Globalización

Conocemos como Globalización el proceso de integración de mercados, tradicionalmente ligados al área geográfica donde se ubicaban, para dar lugar a un único mercado mucho más grande que, en la situación límite incluye a todos los continentes, lo que le confiere su carácter global.

Globalización como consecuencia de la tecnología

La invención del telégrafo en el s. XIX tuvo como primera consecuencia la creación de una agenda común a ambos lados del Canal de la mancha. Esa agenda común y la posibilidad de conocer al momento el estado de las cosas en Londres o París desembocó en la sincronización de sus mercados.

La tecnología digital supera la capacidad del telégrafo. Al permitir el envío instantáneo de información a cualquier rincón del mundo, Internet y la computación abocan a los mercados anteriormente ”nacionales” a no ignorar lo que sucede en otras partes del mundo. La imposibilidad de aislarnos de los sucesos remotos es lo que llamamos globalización.

En tanto lo que sucede en un mercado el que sea, repercute en todos los demás, no puede decirse que sean diferentes mercados, sino uno mismo. En tanto la tecnología hace posible conocer instantáneamente lo que sucede en cualquier parte, es imposible que no exista globalización.

Movimientos de capital, de mercancías y de personas

Para que exista una verdadera globalización son necesarias tres libertades básicas:

  • Movimiento de capital: que el capital se pueda desplazar libremente a cualquier lugar.
  • Movimiento de mercancías: que las mercancías puedan exportarse libremente a cualquier lugar.
  • Movimiento de personas: que las personas puedan viajar, vivir y trabajar libremente en cualquier lugar.

El sistema en el que vivimos actualmente, y que conocemos como globalización, es una muy mala aproximación a la verdadera globalización. Las características del sistema actual son:

  • Movimiento de capital: la única de las tres libertades que se adoptó casi sin matices. La reintroducción de la tasa Tobin y las limitaciones de movimientos al capital son, en este sentido, un retroceso.
  • Movimiento de mercancías: en el mundo hay diversas experiencias que se denominan «mercados comunes». Ejemplos: Mercosur, la Unión Aduanera en torno a Rusia o la Unión Europea. Sólo la Unión Europea es un auténtico mercado común para las mercancías (los otros imponen cuotas y tasas).
  • Movimiento de personas: con diferencia, la más limitada de las tres libertades. Nuevamente, sólo en la Unión Europea este movimiento ha llegado a ser verdaderamente libre, y sólo para ciudadanos de algún estado miembro.

El daño colateral de la asimetría de libertades

La globalización real, en la que las tres libertades básicas se aplican, permite la creación de un mercado mucho más justo para todos. No obstante, la creación de asimetrías en cuanto a la instauración de libertades parciales para uno o varios de los elementos puede tener consecuencias desastrosas.

La libertad de movimientos de capital unida a la imposibilidad de movimiento para las personas potencia el carácter desestabilizador del capital, que puede ser movido con ánimo especulador desestabilizando regiones enteras del mundo.

En este contexto, retroceder en la globalización y limitar los movimientos de capital (tasa Tobin) parece una buena idea, pero la verdadera solución de cara al futuro es incrementar las libertades para las personas y para sus bienes, con lo que desaparece el poder especulador y desestabilizador del capital.

La solución es más globalización real, y no menos globalización y más intentos de aislacionismo, porque la tecnología digital tiene un sesgo hacia la hiperconexión, y el aislacionismo es imposible más que como una imposición totalitaria.

Globalización y la destrucción creativa de identidades

Al posibilitar la vinculación e implicación de las diferentes economías y agendas públicas alrededor del mundo, la globalización erosiona las identidades con las que se solía definir a las personas en tiempos pre-globalización.

Al principio, esta nueva sincronización global aporta rasgos comunes a personas de cualquier parte, que luego reconocen estos rasgos en otras personas confiriéndoles una sensación de identidad común. En una segunda etapa y partiendo de este contexto identitario más o menos común, diferentes grupos de personas evolucionan de forma diferente y aparece una nueva diversidad, diferente a la inicial.

Así, pese a que el cambio tiene lugar a largo plazo, la cantidad de personas que se identifican de forma cada vez más difusa con una identidad nacional aumenta, y esta vieja identidad deja hueco a nuevas identidades, definidas en función no ya de factores imponderables a la persona (el lugar de nacimiento, o el sexo), sino moldeadas y escogidas por la persona, no ligadas al territorio sino a sus capacidades, afinidades y decisiones personales.

Es lo que el economista Tyler Cowen definió como la «destrucción creativa» de identidades en su libro Creative Destruction.

Globalización y empresa abierta

Y cuando el mercado es global y la competencia infinita, las empresas tienen poca opción más allá de imbuirse de cuantos más aspectos de «apertura» posible. Dotarnos de la organización acertada es una ventaja competitiva y no estar en la Red es renunciar a estar en el mercado. Y a causa de la globalización, estar fuera del mercado es estar fuera de todos los mercados, una muy mala noticia para cualquier empresa. La necesidad de tener una presencia en la Red nos lleva directamente a discutir la transparencia y la honestidad de las corporaciones, pero antes de eso: ¿qué es una empresa abierta?

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