The Ballad of Beta-2

The Ballad of Beta-2, de Samuel R. Delany Recupero hoy una de las secciones del blog que menos agitación han sentido recientemente, la de lecturas. Y es que he perdido ritmo comentando los libros que voy leyendo… pero voy a intentar ponerle remedio. Y lo vamos a hacer con una historia de ficción, de ciencia ficción para ser más concretos. Hoy vamos a hablar de The Ballad of Beta-2 de Samuel R. Delany, que terminé de leer hace cosa de un mes.

The Ballad of Beta-2 es una novela breve, de apenas un centenar de páginas, publicada en 1965 como parte junto a otros cuentos y posteriormente reeditada en solitario.

Hasta la fecha no había leído nada de Delany pero éste libro prometía ser divertido. Mínima sinopsis (tranquilos, no hay spoiler): Al ser descubierto un planeta habitable en otro sistema solar, se envían una docena de expediciones para iniciar la colonización, en un viaje cuya duración previsata se elongará durante varios siglos (de forma que los colonos que lleguen al nuevo planeta serán los descendientes de los que partieron). El asunto es que cuando llegan, se encuentran con que allí ya hay otros colonos esperando… y la verdadera sorpresa es que no todas las expediciones llegan a su destino: algunas naves (macroestaciones tipo «estrellas de la muerte versión pacífica») no llegaron y otras llegaron completamente deshabitadas.

Una de las naves que llega deshabitada es la correspondiente a la expedición Beta-2. Qué es lo que sucedió en esas naves que llegaron a su destino deshabitadas es lo que pretende esclarecer la investigadora que protagoniza el libro, que tiene como único punto de partida una misteriosa balada compuesta acerca de la mencionada expedición.

Como digo, es un librito muy breve, pero todo un pequeño clásico de la ciencia ficción que se excusa en el análisis de un texto para ir desgranando una historia que pese a la falta de tiempo para trazar personajes en mayor profundidad consigue enganchar hasta el final. Al menos, es lo que me ha sucedido a mí. Es un librito recomendable, sobre todo porque si no os gusta (a mí sí me me gustó), al menos no habrán perdido demasiado: como dije más arriba, son apenas 100 páginas y se leen en poco tiempo.

En la RiojaParty

Una nota muy breve. Hoy estaremos por la décima primera edición de la RiojaParty hablando de «redes sociales». Será en una mesa en la que se sentarán además JotaRP, blogger, Pablo Hermoso, de Gnoss así como un par de participantes en la Party (un padre y un joven). Si van a estar por ahí, avisen y seguro que algo podemos charlar. El evento, por lo demás, tiene un programa que se pone interesante durante todo el finde con talleres como el de Raspberry Pi o el de Arduino. Bueno, todo eso aparte de lo habitual (y ya de por sí divertido) en una party.

Hipercinismo

«The company stressed that it would not share its vast trove of user data with advertisers and that it would not build user profiles to sell to advertisers. Users can opt out of being tracked by any of the third parties by using the privacy settings on their browsers that manage tracking and cookie data collection. They can also opt-out by going to the “About Ads” page on the Facebook Web site.»

Tanzina Vega, en el New York Times

Como dice Recuenco: «Zuckerberg ha inventado el hipercinismo». Y mira que parecía imposible.

Enseñar a hacer trampas es enseñar

«Teach yourself and your students to cheat. We’ve always been taught to color inside the lines, stick to the rules, and never, ever, cheat. In seeking cyber security, we must drop that mindset.»

James Caroland y Greg Conti, en su estudio «Why you should teach your students to cheat» (PDF)
(via Schneier)

Personalmente, creo que no sólo al enseñar a pensar desde el punto de vista de la seguridad. Hay muchas formas en que las técnicas de aprendizaje más comunes han quedado obsoletas. La respuesta al aprendizaje no puede ser más el dato. Esto es Internet y el dato está en todas partes, así que lo valioso es el razonamiento: la inventiva para encontrar el dato, entenderlo y usarlo.

