La gran renuncia no existe más que como relato informativo

Poseídos por un adanismo en el que olvidamos sistemáticamente la experiencia de quienes vivieron antes que nosotros nos empeñamos en creer que nuestra generación es la primera en enfrentar ciertos retos. Por eso hay crisis generacionales que se repiten cada 15 años y cuyos protagonistas se empeñan en pensar que ahora sí el mundo es diferente y que son ellos los primeros en encontrar dificultades que llevan ahí afectando a los jóvenes desde que el mundo es mundo.

Un tema recurrente en los medios post-pandemia es el de La Gran Renuncia, traducción literal de The great resignation. Ese fenómeno por el cual la pandemia habría abierto los ojos de las personas y las personas estarían ahora abandonando su trabajo masivamente.

Más allá de la necesidad de los medios de comunicación de vender periódicos cada día y la necesidad de inventarse tendencias y fenómenos con los que rellenar aburridamente sus páginas, no hay tal cosa como una gran renuncia. Las personas no abandonan su trabajo para irse al campo a vivir comiendo las cebollas que ellos mismos cultivan porque dos años de teletrabajo les hayan proporcionado una suerte de autoconocimiento interior y se hayan hartado del sistema. (De horizontes realistas para el teletrabajo hablamos hace tiempo, por cierto.)

No, las personas están cambiando de trabajo. No sé van a vivir al margen de la sociedad, sino que cambian un trabajo por otro. Y no se van todos, sino que lo hacen en sectores que tienen más facilidad para abrazar el trabajo en remoto, para intentar beneficiarse de esa competencia adicional por el empleo cualificado.

Si prestásemos más atención a lo que ya ha sucedido en otros momentos históricos veríamos que ni siquiera es la primera vez que está rotación es alta. Joshua Freeman en Behemoth, una historia de la fábrica y la construcción del mundo moderno narra lo siguiente acerca de las cadenas de montaje de principios del siglo XX:

Cuando Ford introdujo la cadena de montaje, la extraordinaria rotación de personal se sumó a la dificultad de la empresa para satisfacer su creciente necesidad de trabajadores. La rotación de personal era un problema generalizado en la industria estadounidense de finales del siglo XIX y principios del XX. Los trabajadores cualificados eran fieles a su oficio, no a su empleador, y a menudo cambiaban de trabajo para aprender nuevas habilidades o probar un entorno diferente.

Joshua B. Freeman, en Behemoth

En el sector tecnológico y de software hay mucho de esto. Los trabajadores cambian de proyecto cuando el que tienen les deja de resultar intelectualmente estimulante. Aprovecharán y renegociarán condiciones al alza con su nuevo empleador, obvio, pero no sé van por el salario: no son mileuristas y podrían ahorrarse la molestia. Se van cuando no sienten que el proyecto les enriquece en términos de aprendizaje, y eso incluye a veces la falta de oportunidades para progresar hacia otros roles profesionales, pero no es siempre asi y no es un tema estrictamente monetario. Visto lo visto, quizá tampoco sea un tema estrictamente nuevo.

Lean más libros, preferiblemente si no son novedades editoriales y parece que soportan bien el paso del tiempo, y menos periódicos necesitados de clics diarios cuya información mañana estará desfasada. Esto último es una idea que mencionamos también al hilo de Fooled by Randomness de Taleb.

La UE quiere regular la seguridad de los dispositivos IoT

Leo en Bandaancha que la UE está preparando una norma para regular la seguridad de los dispositivos conectados a Internet.

Entre otros datos técnicos, se dice mo siguiente:

La seguridad del dispositivo tendrá que garantizarse además durante todo su ciclo de vida, lo que obligará al fabricante a seguir lanzando actualizaciones de seguridad a medida que se descubran nuevas vulnerabilidades.

Más allá de que habrá que ver cómo se define y acota ese ciclo de vida, esto es, a partir de qué fecha se considera más allá de su ciclo de vida y el fabricante no está obligado a proveer parches de seguridad, la realidad es que esto conlleva un coste postventa relevante.

Esto enlaza con la idea de que las suscripciones serían clave para acceder a esos parches.

Si la regulación obliga a dar el servicio a todo el mundo, los fabricantes podrían tener difícil cobrar una suscripción básica, pero el coste no desaparece y lo que no podemos dudar que sí harán es trasladar el coste de obligado soporte durante su ciclo de vida al precio de los dispositivos.

Porque nada es gratis, tampoco el soporte obligatorio vía regulación europea.

