La bancarización de las pequeñas compras

Al concluir hace ya muchos meses una sesión de proyecto con Luis Pérez, responsable de Indizen en temas de algorítmica de sistemas de información aplicados a finanzas, la conversación derivó y finalmente comenté que los bancos debían esperar encontrar una competencia inesperada: la de las grandes empresas de tecnología, que llevan años tomando posiciones por controlar la interfaz de micropagos ante la despreocupación del intermediario clásico (el banco), sumido en su propia crisis. Poseer la interfaz que permite tramitar pagos pequeños permite a las grandes compañías tecnológicas poner una pica en el Flandes de la banca. Y las compañías tecnológicas, algunas de las cuales han amasado una fortuna en cash, están preparándose para convertirse en tu banco. Y cada día el de más gente, que rezaba el anuncio. ¿Qué consecuencias tiene esto?

Compañías tecnológicas que quieren ser bancos

En efecto, desarrollados para gestionar pagos en sus respectivas «app stores», Apple y Google no cesan de mejorar sus sistemas de pagos, facilitando con cada actualización la integración de los mismos con cada vez más sistemas.

Uno de los pioneros en acercarse a esto fue Sony, que desde 2006 tantea el pago sin contacto (con RFID). La aproximación de Sony, sin embargo, es la de facilitar el pago, pero no la de intermediarlo. En realidad lo más probable es que ellos ni siquiera pensaran en ello aunque quizá hayan pensado acuerdos bilaterales con los operadores.

Los grandes del software y el hardware han ido más lejos. Google Wallet salió de la beta el año pasado y en el primer semestre de 2012 hubo pasos importantes hacia los pagos offline de Apple con Passbook (a quien queda camino por delante) y de Paypal, que comenzó a distribuir TPVs tradicionales (enviando el mensaje, por otra parte, de que la tecnología NFC/RFID quizá no está madura para estas cosas).

Ayer se confirmó que Google planea emitir tarjetas de plástico (de las de toda la vida, vamos) vinculadas a su Google Wallet (GigaOM) en lo que es un movimiento importantísimo que, me temo, pasará desapercibido para el gran público, al menos en un primer momento. ¿Confirma esto el gran movimiento que algunos llevamos mucho, mucho tiempo advirtiendo?

Las criptodivisas siguen acaparando titulares entre los más techies, pero sin duda alguna no se ha cumplido aquello que vaticinaban en Ars Technica de que Bitcoin sería el nuevo competidor de Western Union y de lo que hablamos en Criptodivisas, software libre y autonomía. No, al menos, todavía. Y recordemos que Google evaluó y descartó implementar su propia criptodivisa.

¿Deben los bancos temer a las compañías tecnológicas?

El asalto a los pagos offline por parte de las compañías tecnológicas está servido. La gran cuestión es: ¿qué han hecho los gestores tradicionales de pagos electrónicos (los bancos, en corto) en este tiempo? Y la respuesta es que muy poco. Quizá en este sentido el movimiento más interesante haya sido el de Bankia apostando por el pago sin contacto y apuntando fuertemente a la bancarización de las pequeñas compras.

La realidad es que los bancos harían bien en temer a las grandes compañías tecnológicas, dado que todos quieren acceder a ese mercado: donde los grandes del software quieren intermediar pagos, los grandes de la telefonía hacen pinitos con la financiación en la venta de terminales, algo teóricamente reservado a… bancos.

Súmenle a eso el hecho de que las compañías tecnológicas tienen la posibilidad de imponer su propia vía de pago allí donde alcancen sus brazos, haciéndole el bypass más absoluto a los agentes tradicionales.

¿Y el pequeño comercio?

Una cuestión en todo lo relativo a micropagos en Internet ha sido la de las altas comisiones que imponen agentes como Apple o Google en sus tiendas online. Las tarifas de Paypal en este segmento de pagos también son altas. ¿Qué consecuencias tendría para una pyme que requiera este tipo de servicios el depender de estos agentes? En principio, no sería de esperar que aprieten demasiado en este aspecto, toda vez que es un mercado al que están llegando y donde la competencia tradicional está muy establecida. La mayor escala y el proceso de integración vertical que les posibilita prescindir de la banca como intermediario podría reducir estas comisiones y quién sabe si pueden llegar a ser una oferta competitiva para el pequeño comercio frente a los TPV tradicionales.

La privacidad del usuario ante la bancarización de las pequeñas compras

La bancarización de las pequeñas compras tiene sentido macroscópico: piensen una empresa con un millón de clientes que ya no necesiten llevar (cada uno) cincuenta euros en metálico para gastar «por si acaso». Eso da una cantidad agregada de cincuenta millones de euros que están disponibles en las arcas de la entidad de turno para ser invertidas.

Pero si hay un ámbito donde esta bancarización de las pequeñas compras es desasosegante es en el ámbito microscópico: el relacionado con la privacidad de las personas. Esto hay que contemplarlo desde el mismo ámbito que observamos otras facetas de eso que ahora se llama big data. Al igual que el estudio de grandes cantidades de datos trae beneficios a nivel agregado, la obtención de estos datos se traduce en una monitorización pormenorizada de la actividad de las personas, guardando la traza de multitud de sus actividades cotidianas.

Siempre defendí que big data era un mal eufemismo de big money, en este caso concreto es evidente que hay mucho dinero detrás. El caso de la gestión electrónica de muchas pequeñas compras por las que compiten la banca tradicional y las grandes compañías tecnológicas no es una excepción.

Centralización, efecto red, y cintas de vídeo

Si algo ha demostrado Internet es que el efecto Red tiene una potencia aún mayor en el mundo online que el offline. Si cotidianamente el sector de la banca fue criticado por primar en demasía las «fusiones y adquisiciones», ¿qué podemos esperar de esta nueva amalgama de banca-tecnología-Internet? La aparición en el mercado de un número muy reducido de actores con capacidad para actuar globalmente. A corto plazo habrá sin duda muchas propuestas (piensen en Square), pero si el mercado resulta ser estable, la consolidación del mismo será rápida. Y abultada: la centralización del sistema de micropagos se prevé mucho más agolpada en la «cabeza corta» de lo que nunca estuvo la banca tradicional… y ésta ha estado lejos de ser un sistema repartido.

Toda implicación en cuanto a privacidad y traza hay que ponerla en la perspectiva de que sean muy pocos agentes los que tengan acceso a este mercado, lo cual acentúa las implicaciones.

Conclusiones

Los próximos meses serán determinantes en este ámbito, toda vez que es un negocio jugoso para todo actor que logre hacerse con un trozo del mercado y las espadas están en todo lo alto para ganarse un lugar de honor en ese rol de nuevo intermediario.

Las consecuencias para nuestro día a día tendrán varias ramificaciones: de un lado, la posible emergencia de algún nuevo actor en el que confiar pagos con mayor frecuencia, aunque es posible que este nuevo actor siga siendo el tradicional (si hay más movimientos como el de Bankia y éstos llegan muy rápido, de lo contrario perderán la carrera). En cualquier caso, una presión brutal realizada por estas empresas sobre las personas para reducir el ámbito en que se realizan compras en efectivo. Comodidad, sobre todo a cambio de privacidad. Y con la incógnita de cómo resolverá cada uno la cuestión de la seguridad en este tipo de micropagos.