Hace falta madurez para aceptar ciertos tratos

Recogen en TechCrunch unas declaraciones de Sherry Turkle, del MIT, acerca de la anunciada voluntad de Facebook de cambiar sus normas para permitir el registro de menores de 13 años. Turkle afirma que «no creo que sea buena idea. Los mayores de 13 años ya estamos teniendo un tiempo lo suficientemente duro con algunas de las presiones de Facebook. La agonizante carga de mantener una reputación pública de forma permanente es excesiva para una mente joven». Se estima que casi 8 millones de menores de 13 años están en Facebook, muchos de ellos ayudados por sus padres a saltarse la norma. El problema es de cultura de Red, y ahí gente como Turkle y su «estar sólo para no estar sólo» ejercen un necesario contrapunto a la presión de una Red en tiempo real. Pero la cuestión abierta es otra: Facebook ofrece servicios que pagamos con datos, y el trato encubierta es ofrecer publicidad relevante que sea menos interrupción y más complemento y propuesta personalizada de consumo. Más allá de que como dirían Recuenco o del Fresno, Facebook haya roto su promesa, la cuestión es otra: ¿una sociedad que ultraprotege a los menores hasta el punto de convertirlos en adultos-niño inmaduros, está dispuesta a dejar que niños de 13 años tomen una decisión para la que no están preparados y que podría representar el peor canje jamás realizado? Wow, ¿esquizofrenia? No, desconocimiento. En el curso de inmersión en Internet que ha recibido la mayoría, hubo que limitar mucho el temario. Creo que va siendo hora de dar un par de charlas sobre el tema.

Transmedia y financiación colectiva: ¿un destino en común?

Hay dos fenómenos que escenifican muy bien el mestizaje que provoca la web: la mayor facilidad para lanzar proyectos por múltiples vías (disminución de barrera de entrada que repercute en una mayor meritocracia) y la mayor posibilidad de crear contenidos (a su vez, un tipo concreto de mercado especialmente meritocrático, por tener en la web una barrera de entrada especialmente baja). Estos fenómenos tienen en el fenómeno de lo transmedia y de la financiación colectiva dos espejos de lo que los próximos años nos podrían deparar. Aunque cada vez más habituales, no son todavía una rutina inevitable de lanzamiento. La cuestión es: ¿son flor de un día o parte de una nueva normalidad? ¿Cómo se relacionan?

CLANG, financiación colectiva para el videojuego de Mongoliad

Por aquí hemos seguido muy de cerca Mongoliad, una apuesta de Neal Stephenson por nuevos modelos editoriales que terminó donde recientemente parecen terminar todos los nuevos caminos editoriales [Nota: editado en Amazon]. Aparte de dejar algunas lecciones buenas y otras malas, como que permitieran renovar la suscripción para un segundo año y terminar el libro a las pocas semanas, un poco timo), Mongoliad era un proyecto innovador, al ofrecer suscripción por Internet con acceso privilegiado al material «en crudo» conforme el autor lo iba creando, y con vocación de ser mucho más que un libro: contenido complementario y adicional en vídeo, pedia de apoyo y videojuegos ambientados en el mismo mundo. Lo que los que de esto saben más que un servidor denominarían transmedia.

Y es aquí donde llegamos a CLANG, un nuevo proyecto que pretende desarrollar un entorno de ambientación y desarrollo de videojuegos tipo «arena», pero con espadas. El proyecto está impulsado por Neal Stephenson, que lo acaba de presentar en Kickstarter, de cara a la búsqueda de financiado colectiva. Vean el vídeo antes de continuar leyendo.

CLANG es parte del proyecto de Mongoliad (divertido guiño a los financiadores con una opción de 1241 dólares, siendo 1241 el año en el que está ambientado el comienzo de la historia en la novela). Tras ver el vídeo, debo decir que siendo aficionado a este tipo de ambientaciones (y en menor medida a los videojuegos de esa temática, ya que apenas uso videojuegos), la propuesta me parece de lo más interesante. La aproximación de CLANG promete llevar una experiencia «tipo Wii» (o «tipo Kinect») a otro tipo de juegos… y dispositivos, pues apuestan por el PC de toda la vida como plataforma.

Lo interesante es ver cómo en un proyecto ambiciosamente transmedia hay partes que son más fáciles de sostener en base a lo ingresado en post-creación (por ej. pago por un libro ya escrito, total o parcialmente) y otras abocadas casi de forma inevitable a la financiación colectiva. De esta forma, dos de los fenómenos más relevantes de los últimos años, uno desde el punto de vista de la comunicación flexible y otro desde el punto de vista de la organización social más horizontal y «democrática», se abrazan.

¿Dónde están los límites de este nuevo sistema?

