Bucle debe ser una de esas palabras que cada vez están más en todas partes.
Lo primero que recuerdo debe ser alguna descripciones ingenua pero sugerente. Los bucles de su pelo. Dudo que nadie siga usando esta prosa a día de hoy.
Pero entonces están los otros bucles. Los de las estructuras de control, los de repetir una y otra vez las mismas historias, a veces incluso los mismos errores. También el bucle en el que nos refugiamos los humanos en estos tiempos de inteligencia artificial para intentar no sucumbir ante la máquina, levantando una suerte de último foso que justifique y dé sentido a nuestra tarea diaria.
¿Por qué hablo de bucles hoy? Porque está bien explicar el nombre de las cosas cuando se presentan en sociedad. He aquí un sitio en el que leer historias desde el bucle: crónicas sobre humanos atrapados en sistemas digitales. Un humano en el bucle. En algún bucle, en todo caso.
Por eso al ir a probar cosas en Substack y enfrentarme a eso de darle nombre, y tras la decisión deliberada de no darle el mismo nombre que a este blog. Todavía no sé si duplicaré entradas, o será contenido diferente o más experimental. Todo puede pasar.

