Sociedades avanzadas

A cheeseburger cannot exist outside of a highly developed, post-agrarian society. It requires a complex interaction between a handful of vendors — in all likelihood, a couple of dozen — and the ability to ship ingredients vast distances while keeping them fresh. The cheeseburger couldn’t have existed until nearly a century ago as, indeed, it did not.

Waldo Jaquith

El artículo completo me ha gustado. Por cierto que ahora está claro, no es la crisis, es el futuro. Y la maravilla de las cosas complejas es que se muestren como algo sencillo, inevitablemente sencillo. Claramente, es un principio a buscar.

Vendedores de terrores

«Uno no sabe si la secuencia es de las portadas es: “cada día peor” o “cada días más peor”.

(…)

me pregunto si esto de El Pais no será un poco demasiado, che. Como si poco más incitasen a la depresión colectiva.»

Michel Godin y su Test de resistencia

Ah, los vendedores de miedos y terror siempre supieron cómo atraer la atención (de hecho la buscan desesperadamente): un poquito de cherry picking para los titulares y tenemos el discurso apocalíptico servido, aunque la realidad no lo sostenga. En tiempos de política del miedo, nada más saludable que (como bien recomienda Michel) armar tu propia cabecera matutina a base de tus blogs preferidos (sí, tener tu propio blog también es importante) y dejar de leer los discursos del miedo.

Cursos online, el ejemplo de Stanford

Rotores de máquina enigma

Hace varios meses se anunció la nueva temporada de cursos gratuitos online de Stanford. El año pasado no me apunté, pero tenía muchas ganas de probar alguno de esos cursos, así que me apunté a varios. Sí, ahora tengo el tiempo justo para todo, entre sacar adelante Cartograf, tomar alguna caña ocasional con amigos y estudiar. Pero cuando el aprendizaje lo controla uno mismo y el curso es tan interesante como prometía ser (y de eso hablamos enseguida), no hay dolor ni penas.

El asunto es que hace dos semanas comenzó el curso de criptografía de Stanford (ya saben que por aquí somos amantes de GPG, del cifrado de datos y demás zarandajas). Lo hice porque, aún teniendo un cierto conocimiento sobre el tema, sé que este curso me puede aportar muchísimo. Llevamos dos semanas y, aunque sean preliminares, ya tengo algunas conclusiones:

  • Formación voluntaria y sin título. Cuando la formación es voluntaria los alumnos suelen apuntarse porque quieren. Existe una excepción (que es legión, además): la de formación voluntaria que no persigue la formación sino el título para acumular méritos de cara a otro objetivo (promoción interna, oposiciones, acumulación de títulos para el CV). Al eliminar todo eso y dejar sólo la formación, las personas que están en el curso están muy motivadas y tienen un único incentivo para estudiarlo: aprender.
  • Calidad, dedicación y caos. Estamos acostumbrados a que la formación online y a distancia esté impartida por personas desmotivadas o sin conocimiento profundo de su materia. Eso así desde universidades algunos cursos de pago como la UOC ciertas asignaturas/docentes en la UOC a todo tipo de seminarios de poca monta que se intentan vender por Internet como la solución definitiva. En muchos cursos online organizados en torno a tutores, éstos hunden el curso como consecuencia de su falta de constancia y/o cambio de motivación. En realidad, el curso no puede ser susceptible al caos interno de los formadores, y la sistematización es un valor que pronto se pone de relieve.
  • Directos al grano, conocimientos prácticos. Primera semana, primeras bases, primeros ejercicios prácticos con ejemplos del mundo real. Sin más historias, sin preámbulos, sin tangentes, sin hablar del sexo de los ángeles.

Al final, el resultado lo notas en los foros de discusión: no sólo hay una gran cantidad de personas preguntando y resolviendo dudas, los mismos profesores están muy activos en los foros, lo cual demuestra el interés del profesor aunque, maravillas del crowd, la mayoría de las veces las dudas quedan resueltas por otras personas que también están estudiando el curso.

