Perfectopía

Perfectopía, algunas buenas ideas que podrían estar más pulidas

Estos días anduve leyendo Perfectopía de León Hernández, libro que compré este verano (por recomendación de Alfredo) en formato digital pero cuya lectura no pude abordar hasta hace apenas nada.

Se trata de un libro breve, apenas 300 páginas, y que por tanto se lee verdaderamente rápido. Es un libro de acción y la historia de los personajes te engancha para leer bastante seguido, con lo que ese objetivo lo cumple bien.

La trama transcurre en un futuro próximo (arrancando en un hipotético 2017 para llegar a una futurista década de 2030 descrita en la que es probablemente la parte más disfrutable del libro), que se debate en sus páginas entre la distopía y la utopía.

Perfectopia

La novela trata las implicaciones para Europa de una radicalización de la situación de crisis económica prolongada como la actual, con deterioro de instituciones estatales y supraestatales que desemboca en la instauración en paralelo de diferentes regímenes (desde el pseudo-totalitario inspirado en el 1984 de Orwell a una teocracia radical cristiana, o las opciones socialdemócrata y liberal), pero eso sí, todos ellos perfectamente democráticos y elegidos voluntariamente en las urnas por quienes deciden someterse a esos diferentes modos de vida, durante 4 años (el sistema descrito permite cambiar a los cuatro años, en las siguientes elecciones).

La propuesta es interesante, pero creo que peca de inocente, o quizá sea infantil en términos de narrativa por ser muy directo en la narración, o un tanto sencillo en la elaboración del mapa situacional de quiénes son los buenos y quiénes los malos. El sabor de boca que me queda es similar al que me quedó tras ver las películas de Harry Potter, la idolatrada saga que tras ocho películas (y aquí hay una gran diferencia, ocho novelas largas frente a una historia de longitud medianita) es incapaz de aportar tridimensionalidad ni a los buenos, ni a los malos, ni a sus motivaciones.

El descargo, claro, es que aquí son sólo 300 páginas, y quizá esto nos da pie a hablar de cómo más allá de lo que uno piense sobre los diferentes escenarios descritos en la novela, creo que aunque el libro habría perdido la esencia de obra breve, dedicar más tiempo a matizar todos ellos para que fueran menos arquetípicos y más creíbles habría mejorado la obra en su conjunto desde el punto de vista literario, algo que seguramente ayudaría a juzgar con mayor seriedad las ideas contenidas en ella. Me habría encantado saber algo más acerca de ese entorno futurista que apenas se muestra en pinceladas en el libro. Quizá el autor pecó de excesivamente ambicioso queriendo introducir y resolver una trama en un mundo ficticio como éste en tan pocas páginas.

No lo digo con ánimo de nada, yo precisamente jamás escribí una obra de ficción de esta envergadura, ni me veo capaz de hacerlo aunque me gustaría acudir a talleres como los que se organizan en Casa Tia Julia. Pero una vez me dijeron que «en literatura la caída de una hoja puede ser tan buen vehículo como la caída de un ángel», y que por tanto no hace falta que cada vez recurrir a grandes cosas, ni magnitudes enormes ni eventos tremendos, para contar la historia que se quiere contar. De ese exceso de magnitud en la trama peca un poco este libro, aparte de, como digo, ser quizá demasiado raso/transparente/breve en sus planteamiento.

Por lo demás, para ser una obra breve que se lee rápidamente y que me ha divertido, estoy corriendo el peligro de que mi post haga demasiados spoilers o resulte más aburrido y largo de leer que el libro. Así que lo dejo aquí.

Doctor en Química laser especializado en desarrollo de hardware para análisis. Consultor y Project Manager. Autor de los libros publicados La sociedad de control y La neutralidad de la Red.

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