La policía entregando información personal a empresas privadas a cambio de… nada

No es 28 de diciembre, pero un día infrecuente éste se merece noticias infrecuentes. Y aquí tenemos que llego hoy a este post en El derecho y las normas sobre la cesión de datos de los registros policiales a empresas privadas a cambio de la colaboración de las mismas.

Lo curioso es que David Maeztu destripa el texto y lo compara con lo que ya existe. Aquí el veredicto:

«En resumen, que con el anuncio de ayer la Policía se compromete a dar información a cambio de nada que no tuviese ya (llamativa la mención a los tiempos de crisis), pero eso sí, todo justificado porque así estaremos más seguros, por supuesto…»

Me ha hecho gracia ver que ha pasado algún lector de Versvs por comentarios dejando el enlace pertinente, por supuesto, a la ración de escepticismo necesaria ante este tipo de justificaciones.

¿Qué significa que Google pensara en su criptodivisa?

Bitcoins

Bitcoin despierta escepticismo. Este mismo fin de semana, una amiga nos comentaba que en el mundo financiero no se ve hueco posible para una criptodivisa que además no está controlada por ningún banco central, al ser peer to peer.

Las criptodivisas son una pieza fundamental de la globalización real. En tanto que son en lo monetario lo que Napster supuso para la industria del ocio o los blogs para la prensa: el fruto de una desintermediación intrínseca al mundo digital en que vivimos que trastoca los esquemas del mundo en el que crecimos. Hace unos meses hablábamos de este tema, afirmamos entonces que:

«Las criptodivisas llevan en su código genético todo lo necesario para convertirse en ese Western Union global, instantáneo y optimizado. Además, al ser a la vez p2p y libre nos entrega una herramienta que, en el largo plazo, difícilmente será objeto de especulación pues no será controlable por un único ente y, al posibilitar transacciones anónimas, previsiblemente será muy usado en mercados negros, pero también en los grises.»

Las declaraciones de Eric Schmidt ayer afirmando que

«Google pensó crear un rival de la moneda p2p Bitcoin. La compañía pensó llamarla «Google Bucks» y aunque estas divisas son una gran idea, el proyecto no despegó debido a la situación legal de las mismas en numerosos países.»

De entrada, una moneda p2p apadrinada por una compañía enorme como Google es una paradoja. Pero luego recordemos que Google ha capturado mercados forzando a la competencia para luego ejercer una presión tremenda sobre la misma. (Recuerden el uso de su infraestructura y la estrategia de impulso al Cloud Computing.) ¿Google querría ser ese nuevo Western Union sin oficinas y con el dinero disponible para pagos con el móvil?

Hay que destacar que la competencia de las criptodivisas no son otras criptodivisas, sino las divisas emitidas por los bancos centrales… que están en horas bajas. Y por tanto, la competencia de Google en ese ámbito no es Western Union, sino los bancos centrales, pues en tanto Google controle la divisa, no es una verdadera divisa p2p, sino un reemplazo de las divisas centralizadas estatales. Si la adopción de las criptodivisas es cosa de una minoría, es precisamente ésta la minoría más sensible al control de las divisas (por eso adoptan monedas como Bitcoin) y la oferta de Google es irrelevante para esa minoría sensibilizada.

La debilidad de la propuesta de Google no es aplicable al ecosistema completo. Las criptodivisas están aquí para quedarse (aunque desconocemos la adopción que tendrán), pero si alguna consigue tener un éxito destacable y perdurable en el tiempo serán las que sean auténticas divisas distribuidas al estilo Bitcoin. La crisis financiera de 2008 dinamitó la confianza en los bancos centrales y en su capacidad para gestionar las divisas. En un contexto de emergencia de nuevos actores no estatales y desintermediación, Google Bucks (aunque nunca llegaremos a conocerla con ese nombre), vendría a confirmar que ahí hay un vacío que rellenar. Si lo rellena Google, las personas habremos perdido una ocasión de desintermediarnos, pero ¿qué sucedería si lo rellena un sistema verdaderamente peer to peer?

F.lux, software libre para ajustar el brillo a nuestra retina (y no al revés)

F.lux es una piececita de software libre que hace sólo una cosa, pero la hace bien. En concreto, sincroniza la hora de la puesta y la salida del sol para ajustar los niveles términos de la pantalla y el brillo de la misma, de forma que cuando estás leyendo el ordenador durante la noche no recibas el mismo brillo que el monitor emite durante el día.