En sí, el curso está dispuesto como una serie de vídeos en los que el monitor se convierte en una pizarra virtual donde se van explicando las cosas, pidiendo respuestas de forma interactiva cada cierto tiempo. Los vídeos en sí no están en la línea de Khan Academy (no, al menos, en la línea de los que yo pude ver). Donde Khan Academy se siente un poco como un screencast (como un exceso de tecnología a la que no se está sacando todo el potencial), los vídeos que Dan Boneh está preparando para este curso son más como una pizarra, donde las cosas suceden de forma más natural. Donde Khan Academy reduce la interacción (y no está mal, soluciona otros problemas), me da la sensación de que estos cursos la cuidan mucho más.

En fin, son sólo unas primeras impresiones pero me atrevo a recomendar: si pensaban hacer algún curso online este trimestre, yo iría de cabeza al catálogo de cursos gratuitos de Stanford y otras universidades. Tienen una veintena de cursos gratuitos por los que, seguramente, valdría la pena pagar (normalmente es al revés, y no vale la pena pagar el 99% de los cursos que pagamos).

[Por cierto, que si el curso que están pensando hacer es precisamente el de criptografía, estos días se presentó Crypt4you, una iniciativa de la UCM apadrinada entre otros por Jorge Ramió, de quien hemos hablado alguna vez por aquí, y al que sin duda vale la pena prestar atención, promete ser también un curso muy práctico y directo.]

Apple repartiendo dividendos, ¿signo de debilidad?

En septiembre del año pasado hablamos de Apple comparándolo (con algo de manga ancha) a un esquema Ponzi (con la acción casi al doble que hace 6 meses, esa gráfica se torna espeluznante). La idea era recalcar lo extraño de que una empresa que tiene beneficios no reparta dividendo en dos décadas, obligando a quienes confiaron en ella hace casi veinte años a recuperar su dinero en el mercado secundario (venta de acciones a otras personas que, de continuar esa dinámica, sólo recuperarán su inversión vendiendo sus acciones aún más caras… especulando con el beneficio futuro). Enfoco la visión desde la escala humana: las personas viven un número limitado de años y, en consecuencia, no es de suponer que esperen eternamente para ver materializada su inversión.

Ese día (y los siguientes) más de una vez algún agerrido defensor de la Manzana me vino a decir que yo no entendía nada y que Apple no repartía dividendos porque ellos sí que sabían cómo reinvertir, y que repartir dividendos era, poco menos, cosa de piltrafillas y débiles. Ahora dirán que existen los matices… y yo no lo niego. Apple ahora mismo es todo menos debilidad, con $100M de dólares en cash (y habría que argumentar si la política de reinversión de la que hablaban era acumular cash). El título, no obstante, pendula en torno a lo que habría que decir si aún creyéramos (como muchos creían hace unos meses) que repartir dividendos es signo de debilidad. (Enlazo a un comentario en este post, es la muerte del comentario efímero; no puedo enlazar a algunas conversaciones con caña en la mano.)

La pregunta que me trae a este post es, ¿todos los que hace seis meses defendían la política de Apple de no repartir dividendos como la verdad divina transmitida por Dios (en paz descanse) a los hombres encontrarán argumentos ahora para explicar por qué ahora mola repartir dividendos? Estoy seguro que hay quien buscará en todos los cajones, pero me interesa más la voz del fan de a pie. El mismo que defiende hoy el blanco y mañana el negro, con tal que Apple diga hoy blanco (y mañana negro).

La última Britannica de papel

Britannica
[Foto: Ángel Franco / NYT.]

Las rotativas que imprimían la Encyclopaedia Britannica deberán desde ahora buscarse otra ocupación: tras 244 años, la tradicional enciclopedia dejará de ser impresa, según cuentan en el NYT.

