Cuando las empresas se pasan de cercanas con sus newsletters

Directores de comunicación y marketing del mundo mundial, oidme: me doy de baja de todas y cada una de las newsletters corporativas que recibo firmada por una persona con nombre y apellidos.

Sin excepción, me doy de baja incluso de aquellas que quería seguir recibiendo. Pocas cosas hay en mi bandeja de entrada que me cabreen tanto como ver un mensaje firmado por un ser humano y que al abrirlo me dé en la cara la típica cabecera de MailChimp acompañada del logo de la empresa de turno.

Esa modita de enviar boletines electrónicos corporativos firmados con nombre y apellidos que al menos para mí llegó con Twitter hace ya muchos años se ha extendido en los dos últimos años hasta el ridículo, y no me parece honesto. (Nota: espero que el lector de este blog sea consciente de que no, Biz Stone no sabe quien eres y jamás te ha escrito un e-mail personalmente a ti; y sé que algunos lectores de este blog sí conocen personalmente a Biz, no va por ustedes, pero ya entienden lo que quiero decir.)

Me crispa la falta de honestidad. Y me crispa igual cuando la falta de honestidad la percibo en una empresa, faltaría más: ¡alguien que espera que pague sus servicios/productos con mi dinero y comienza el día intentando tomarme el pelo! Esas dos cosas a la vez no pueden ser, escoge tu propia aventura.

Cómo generar un «Valley» en tu ciudad que de verdad funcione

Silicon Valley

Auténtica moda en el último lustro, cuando la crisis económica golpeó más duro, el anuncio de creación de «valles» acá y allá nos permitiría construir un mapa tan absurdo y bizarro como los que podríamos hacer estudiando el rotondismo. Hoy voy a hablar de este fenómeno y a falta de otros ejemplos más cercanos o sangrantes, voy a hablar de Málaga Valley.

¿Qué es Málaga Valley?

Es la versión costa del sol del fenómeno que mejor ha heredado el espíritu del ladrillazo especulador: el anuncio de iniciativas públicas que aspiran a crear en la ciudad de turno un entorno empresarial y cultural equiparable a Silicon Valley en California.

No debería sorprenderos que al ladrillazo le siguiera este tipo de iniciativas: en algunos casos se trataba de utilizar infraestructuras construidas y completamente abandonadas por falta de demanda, en otros de poner cuatro duros para construir un galpón en la incauta esperanza de que el próximo Mark Zuckerberg vendría a ocuparlo de forma espontánea, sin mayor incentivo.

Presentado a bombo y platillo en 2011, el Club Málaga Valley convocó a numerosas empresas tecnológicas en torno a la ciudad de Málaga con la ambición de que todas se instalaran en la ciudad y se diera esa suerte de transformación económica de la ciudad. En 2014, el proyecto sigue existiendo aparentemente, pues tienen una página web activa aunque con estética 2008 en la que ni siquiera han cuidado las url limpias, que no tiene versión móvil y cuyo menú de navegación principal no funciona en pantallas táctiles. El copyright de la página indica que está controlada por el Ayuntamiento de Málaga. Ésta es la carta de presentación que la administración ha preparado para quienes se interesen por el proyecto. Fiasco.

Por descontado, el proyecto ha sido olvidado por todos menos por quienes de vez en cuando pasan por Málaga (y por quienes viven allí a tiempo completo, claro). El olvido del proyecto era inevitable por su planteamiento cortoplacista y clásico de la administración en estas latitudes: se buscaba salir en los telediarios, poder marcar un par de penalties con los que presumir de estar sentando las bases de «cambio del modelo productivo» y «la salida de la crisis». Mucha pose, y poco pensar cuáles son los ingredientes que hacían falta para que la pose no se quedase en eso y llegase a ser algo más, a dar algún fruto.

