La migración a Drupal 7 fue una tortura y me dejó algunas cosas rotas en el blog. Como están siendo semanas y meses de mucho ajetreo no tengo el tiempo que me gustaría para volver sobre estas cosas, pero hoy pude solucionar la que más me molestaba: los usuarios anónimos que dejáis comentarios volvéis a tener nombre. El problema era una asignación indebida en el módulo de AntiSpam que ignoraba toda información introducida por el usuario al rellenar el comentario. La solución estaba esperándome en Drupal.org. [Actualización (unos minutos después): arreglar ese problema con el módulo de antispam ha solucionado más errores que veníamos sufriendo (como el de la paginación de post más antiguos, que tenía parcheada de mala manera); adicionalmente, un pequeño error aparecido en Drupal 7.2 ya tiene parche también.]
Apología de la migración
Antes del crack del 29 era normal que alguien pudiera cruzar continentes con poco más que un salvoconducto sin que nada lo impidiera. Pese a los límites impuestos a los ciudadanos chinos en aquella época, esta política de fronteras pseudo-abiertas dio lugar a una dorada de las migraciones en la que hubo hasta un 8% de la población mundial (frente al 3% actual) labrándose un futuro en un lugar distinto al de su nacimiento.
La visión del mundo como un puzzle de colores condiciona una percepción falsamente estática del mundo y las fronteras y hace años que avisamos que el verdadero peligro de esta crisis es que se traduzca en un cierre de éstas. Y esto es peligroso porque, como decía Frédéric Bastiat ya a comienzos del s. XIX que «si los bienes no cruzan las fronteras, los ejércitos lo harán».
La asimetría ahora es diferente: aunque hay quien busque una marcha atrás al movimiento de capitales, la de mercancías nunca ha estado demasiado clara y está siempre en disputa y los pocos sitios donde había una cierta libertad de movimiento entre personas descienden peldaño a peldaño el camino al infierno de la restitución de fronteras, justo lo contrario a lo que deberían impulsar. La analogía existe: libertades y globalización frente a represión y sociedad de control.
No existe una disyuntiva tal como «globalización o desarrollo», sino más bien al contrario: globalización y desarrollo. Desarrollo necesariamente enfocado desde la transnacionalidad, desde lo líquido, lo cambiante, lo arrebatador, sin cinismos ni asepsia frente al mestizaje, para no abocarlo al fracaso, para no atarlo a visiones caducas que en su ensimismamiento inane olvidan, porque lo excluyen, a todo lo demás mientras ignoran lo fundamental: reclamar libertades.
Hoy me apetecía hacer una apología de la migración, de los pies polvorientos, precisamente porque si la libertad significa algo es, sobre todo, la libertad para marchar.
No será por la técnica, pero Bitcoin y la Hawala podrían tener su hueco
Uno de los momentos más sugerentes del pasado Día Garum Europa 2011 celebrado en Bilbao nos lo brindó Douglas Rushkoff cuando se soltó a hablar de la lógica distribuida aplicada a las divisas, para dar origen a una moneda p2p pura (en el enlace anterior se puede ver ese fragmento de la conferencia). La idea es buena, aunque no nueva: una moneda global tan en el mercado, y por tanto tan veraz, que ni siquiera los Estados alcanzan a manipular ni regular su tipo de cambio.
Si hay una divisa de ese tipo que últimamente acapara titulares es Bitcoin, que sigue siendo el centro de un debate con opiniones a favor y en contra (gracias, Eva). La mayoría de ese debate, sin embargo, valora los aspectos técnicos o los meramente financieros (revalorización por tanto en tanto otro tiempo). Lo que realmente determinará el éxito de estas monedas es la estabilidad de la divisa: mantener fuera, o con un peso poco relevante, la especulación.
A su adopción contribuirá, de forma involuntaria, la presión del entorno: cuando el declive del pago en efectivo, no trazable, que anunciábamos en 2006 comienza a tomar cuerpo y amenaza con crear más asimetrías informacionales y facilitar la trazabilidad del usuario final y cuando la amenaza de un futuro menos globalizado, y no más, se cierne como algo casi tangible, el compromiso entre esfuerzo y beneficio derivados de usar sistemas monetarios distribuidos y cifrados comenzará a ser asumible por cada vez más personas. Personas normales, no especuladores natos, justo lo que Bitcoin y estos modelos parecen estar necesitando.
