Hazte el favor de expresarte mejor

Los límites de mi lenguaje significan los límites de mi mundo.

Ludwig Wittgenstein

Por pura serendipia (gracias, Marta) encuentro esta proposición 5.6 del Tractatus Logico-Philosophicus de Wittgenstein.

Pocas cosas más significativas del embrutecimiento y envilecimiento de la sociedad que la reducción de los matices lingüísticos cuando hablamos y escribimos. Y no, no voy a hablar de adolescentes que innovan y usan su propia jerga, algo que me parece natural y necesario. Voy a hablar de adultos.

Lo que me parece llamativo es que una vasta mayoría de la población tenga vocabulario muy limitado, incluso cuando muchos de ellos presumen de alta cualificación. El vocabulario es clave para describir lo que nos gusta pero también, sobre todo y si cabe más importante, lo que no nos gusta sin caer en imprecisiones desde el punto de vista práctico ni en lugares comunes desde el punto de vista puramente estético.

Una derivada directa de esto es la simpleza imperante en el discurso público y resulta inevitable pensar que ese discurso simplificado hasta lo soez está diseñado para, y es comprado por, una población analfabeta funcional que sabe leer pero a duras penas consigue articular ideas complejas.

Me parece este hecho más grave aún que la existencia o no de faltas ortográficas en un texto, todo y que estas últimas me inquietan y me parecen especialmente graves cuando las firman vanidosos titulados universitarios que no merecen la credencial que ostentan.

Microsoft y software libre

Un artículo en el blog de entrevistas/conversaciones del MIT (vía The Register vía The Verge) recoge declaraciones de Brad Smith, actual presidente de Microsoft y durante muchos años uno de los principales responsables de asuntos legales y propiedad intelectual en esa empresa, donde afirma que son conscientes de que en el pasado se equivocaron respecto al software libre, que han aprendido, y que saben que el camino no es oponerse sino abrazarlo. Dice ahí el señor Smith que:

“Microsoft was on the wrong side of history when open source exploded at the beginning of the century, (…) the good news is that, if life is long enough, you can learn … that you need to change.

En este blog no nos sorprenden los hechos en sí, hemos repetido eso en varias ocasiones, como al hilo de la compra de Github por Microsoft hace un par de años, y del balance que hicimos de la situación hace unos meses. Decíamos entonces que:

Microsoft ha cambiado mucho en las dos últimas décadas, de difundir FUD continuo contra el software libre a contribuir activamente a muchos proyectos (precisamente mencionaría GVFS, íntimamente relacionado con Git) o, como ahora, comprar Github.

Lo cierto es que es absolutamente reseñable que Microsoft esté detrás del IDE en software libre estrella del momento (VS Code), del lenguaje de programación estrella del momento para la web (TypeScript), del gestor de paquetes más usado para NodeJS (Node Package Manager, comprado hace apenas un par de meses), y del servicio más utilizado para almacenar código fuente en proyectos libres (Github, que ya he mencionado en este post).

Sabiendo todo esto, solo a un ciego le sorprenderían estas declaraciones, pero sigue siendo reseñable que hablen claro sobre este tema.

Otro día hablamos sobre cuánto de todo esto hay que atribuirle a Torvalds con su visión pragmática o a Stallman con su visión idealista. Está claro que Microsoft compra y apoya el modelo por motivos puramente ingenieriles, esto es: se produce mejor software así. Pero, como digo, todo eso lo debatimos otro día.

Cerrando la suscripción por mail de este blog

Desde hace bastante tiempo este blog ha enviado los posts por correo electrónico para facilitar la vida a quienes quisiesen seguir su actividad por esta vía. Desde hace años venía usando Knews para esto, pero voy a dejar de usarlo por motivos prácticos (el plugin ya no está en WordPress.org) así que este post va a ser el último en ser enviado por email.

Tenemos naturalmente el canal de RSS, e incluso un feed JSON para quien así lo prefiera. (Sí, se puede emitir el feed en JSON.) Si leen el blog por mail y quieren seguir recibiendo notificaciones, esos son los canales que deben usar. La [VS]Newsletter se despide por ahora, hasta que tenga una solución mejor.

Actualización (2020-05-16 @ 22:15): Gracias a Pere hemos conectado el feed del blog a un canal de Telegram.

Contexto para las altas expectativas colectivas

En Science recogen una entrevista con una de las personas que más sabe de enfermedades y virus en el mundo, y comenta lo siguiente sobre la vida tal y como la entendimos hasta primeros de este año:

Let’s be clear: Without a coronavirus vaccine, we will never be able to live normally again. The only real exit strategy from this crisis is a vaccine that can be rolled out worldwide. That means producing billions of doses of it, which, in itself, is a huge challenge in terms of manufacturing logistics. And despite the efforts, it is still not even certain that developing a COVID-19 vaccine is possible.

Las negritas las he puesto yo. Por recordar solo un fragmento del anterior post en este blog:

La vacuna para la varicela tardó 28 años en obtenerse; para el SIDA aún no tenemos, ni se espera que haya al menos hasta dentro de una década, lo que sumarán 50 años de enfermedad sin vacuna.