El único motivo por el que ando reflexionando sobre el tema es que en estas semanas veraniegas compartí un sugerente almuerzo con Amalio Rey en el que aparte de disfrutar del sol y la playa, debatimos sobre el estado del arte en materia de emprendedurismo en Málaga. Amalio me contó que tras el anuncio de Málaga Valley se movilizaron alternativas como Boqueron Bay (hasta el nombre está inspirado en el proyecto del cual querían diferenciarse), promovidas al margen de la administración y que, sin el suficiente apoyo externo y sin el apoyo del ámbito público, tampoco consiguieron despegar.

Como administración, qué necesitas para construir un «valle» en tu ciudad

Si necesitas construirlo es porque con tus condiciones de contexto no se ha generado. Te falta uno o varios ingredientes para que suceda, y tu objetivo debe ser conseguirlos.

Para empezar, debes ser capaz de iniciar el círculo virtuoso que atraiga empresas, que atraigan talento, que atraiga a más empresas sabedoras de que encontrarán talento, que atraiga a más talento, y así hasta tocar el cielo.

La administración pública tiene tendencia a solucionar las cosas «de penalti». Convocan a algún gran directivo y le hacen lo que la administración considera una oferta irrechazable: oficinas gratis para un centro de, digamos, 150 empleados. Con esto esperan salir en todos los telediarios al grito de «tal empresa se instala en Málaga y creará centenares de empleos». Y por supuesto que salen, por eso lo hacen. Pero esas estrategias no escalan, no son sostenibles, no son la solución.

Podrás decir que tienes «un valle» (aun cuando no se llame valle) en tu ciudad cuando cualquier empresa decida, sin que tú tengas que reunirte con su director general para España y Portugal, o para Europa si se tercia, implantarse en tu ciudad. Y cuando no tienes un círculo virtuoso de talento+empresas+ecosistema, el único incentivo que las empresas son capaces de descifrar es el monetario.

Puedes dedicarte a pensar cómo quieres que funcionen las cosas, o puedes analizar cómo funcionan para adaptarte a esa lógica y ponerla a tu servicio. Las empresas no pueden ir a la cárcel ni ser condenadas a muerte, lo peor que les puede pasar es que les toques la hucha. Si quieres dar salida a un círculo virtuoso debes comenzar por atraer empresas, sabiendo que la hucha es lo que más les duele, pon esa condición a tu favor y haz que cuando les hables vean que tu efecto sobre su hucha es beneficioso. Dicho de otra forma: ventajas fiscales u ostracismo para tu valle.

Si van a criticar esta aproximación, déjenme preguntales: ¿cuánto tributarían Bayer o Roche si se instalasen en Málaga con una rebaja fiscal del 50% y cuánto tributarían si no se instalan en absoluto? En el primer caso, aunque hicieran trampas con los beneficios, aún pagarían nóminas de empleados de alta cualificación. Si esta justificación no es suficiente, te recomiendo volver al párrafo anterior o parar de leer, que no quiero que luego piensas que te robo tiempo.

Qué no tenía Málaga Valley

Málaga parte de la no existencia de un círculo virtuoso de empresas+talento. Sencillamente, no es la Ítaca del trabajo tecnológico, ni biotecnológico, ni científico en general.

No tiene la Universidad de Stanford. Que nadie se lo tome a mal, la Universidad de Málaga es mi alma mater y reciben pocos laureles para lo bien que se hacen las cosas en algunos grupos de investigación y para el buen nivel que tienen muchos de los profesores investigadores, pero no es Stanford.

Por último, Málaga Valley no ha enviado la batseñal adecuada a las empresas: cuando un montón de pequeñas empresas «de las que empiezan en un garaje» ven el tipo de reuniones/chanchullo en las que se embarca la administración pública en nombre del ecosistema y de Málaga Valley, salen huyendo. Ven el escenario y saben que ahí está todo vendido de antemano.