La idea es que los monitores están optimizados para trabajo diario, pero si los usas de noche el intenso brillo del monitor engaña al cerebro y le hace creer que es «más de día de lo que en realidad es». F.lux hace que tu monitor adecue el brillo, de forma que éste se iguale al que posiblemente estás disfrutando de forma natural (nótese la cursiva, puede que el brillo natural sea el de las bombillas). Así, evitas cegarte cuando iluminas el monitor de repente en mitad de la noche.

Ayer lo leí en lo de Pere y lo de La vigi, lo instalé esta mañana y sólo esta tarde he presenciado el primer ciclo con puesta de sol, que yo esperaba gradual pero ha sucedido de forma un tanto sorpresiva a la hora a la que el software ha entendido que se había puesto el sol.

De momento la sensación es rara, pero no diría negativa. De hecho, creo que por primera vez en muchas semanas estoy en el ordenador siendo consciente de que es de noche. Y eso me parece todo un avance.

Eso sí, aún tengo que usarlo varios días más para saber si merece la pena realmente.

F.Lux está disponible para Linux y se integra a la perfección en el panel de indicadores de Gnome. También para Mac OS X y Windows (incluso para iOS). Así que no tienes excusa para no tenerlo, al menos, en el ordenador que uses habitualmente. Tus ojos (y posiblemente no sólo tus ojos) te lo agradecerán.

Actualización (2012-03-02): La interesante discusión en comentarios ha dado lugar a que descubramos que F.lux da algunos problemas en Linux 64 bits y que Redshift funciona de maravilla en este sistema (además de estar integrado en repositorios de algunas distros como Ubuntu). No quedan excusas :D ¡Gracias, Carme!

Lo que el software libre puede aprender de Dropbox

Este minipost iba a ser un comentario en el post de Antonio Ortiz sobre la posibilidad de que Dropbox alcance una valoración de 40.000 millones de dólares, pero creo que vale la pena ponerlo por aquí porque la buena salud de Dropbox no deja ver claramente que, en el móvil, tiene los mismos problemas que el software libre:

$40k son muchos millones eh… incluso con una compañía como Facebook, yo apuesto a que con el cash que saquen con la OPV hay una posibilidad de que intenten entrar a los móviles «à la Amazon», forkeando Android hasta la incompatibilidad y contribuyendo a fragmentar el entorno para subir la barrera de entrada. O eso o la resignación a la web (que ya comenté en su día), porque incluso un «líder claro» como Facebook tiene difícil mantener su liderazgo (como tú has comentado alguna vez) sin ser un actor relevante en el móvil. Dropbox es irrelevante en el móvil, porque es totalmente dependiente de terceros que aspiran a segarle los tobillos.

Hace ya muchos meses que dijimos que los retos actuales del software libre tienen exactamente esa naturaleza, y de hecho Dropbox tiene una situación mucho mejor en el móvil que la del software libre, así que no es que el software libre pueda aprender de Dropbox (que de momento va muy, muy bien) ni que necesite la experiencia de Dropbox para aprender (porque tiene la propia), pero coincido con Antonio en que es difícil, muy difícil, que Dropbox, intermediado en todas las arenas por fabricantes que quieren para ellos mismos el control de toda la experiencia y saben que en los datos está el valor futuro, crezca libre y desaforadamente.

Y bueno, el comentario original no tenía enlaces, pero ¡oh! es liberador escribir un post y meter todos los enlaces necesarios sin pensar en si mi comentario está quedando demasiado largo y otras cositas de netiqueta. Que es domingo, no estamos para mangas estrechas :)

Bocados de Actualidad (145º)

Último domingo de febrero y aquí acudimos una vez más a la cita con la sección fija menos fija de la blogosfera. La centésima cuadragésima quinta entrega de los Bocados (una colección de enlaces que no tuve tiempo, o ganas, de comentar durante la semana) nos llega a ritmo de Opera IX.

Recuerden que durante la semana voy dejando más enlaces en mis marcadores y que aquí tienen el feed para recibir los mismos donde más les guste leerlos.

Aquí la fantástica cover que Opera IX hacen del clasiquísimo tema de Bauhaus… Bela Lugosi’s Dead.

Riesgos, priorización y regulación

Estoy leyendo Risk, de Baruch Fischhoff y John Kadvany, un librito que compré hace varios meses para pasar el mínimo que exigía Amazon para no cobrar gastos de envío. Dejo una cita y una imagen del mismo:

Una cita:

«Parents can neglect their own health while managing minor kid, car, and house problems. Nations can ignore their future health needs while concentrating on immediate economic stresses. School boards can neglect looming disasters while addressing everyday crises. People chained to the 24/7 news cycle can be endlessly distracted by uninformative coverage of minor issues.»

