DInero en efectivo

Implicaciones del fin del dinero en efectivo

Uno de los temas que se presentan como muy relevantes para los años que vienen es la eliminación del dinero en efectivo. Es un tema con tantas implicaciones que con frecuencia tengo la impresión de que lo leo sobre el tema son ideas incompletas y visiones parciales del problema. No pretendo en este post abordar todo el problema, pero al menos espero mencionar varios puntos que no veo normalmente. Añadir que ya en 2006 hablábamos en este blog de este tema; aunque pasada una larga década me parece aquél un enfoque mucho más simple, al menos tengo la fantasía de haber aprendido algo estos años.

En el caso de la eliminación del dinero metálico las consecuencias serían amplias. Por supuesto afectaría a la economía sumergida, aunque quizá no como podemos pensar de forma intuitiva; como decía el chiste, el principal consecuencia de la nueva regulación es que modifica completamente nuestra estrategia para saltarnos la regulación. Más sobre esto luego. También afectaría a nuestra privacidad, y por tanto a nuestra libertad y a la forma en que se puede controlar lo que una persona hace, tanto con fines forenses o de auditoría como de forma preventiva -sí, cuando no hay dinero en efectivo alguien tiene que autorizar tus pagos, todos tus pagos. La combinación de regulación sobre dinero en efectivo con otras regulaciones y prohibiciones puede conllevar la aparición de divisas alternativas más flexibles, pero entonces la transacción no estará protegida/garantizada por la ley. Quizá emergerán nuevos sistemas de garantías, pero de entrada no podrás contar con el sistema de garantías habitual para el consumidor. Por último, la eliminación del metálico trastocaría drásticamente los incentivos de los bancos y de quienes normalmente custodian nuestro dinero y nos recompensan por ello, dado que es con nuestros ahorros depositados que financian sus inversiones y nuevos negocios.

Privacidad, libertad, y seguridad

Es la consecuencia en que primero pensamos: todos los pagos hechos mediante el banco – sean con tarjeta, con el móvil, o a través de empresas tecnológicas que ejerzan de banco (Cartograf, 2012) – son trazables. Imaginen que la seguridad social no le cubre el tratamiento si usted no hace exactamente lo que le prescribe el médico. Nada de comprar tabaco a escondidas, o golosinas, o alcohol, si el médico les ha vedado el consumo. Imaginen que el banco pueda compartir los datos con su seguro médico y cobrarle más por el seguro o incluso cancelarlo si usted los viernes va al pub tras salir del trabajo. No es nuevo, en La sociedad de control ya recogí ejemplos de países europeos que aspiraban a tasar con más impuestos estos comportamientos. Es una aspiración latente de algunos Estados, en aras de la eficiencia del uso de recursos públicos. Pero para conseguirlo hay que aniquilar la privacidad individual.

Por el mismo sistema, cuando no puedes rascar el bolsillo y pagar una cerveza, lo que necesitas es que alguien autorice tu pago electrónico. Esto es divertido porque es posible que ni siquiera puedas comprar ese tabaco/alcohol/golosinas si en primer término la entidad no valida el pago del producto. Pero también tendrás que esperar el OK del datáfono para poder comprar el pan del desayuno, o ese café de Starbucks que beberás aceleradamente en mitad de la calle; incluso si no habrías escogido pagar en digital. Si la economía siempre es colaborativa y se basa en relaciones de confianza entre partes, la intermediación de toda transacción convierte a la entidad que valida y aprueba en destinatario único de la confianza. Es cierto que ahora ese rol lo ejercen los bancos centrales que emiten la moneda con la que pagamos, pero más que un trasvase de rol, hay una amplificación del mismo en el caso del pago electrónico obligatorio; al fin y al cabo, una vez emitida la moneda de 2€, el banco central no vuelve a meterse en el camino cada vez que la misma cambia de manos. Cuando cada transacción ha de ser validada, la influencia de la entidad que certifica y valida las transacciones es muy alta. Y el riesgo y el peligro de un abuso de la misma crecen en la misma medida.

Puede pensarse que una parte de economía sumergida existe porque el sistema actual de pago en metálico lo pone fácil. Pero eso es una explicación parcial y demasiado sencilla. La realidad es compleja y si no hay dinero metálico, no es descabellado pensar que aparecerán divisas alternativas que ofrecerán vías de escape a ese control. Lo único es que aún no sabemos si estas divisas alternativas ofrecerán las mismas garantías al consumidor. En primera instancia diría que no: si es una divisa o forma de pago que pretende burlar la eliminación del efectivo, dudo que el Estado le dé su bendición. De ser así, todo aquel que opte por usarlas estará adentrándose en terreno inseguro. Los usuarios de criptodivisas actuales ya lo saben: si pasa cualquier cosa con tu monedero de bitcoins, lo tienes crudo para recuperar nada.