A esas pequeñas empresas, sin embargo, podrían darles incentivos para que comiencen a trabajar ahí: si es una empresa nueva, o joven, no hay mejor incentivo que rebajarle los impuestos, un tiempo al menos. Nada de subvenciones, las subvenciones sólo alimentan al pícaro que va a por el dinero gratis haciendo trampas. Carga fiscal rebajada sobre el dinero contante y sonante, muy real, que la empresa gaste para operar, ya sean salarios, trabajo con proveedores, o lo que sea. Rebaja de impuestos: una vez más es hacer que las condiciones de contexto jueguen a tu favor. Cuando nadie más hace eso, la ventaja competitiva de hacerlo es tal que te permitirá sanear las cuentas públicas y transformar la ciudad.

¿Está Málaga Valley a tiempo de resurgir?

Parece improbable. No veo en la administración pública (ni en Madrid, ni en Sevilla, ni en Málaga) la frescura necesaria para hacerlo. Ni la veo en las alternativas florecientes a quienes gobiernan en estas instituciones.

El proyecto como tal es un cadáver, pero la administración podría aún sentar las bases para una revolución sin titulares, sin inauguraciones, sin fotografías en las que alguien venda la piel del oso antes de cazarlo.

Hasta ahora, Málaga Valley sólo ha servido para hacer reuniones y congresos recurrentes en los que hablar de Málaga Valley. Esto es: alimento de la economía de turismo y hostelería que se dice querer transformar, sin entrar al fondo de la cuestión. ¡Menudo «cambio de modelo productivo»!

Podría incluso no ser generalista, podría centrarse en un ámbito concreto: a la política ramplona le encanta pensar en Silicon Valley, es la erótica del poder contemporáneo. Pero ¿acaso no sería igualmente beneficioso si se potencia un «valle» biotecnológico real? ¿O farmaceútico, o químico?

Eso sí, ni caso de milongas: o se ofrece un importante incentivo fiscal a las empresas que se instalen, o nada de nada. La promesa de un gran clima, playas, Marbella a 35 minutos para esa élite emprendedora a la que se quiere seducir, y un gran aeropuerto que mantenga tu conexión con el exterior puede hacer salivar al político de turno, pero es insuficiente. Edificios ya tiene cualquier empresa, porque cualquiera se los puede ofrecer: hay centenares de edificios vacíos y tétricos como si hubieran sido construidos para Arkham abandonados por la geografía ibérica. Tener uno en tu ciudad e intentar colocarlo a una empresa cualquiera sin otro beneficio adicional no te va a diferenciar, y desde luego no va a ser la clave.

La corrupción, y el tonto mirando el dedo

Cuando el dedo apunta al cielo...

Con la corrupción instalada en muchos y variados ámbitos, desde el concejal de festejos de turno a la dirección del Fondo Monetario Internacional, la crítica fácil es decir «este sistema no funciona», y que la culpa es de los mercados, del capitalismo, de los ricos, o en general, de los demás (nunca nuestra).

Lo cierto es que el sistema no funciona muy bien. Pero fijarnos en la corrupción y no en qué hacemos con ella me recuerda a ese viejo refrán que nos recuerda que cuando el dedo apunta al cielo, el tonto mira al dedo.

Es grave que una persona de la responsabilidad internacional de Christine Lagarde esté imputada por corrupción, y es importante recordar la diferencia entre estar imputado y ser condenado, y está por ver si será condenada. Sería más grave que existiendo dudas razonables sobre su inocencia/culpabilidad, jamás hubiera sido imputada, o siquiera investigada.

Accountability. Ahí debe estribar nuestra valoración de la situación, y no en que exista o no corrupción, que es algo casi inevitable.

Existe corrupción en sistemas democráticos y totalitarios, en entornos de mercados más o menos abiertos y en sociedades autárquicas y pseudo-comunistas. Pero tengo la sensación de que en estos últimos los líderes son rara vez confrontados con la mismísima sombra de la duda; ni hablar de llevarlos frente a los tribunales. Pero en esos contextos, también se roba a manos llenas, ¿qué ha hecho la élite de países como Venezuela con el dinero del petróleo, cuyo precio aumentó y se mantuvo a nivel muy alto los últimos 20 años sin que la renta per capita de los venezolanos haya mejorado?

