Hamilton

Hace un par de findes paseando con Asun por el centro de Málaga nos comentaba acerca de un musical, Hamilton, del que no tenía ni idea y que cuenta la historia de Alexander Hamilton, quien fuera primer secretario del tesoro de los Estados Unidos, a pesar de que Jaime Altozano (cuyos vídeos sigo, más o menos) le dedicó un vídeo.

Tras haberlo oído en bucle un par de días, lo recomiendo bastante. Es verdaderamente fantástico. Si no vais bien de inglés hay una versión subtitulada en Youtube, y si vais bien de inglés tenéis más suerte porque podéis encontrar el álbum para uso privado casi en cualquier sitio, incluyendo plataformas de streaming habituales, que es la solución que yo he tenido que usar para oírlo aprovechando momentos de trabajo en solitario en la oficina.

Cuando la guerra identitaria perfora el propósito de la escuela

Hay un excelente artículo en The Atlantic sobre la deriva del sistema educativo en Estados Unidos. Leerlo les llevará un buen rato, pero cada minuto empleado merece la pena. Sobre todo si, como servidor de ustedes, tienen pequeños en casa que estén adentrándose de lleno en este sistema educativo.

El asunto es que aborda algunos de los puntos clave tratados por Jonathan Haidt en su libro, que no me canso de recomendar. Políticas identitarias, abandono de enfoques meritocráticos que animen a los niños que se esfuercen y rindan más, y un sinfín de desajustes que restan efectividad al sistema en su principal objetivo.

El punto de partida de la historia es diferente al de Haidt, pero las conclusiones son igual de alarmantes.

PSD2 y la fintonicización de toda la banca

En breve tendremos con nosotros la revisada directiva europea para pagos seguros (PSD2) que empuja a los bancos, entidades conservadoras por naturaleza, a implementar APIs públicas para acceso seguro a datos de usuarios.

Naturalmente esto hará también que una entidad pueda acceder a todas tus finanzas de forma programática y fácilmente explotable por sus sistemas (nada de un señor mirando a mano el extracto de ingreso/gasto de tu cuenta en otro banco), sus perfiles de riesgo vinculados a la concesión de crédito mejoren bastante algo que guste más o menos, será positivo porque debería ayudar a prevenir crisis de crédito desmedido como la de la década pasada.

Sin embargo, y más allá de todas las ventajas que pueda conllevar, no dejo de pensar en que pronto cuando entres a tu banco para cualquier gestión te van a machacar a ofrecer aún más servicios. A día de hoy los bancos ya dan una brasa monumental para intermediar tus seguros, pero no dejo de pensar en que en poco tiempo todos los bancos van a tener su Fintonic y van a intentar intermediarte en absolutamente todas las compras.

Aún tengo que reflexionar sobre esto, pero desde luego que aunque esta PSD2 prometa ser positiva, va a ser tener su reverso incómodo.

¿Cómo contribuirá Google Maps a la hora de calcular el montante de la tasa Google?

Se habla mucho de impuestos a las tecnológicas, la famosa tasa Google (mismo nombre que otros chismes del pasado, pero esta vez con otra excusa). Se justifican diciendo que estas empresas bordean la legalidad (implicitando que en realidad no la bordean, lo que sería legítimo, sino que la cruzan) para pagar menos impuestos, causando así un perjuicio.

Sin entrar a eso, porque es un debate complejo para el que no tenemos los datos en este blog, tengo la siguiente pregunta.

A la hora de calcular una tasa Google justa, ¿se considerará de alguna forma el beneficio que se genera a las arcas públicas el tener externalizada gran parte de la gestión de tráfico en servicios como Google Maps detectan en tiempo real los atascos en tu ruta prevista y te ofrecen otra sin atasco, distribuyendo tráfico, reduciendo atascos, y ahorrando tiempo a miles de personas cada día?

Es una pregunta razonable: de ese servicio por el que Google no factura directamente se deriva un aumento de productividad (menos tiempo en atasco) y una reducción del combustible gastado en atascos (menos importación de combustible que mejora la balanza comercial del país y reduce un poco la contaminación), y todo ello sin gasto ni intervención pública (esto es, sin destinar agentes de tráfico a gestionar el mismo, con la cantidad de miles de euros diarios que esto supone en ahorro).

Como digo, no es mi intención debatir la pertinencia o no de una tasa de ese tipo, solo me hago preguntas sobre cómo de fino piensa hilar el legislador que está intentando, a toda costa, ponerle un cascabel a un gato para poder marcar lo que él cree que será un penalti recaudatorio. Sospecho que no van a hilar fino, pues hasta ahora lo que se percibe es mucha prisa por aprobar un impuesto sin mayor argumentación.

Hadoop está muy vivo

Hadoop, nube de etiquetas

Leo una nota breve de Om Malik en su blog acerca de cómo Hadoop es un cádaver andante cuyo tiempo ya ha pasado y creo que es una de las raras ocasiones donde estoy fuertemente en desacuerdo con él.

Hadoop no acapara titulares, y posiblemente no los acaparará nunca más. Por supuesto, Google, Facebook, y el reducido grupo que son dueños del 80% de Internet y aspiran a encerrarte en sus jardines vallados no bailan con Hadoop, ni le van a dar bola.

Cuando eres un periodista acostumbrado a perseguir titulares siguiendo el rastro del dinero, de rondas de financiación, y de fusiones y adquisiciones, es normal que tengas el sesgo de pensar que lo que no copa titulares no existe y está muerto.