Incentivos a la banca

No hace tantos años, dejar el dinero en el banco reportaba un interés bastante majo. Con la crisis de la última década y la economía aún buscando su camino con un euribor en mínimos históricos, parece más que probable que nos adentramos en una era de intereses cercanos a cero, cuando no negativos.

Esto es relevante por lo que implica conceptualmente. Hasta ahora, la idea general es que tú depositas el dinero en el banco y a cambio ellos te ofrecen servicios básicos que facilitan tu día a día – domiciliación de nóminas y recibos, por ejemplo – mientras usan el dinero que has depositado para financiar nuevas empresas y, valga la redundancia, ganar dinero. Un interés negativo significa que depositas el dinero en el banco, ellos lo usan para ganar más, y a cambio te cobran por ello.

Si la banca ya es percibida como el gran enemigo por una parte de la sociedad, no quiero ni pensar cómo sería percibido ese cambio. Y si ese escenario de tipos negativos ya es barajado como verosímil por quienes de esto saben mucho más que yo, no quiero ni pensar dónde pueden llegar a bajar cuando la banca vea desaparecer de un decretazo su gran competencia para la resolución de las pequeñas necesidades diarias, que es el dinero en metálico. Digamos que ahora mismo para pagar una barra de pan, lo más barato y accesible que necesitamos es una moneda. Ése es el marginal, y no una cuenta en un banco. Si se elimina el producto básico, todos los demás tienen incentivo a cobrar más por lo mismo, dado que la competencia más barata ha desaparecido. Sin dinero en efectivo, la única alternativa es dejar el dinero en el banco y descender por ese sendero de intereses negativos en el que te cobran por ello.

Por esto entiendo y puedo entender que algunos bancos saliven y manden notas de prensa algo altas de expectativas con la idea de reducir el ámbito de utilización del dinero en efectivo, pero no puedo entender la euforia de quien quedaría a merced de un sector tan poco dado al sentimiento como es el financiero.

Por todo lo comentado, y aunque parece una tendencia ahora mismo inevitable, no veo con buenos ojos la limitación excesiva ni la eliminación de la circulación de las monedas y billetes de toda la vida. Veo bien las medidas que persiguen limitar el fraude y la corrupción, pero pasarse de frenada trastocaría radicalmente el modo en que funciona la sociedad, y algunas de sus consecuencias podrían ser desagradables.

Doctor en Química laser especializado en desarrollo de hardware para análisis. Consultor y Project Manager. Autor de los libros publicados La sociedad de control y La neutralidad de la Red.

10 Comments

  1. A lo mejor es porque yo vivo en otro mundo, pero es que ni se me pasa por la cabeza que el dinero en efectivo pudiera desaparecer DEL TODO. Tú has visto mi pueblo, veo inviable en lugares así pensar que la gente pague con el móvil. No solo es que las personas mayores no saben usar esa tecnología, es que esa tecnología ni siquiera llega, porque imagino que para procesar esos pagos hará falta una conexión a internet, e internet está muy lejos de llegar a todas partes.

    Por lo demás, interesantísimo tu post sobre este tema, porque es innegable que es una tendencia que cada vez cobra más fuerza y todo lo que comentas es muy acertado.

    • Me decían hoy en Twitter con algo de sorna que lo del fin del dinero en efectivo llegará igual de rápido que la oficina sin papel… Y seguramente hay algo de verdad en eso, precisamente por casos como el que tú cuentas :)

  2. Un apunte sobre:
    “los bancos (…) es con nuestros ahorros depositados que financian sus inversiones y nuevos negocios.”
    “usan el dinero que has depositado para financiar nuevas empresas y, valga la redundancia, ganar dinero.”

    Sí, pero solo muy parcialmente. Gracias a la reserva fraccionaria (privilegio concedido por el estado a los bancos), cada vez que depositas 1€ los bancos pueden crear literalmente de la nada nuevo dinero en forma de préstamos (deuda).
    Actualmente en España el ratio es del 1% (coeficiente de caja). Por lo tanto por cada 1000€ depositado los bancos pueden prestar otros 999€ de dinero nuevo, que en realidad es deuda. Estos 999€ si se depositan en otro banco, este banco puede prestar 980,10€. Y así sucesivamente.
    De tal manera que de los 1000€ reales iniciales, los bancos pueden poner en “juego” 99.000€ que son casi todos deuda.
    https://es.wikipedia.org/wiki/Multiplicador_monetario

    ¿Y qué pasa si algunas deudas no son devueltas? El sistema se va al garete como nos pasó en la reciente crisis.