Por supuesto, si cruzamos los pirineos de vuelta, no encontramos ni rastro de esa responsabilidad vinculada a la gestión pública que observamos en otros países europeos: como se suele decir, «aquí no dimite ni cristo», porque ni se imputa ni se juzga ni se buscan culpables. Pero no confundamos términos: una cosa es que haya corrupción impune, y otra es soñar con una especie de gobierno alienígena e inmaculado que aparece de la nada y gobierna sin tocar nunca la bolsa común en beneficio propio. That’s not gonna happen.

No tengo motivos para pensar que ese gobierno alienígena capaz de aparecer de la nada haciendo borrón y cuenta nueva sea menos corrupto, sobre todo si consigue deshacerse de la mínima rendición de cuentas que podría llegar a imponérsele (y que ahora mismo no es que esté excesivamente presente), en virtud de un alejamiento de Europa y de un cierre de mercados «por nuestro propio bien».

Siempre recuerdo el tagline del blog de Jose Antonio Martínez Soler: la libertad produce monstruos, la falta de libertad produce infinitamente más monstruos.

Paternalismo, prohibicionismo, y egoísmo

Apto para fumadores

Adam Ozimek escribe un gran post en Modeled Behaviour, Deja de pensar en el resto del mundo como si fueran tus hijos:

Pensar en lo que tú quisieras que tu hijo hiciera algo es una forma terrible, egoísta, y centrada en ti mismo de establecer regulaciones. Oyes este tipo de argumento también relacionado al consumo de drogas. «¿Realmente quieres que tu hijo pueda fumar marihuana?» Pero las leyes de este país no son las leyes de tu casa. Impedir que tu hijo fume marihuana o se prostituya no es nuestro trabajo, es el tuyo. Sinceramente, si necesitas la ayuda de la ley para lograr eso, entonces supongo que vas a tener otros problemas entre manos de todas formas.

Más abajo sigue:

Este tipo de pensamientos no se aplica únicamente a opciones moralmente debatibles, sino también a la salud, la seguridad, el gusto, y una amplia variedad de temas. Puedes despreciar y juzgar al máximo a una persona [por lo que hace] y de forma enteramente consistente pensar que se les debe permitir hacerlo.

Otro argumento que también trae Ozimek se refiere a que si tu hijo va a fumar marihuana de todas formas (o si va a prostituirse), es preferible que ambas actividades puedan hacerse de forma segura, con unas condiciones mínimas previstas y bajo el amparo de la ley.

Si algo es inevitable, al menos que sea lo más seguro posible.

No obstante, este argumento no es ni con mucho el que más encontramos cuando hablamos con muchas personas, y desde luego está muy lejos de ser el sostenido por los políticos de acá y allá. Si regulan, lo harán porque hay intereses económicos y no por un ideal de libertad, aunque la consecuencia de esos intereses económicos bien sea la expansión de lo que podemos hacer en libertad. Tiempo al tiempo, en esta sociedad que no permite fumar en restaurantes más pronto que tarde se venderán porros en los estancos. (Ojalá con lo que recaudasen extra nos bajasen los impuestos a los demás, pero imagino que no tendremos tanta suerte.)

Recordemos que libertad es, ante todo, libertad de hacer lo que no voy a hacer.

Ese impuesto que es la inflación

Cristóbal Montoro

La última reforma fiscal introducida por el gobierno español estos días tiene la particularidad de que convierte en un impuesto evidente algo tan aparentemente inocuo como es la inflación. Polémica por otros factores como las indemnizaciones de despidos (parcheada in extremis y sólo levemente) la reforma abarca otros temas sobre los que no se ha hablado demasiado, excepción hecha de algunos medios de empresas afectadas como Idealista.

