Tradiciones, Coca-cola de género, y populismo

Tango argentino

«Todo, incluso la política de género mejor intencionada, deberá bastardearse a frases publicitarias, consejos breves, golpes de efecto y monserga oficialista que arriesga peligrosamente parecerse a un carnaval de viejas moralinas reaccionarias, sólo que ahora autoproclamadas de izquierda.

(…)

Al final, es tan fácil vender una coca cola poniendo mujeres objeto, como venderla poniendo feministas objeto. Ya veremos la coca cola de género anunciada en nuestras pantallas. Es solo cuestión de tiempo.»


Aldo Mazzucchelli, Esperando la Coca-cola de género (via Michel Godin).

Esto lleva en borrador años; sin exagerar, años. En algún momento leí eso, anoté esta frase, y ahí quedó, olvidado. Está extraído de un artículo al hilo de una crítica con perspectiva de género al tango, realizada por un político electo.

Al releer ahora el artículo, tras todo este tiempo, no puedo sino pensar que lo criticado ahí no solo sigue presente, sino que ha adquirido virulencia y ahora está aún más presente: el empeño de cierta izquierda por ser más reaccionaria y moralista que los conservadores a los que dicen detestar es inaudito.

Descuida el bueno de Mazzucchelli, no obstante, un detalle importante: la fijación de todo populismo (también el populismo de izquierdas, obviamente) en la destrucción y reinterpretación de las tradiciones. No es algo que haya sucedido únicamente con el tango; desde luego que no, sino que es una constante de los movimientos populistas.

Al desenraizar las tradiciones y reinterpretarlas, se persigue disgregar a la población, reducir sus sentimientos de pertenencia, y que la población olvide que hubo vida antes de la emergencia del movimiento populista de turno, ya que esa es la principal ventana a pensar que puede haber vida también después del mismo. Una suerte de neotradicionalismo orwelliano que persigue condicionar los modelos de mundo que somos capaces de pensar y soñar mediante los mitos a los que prestamos atención. Todo movimiento que pretenda manipular a las personas se empeñará, por tanto, en pulverizar el esquema de mitos y ritos previos y sustituirlos por otros nuevos, precisamente para que nada pueda concebirse sin contar con dicho movimiento.

Así que sí, quizá un político no tenga esa jurisdicción pero por supuesto que lo van a intentar. En concreto, y en una región del mundo tan bajo la influencia de esa versión del fascismo que llamamos peronismo, en nombre de ideas de izquierda un político puede intentar arrogarse el derecho de repensar la cultura popular, y eso incluye también al tango.

Esa labor de desarticular tradiciones previas y sustituirlas por versiones propias es una piedra angular de la búsqueda de la perpetuación de todo movimiento populista, y por supuesto forma parte de las teoría clásica sobre las que se desarrollaron las revoluciones comunistas del siglo pasado. Fue tan importante que Laclau, el último gran actualizador ideológico del peronismo, también le dedicó atención. Este desarraigo busca aislar a las personas limitando su sentimiento de pertenencia a grupos ajenos a la revolución misma. Sobre eso Eric Hoffer escribió bastante en un libro del que hemos hablado aquí recientemente.

De hecho, es desde esta óptica que debe ser observada toda confrontación con las tradiciones que surja desde partidos populistas. Los medios hacen chanzas o critican estos movimientos cogiendo el rábano por las hojas (por ejemplo, con todo el asunto de las reinas magas en Madrid) y no aciertan a verlo y explicarlo como lo que es realmente: la herramienta mediante la que estos populismos buscan reconstruir nuestra visión del mundo para que no sepamos cómo concebir nuestra organización social sin ellos.

[Foto: Gobierno de la ciudad de Buenos Aires.]

No es pensar, sino elegir cómo hacerlo

Un discurso que David Foster Wallace dio en 2005 con objeto de una graduación de estuadiantes universitarios es sensacional sobre dotar de sentido nuestro día a día, cualquiera que sea aquello a lo que dediquemos los días. Se suele comentar bajo el nombre de This is water y les recomiendo dedicarle unos minutos.

The really significant education in thinking that we’re supposed to get in a place like this [university] isn’t really about the capacity to think, but rather about the choice of what to think about.

No es que necesites ir a la universidad para aprender a pensar. Si lo piensas bien, el hecho mismo de entrar a la universidad debiera significar que ya sabes pensar. En realidad, lo que de transformador ha de tener una experiencia como estudiar en la universidad es en la capacidad de elegir cómo interpretar lo que pensamos, sobre qué pensamos y en qué terminos lo hacemos, así como construir sentido de lo que hacemos día a día.

No se me ocurre una forma de contrastar más directamente el relativo fracaso de la universidad española a muchos niveles que la insaciable producción de egresados frustrados.

Al hilo de esta reflexión sobre ser capaces de dotar de sentido a nuestros días y huir de ese comportamiento instintivo también habla sobre no sobre-intelectualizar las cosas, algo en lo que sé que aún tengo bastante que mejorar.

Probably the most dangerous thing about an academic education–least in my own case–is that it enables my tendency to over-intellectualise stuff, to get lost in abstract argument inside my head, instead of simply paying attention to what is going on right in front of me, paying attention to what is going on inside me.

Hay muchos pasajes que merecen reflexión en el mismo, a pesar de que aquí os he dejado una frase que me sirve para enlazar con una conversación anterior en este blog al hilo de una conferencia con Harari y Friedman en la que volvíamos a destacar el realismo de Friedman centrado en cómo es el mundo frente a Harari describiendo como podría o debería ser.