  3. Lo que subyace en la idea por supuesto no es la lucha con el fraude. Esa es la excusa barata que nos ponen. ¿Quién se va a negar a luchar contra el fraude?

    Lo que quieren es poder seguir manipulando el precio del dinero, o sea, los tipos de interés. Según las teorías económicas en boga, para superar esta crisis hay que poner en movimiento el dinero. ¡Más crédito! Cómo si el exceso de crédito no hubiese sido el causante de la crisis. En fin.

    Para ello, entre otras cosas, los bancos centrales han bajado los tipos de interés hasta 0%. No los pueden bajar más, porque cuando los bancos comerciales empiecen a cobrar a la gente por tener depósitos, la gente va a sacar el dinero del banco en forma de billetes y a guardarlos en el “bancolchón”. Mejor un 0% (o lo que me coma la inflación) que encima pagarle al banco.

    Por ello los lumbreras economistas quieren acabar con el dinero físico. Para poder poner tipos de interés negativos y acabar con el malvado ahorrador.

    ¡Asombrosa la nueva economía, en la que el malvado es el ahorrador y el virtuoso es el derrochador! Si nuestros abuelos levantasen la cabeza, empezarían a dar collejas a estas lumbreras y no pararían…

    Saludos.

    • Muchas gracias por los dos comentarios, abundan más y precisando cosas en esa parte final del post que en realidad es muy interesante y parte de lo que no se suele comentar cuando se habla del final del dinero en metálico.

      ¡Feliz año nuevo!

    • Aunque conozco el sitio, lo tengo algo abandonado y esa serie me la había perdido. Le echaré un ojo. Promete ser guay :)

      Feliz año, que sepas que con la de nieve que está cayendo en Munich me acuerdo de ti de vez en cuando jaja.

  4. Travesuras del lector RSS, recién aparece la entrada en mi feed.
    Así por arribita leo tres claves en tu post:

    1 – Quién validará los depósitos y las transacciones digitales. Uno imagina que los Bancos Centrales seguirán igual que hoy haciéndolo ellos mismos y la Banca privada. Anoto esto porque en un momento (long ago) pensamos que Google sería la nueva Banca. Veremos, tal vez aún pueda serlo.

    2 – No creo que el interés negativo impacte en nuestro dinero digital en depósitos a la vista (los que son de libre disponibilidad) a mediano plazo. Es tan impopular que sería aún con gobiernos autoritarios muy difícil de implementar. A largo plazo, pues, no lo quiero ni imaginar. Lo que me lleva a la tercera observación y la más importante:

    3 – La “pasada de frenada” que comentás en el último párrafo es la piedra de toque que delata un sistema “frágil” según caracteriza a dichos sistemas Taleb: digitalizar todo el dinero presenta efectos asimétricos negativos. Es decir, beneficios altamente probables y modestos (esto es reducción del fraude, comodidad, etc), frente a perjuicios desconocidos, o muy poco probables, pero con consecuencias básicamente catastróficas. Aquí aparecen la libertad y aún más presente se me hace hoy día: la seguridad. Tener todo en la nube hoy día no creo que sea aconsejable ni para el Estado en si mismo eh. Vaya objetivo para los crackers.

    • Qué gran aporte, Michel.

      Es cierto que es un escenario final que no alcanzaremos en poco tiempo, sin embargo se ajustan límites y parece que tiene partidarios.

      Los intereses nominalmente negativos no serían aceptados, para eso es especialmente bueno la falta de educación financiera. Desde hace 5-6 años tenemos intereses negativos en la práctica (no compensan el nivel de inflación) y sin embargo nadie se queja… Je, je.

      Creo que Taleb y Schneier tienen una comprensión de cómo funcionan estas cosas que por desgracia pocos «decission makers» en Estados tienen :)

      • Sabés que he estado buscando opiniones específicas de Schneier sobre el tema y no encontré! Tendrás algo al respecto? No me caben muchas dudas de que debe pensar que es una mala idea, en general.
        Mi opinión es que el riesgo de ciberataques es especialmente alto para USA y algunos países Europeos. Por razones lógicas aka Putin et al. Un país pequeñito como Uruguay en ese sentido no tendría “tanta” exposición, aunque a mi gusto de todos modos sería mayor que la aceptable.

        Nunca debemos poner todos los huevos en la misma canasta. :-)

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