Según sus gestores, no hay nada por lo que llorar, hay mejores herramientas ahora. Tienen su web, dicen. La realidad es que sí, hay mejores herramientas. Lo que no me queda claro es que el relevo natural de la vieja britannica (con la que no me une ninguno de esos lazos sentimentales de los que todos hablan, pues en casa había otras enciclopedias) sea su propio sitio web.

Otros proyectos como Wikipedia han demostrado más agilidad pero, sobre todo y pese a las críticas, han demostrado conocer mucho mejor las nuevas formas de financiación colectiva, con campañas periódicas para recoger fondos que la mantengan en pie.

No obstante, Wikipedia persigue sustituir una cosa por otra: un conjunto de académicos por una creación distribuida… que desemboque en un proyecto centralizado. Abunda demasiado esa devaluada actitud disruptiva.

En realidad la web hace posible mucho más que una página web con más información, más actualizada y más exacta que la Britannica. Hace posible millones de webs con pinceladas de información profunda y específica. Muchas de ellas bajo la forma de Pedias. Si quiero aprender sobre lo que sea (desde los cambios en la distribución audiovisual, a recetas de cocina), lo más probable es que haya una Pedia operativa y específica que me da sin rodeos toda la información relevante.

¿Es la wikipedia la nueva Britannica? Posiblemente. Pero si eso significa algo, significa que lo más interesante, lo disruptor y más avanzado, está ya en otra parte. ¿O no es ésa la lección final de ese clásico de papel que ya nunca más se imprimirá en papel?

Curación, centralización y ética hacker

Cursor

En Enlaces, malditos enlaces y gestión de conocimiento argumenté que un enlace compartido debe contener:

punteros a reflexiones, ideas, proyectos y, en general, cualquier cosa que encontremos en nuestras abundantes lecturas diarias, que normalmente almacenamos para nosotros mismos pero que en ocasiones abrimos también a las personas que nos siguen

En tanto que el contenido principal de un enlace es el enlace mismo, toda ofuscación del mismo obedece a intereses espurios: forzar al visitante a pasar por nuestra página, generar páginas vistas o arrogarnos (arrogantemente, valga la redundancia) un crédito que no nos pertenece. Ejemplos hay muchos: buscadores que te dan un preview del resultado pero no te llevan a él, sitios de moda que te abren el contenido en una lightbox para que no salgas nunca de su matriz y agregadores de enlaces que te penalizan con un stop & go intermedio a modo de interstitial. También están los que se limitan a reescribir ideas, colocando un sencillísimo (y discretísimo, y pequeñísimo e insignificante) vía al final.

No es realmente grave poner una cierta traba a la salida de nuestra web (sí lo es, por contra, la no atribución de autoría o la reatribución –sobre nosotros– de la misma): hay muchas maneras de enfocar las cosas. No obstante, esos comportamientos son el resultado de la fricción entre la libre compartición de ideas en la Red y la realidad económica de que en una biblioteca de Babel cuyos pasillos crecen exponencialmente lo valioso son los ojos que te miran: no más el libro, sino la atención disponible para leerlo (cuyo crecimiento es mucho menor).

Sin embargo, cabe preguntarse si no hay otra forma de hacer las cosas que no sea la búsqueda de una centralización. Bianka publica hoy un gran artículo en Cartograf sobre la comunicación y la compartición en red como el proceso que mantiene vivas a las empresas abiertas. Dice Bianka que compartir en la web tiene dos efectos buenos:

para la persona, revoluciona el aprendizaje y, para la organización, revoluciona la generación de conocimiento.

De su artículo me surgieron dos ideas:

  1. Software libre. Me llamó la atención que todos los ejemplos que pone nacen del mundo del software libre, la mayor revolución que hemos vivido en esta incipiente era digital.
  2. Comportamiento frente a discurso. Lo interesante es, en realidad, mirarlo del revés: observar el comportamiento de una empresa nos informa sobre su proyecto, sus ideales, intenciones y ambiciones más que la literalidad de su discurso. El no compartir las fuentes o la invisibilización de las mismas demuestra una visión con ambición centralizadora. Y los hechos pueden dejar muy mal parado a todo discurso que, de cara a la galería y como brindis al sol, afirme otra cosa. Un buen análista, como siempre, necesita tener en cuenta esto para valorar adecuadamente la actitud de un nodo dentro de una red.

