, más cerca

DInero en efectivo

Hoy hemos sabido que Google ha conseguido la primera licencia para operar como una empresa FinTech más en Europa, concretamente en Lituania (El Economista). Dos ideas importantes que comentar al hilo de este hito:

  • La procastinación del sector bancario
  • El rol del regulador antimonopolio en un escenario hipotético y futuro.

La increíble pasividad bancaria frente el constante avance de los gigantes de Internet hacia su mercado

Ante la noticia arriba enlazada, comienzo a ver reacciones de sorpresa. ¿De qué se sorprende nadie? Este devenir en bancos es algo que está ahí, a la vista de quien quiera verlo, desde hace años. Escribía un servidor de ustedes en 2012, hace seis años y pico:


Al concluir hace ya muchos meses una sesión de proyecto con Luis Pérez, responsable de Indizen en temas de algorítmica de sistemas de información aplicados a finanzas, la conversación derivó y finalmente comenté que los bancos debían esperar encontrar una competencia inesperada: la de las grandes empresas de tecnología, que llevan años tomando posiciones por controlar la interfaz de micropagos ante la despreocupación del intermediario clásico (el banco)


Ayer [referencia del post original, año 2012] se confirmó que Google planea emitir tarjetas de plástico (de las de toda la vida, vamos) vinculadas a su Google Wallet en lo que es un movimiento importantísimo que, me temo, pasará desapercibido para el gran público

Como digo, hace más de seis años. Los bancos han perdido el tiempo de forma escandalosa. Ante la emergencia de todo eso que llamamos FinTech, que incluye desde nuevos actores de banca convencional como N26 a nuevos especialistas en productos de inversión como Darwinex, se han limitado a no hacer nada en el mejor de los casos y a extender FUD en el peor. A ver qué hacen ahora, porque el tema se pone muy interesante y el tiempo para cazar musarañas parece agotarse.

Si SV crece en la banca, el regulador entrará con toda seguridad

Por otro lado, la aproximación antimonopolio tradicional (partir una empresa cuando asfixiaba a la competencia en un determinado mercado) no ha sido nunca muy aplicable en el sector de Internet. Por una parte es complicado trocear Google o Facebook y decirle que no ofrezca tal o cual servicio digital, al no cuadrar su estructura con la convencional donde de forma muy estanca y separable alguien fabrica las piezas, otro las ensambla, y un tercero las vende al cliente final. Por otra parte, donde los mecanismos de prevención de monopolios tradicionales están muy estudiados y el regulador puede actuar minimizando daños para todas las partes y ampliando el beneficio general, no está nada claro que esos mecanismos sean aplicables al ofrecimiento de un montón de servicios web convencionales (búsqueda, email, publicidad, etc.).

Sin embargo, la prestación de servicios financieros sí está profundamente diferenciada de la actividad habitual de un gigante de Internet. Mi intuición me dice que si bien de entrada Google, Apple, y otras empresas, van a conseguir ese acceso a mercado como operadores, es más que probable que una hipotética fragmentación de estas empresas en base a medidas antimonopolio encuentre en estos servicios financieros un lugar fácil en el que el regulador pueda meter la tijera, llegado el momento.

El tiempo dirá, pero sin duda es un tema que seguiremos con atención.


Bárbaros

El bárbaro, o totalmente se burla o totalmente venera. La civilización es sonrisa que mezcla discretamente ironía y respeto.

Nicolás Gómez Dávila, Escolios a un texto implícito

Esta frase la encontré hace algún tiempo gracias a Pere Quintana.

¿Y si Uber no fuera un gigante tecnológico como los demás?

Se ha hablado mucho de Uber, incluso en este blog hemos hablado con anterioridad de esta compañía tanto hablando de taxis y privilegios como, más al hilo con el tema que comentamos hoy, hablando de economía colaborativa y audacia comercial o de barreras de entrada para montar negocios digitales.

Habitualmente se compara a Uber con un gigante tecnológico al uso, como Amazon o Twitter. Así se justifica el hecho de que a punto de cumplir los 10 años, Uber aún no solo no esté obteniendo beneficios, sino que continúe quemando dinero a razón de unos 1000 o 1500 millones de dólares al año. Se dice pronto.

Resulta de especial interés, por tanto, responder a la pregunta que nos hacemos en el título: ¿Y si Uber no fuera un gigante tecnológico como los demás? Un artículo publicado en NY Mag da buena cuenta de las semejanzas y diferencias entre Uber y otras grandes empresas del momento, y la verdad es que encuentra muchas más diferencias que semejanzas.

De la ausencia de efecto red característica de las empresas de internet a la ausencia de economía de escala en la compra de los vehículos que esperarías de un gigante de su sector. Siendo esto último solventable, lo cierto es que si Uber centraliza la propiedad de los coches, el discurso ha de cambiar del somos una empresa de Internet al somos una empresa de taxis con una app encima, y esto es exactamente lo mismo que otros cientos de empresas que le están haciendo la competencia.

En general, una muy buena lectura para reflexionar en este finde que comienza.