¿Cómo es esto? Resulta que hasta ahora, cuando vendes una propiedad del tipo que sea, la ganancia obtenida se contrasta con la inflación acontencida durante los años transcurridos entre el momento en que compraste y vendiste la misma. Aunque el cambio en la ley afecta a todo tipo de transmisiones (esto es, compra-ventas), el caso clásico de propiedades que se pueden vender muchos años después es el de una vivienda.

Una vivienda (salvo que seas un profesional de la compra-venta) la compras y la vendes años después, muchos, incluso muchísimos (30 y hasta 40) años después. El precio es abultadísimo en comparación con el que pagaste en su día, pero es ilusorio: la moneda se ha devaluado. A ninguno se nos escapa el pequeño detalle de que no hacemos lo mismo con 1000 euros ahora que lo que hacíamos con 160.000 pesetas hace 40 años. Según el INE, si en el año 1980 hubieras tenido un salario de 2000€, el salario equivalente a día de hoy solamente calculando la inflación superaría los 10.000€ al mes. No es que cobremos un 500% más ahora que entonces, es que la moneda se ha devaluado y necesitamos pagar 5 para obtener lo que antes obtenías pagando 1. El papel de los billetes se moja y no vale nada, al final del día con eso compramos comida y ahora cuesta 5 lo que antes costaba 1. ¿Sencillo, verdad?

A nadie se le escapa, excepto a la nueva ley a la que se le escapa ese pequeño detalle.

Al tener en cuenta la inflación para comparar los precios de compra y venta muchos años después se consigue que tribute en forma de impuestos sólo la parte que es ganancia real (como sucede con cualquier renta, también con las rentas del trabajo), y no el aumento del bulto derivado de la inflación. Tributas por el incremento de tu riqueza, no por la devaluación de la divisa que normalmente equivale a empobrecimiento (porque cuesta que los salarios suban al ritmo de la inflación) y no a enriquecimiento.

Con la reforma legal introducida, para el cálculo de la plusvalía se dejará de tener en cuenta la inflación.

También desaparecen los «coeficientes de abatimiento», que afectaban a todo tipo de compra-ventas, por ejemplo acciones de empresas.

Contra lo que pueda parecer de forma intuitiva, esta reforma no es un golpe a la especulación inmobiliaria, todo lo contrario, en línea con la subida de IVA también promovida por Montoro es un incremento de impuestos a los panolis que hacen todo conforme a la legislación vigente.

Explico. Podemos pensar que esta ley desincentivará la especulación en vivienda, y que es buena noticia. La realidad es la contraria: al incluir la inflación en el impuesto, se penaliza sobre todo la inversión a largo plazo (esto es, comprar una vivienda para vivir en ella, y no con el fin de venderla tan rápido se pueda con un beneficio tan alto como se pueda). Por tanto, no se daña tanto al profesional de la compra-venta como a quien puntualmente requiere vender un inmueble, dado que el especulador compra y vende gangas todo el tiempo y no suele conservar el inmueble durante muchos años antes de volverlo a vender, mientras el ciudadano de a pie enfrenta un reducido número de operaciones de este tipo a lo largo de su vida y suelen ser todas a moderado y largo plazo.

De hecho, las transacciones a corto plazo salen beneficiadas al desaparecer la penalización por vender antes de 1 año. Adicionalmente, si eres un pringadillo prudente que no te hipotecaste (un pobre afectado por una crisis generada por las hipotecas de los demás a quien no defiende ninguna plataforma de afectados de hipotecas) y vives de alquiler (como somos tantos), te van a eliminar la deducción del alquiler en el IRPF. Sonríe, te estamos grabando.

Tengo la sensación de que todo lo que puede hacerse mal en torno a este tema, en la presente reforma fiscal se ha resuelto mal. Esta reforma perjudica las inversiones de todo tipo a medio y largo plazo y no la especulación a corto plazo.