La cosa es que también esta mañana llegué a leer un muy buen post de Marco Arment que nos cuenta de una (muy mal concebida) iniciativa para añadir una capa semántica a los enlaces mediante glifos (aunque ellos no utilicen esa palabra). Alguien pensó que el problema de que no haya suficiente atribución o de que exista esa manía por retrasar la salida del lector desde nuestra web a la fuente original (incluso impedirla, y enmarañarla) es técnico, en este caso, de incapacidad semántica.

La Red son los enlaces, eso está claro. Los problemas de ocultación, reducción a lo invisible y no atribución de ideas no son, sin embargo, producto de un mal diseño de la web. El problema es económico y, seguramente, inevitable (hasta un cierto punto, como bien aprendimos de Schneier) en una economía digital abundante. Y sin embargo, en la cultura del conocimiento libre la cosa cambia. Continúa Marco Arment diciendo que:

Reliably linking to great work is a good way to build an audience for your site. That’s your compensation.

En esta nueva economía, compartir tiene recompensas. Añadan además el papel de la ética hacker: el compartir enlaces y conocimiento por el gusto mismo de hacerlo, sin buscar la medalla de pioneros de nada, tan sólo haciendo que la información fluya en nuestro entorno. Cuando compartimos enlaces por el gusto de compartirlo el resultado es algo parecido al austero linkblog de Dave Winer o los marcadores, que invitamos a visitar.

Cuando no encontramos este tipo de comportamientos se debe a que no han abrazado la filosofía del conocimiento, y la red, libres o porque la ética hacker no está operativa, sino subyugada a otro tipo de intereses.

El coste de averiguar si algo está patentado

Timothy B. Lee y Christina Mulligan desmontan en Ars Technica algunos de los (falaces) argumentos de Nathan Myhrvold (Microsoft) al hilo de las patentes de software (de las que estos días ya hemos hablado). Justo para cerrar el artículo comentan:

«Who needs to worry about infringing software patents? The Green Bay Packers, OfficeMax, Kraft Foods, Aeropostale, and Oprah Winfrey’s Harpo productions have all faced software patent lawsuits. Indeed, virtually every medium and large firm in the United States performs activities—like maintaining a public website, using a computerized point-of-sale system, or using an Internet-based invoicing system—likely to infringe some software patents. So all of these firms are part of the software industry, at least as far as patent law is concerned.

In our paper, we estimate it would take at least 2,000,000 patent attorneys, working full time, to consider whether all these software-producing firms have infringed any of the software patents issued in a typical year. Even if firms wanted to hire that many attorneys, they couldn’t; there are only 40,000 registered patent attorneys and agents in the United States.

So Myhrvold is wrong to suggest firms ignore software patents because they’re trying to «get something for free.» They ignore software patents because it’s mathematically impossible for them to do anything else. The patent system simply doesn’t scale up to an industry as complex and decentralized as the software industry. And if it’s practically impossible for firms to avoid infringing software patents, it’s unfair to punish them for their failure.»

Ooops. Añádanlo a la batería de argumentos contra las patentes: no sólo es el coste de patentar (que puede ser muy elevado), sino el coste de saber si esa aplicación web sencillita que se me ha ocurrido no viola patentes existentes. Los pequeños estamos, una vez más, vendidos ante el músculo financiero de quienes pueden pagar legiones de abogados, abrir infinitos litigios y retrasar la puesta en marcha de un negocio de forma ilimitada.

Por cierto, en el post anterior hay una buena discusión en comentarios, con algunos aportes muy valiosos.

Este blog usa cookies para su funcionamiento.    Más información
Privacidad