Mirándonos en un espejo plano
Una de las ideas más interesantes que se mencionan en The Great Stagnation está vinculada a un error por exceso cuando equiparamos PIB y riqueza, llevados por una percepción que siempre conviene poner en perspectiva. Esta sobrevaloración de la riqueza será tanto mayor cuanto mayor sea la presencia proporcional del Estado en la economía.
Gráficamente: si yo produzco algo, la primera parte de mi producción tendrá un precio en el mercado, pero a medida que la demanda va quedando satisfecha tendré que bajar el precio para poderlo vender; cuanto más real, el mercado se ajusta más fidedignamente y nos dice la verdad sobre la riqueza generada. Así, mientras la primera parte de mi producción suma un valor al PIB, la segunda (que creó menos riqueza porque ya había una demanda satisfecha) sumó menos.
El Estado ofrece, sobre todo, servicios públicos al margen del mercado: desde salud básica a infraestructuras. Y ése es el problema: lo que el Estado gasta puntúa al PIB en función del gasto efectuado y no en función de lo que alguien pagó por ello, que nos permitiría evaluar más atinadamente la riqueza generada. El primer carril de autovía genera mucha riqueza, el ensanche de la autovía de tres a cuatro carriles puntúa exactamente lo mismo, aunque la riqueza generada por el cuarto carril es claramente inferior a la que generó el primero.
Así, para conocer bien el estado de una economía no vale con mirar las cifras, sino quién aporta a esas cifras. En el extremo equivocado tendríamos economías con enorme presencia pública y políticas tremendamente erradas como el Plan-E, que engaña a los incautos dándoles a entender que son más ricos de lo que en realidad fueron ni serán y les lanza a la calle pidiendo la luna cuando no se cumplen las expectativas.
Como en todos los aspectos, nos interesa tener la mejor y más exacta información acerca de nuestra situación y nuestro entorno, más plano es el espejo en el que nos miramos y menos deforme la imagen que devuelve de nosotros. Cuanto más nos alejamos de las situaciones de mercado real peor estimamos nuestras propias capacidades y posibilidades, lo que nos conduce a frustración, desengaños y, en último término mis queridos padawans, al reverso tenebroso, cuando podríamos estar enfocando el futuro con optimismo, pues tenemos todas las herramientas.
Escáneres retrodispersivos, geolocalización y propiedad intelectual
Esto podría haber sido parte de una ronda de Bocados, pero como últimamente éstos no aparecen nunca y creo que vale la pena hablar brevemente sobre ello, aquí van unos enlaces a noticias que vale la pena no dejarse atrás.
- Eva nos cuenta que la UE aprueba finalmente el uso de escáneres retrodispersivos de cuerpo completo, siguiendo el paso previo dado ya en 2008.
- La misma UE forzará a que los servicios de geolocalización móvil vengan desactivados por defecto en los terminales. Una buena noticia frente a abusos pasados pero no exenta de aristas por cuanto unida a la anterior dibuja un panorama de monopolio Estatal de la información personal.
- La propiedad intelectual es un estorbo en plena era digital, y concebirla tal como se diseñó hace siglos nos impide adaptarnos. El informe Hargreaves eleva la enésima voz a favor de su aligeración o eliminación. Lo comentan Gonzalo Martín y Juan Urrutia.
Y esto es todo por ahora.
Traducir lo técnico en humano, mirar al futuro
No sabemos cómo ni cuándo se verán superadas las causas que nos empujaron a la actual crisis, en la que la mayor fuente de innovación que tenemos es la Red y la lógica que subyace bajo ella.
En The Great Stagnation (un libro que se lee en apenas 2 horas), Tyler Cowen, que el otro día nos invitaba a ser críticos, describe el final de lo que él llama the low-hanging fruit era, algo así como «era de la fruta al alcance de la mano».