En este caso, no obstante, es erróneo. Hadoop, por su licencia, apunta a un modelo de negocio que lo hace alérgico al tipo de negocio que conduce a exageradas valoraciones, rumores, compras, y todo lo que da vidilla al periodismo tecnológico más amarillo y menos técnico.

Por contra, Cloudera y Hortonworks (que este mismo año ha culminado una fusión-adquisición de Cloudera) son el día a día de esa larga cola de empresas que mantienen negocios en números negros. Lo que sucede es que no tienen el halo mediático del último capricho de cualquier famosete de Sillicon Valley.

No, Hadoop está vivo, y mucho, pero lo está alejado de los focos.

Cómo las grandes tecnológicas de Sillicon Valley externalizaron el I+D

Oculus Rift

Si bien continúan teniendo procesos de I+D tradicionales, las grandes empresas de Sillicon Valley han desarrollado en la última década y media un nuevo esquema de I+D externalizado, que vamos a delinear en esta anotación.

Escribo esto porque conversando en Inoreader hace unos días salió la pregunta de cómo se explica que el mismo Facebook pudiese pagar una millonada por Oculus y no saber qué hacer con el producto, o aún mucho más por WhatsApp, si bien este último fue directo a su estrategia y el tiempo les está dando la razón.

Por qué adoptar esta nueva aproximación externalizada al I+D

Para poder incorporar a tu portfolio proyectos que en el seno de tu gran corporación no habrían visto la luz; bien por la naturaleza de la innovación, bien por tu propia naturaleza macrocorporativa, lenta, burocrática.

Detallando la afirmación anterior: tanto Oculus como WhatsApp están dentro del mismo plan: externalización del I+D ante la realidad demostrada de que es más fácil desarrollar productos rompedores al margen de los sistemas más estructurados de una mega corporación. Generalmente, no podrás sacarles todo su beneficio y para eso necesitas otro tipo de músculo que se encuentra bien en una corporación, pero la evolución en las primeras fases va a ser tremendamente más rápida al margen de esa estructura. Y ese es el quid de todo este asunto.

En ese sentido, las dos adquisiciones anteriores (el de gastar mucho dinero y que la integración salga bien, y el de que la integración salga mal) están dentro del rango de valores verdaderos esperables. Por varianza, el comprador (en este caso, Facebook) sabe que ambas cosas pueden pasar. Están apostando y no necesitan ganar siempre para seguir en el juego.

Cómo hacerlo: invirtiendo en muchas, muchísimas nuevas empresas

En este esquema, has de ser el perejil de cuantas más salsas mejor. El éxito es conseguir detectar muchas ideas prometedoras, monitorizarlas, apoyarlas financieramente si la ocasión se presenta y el proyecto lo merece en esa fase.

En este nuevo esquema de I+D externalizado, las grandes tecnológicas dedican una cantidad ingente de dinero a inversiones tempranas en startups (venture capital, o incluso antes en rondas de capital semilla). Invierten en una miríada de proyectos, la mayoría de los cuales morderá el polvo relativamente rápido. Unos cuantos de estos proyectos vivirán más tiempo y de alguna forma serán sostenibles, pero no se convertirán en empresas de ultrarrápido crecimiento y desarrollo; no serán unicornios. Por último, un proyecto de entre muchos dará lugar a un negocio muy rentable, potencialmente disruptivo.

Este tipo de proyectos son la pepita de oro por la que has pasado todas las penurias; todo tu esfuerzo y todo el dinero invertido en proyectos que sucumbieron antes de ser llevados a término y/o no alcanzaron éxito en el mercado, así que obviamente tu intención es coger ese desarrollo novedoso, sea hardware o software, y sumarlo a tu cartera, pagando por ello, porque sabes que con la innovación orgánica que produces no vas a poder mantenerte arriba del todo.

Ser un inversor temprano y tener influencia sobre la empresa y sus socios te da una ventaja cuando se hable de adquisiciones, de ahí que la labor temprana de inversión sea clave. Hay que estar en los proyectos antes de que sean noticia.

En el caso hipotético de que el nuevo juguete de moda no estuviera en tu radar a tiempo, aún podrás incorporarlo a tu cartera, pero entonces el precio será más elevado. Es el premium a pagar por no haber estado en el lugar preciso y en el momento preciso, si bien la idea subyacente continúa inmutada: en el momento que has diagnosticado que externalizar tu I+D es el camino a seguir, ya no puedes dejar pasar esos desarrollos. Si la estrategia de tu empresa va por ahí, vas a doble o nada.

Conclusiones

Eso es lo que pasó con WhatsApp y Oculus. El primero siendo mucho más caro pero integrado rápidamente en la estrategia y contribuyendo al beneficio desde el comienzo (acaso aunque sea solo gracias a la recolección de datos y evitando que terminase en manos de un rival como Google); el segundo convirtiéndose en una de esas compras cuyo futuro permanece incierto.

Al final, todo esto va de cómo conseguir que una gran corporación permanezca innovadora y sea capaz de mantenerse en beneficio a lo largo del tiempo, que es lo único que garantiza mantener empleos. Ni siquiera bichos del tamaño de Google, Facebook, o Apple pueden continuar siendo innovadoras eternamente. Son demasiado grandes para ello, pero sí pueden pagar por innovaciones a quienes quieran tomar los riesgos de experimentar sin tener garantizado un retorno de inversión.