LinkedIn como el canario en la mina de la publicación de contenido

Ni 4chan, ni Forocoches, ni TikTok, ni nada por el estilo. La web más salvaje del momento es LinkedIn.

La transformación de la Red en los últimos veinte años la hemos visto todos y el efecto en los más jóvenes lo explica muy bien Antonio Ortiz cuando destaca que para los más jóvenes no hay publicación ingenua de contenido, que ya todo apunta a construir perfiles con gran audiencia con las que ganar dinero en algún momento.

Si hay un sitio donde los viejóvenes boomer se comportan igual que los adolescentes en sus servicios, ése es LinkedIn. El sitio donde todo lo que se publica persigue exactamente lo mismo que en el caso de los más jóvenes, monetizar antes o después.

Esto lleva a situaciones loquísimas como que en mitad de la pandemia que ya empezamos a dejar atrás, mientras moría la gente por decenas de miles y el resto estábamos encerrados en casa, no sólo no cesó el señalamiento de virtud sino que hasta se acentuó: el orgullo por ser seleccionado para un nuevo reto profesional estupendo, las excelentes certificaciones, las nuevas oportunidades, los post vomitivo de autoayuda estilo Paulo Coelho de todo a cien, o la republicación de memes ya muy manidos, el del cesped pisoteado y la UX, o las encuestas facilonas pidiendo likes si piensas que tendrían que dar el salario en las ofertas.

Todo lo más estupefaciente del comportamiento humano al alcance de tu mano en una misma web, y no es ni 4chan ni Forocoches, sino una web pretendidamente seria y profesional.

Es la máquina de mentir que no para. Mira qué proactivo y qué creativo soy, te lo demuestro copiando un meme que he visto en el perfil de un gurú de tres al cuarto.

Como digo, creo que ninguna otra web no usada por adolescentes captura tan bien el espíritu que los más jovenes imprimen a su concepción y uso de la red. Y si LinkedIn es el ejemplo de a dónde nos dirigimos en lo que a publicar contenido en Internet, la cosa está muy podrida.

La obsesión genealógica

Cuenta Adam Rutherford en A brief history of everyone who ever lived sobre la obsesión contemporánea de demostrar mediante pruebas de ADN que nuestros antepasados incluyen nombres ilustres como Carlomagno o Napoleón. Por simple vanidad o para arrogarnos algún tipo de pedigree que nos haga especiales, relevantes.

Rutherford explica de forma muy amena lo irrelevante de tales preocupaciones, pues por una parte los genes se diluyen mucho en apenas unas generaciones y por otra debido al crecimiento exponencial de nuestro árbol genealógico es estadísticamente muy probable que todos los europeos tengamos un antepasado en común hace apenas 600 años.

Yo, mientras tanto, no dejo de pensar que en ese deseo de contar y contarnos nuestra historia familiar intentando incorporar elementos de ascendencia noble nos aqueja la misma manía que en los reyes medievales se tradujo en la forzada elaboración de detalladísimas y falsas genealogías que los llevaban hasta el mismísimo Noé, en su ambición por poder proclamarse como los legítimos y verdaderos del imperio romano.

Esto último es algo que Jon Juaristi explica de maravilla en El bosque originario, del que he hablado por aquí en varias ocasiones. Ahora nos conformamos con menos: ya no pedimos aparecer en la biblia para ser emperadores de nada y nos basta con cierto abolengo folclórico del que presumir acodados en la barra de un bar.

Inteligencia y curiosidad

“Be curious. Read widely. Try new things. What people call intelligence just boils down to curiosity.”

Aaron Swartz

Sé curioso. Lee mucho. Intenta cosas nuevas. Lo que la gente llama inteligencia se reduce tan solo a curiosidad.

Dopamina partisana

La heroína y la cocaína son adictivas porque disparan artificialmente esa respuesta de dopamina. Las ratas que pueden pulsar un botón para generar estimulación eléctrica en sus centros de recompensa del cerebro continuarán apretando el botón hasta caer rendidas por la inanición.

Jonathan Haidt, The Righteous Mind

Años después de haber leído uno de los libros que más he disfrutado en varios años, The Coddling of the American Mind, estoy ahora abordando uno anterior de Jonathan Haidt, que de momento también estoy disfrutando mucho.

Está cita, sobre el pensamiento partisano tan proclive a sesgo confirmatorio y a chutes de dopamina cuando encontramos resquicios que confirman nuestras juicios intuitivos me ha recordado a los mecanismos de recompensa variable habitual en servicios de red social basados en timelines.