Baruch Fischhoff y John Kadvany, en Risk

Más allá de que «la definición más aproximada de «noticia» es «algo que no sucede casi nunca«», el problema es el coste de oportunidad. Un periódico es una «sucesión de reseñas sobre «cosas que no pasan casi nunca»» y el rol de los medios es fijar agenda; los medios masivos son una herramienta política más. Como decía, me interesa el coste de oportunidad: el hecho de que la obsesión del «individuo conectado» por el «qué está pasando» nos priva del necesario tiempo de reflexión y maduración de ideas que ha de abrirnos las puertas de algo nuevo, al ayudarnos a reconocer con facilidad cuáles son nuestros verdaderos problemas y preocupaciones (que rara vez coincidirán con las grandes cuestiones de Estado) y organizar nuestra respuesta para solucionarlos a la mayor brevedad.

Un mapa:

Distribución de riesgos en función de su naturaleza
[Extraído de Risk, de Baruch Fischhoff y John Kadvany.]

En estos dos ejes se distribuyen diferentes actividades (que presentan un cierto riesgo) en función de su naturaleza voluntaria o fatal (en caso de accidente). No es la mejor forma de evaluar los riesgos para priorizarlos, pero da algunas pistas. Si nos fijamos bien, en el cuadrante «involuntario-fatal» tenemos cosas como energía nuclear o los pesticidas, ambos fuertemente controlados por los Estados. En los cuadrantes «involuntario-no_fatal» y «voluntario-fatal» tenemos otras actividades cuya regulación es menos fuerte: vehículos a motor, antibióticos, fumar, rayos x, nadar o hacer montañismo. Lo divertido viene cuando bajamos hasta el cuadrante «voluntario-no_fatal». Aquí aparecen actividades que por su carácter están ampliamente desreguladas: montar en bicicleta, cortar el césped, electrodomésticos, jugar al fútbol o las bebidas alcohólicas.

Un momento, ¿he dicho bebidas alcohólicas? He aquí la anomalía: el alcohol se encuentra cada vez más regulado, tras la persecución (a través del botellón) del libre uso de los espacios públicos por parte de las personas. ¿Alguien dijo control?

Y es que estar en la calle sin mayor preocupación que estar con los amigos, abstraerse un poco de la vorágine del «qué está pasando» digital y sacar la cabeza del agujerito del trabajo diario y las noticias de la tele nos vuelve a todos en elementos subversivos capaces de desarrollar ideas propias y priorizar, de una vez por todas, nuestros verdaderos problemas y su solución. Ignorar el #hashtag durante unas horas es el primer paso para escapar de la urgencia digital y alcanzar lo que de verdad es importante, lo cual nos devuelve a la cita inicial.

Los drones como catalizadores de la privacidad

Existe un cierto pavor ante la amenaza que los drones representan para nuestra privacidad. En efecto, este tipo de aviones no tripulados están ya preparados para el mercado doméstico y masivo: en EE.UU. una nueva ley obliga a las aerolíneas a compartir el cielo con drones para uso comercial, para decepción del lobby que hacía campaña a la contra. No es sorprendente que los fabricantes tradicionales de aviones comiencen a mirar a estos drones con ojos de nuevo mercado.

Desde el punto de vista de la privacidad, lo interesante de los drones viene si nos acordamos de Barbra Streisand, convertida en meme cuando en 2003 intentó censurar unas fotografías aéreas de su casa en California.

En efecto, frente a la pasividad mostrada ante la erosión de nuestra privacidad en la Red (recuerden que lo divertido del gran gazpacho de datos que hará Google el próximo 1 de marzo no es que crucen sus bases de datos, sino que les diéramos los datos en primer término), los drones nos recuerdan las peores distopías que leímos y leeremos y dan algo de miedo. Por ese motivo hay quien opina que los drones tendrán un efecto diferente a la web y sí dispararán una defensa de la privacidad.

No lo tengo claro, y creo que si hay un catalizador en este ámbito es el móvil (de Carrier IQ a Path y el abuso de los datos del usuario, no hay mes que no haya un escándalo de dimensiones épicas), pero sí que creo que en los próximos tiempos veremos cómo en torno a los drones aparece una densa regulación en la que éstos serán equiparados al mal, en la línea en que se ha tratado desde su mismo nacimiento al p2p y otras tecnologías que han caído en manos de las personas antes de que puedan ser controladas por quienes aspiran a distorsionar a su favor la vida pública.

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