Si compran ustedes a un proveedor situado fuera de la UE un objeto valorado en más de 22 euros, para poder recibirlo en la aduana de entrada le obligarán a pagar una tasa de más de 40 euros, como cuenta Bianka Hajdu. ¿Cree usted que vivimos en un mundo globalizado?
La realidad es ligeramente diferente: el mundo está interconectado, pero las barreras imaginarias y artificiales a la globalización se alzan insalvablemente altas en una sociedad digital que apunta formas totalitarias.
En su The Great Stagnation [Nota: algo así como El gran estancamiento] Tyler Cowen explica que, a falta de nuevas ideas, sólo Internet tiene la posibilidad de devolvernos a una era de desarrollo tan fabulosa como la que se vivió en las décadas transcurridas entre 1870 y 1950.
Más allá de la promesa de cambios sociales significativos en una primera etapa lo más importante es potenciar los aspectos positivos de una Red que promete interconectarnos con personas de aquí y de allá para traernos más libertad, más mercado y más competencia; y menos chanchulleo, rentas de posición y abusos derivados.
El comercio electrónico, capaz de vincular a un proveedor en Hongkong o Massachussets con un cliente en Berlín o Santiago de Chile, es una parte clave en el desarrollo de un mundo globalizado. Es una lástima que alguien haya decidido que pequeñas compras de uso doméstico tengan unos aranceles que pueden llegar a ser del doble del valor del objeto comprado.
La gran ventaja es para aquellos que no necesitan mirar el saldo de la cuenta a fin de mes, es una lástima que en esa minoría encaje la mayoría de la clase política, desincentivada a mejorar el sistema.