Esta «fruta fácil» hizo posible el crecimiento del último siglo y medio, pero ya se acabó. De hecho en el primer mundo se acabó hace varias décadas y lo más parecido que tenemos ahora es Internet. Si hablamos de invertir el agotamiento de esta fruta fácil pasada, no se vislumbra más que la Red.
Y con la aproximación que se ha tomado hasta ahora, ni la Red con todo su potencial parece estarlo consiguiendo. En realidad el estancamiento global es mucho más acusado de lo que nos parece, y la Red nos incita a subestimarlo porque gran parte del ocio que en otro momento habríamos tenido que pagar ahora nos llega a menor coste y no nos obliga a hacer grandes sacrificios.
Sin embargo, el efecto anterior hay que verlo de otra forma: la naturaleza de la Red hace gran parte del valor que se genera sea difícilmente equiparable según métricas tradicionales de mercado. En esta ocasión estamos subestimando los beneficios que nos genera. Y los beneficios serán aún mayores si nos atrevemos a aprovechar todo el potencial de la Red. En un mundo globalizado, lo que la Red ofrece son identidades fragmentadas, pertenencias múltiples, la oportunidad de vernos reflejados con matices en las mil facetas de un paisaje por fortuna muy diverso.
Normalmente hablamos de la Red desde lo técnico obviando el relato histórico. Para explotar al máximo las nuevas posibilidades, lo que es vital para superar este impasse alicaído, no podemos limitarnos a lo técnico. No podemos predecir cuál será el próximo avance disruptivo ni cuándo aparecerá. Lo prioritario es aprovechar al máximo lo que tenemos aquí, agarrarnos con fuerza a lo tangible que tenemos. Y lo más tangible que tenemos ahora mismo es precisamente el ciberespacio y este mundo global cuyas fronteras líquidas se corresponden cada vez menos con los mapas.
Lo verdaderamente trascendente, porque nos permitirá llevar a nuevos límites las posibilidades que tenemos, es apropiarnos las oportunidades que ofrece un mundo globalizado y con Internet. Innovar en visiones, en formas de organización más vibrantes y menos alienantes: contemplar el mundo desde donde sea, deshacerse de los viejos discursos que quizá un día fueron progresistas pero, anclados en el pasado, han quedado como terriblemente reaccionarios frente a la más fundamental petición de libertad.
Y no se trata de quemarlo todo anhelando un desarraigo para el que no estemos preparados. Es mas un ahuecar la maleta, relegar a la ropa vieja a un segundo plano y prepararnos para la nueva temporada. Porque si uno quiere ver cosas nuevas, tiene que hacer cosas nuevas.
Ya conocemos el mundo del que vinimos, que se hunde lentamente y sepultará a los que se apostan de brazos cruzados bajo la absurda creencia de que la inacción puede detener el derrumbe. Queremos algo más, un mundo donde desde Extremadura a Montevideo o Cleveland, todo aquel que lo busca tiene un futuro del que es, además, dueño. Porque claro que hay futuro, pero no irá a tu encuentro mientras frunces el ceño melancólicamente, protestando por la desaparición de la vida regalada que habías imaginado y que ahora ya sabes que nunca se hará realidad.
Bolsas de Twinings
Yo quería hablar de botellón y de cómo la ciudad nos pertenecía hasta que nos la quitaron. Pero me estaba quedando una queja demasiado honesta contra la clase media acomodada (y/o sus hijos acomodados) con su discurso reaccionario.
Y no podía consentirlo. Hoy lo pasamos bien a pesar de la carretera y al llegar a casa fue como encontrarme con los reyes magos dentro de bolsitas de Twinings.

Así que no me apetece ensuciarme la boca con revoluciones de pacotilla de niños aburguesados que se niegan a hacerse cargo ni de la realidad ni de la frustración que la negación original les causa. (Es por eso que cada mes le cambian el nombre a su movimiento-revolucionario-super-cool-o-sea-vivienda-ya-en-propiedad-hipoteca-digna-por-favor-por-favor-y-que-sea-barata-y-dónde-esta-mi-placita-fija.) No.

