Christopher Tolkien, in memoriam

Ha fallecido Christopher Tolkien, hijo del que quizá sea el autor con el que más he disfrutado jamás: J. R. R. Tolkien.

De la necrológica de El País no digo nada porque parece escrita hace años, como en el Lisboa de Sostiene Pereira. No se mencionan los últimos libros editados que completan el trabajo profundo en torno al núcleo principal de El Silmarillion: La caída de Gondolin y Beren y Lúthien. Da la sensación de que ni siquiera se han molestado en ponerla mínimamente al día: son flojos a más no poder.

Justo hace unos días comencé a leer Beren and Lúthien, que me está sorprendiendo gratamente porque va mucho más allá de ser una edición sacaperras de un fascículo del Silmarillion para abarcar toda la evolución de esa leyenda -mi preferida de toda la edad antigua de la Tierra Media- a lo largo del tiempo en el propio imaginario de Tolkien. Y es que yo siempre busco excusas para volver a Tolkien.

Christopher Tolkien tuvo la buena suerte profesional de ser hijo de su padre y poder bucear intelectualmente en su obra, y la decencia de tratarla con devoción y respeto, algo por lo que en este blog siempre le estaremos eternamente agradecidos. Precisamente en el prefacio comenta Christopher que:

In my ninety-third year this is (presumptively) my last book in the long series of editions of my father’s writings.

De eso hace un par de años y tenía razón. Ahora, a sus noventa y cinco años, va camino de las estancias de Mandos.

Todas las regulaciones sobre cookies están obsoletas

En 2018 entró en vigor la GDPR. Hace un par de semanas entró en vigor en California una norma muy similar. Hace ya varios años entró en vigor la ley de cookies europea.

Al lío: Google ha anunciado que a partir de 2022 Chrome dejará de soportar las cookies para seguimiento de usuarios.

Puede parecer una victoria de la privacidad pero no sean ingenuos. Si Google ha decidido dejar de soportar ese tipo de cookies es porque no las necesitan para identificar unívocamente a los usuarios. De no ser así, podemos estar seguros que no renunciarían a ellas. En 2013 ya hablamos de este tema y de fingerprinting sin cookies: lo que genera rechazo no son las cookies per se, sino la sensación de estar siendo analizado hasta en los detalles más nimios.

De forma que buena parte de la regulación que hemos mencionado arriba, muy centrada en cookies, está ya prácticamente obsoleta. La historia de nuestro tiempo: la regulación llega tarde, muy tarde, a una tecnología que sigue evolucionando rápido, lo que hace muy difícil que esta regulación sirva de contrapeso a los oligopolios tecnológicos.

China y el lado oscuro de la luna

Con motivo del aniversario de la llegada de China al lado oscuro de la luna hay una pieza en Ars Technica de la que me quedo con esta frase:

The lander and rover have produced the best in situ data of the unexplored far side of the Moon to date, including radar and radiation measurements of the largely unexplored environment.

China lleva un año explorando el lado oscuro de la luna, y la UE junto con Estados Unidos no están ahí todavía ni cuándo llegarán.

Puede que sea un caso puntual, pero de momento la carrera por aprender de ahí la va ganando China, cuyos científicos suelen ser bastante herméticos a la hora de compartir información abiertamente, por otra parte.

He visto The Witcher y me ha gustado

Pues he visto The Witcher, la serie basada en los libros de Andrzej Sapkowski, y me ha gustado. Odiadme. La serie tiene sus problemas (que se manifiestan en la profusión de chistes al respecto) pero, desde el punto de vista de un seguidor de los libros (no he jugado al videojuego, aunque sí jugué brevemente a Gwent), es más que correcta. Ahora, a esperar próximas temporadas donde se centren en la novela y no en los cuentos cortos, que les resultará más fácil de narrar y el resultado puede ser más resultón.

[He añadido la categoría de Lecturas a este post porque aunque no sea un libro, he leído cinco libros de esta saga y nunca comenté nada; y con el poco audiovisual que consumo, no le haré una categoría en la vida, así que esto es lo que hay.]

Nos falta aún una vuelta al sol

Veo a muchas personas afanadas en hacer balances de la década que termina, y el ímpetu se multiplica si acudimos a medios profesionalizados de esos que persiguen páginas vistas y clicks con todo tipo de artimañas; incluyendo a servicios web de pago como Spotify y sus intentos de meterse en vuestros timelines. (Y a Spotify le ha funcionado, porque durante unos días disteis la brasa con ello.)

Como digo, veo mucho afán en este asunto y no puedo dejar de pensar una y otra vez que a la década le falta un año. Que no hubo año cero como tal porque no tenían ese concepto (de hecho, no hay una grafía en números romanos para el número cero) los señores romanos que nos legaron su calendario. Así que para terminar la década aún nos falta darle al sol otra vueltecita y para estas fechas el año que viene, terminando 2020, sí que podremos hacer balances. En este blog nos guardamos las conclusiones hasta entonces.

He aquí la dosis de pedantería de hoy, pero es que, si no lo escribía, reventaba.

Las comillas latinas

Tras casi veinte años usando Linux (diferentes distros, principalmente Debian y luego Ubuntu) y un par usando Windows en el trabajo y ahora en uno de los PCs de casa, estoy en posición de decir que al usar Winows no hay nada más incómodo que intentar usar las comillas latinas ( « » ) en este sistema operativo.

Lo que en Linux se hace con un atajo sencillo, en Windows se demuestra odisea; al menos hasta donde yo he podido investigar. Es un aspecto de UX que en Microsoft han descuidado enorme y tristemente.

Empresas y sanciones demasiado bajas

Comparte Bianka un enlace acerca de la multa de FINRA (regulador financiero de Wall Street) a Robin Hood, uno de los brokers más conocidos de entre este nuevo tipo de operadores que no cobran comisiones.

En ese artículo podemos leer que:

A Wall Street regulator today fined commission-free investing app Robinhood $1.25 million in a civil action for not getting the best execution price for customer equity orders and failing to properly supervise the process.

Dos párrafos más abajo nos ponen la cantidad de la multa en contexto:

The so-called “payment for order flow” had reportedly brought in $70 million in revenue for Robinhood last year.

Perdone, ¿qué? Resulta que la multa por hechos acontecidos hace tres años es algo así como el 2% (1.25 de 70) del beneficio que esa práctica fraudulenta genera a la empresa cada año.

Schneier trataba de forma excelente este problema en Liars & Outliers. La línea fundamental es que mientras a las personas se nos pueden imponer sanciones muy duras (privación de libertad), las empresas no pueden recibir esos castigos; y lo más grave que pueden recibir son castigos económicos.

Robin Hood no son los únicos en salir ganando con esto. Casi podemos estar seguros de que las multas están contabilizadas en el coste cuando se toman estas decisiones. Google, Facebook, o Microsoft están acostumbradas a recibir multas multimillonarias que suponen apenas nada ante los beneficios obtenidos al incumplir las normas.

La coda final se cae de madura: si el beneficio obtenido es mayor que la multa que se paga cuando te cazan, el mal comportamiento corporativo no se desincentiva.