Hace unos días avisábamos de que la clave maestra que haría caer todo el esquema de DRM de los formatos de alta definición actuales podría haber sido publicada. En ese momento aún estábamos pendientes de confirmación. Ahora Intel ha amenazado con demandar a todos los fabricantes que usen la mencionada clave para desarrollar, sin pagar por ello, hardware capaz de reproducir estos discos. Alega propiedad intelectual y patentes de software. Mal, pero algo bueno sacamos en claro: supongo que eso es lo que se llama una confirmación.
Cambios discontinuos

Estamos acostumbrados a pensar que ningún cambio social es realmente cambio. Que ninguna amenaza se materializa, que nada nos va a afectar a nosotros. Que el mundo siempre se ha estado desmoronando y nunca acabó por derrumbarse. Creo que hay mucho de la cocción de la rana en todo eso, pero podría ser sólo mi percepción.
Con esto en mente, leí ayer un post en Pseudópodo en el que reflexiona sobre los sistemas que, contraviniendo lo que solemos esperar, no muestran una respuesta proporcional y progresiva ante estímulos externos, sino que se mantienen apenas inmutados pese a la presión creciente que van recibiendo y, de repente, se hunden. El post termina con una cuestión que no es menor:
Es una idea inquietante: hay sistemas con discontinuidades catastróficas, y eso no se nota desde dentro. Si viviéramos en la torre, un segundo antes de que todo se hundiera estaríamos haciendo nuestra vida rutinaria. Justo como la hacemos ahora.
La pregunta que me surgió justo en al leer el post fue: ¿es posible no vivir en la torre? ¿los sistemas sociales y políticos son como esas funciones derivables que existen, son continúos y tienen un límite que vale lo que parece que va a valer en un momento dado o, por el contrario, son como ese Jenga en el que vas quitando piezas, se van descomponiendo sin que exista un cambio demasiado evidente para, un poco más adelante, derrumbarse de golpe?
Dicho de otra forma: ¿es posible que el fenómeno que hace posible que en Europa y EEUU se instaure una sociedad de control (y en otras partes del mundo, otros fenómenos igual de desagradables) se vuelva incontrolable alcanzado un cierto punto y el sistema se desmorone?
La verdad es que me da por pensar que sí: los sistemas sociales y políticos son catastróficos, se van rompiendo pero siguen renqueando y no acaban de morir. Digamos que son como esos motores de gasolina que siguen funcionando a trancas y barrancas aunque se les estropee una bujía, con tal de que un conductor avispado los lleve algo acelerados de ralentí. Pero si una nueva bujía comienza a fallar todo el motor se detendrá sin solución ni remedio.
Por eso nos encontramos que, a lo largo de los últimos siglos, procesos en el que muchos cambios se iban sucediendo sin apenas repercusión desembocaron sin que el poder lo previera en revoluciones que, en un periodo muy corto de tiempo y de forma a menudo traumática, cambiaron el panorama y el mapa social y cotidiano del entorno en que tenían lugar.
Parece factible pensar que un sistema en el que el Estado ha dejado de lado su papel cohesionador y se ha visto obligado a permitir la entrada de nuevos actores sea percibido como un sistema sano, pues grosso modo sigue respondiendo a ciertos estímulos (aunque de muy mala manera), se encuentre alarmantemente cerca del desastre, aún no siendo demasiado perceptible si uno no se detiene a observar. (Si bien no conozco a nadie de mi edad que me responda que sí, por ejemplo, cuando les pregunto si creen que el Estado les dará una pensión cuando se jubilen; y eso me parece suficiente percibir.)
Digamos pues que la evolución de un sistema social parece no ser derivable, ni siquiera continua. Nos faltaría saber si se trata de una discontinuidad evitable, y que todo cambie para que todo siga igual, de salto finito, con la que el aterrizaje sea doloroso pero el mundo como lo conocemos aún viva para contarlo, o de salto infinito, en la que el mundo como lo conocemos sufra una transformación de arriba a bajo.
Hagan sus apuestas, pero no olviden ninguno de los cambios que en los últimos tiempos se vienen observando.
La bombonera, bombones de autor en el centro de Madrid

