
Desde hace un tiempo en mi día a día no programo tanto como me gustaría, y dedico una buena parte de mi tiempo a gestionar “equipos de equipos” de desarrollo.
Es un tema que tiene su gracia porque la escala es la maldición del software moderno: la mayor parte del software que entregamos requiere mucho más de los míticos uno o dos equipos a los que podemos dar de comer con unas pocas de pizzas familiares. La escala es fricción, es ruido y, sobre todo, es lentitud.
La paradoja de la productividad con la IA (sin anestesia)
La productividad individual se ha multiplicado gracias a la IA, pero en la mayoría de las organizaciones eso no se traduce en entregar valor más rápido al usuario. Es el gran engaño de nuestro tiempo.
Tener un borrador para cualquier idea es ahora instantáneo, los análisis son más finos, y estamos automatizando todo. El código también se produce más rápido que nunca antes. Sí, sí, pero ¿está notándose realmente de cara a tus clientes? Me temo que no.
Una verdad incómoda: el aumento de productividad individual se disipa en la complejidad organizativa.
Tú haces tu parte más rápido que nunca solo para que se muera de asco durante días (o semanas) en el limbo de las dependencias, esperando que otros equipos te abran paso para releasear. El tiempo total para completar una tarea raramente es tiempo programanado. La mayor parte se pasa como tiempo esperando.
Cuando los tiempos de esperan dominan, la IA da a tus programadores satisfacción personal pero no da a tu empresa ventaja competitiva. El rendimiento individual ha explotado, pero si tu estructura no sabe canalizar esa energía, solo estás quemando dinero más rápido. Ahora con tokens en Anthropic.
El rendimiento individual ha explotado, pero es imprescindible crear una organización que sea capaz de sacar partido a esa ganancia.
La velocidad individual no equivale a velocidad de la organización. Esto no es nuevo, lo que pasa es que ahora da mucho más el cante.
Antes la ineficiencia organizativa quedaba enmascarada por la lentitud de implementación. Pero con la IA es más obvio que nunca que el verdadero cuello de botella ya no es la tecnología, sino la estructura de la organización.
Y esto solo va a ir a peor. La velocidad de ejecución se está convirtiendo en el único factor de supervivencia. No me malinterpretéis: la excelencia técnica sigue siendo necesaria, pero sin velocidad de ejecución, estarás fuera del mercado antes de que tu código elegante tenga siquiera la oportunidad de competir.
Esto tampoco es nuevo. ¿Recordáis a la famosa ballena de Twitter? Era la forma graciosa de decirnos que el servidor había reventado. Salía constantemente. Pero, ¿recordáis a alguno de sus miles de competidores que jamás fallaban? No. Se los tragó la historia. En 2026, esa tendencia es una ley física.
La ley de Conway: produces software del modo en que te organizas
¿Cómo hacerlo? Aplicando lo que ya sabemos:
- Minimizar dependencias entre equipos (aplicando principios como Domain-Driven Design para reducir la fricción)
- Equipos end-to-end. en el límite de eliminar dependencias, genera equipos con potestad end-to-end sobre su dominio de negocio
- La organización y sus déficits como ciudadanos de primera. Afrontando los problemas organizativos como problemas de primer orden, por más que las personas en la organización tiendan a resistirse
El señor de la foto de abajo es Melvin Conway. Uno de esos tipos mucho más listos que yo a los que conviene escuchar.

Melvin Conway es un matemático e informático. Desarrolló el concepto de corutinas (permitiéndonos suspender la ejecución de una aplicación, algo que ahora damos por sentado) y fue el primero en aplicar el concepto de un ensamblador. Izquierda. Melvin Conway en 1968 (un año después de acuñar lo que conocemos como Ley de Conway). Derecha. Aproximadamente en 2015.
La ley de Conway en acción
Melvin Conway observó que “las organizaciones diseñan sistemas que reflejan sus estructuras comunicativas”.
Si tus equipos se organizan en silos aislados, tu software será un pastiche de piezas inconexas. La IA hace a los individuos más rápidos, pero si tu diseño organizativo genera fricción, esa velocidad muere en el foso de la comunicación interna.
¿Externalizas? Entonces la productividad se la queda otro
Además del diseño organizativo, hay un elefante en la habitación que explica por qué no ves ese supuesto incremento de velocidad: la productividad se la está quedando tu proveedor.
Si tienes parte de tu desarrollo externalizado y no notas que avancen más rápido, pueden estar pasando muchas cosas. Pero asume la más probable: sí que trabajan más rápido, solo que tú no estás invitado a la fiesta.
En el mundo de los contractors, el incentivo es perverso. El objetivo básico del proveedor es que sigas confiando en él, claro. Pero el objetivo real es tener a todos sus consultores facturando al 100%. Un consultor libre es dinero que dejan de ganar y un riesgo de fuga de talento.
De modo que, si sus desarrolladores ahora son un 30% más rápidos gracias a la IA, ese margen no te lo van a regalar en forma de entregas más tempranas. Lo van a diluir: una gota de «QA extra» por aquí, un poco de procesos internos por allá. O sin más rodeos, van en mejorar su propio margen de beneficio. La renta derivada de la IA la captura quien se remanga para producir el software.
La mentalidad de MBA, en jaque
Sé que esto choca frontalmente con la mentalidad de MBA, esa obsesión por optimizar el uso de recursos y cuadrar presupuestos de costes estructurales frente a gasto en servicios. Pero siento ser yo quien te dé la mala noticia: en el desarrollo de software, the times the are a-changing y las reglas de negocio también.
Últimamente oímos casos de empresas que están internalizando procesos que antes delegaban en SaaS o en terceros. Es el mismo movimiento defensivo: si quieres capturar el valor que genera la IA, tienes que poseer el medio de producción.
Entiendo las ventajas fiscales y operativas de externalizar, pero si quieres ver un impacto real en tu cuenta de resultados gracias a la IA, quizá debas replantearte ese equilibrio entre lo interno y lo externo. Lo que tú no seas capaz de construir por ti mismo, lo vas a tener que pagar a precio de oro, aunque al proveedor le cueste la mitad que hace dos años.
Ni era dorada del vibe coding ni leches: o recuperas el control de tu desarrollo, o estarás subvencionando la eficiencia de otros.
¿Qué nos llevamos de todo esto?
La IA ya es una commodity. Todo el mundo la tiene, no te hace especial. Los ganadores van a ser quienes sepan combinar esa aceleración con agilidad organizacional real.
Entender y abrazar la Ley de Conway es lo que permite que la IA tenga un impacto real de cara al usuario. La pregunta ganadora no es “¿cuántas líneas de código puedo generar yo hoy?” (ya sabemos que podemos generar todas las que hagan falta), sino “¿cuánto tardamos, como equipo, en poner esta idea en manos del cliente?”.