La situación actual de cierre va para largo; si Google y otras grandes empresas planean que sus trabajadores estén desde casa hasta el año que viene, ya os podéis ir haciendo el cuerpo.

Escenas de desconfinamiento bajo una suerte de enajenación colectiva

Estamos viviendo estos días una suerte de enajenación colectiva: ha llegado el verano de repente, tras una primavera lluviosa en que Málaga se vistió de Londres o Bilbao, y parece que se relajan las medidas de confinamiento. Como resultado, nos invade el optimismo. Olvidamos los detalles que dan contexto a nuestro presente y a nuestro futuro, y soñamos con que lo del bichito de marras ya ha pasado; pero no es así todavía. Ha pasado una parte, pero hay mucho coronavirus aún por delante.

Vemos escenas de des-confinamiento: desde mi terraza observo a grupos de personas hablando animosamente en la calle mientras sudan tras su sesión de deporte, o simple y llanamente por pasear al sol. Falta poco para que termine el día, es domingo, y está bien que así sea: que corran, paseen, y hablen.

Pero al mismo tiempo, reflexiono desde mi azotea, hacen todo eso sin mascarillas, sin guardar una mínima distancia. Charlan como siempre, y quizá sean ellos quienes tienen razón al dejar las preocupaciones de lado al menos un minuto, pero no dejo de pensar que si vieran la escena en tercera persona reaccionarían ante su propio espejo con estupor. Es normal: tras casi dos meses encerrados en casa la población está dispuesta a abrazarse a cualquier clavo ardiendo para creer, por lo menos un poquito, que esto ha terminado.

Esto solo acaba de comenzar. De otros impactos hemos hablado, y más que hablaremos, hoy nos limitamos a la crisis sanitaria en sí. Un escenario posible que no me saco de la cabeza sugiere que hasta que haya un tratamiento o una vacuna efectiva para la COVID-19 pasemos dos tercios del tiempo confinados estrictamente y con las escuelas cerradas, como hemos estados estos dos meses.

A estas alturas habrán visto esa referencia de los dieciocho meses hasta tener una vacuna decenas, cuando no más de un centenar de veces. La realidad es más compleja: no es que no sepamos cuándo vamos a tener ese tratamiento o vacuna, es que aún no sabemos siquiera si la vamos a tener. Nunca se ha producido una vacuna contra un coronavirus (ni éste ni los anteriores), y un plazo más estándar para obtener vacunas fiables es mucho más largo. La vacuna para la varicela tardó 28 años en obtenerse; para el SIDA aún no tenemos, ni se espera que haya al menos hasta dentro de una década, lo que sumarán 50 años de enfermedad sin vacuna.

Imaginen que aún tomando atajos en el método de validación científica habitual no hubiera vacuna y logística para su producción masiva antes de 2032. En NYTimes hay un artículo excelente al respecto. Si nos saltamos todo tipo de protocolos que añaden seguridad al proceso podemos recortar aún más. El reto de tener solución en año y medio es inconmensurable. Creo mucho en la ciencia, y ojalá sea cierto, pero no lo veo.

Hasta entonces, hasta que algo cambie, seguiremos como ahora: alternando escenas de confinamiento con escenas de desconfinamiento. Todas ellas fruto de un espejismo, de una alucinación colectiva.

Devs, de Alex Garland

Devs

No veo muchas series, pero este último finde en el que continuamos confinados en casa estuvimos viendo Devs, la última obra de Alex Garland (también director de Ex Machina), y me ha parecido tan destacable que no quería dejar de mencionarlo por aquí.

Leí una vez que hay dos clases de historias: las policiacas, que comienzan con un muerto y te cuentan la historia de un vivo, y las biográficas, que te narran la vida de un vivo y terminan con un muerto, típicamente el mismo cuya vida te han contado.

En esencia y ciñéndonos a esta taxonomía, Devs es una historia policíaca: un thriller que comienza con un muerto en el primer episodio y luego se concentra en resolverte el caso mientras te despliega detalles para entender mejor a los personajes vivos que llenan su trama. Por resolver el caso, en este caso, entendemos no tanto buscar a un culpable, algo que grosso modo nos cuentan en ese momento, sino entender los por qués del crimen, la motivación y el marco mental de los autores.

Aquí es donde la historia se pone interesante. No tanto porque el crimen implique a personas que trabajan en desarrollo de software, algo que a día de hoy es bastante habitual y ya no constituye novedad, sino por los elementos que lejos de quedarse en meros contrapuntos narrativos son parte central de lo que Garland nos cuenta: el debate sobre el libre albedrío y el determinismo, la obsesión humana con el destino y la responsabilidad respecto de las propias acciones. Todo esto convierte a Devs en una historia policiaca inusual, diferente: hay un crimen, pero más que acción y peleas hay una narración bastante onírica, con una dosis existencialista y taciturna significativa.

Como no quiero destripar la historia, no me atrevo a continuar porque no voy a poder hacerlo sin hacer spoilers. Esta serie no va a ser el foco de todas las conversaciones, pero es una historia de ciencia ficción que recomiendo a quienes gusten del género.