En tanto la financiación colectiva va madurando como fruto de los nuevos sistemas de organización que la Red hace posible y en tanto que la creación de mensajes envolventes propios del transmedia son cada vez más habituales, será cada vez más normal que proyectos concebidos como integrales desde el punto de vista de la creación de una experiencia en torno a un producto/tema sean, a su vez, proyectos que apelan a ese compromiso especial de las personas que los van a disfrutar y, al mismo tiempo, hacer posible. ¿Dónde, entonces, tenemos los límites de expansión de este modelo?

Dado que no tenemos datos a largo plazo quedan preguntas sin resolver. Cuando Radiohead colgó su In Rainbows en Internet muchos pensaron que el éxito se debió a la novedad. (En parte, es verdad.) Pero con ligeras modificaciones (sobre todo de cara a comunicarlo, pero ligerísimas en el fondo del asunto), el esquema se ha repetido en muchas ocasiones con éxito. Con la financiación colectiva sucede igual: ¿es El Cosmonauta un proyecto pionero replicable o no pasa de ser una excepción? Plataformas como Goteo o Kickstarter tienen mucho buzz detrás, sin duda, pero creo que hay que ir asumiendo que no son «flor de un día» sino que apoyar de antemano los proyectos que queremos que se lleven a cabo es parte de esta «nueva normalidad» que nos trae la Red.

Complejidades de la experiencia

Para muchas personas no será un problema. Pero sí para un sector importante de esas personas afines cuyo apoyo has de conquistar. Cuando un proyecto transmedia recurre a esta relación especial, más comprometida, con el usuario-mecenas tenemos la posibilidad de que el mismo no se identifique con la totalidad del proyecto.

Personalmente, pese a ser un proyecto fascinante y un lector confeso de Stephenson, dos factores me han frenado de apoyar CLANG:

  • Primero, en la mínima FAQ parecen sugerir que no van a soportar Linux (hablan de hacer el proyecto lo menos costoso posible y lo harán sólo para Windows)
  • Segundo, en la FAQ no dicen nada sobre la licencia que adoptarán para ese framework, y tras preguntar ayer mismo me confirmaron que no va a ser software libre.

Como posible financiador del proyecto, son dos aspectos para mí irrenunciables (porque creo en el software libre y porque si en el futuro quiero probar ese juego, necesitaré que funcione bajo Linux). Dicho lo cual, estos factores podrían no ser un impedimento para otras personas con unas manías diferentes a las mías :)

Lejos de criticar una decisión tan personal, lo que quiero señalar es la dificultad de enganchar a la totalidad de personas que podrían estar interesados en apoyar un proyecto. La financiación colectiva es financiación, y abre oportunidades, pero representa una serie de retos.

¿Debilidad? Algún día habrá un pufo…

Si me preguntan a mí, hay una piedra que este tipo de sistemas tiene que aprender a esquivar: aún no ha habido grandes escándalos, pero en algún momento alguien cometerá un «pufo», no tanto porque salga corriendo con la pasta como porque el producto final esté terriblemente alejado de lo prometido y sea percibido como tal. ¿Cómo se gestionará desde las plataformas este tipo de crisis de reputación? ¿Cómo será entendido y cuál será la reacción de los mecenas?

Desde luego, no se va a hundir el sistema. Pero sí que me animan a pensar que ante el riesgo de decepción, esta nueva vía quedará reservada a un perfil de personas que busca algo más que un simple consumir: buscan comprometerse con su entorno en mayor medida, recuperar relaciones sociales que se habían enfriado mucho durante el pasado siglo XX e implicarse en la construcción de las cosas que quieren que se hagan. Pero no todo el mundo siente esa aproximación como una necesidad personal.

Conclusiones

Ver cómo la concreción de un proyecto que he seguido y me ha gustado tanto (Mongoliad) hacia el transmedia prometido culmina precisamente mediante financiación colectiva me parece doblemente interesante.

Transmedia y financiación colectiva van a ser una pareja a la que seguramente veremos bailar juntos más de una vez, pues son parte de esta «nueva normalidad» que nos trae la Red. Si bien mediante este tipo de aproximación se pueden lanzar proyectos «main stream», seguramente no es una vía para todo el mundo. E indudablemente no van a sustituir al modelo tradicional, pero sí ayudará a superar los límites de éste. Seguramente, con un modelo tradicional, CLANG nunca vería la luz… y aunque yo crea que algunas opciones podían haberse afinado mejor, estoy seguro de que el mismo va a alcanzar el límite de financiación marcado en muy pocos días. El futuro es ahora.

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