Hoy un post off-topic que sólo va a interesar a aquellos que viven en Madrid (y que me disculpen los demás, por esta vez). La bombonera es un sitio muy pequeñito, pero que tiene los mejores bombones de Madrid. Están situados justo en el centro (calle Barco, paralela a Fuencarral a la altura de Tribunal.)
La cosa es que los bombones nos parecen, a los que los hemos probado, especialmente buenos y los maestros artesanos que gestionan La bombonera no escatiman en detalles. ¿Mi preferido? Una delicia de gengibre cubierta de chocolate.
Además, se han abierto un blog (La bombonera) que de momento justo acaban de abrir, así que ahora podemos leer apenas un par de cositas y ver algún vídeo… pero seguro que pronto habrá mucho más.
[Por si alguien está con la duda: no, este post no es un post patrocinado ni nada parecido. De hecho, los que patrocinamos somos nosotros… por eso a nuestros amigos les regalamos un bomboncito de gengibre si se pasan por allá.]
MeeGo sin futuro
Comentan en Ars Technica al hilo de la NokiaWorld celebrada estos días:
One of the oddest things about the keynote presentations during the NokiaWorld conference was the conspicuous absence of commentary about MeeGo, the Linux-based mobile platform that is expected to eventually displace Symbian as the dominant operating system on Nokia’s high-end products. During the major product announcements on the opening day of the conference, the only time that a Nokia executive mentioned MeeGo was to say that there would be no MeeGo-based products announced this week.
Ooops. No es que el modelo de MeeGo supusiera un gran consuelo frente a otros como Android, aunque parece ser más versátil y permisivo en el software que permite ejecutar. Pero no importa porque no va hacia ninguna parte: MeeGo es irrelevante incluso para la compañía que lo desarrolla.
Haz que pasen miedo

La imagen que ven arriba corresponde a la última campaña de propaganda lanzada por la TSA estadounidense. En ella, la TSA carga contra los fotógrafos con capucha (Threat Level), como la que se ve en la foto, que no es sino una sudadera normal y corriente. En el blog de la TSA aclararon que quizá el poster no era el apropiado. En los comentarios a ese mismo post se puede leer sobre las consecuencias negativas de este tipo de campañas de (in)seguridad mal diseñadas.
Es una campaña burda, de las de meter miedo por el mero hecho de meter miedo, a medio camino entre la política del salva-tu-culo (aunque no lo he podido comentar hasta hoy, esto se hizo público los días previos al aniversario del 11-S, cover your ass en estado puro) y el peor teatro de seguridad. Como la que en Reino Unido se utilizó para desconfiar del vecino por usar detergentes. Pura política del miedo en la cual ante la falta de un proyecto que ilusione a la ciudadanía, sólo la coacción te permite seguir ejerciendo el poder.
Lo cierto es que desde que Piscole se estrenó como director de la TSA han pasado apenas dos meses y medio y ya llevan dos campañas de las de cubrirse de gloria, tras la ignominiosa «si ves algo, di algo». Ésta nueva campaña contra los fotógrafos de aviones es una perfecta continuación de la anterior: como aquella otra, cuenta con el agravante de que en ambos casos se potencia la delación masiva y eso acaba siempre en lo mismo:
- Demasiados falsos positivos (a medio plazo, menor atención de los vigilantes antes los avisos y caída de la seguridad real).
- Linchamiento de lo diferente, sean minorías étnicas o culturales (por defecto nos resulta más sospechoso aquello a lo que no estamos habituados, aquello que nos parece infrecuente o raro).
La campaña contra la fotografía de aviones públicos continúa, además, la paradoja cada vez más frecuentes de que los Estados occidentales en los que se hacía mofa de la prohibición en el bloque soviético de realizar fotografías públicas sean, precisamente, los que prohíben estas fotografías en cada vez más sitios.
Claro que gracias a las fotografías de aficionados a los aviones se descubrieron los vuelos secretos a Guantánamo no registrados en ningún otro sitio… ¿tendrá algo que ver esta campaña con aquello? No creo en las casualidades.
¿De verdad a alguien le parece seria esta actitud?
Compartimentización
Que Xkcd es una tira que me encanta es algo de sobra conocido por todos los que pasan por aquí de vez en cuando. (Sí, yo también pagaría por tener sus tiras impresas, y de hecho tengo el libro de Xkcd firmado, por haberlo comprado en las primeras 24 horas que estuvo a la venta, hace ya muchos meses.)
Que reprimo las ganas de republicar muchas tiras de ellos es algo menos evidente, pero también sucede. Sin embargo, hoy haré una excepción porque el chiste que hacen es realmente divertido y porque mezclan uno de los scams más clásicos de la web, junto a Google y un tema de seguridad importante como es el de la compartimentización. Algo sobre lo que hablamos en su día al hilo de OpenID pero que, evidentemente, subyace a la actividad de muchas personas que por comodidad usan en Internet el mismo usuario y la misma contraseña para muchas cosas diferentes, sin siquiera la necesidad de que OpenID sea su sistema de login habitual.

Y ahí van otra vez
Cuando la seguridad se basa en ocultar parte de la información, pasan estas cosas; pasaron en el pasado y seguirán pasando en el futuro. Si el dato es cierto (y aún hay que verificarlo), se habría publicado en pastebin la clave maestra con la que se generan todas las claves secretas usadas en dispositivos de vídeo de alta definición en sus sistemas de restricción de derechos. Esta clave fue introducida para permitir la desactivación masiva de dispositivos y así intentar impedir su hackeo. Los sistemas de vídeo de alta definición están todos cargados de DRM hasta los topes gracias a los onerosos esfuerzos del lobby audiovisual estadounidense, recompensados por la aprobación que la FCC hizo de estos sistemas esta última primavera. Hace años que se pueden rippear estos discos, pero si esta clave se confirma, el esquema de DRM de este tipo de vídeo habrá caído del todo.