Por supuesto, lo que incentiva la presente ley es la catastrófica manía de comprar una vez, y que sea para siempre. No se favorece que una pareja joven (pongamos, 25 años) compre una vivienda pequeña con 1-2 habitaciones y que si una década después tiene hijos venda ésa y se traslade a una con una habitación adicional, porque la inflación de esos 10 años te va a pegar un hachazo tremendo sin que esa pareja esté obteniendo realmente un beneficio en la operación.

No es descabellado pensar que la reforma favorece la inversión desproporcionada: parejas sin hijos que compran viviendas de 4 habitaciones con dos plazas de parking y todo lo demás, para evitar en el futuro la penalización de vender una vivienda vieja para comprar la nueva. Justo lo que tras la experiencia de la última burbuja y la crisis que le está siguiendo debíamos estar trabajando para evitar.

Y sobre este tema apenas he visto comentarios. De hecho ni lo habría visto mencionado si no fuera por un tuit de Jesús Encinar hace unos días.

Por supuesto, políticas que promueven la inflación a lo loco (como las de ciertos partidos que defienden una fuerte devaluación de la moneda y el impago de la deuda exterior, que sin duda derivaría en quiebra del Estado y aún más inflación) son en combinación con esta nueva ley una bomba en contra de los ciudadanos de a pie. Pero los planes ambiciosos de extensión y fortalecimiento de servicios públicos son incompatibles con eliminar un impuesto que en caso de llegar al gobierno se encuentran ya implantado, y del que además podrán decir que lo introdujo la casta, así que agárrense porque este gol ya nos lo han marcado, podremos sacar de centro pero el tanto en contra ha subido al marcador y nadie ni nada lo va a descontar.

Bancos, canon AEDE, y la maldición de los tiempos interesantes

Ver al PP nacionalizando bancos (Catalunya Caixa) tal y como propone Podemos, y con los mismos e idénticos resultados que podemos presumir cosecharía la joven formación si les permitieran realizar tal cosa.

Que al frente del banco nacionalizado el gobierno coloque a un ex-vicepresidente del gobierno (por el PSOE) cobrando más de 1 millón de euros al año y que un año y pico después se cierre la operación con una enorme pérdida para el erario (casi 12 000 millones de euros) justo el mismo día en que CiU, IU, PSOE, PP, UPyD, y todos los demás (no se queden en la foto del voto irrelevante en mayoría absoluta, quédense con lo que cada partido propuso para «mejorar» la ley) aprueban una nueva reforma de la LPI más dura que la anterior ley Sinde que destruye de raiz toda posibilidad de innovación en Internet dentro del territorio controlado por el Estado español, lo que Antonio califica con acierto como el mayor robo jamás perpetrado a Internet.

Y es que es mucho más que dinero lo que están robando.

El orden natural de las cosas

Douglas Adams

He elaborado una serie de reglas que describen nuestras reacciones ante la tecnología:

  1. Todo lo que ya está en el mundo cuando naces es normal y ordinario y tan sólo una parte natural de la forma en que el mundo funciona.
  2. Todo lo que es inventado entre cuando tienes quince y treinta y cinco años es nuevo y excitante y revolucionario y probablemente podrás hacer carrera con ello.
  3. Todo lo que es inventado después de que cumpliste los treinta y cinco años va contra el orden natural de las cosas.

Douglas Adams, The Salmon of Doubt

En unos años les podré transmitir mis sensaciones sobre si esto es así o no (ahora no cumplo los requisitos, vamos), pero presumo que hace falta mucho esfuerzo y dedicación consciente para no caer víctima de la tercera regla y terminar, por ejemplo, pidiendo algún tipo de canon que penalice a quien usa esas nuevas invenciones y resuelven mejor y más rápido problemas que nosotros resolvíamos antes, con menos tecnología.

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