
Hace varios meses se anunció la nueva temporada de cursos gratuitos online de Stanford. El año pasado no me apunté, pero tenía muchas ganas de probar alguno de esos cursos, así que me apunté a varios. Sí, ahora tengo el tiempo justo para todo, entre sacar adelante Cartograf, tomar alguna caña ocasional con amigos y estudiar. Pero cuando el aprendizaje lo controla uno mismo y el curso es tan interesante como prometía ser (y de eso hablamos enseguida), no hay dolor ni penas.
El asunto es que hace dos semanas comenzó el curso de criptografía de Stanford (ya saben que por aquí somos amantes de GPG, del cifrado de datos y demás zarandajas). Lo hice porque, aún teniendo un cierto conocimiento sobre el tema, sé que este curso me puede aportar muchísimo. Llevamos dos semanas y, aunque sean preliminares, ya tengo algunas conclusiones:
- Formación voluntaria y sin título. Cuando la formación es voluntaria los alumnos suelen apuntarse porque quieren. Existe una excepción (que es legión, además): la de formación voluntaria que no persigue la formación sino el título para acumular méritos de cara a otro objetivo (promoción interna, oposiciones, acumulación de títulos para el CV). Al eliminar todo eso y dejar sólo la formación, las personas que están en el curso están muy motivadas y tienen un único incentivo para estudiarlo: aprender.
- Calidad, dedicación y caos. Estamos acostumbrados a que la formación online y a distancia esté impartida por personas desmotivadas o sin conocimiento profundo de su materia. Eso así desde
universidadesalgunos cursos de pago comola UOCciertas asignaturas/docentes en la UOC a todo tipo de seminarios de poca monta que se intentan vender por Internet como la solución definitiva. En muchos cursos online organizados en torno a tutores, éstos hunden el curso como consecuencia de su falta de constancia y/o cambio de motivación. En realidad, el curso no puede ser susceptible al caos interno de los formadores, y la sistematización es un valor que pronto se pone de relieve. - Directos al grano, conocimientos prácticos. Primera semana, primeras bases, primeros ejercicios prácticos con ejemplos del mundo real. Sin más historias, sin preámbulos, sin tangentes, sin hablar del sexo de los ángeles.
Al final, el resultado lo notas en los foros de discusión: no sólo hay una gran cantidad de personas preguntando y resolviendo dudas, los mismos profesores están muy activos en los foros, lo cual demuestra el interés del profesor aunque, maravillas del crowd, la mayoría de las veces las dudas quedan resueltas por otras personas que también están estudiando el curso.
En sí, el curso está dispuesto como una serie de vídeos en los que el monitor se convierte en una pizarra virtual donde se van explicando las cosas, pidiendo respuestas de forma interactiva cada cierto tiempo. Los vídeos en sí no están en la línea de Khan Academy (no, al menos, en la línea de los que yo pude ver). Donde Khan Academy se siente un poco como un screencast (como un exceso de tecnología a la que no se está sacando todo el potencial), los vídeos que Dan Boneh está preparando para este curso son más como una pizarra, donde las cosas suceden de forma más natural. Donde Khan Academy reduce la interacción (y no está mal, soluciona otros problemas), me da la sensación de que estos cursos la cuidan mucho más.
En fin, son sólo unas primeras impresiones pero me atrevo a recomendar: si pensaban hacer algún curso online este trimestre, yo iría de cabeza al catálogo de cursos gratuitos de Stanford y otras universidades. Tienen una veintena de cursos gratuitos por los que, seguramente, valdría la pena pagar (normalmente es al revés, y no vale la pena pagar el 99% de los cursos que pagamos).
[Por cierto, que si el curso que están pensando hacer es precisamente el de criptografía, estos días se presentó Crypt4you, una iniciativa de la UCM apadrinada entre otros por Jorge Ramió, de quien hemos hablado alguna vez por aquí, y al que sin duda vale la pena prestar atención, promete ser también un curso muy práctico y directo.]