Productores de videojuegos contra Google y Sony

Hace unos días decían en Gizmodo que Epic Games anunció que Fortnite, la auténtica sensación de la temporada con un videojuego capaz de facturar más de 1.000 millones de dólares en menos de un año, no tendrá su versión de Android en la tienda de Apps de Google, para evitar la mordida del 30% que se quedaría este último en concepto de comisión por distribución.

Del mismo modo, hoy leemos que Bethesda le acaba de decir a Sony que se vayan calmando, pero que eso de seguir exigiendo que la versión de PS4 sea incompatible con el resto de versiones de sus juegos se va a ir terminando, al menos para su Elder Scrolls Legends.

Estos dos movimientos, sucedidos con una diferencia de escasos días, me ha recordado aquellas tensiones de Telefónica cuando exigían (y aún lo hacen) cobrar rentas de posición muy similares al peaje que Google o Sony imponen; en el caso de telefónica, la posición viene de ser la puerta de acceso a Internet (recordemos a Alierta y su las infraestructuras son nuestras), mientras Google es el dueño del canal de distribución y Sony tiene la plataforma de juego con más usuarios a nivel global.

Idéntica renta, idéntica exigencia (dinerito para pasar por mi el puente con el salvoconducto del rey), e idéntico conflicto con final nada claro: los productores de contenidos, encarnados ahora en productores de videojuegos contra quienes tienen como gran objetivo cobrar dos veces por lo mismo, a productores y a consumidores.

Al hilo de la nueva corriente de voto electrónico

Buenísima tira de Xkcd sobre voto electrónico:

Xkcd sobre voto electrónico

Si creen que el bueno de Randall exagera, puede leer algo sobre lo sucedido en Georgia (EEUU), donde en uno de los centros de voto hubo una participación del 243% más propia de consultas populares sin garantías que de unas elecciones oficiales. Parece que lo del sistema de voto-e es más manipulable de la cuenta.

Y aún no hemos hablado de lo de votar usando el móvil. Para echarse a temblar.

Redescubriendo a Rushkoff

Hace un tiempo que he retomado a Douglas Rushkoff, ahora sobre todo oyendo sus podcasts de Team Human!, y es realmente interesante.

Pasan los años y mientras otros pensadores que hace años recibían mucha atención y eran considerados relevantes han mostrado ser bastante caducos (el caso más ignominioso es el de Malcolm Gladwell, que siempre ha vendido bastante humo), Rushkoff sigue siendo refrescante y sus podcasts me resultan agradables de oir, incluso sin ser un gran seguidor de ese formato, y más aún cuando matizaría sus enfoques.

Al final, creo percibir un punto de honestidad en Rushkoff y en su trabajo. Un pensador digital al que considero que vale la pena seguir.

De Hannah Arendt a Facebook

Publican en Quartz un artículo sobre Facebook que enlazan, creo que de manera más que interesante, con Hannah Arendt y la banalidad del mal., en una visión que creo muy acertada: la de que Arendt nos ofrece el mejor análisis intelectual sobre Facebook y sobre todo lo que está mal en torno a Facebook.

The answer lies in Eichmann’s belief in a grand, historical project to establish a racially pure “utopia.” This project transcended human lives, rendering them secondary.

That logic can distort the social norms that we take for granted, even inverting something as fundamental as “murder is wrong” into “murder of those who stand in the way of the project is right.”

Al fin y al cabo, ¿qué son un puñado de vidas (sic) frente a la posibilidad de alcanzar la utopía?

Al mismo tiempo, Facebook vive desde hace varios años en una tormenta reputacional constante que aparentemente no daña ni a sus cifras de usuarios ni a sus beneficios. La compañía dice estar trabajando en cambiar las cosas, pero no parecen estar siendo capaces más que de cambiar aspectos cosméticos, como su motto principal. Ese eslogan fue actualizado desde Make the world open and connected a bring the world closer together. Continúan en Qz al hilo de este cambio de eslogan:

That is not nearly enough. The new mission still fails to do what Arendt says it must. It still puts Facebook, the platform, above the humans who use it. Bringing the world closer together can mean facilitating bake sales and Bible readings; it can also mean uniting the KKK and skinheads. The mission statement has nothing to say about the differences between the two.

Les recomiendo leerlo completo.

Cinco años después del cierre de Google Reader

Thanks, Google, desde el blog oficial de The Old Reader:

It’s now clear that the demise of the Google Reader was first really loud warning that you can’t rely on a publicly traded, profit-driven Silicon Valley tech company to deliver content. There is no way that story ends well

A los profesionales de Internet les encanta la palabra contenidos, el resto de humanos ha de sustituir eso por palabras como noticias y mensajes de tus amigos.

El post continúa:

Online publishing isn’t supposed to be easy. And being an informed citizen isn’t supposed to be easy, either. The idea that we just casually check our phone every hour or so and Google, Twitter, or Facebook would give us a quick dose of everything we need to read is a fantasy.

So let’s stop hoping Facebook or Twitter or someone else will do our job for us. Let’s stop waiting for someone to tell us what we want to read.

Hay que dejar de leer el periódico, y en una era en la que Facebook y Twitter son la puerta de entrada a los periódicos, esta determinación ha de incluir necesariamente el usar menos ambos servicios.

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