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Lecturas



Generación de claves GPG explicada para niños

«En el interior del ordenador de Randy hay un reloj preciso. Cuando pulsa una tecla, Ordo usa ese reloj para anotar el momento exacto, con precisión de microsegundos. Pulsa una tecla a las 03:05:56,935788 y otra a las 03:05:57,290664, o 0,354876 segundos más tarde. Pulsa otra 0,372307 segundos más tarde. Ordo registra todos esos intervalos y elimina los dígitos más significativos (en este ejemplo, el 0,35 y el 0,37) porque esas partes tenderán a ser similares en una pulsación y la siguiente.

Ordo quiere azar. Sólo quiere los dígitos menos significativos, digamos, el 76 y el 07 justo al final de los números. Quiere un buen montón de números al azar, y quiere que haya mucho, mucho azar. Está tomando números más o menos al azar y pasándolos por una función hash que añade todavía más azar. Ejecuta rutinas estadísticas sobre los resultados para asegurarse de que no contienen estructuras ocultas. Su ansia de azar es asombrosamente alta, y no dejará de pedirle a Randy que pulse el teclado hasta que no esté satisfecho.»

- Neal Stephenson, Criptonomicón.

*** Relacionado: Cómo y por qué usar cifrado GPG, tutorial para novatos.



Políticas

Hoy quiero compartir dos párrafos de Políticas, de Antoni Gutiérrez-Rubí. Es un libro que tuve la suerte de leer y el privilegio de poder hacerlo hace ya unas semanas (¡gracias!). Si bien muchos comentarán el capítulo dedicado a las mujeres más relevantes de la política internacional de nuestros días, yo voy a preferir quedarme con la parte final del libro dedicada a la política emocional (y emocionante) y renovada que necesitamos. Más allá de los perfiles de estas mandatarias, en esta parte final hay muchas ideas de Antoni que al menos compensa leer (si bien no puede uno estar de acuerdo con todo lo que expone ni con la postura que él toma al respecto de algunas cosas).

Voy a comentar mi postura respecto a lo que él cuenta, porque este es mi blog y no puedo (ni quiero) evitarlo :)

La agenda pendiente para la renovación de los partidos políticos es amplia y múltiple. Afecta a las propuestas, a los objetivos y a las formas. Pero la pista de la «política de las emociones» puede ser una senda que genere más debate y más transformaciones que las que aparenta con su aspecto superficial. Primero, encontrar las palabras que emocionen y que acierten en el diagnóstico y en la propuesta, creando los marcos conceptuales que nos permitan seguir avanzando en la comunicación política. Segundo, vivir la experiencia política con pasión, ilusión y entusiasmo contagioso, abriéndola para acercarnos a las vivencias de nuestros conciudadanos y construyendo, desde esa proximidad, un liderazgo proactivo. Tercero, explorar el caudal cognitivo de las emociones para establecer un nuevo relato y un renovado compromiso político y cívico. Y, finalmente, comprender los mecanismos neurológicos y sensoriales que articulan nuestra percepción y nuestro conocimiento.

Bien, está claro que los partidos políticos necesitan desconstruirse (como la tortilla de Ferrán Adriá) y reconstruirse. Me da la sensación de que en este movimiento podrían salir con ventaja partidos que no tengan que descontruirse y, sobre todo, aquellos que no tengan miedo a hacerlo. ¿Qué papel deben y pueden representar? No lo sé, pero seguro importante. A corto y medio plazo no cabe esperar otra cosa, ni seguramente sería práctico ni deseable. Pero ser meros depositarios lejanos, indeseados y no amados de la voluntad popular (ser «un mal menor» derivado de «votar al menos malo») no es deseable desde el punto de vista democrático y es el primer paso a una tiranía. Que los partidos políticos sigan ejercitando un papel importante en las democracias no significa que éste tenga que ser el mismo rancio, áspero y sordo papel de siempre, en el cual el poder se ejercita desde lejos.

Ahora mismo, la posición es aguantar el chapetón con resignación o marcharnos, porque en lo que es la sociedad digital, los partidos del parlamento han demostrado que van a lo suyo. Una reestructuración desde la base, no el cambio de líderes sino una nueva organización que deje atrás la estructura clásica del partido político que conocemos hoy en día, es la única posibilidad para que esto siga funcionando. Tal y como está ahora, lo repito, no sirve.

¿Pueden nuevos partidos instalarse en ese ecosistema rancio? Lo deseable es que se instalen, pero portando ese nuevo mensaje emotivo al que hace referencia Antoni. O que los partidos tradicionales se lancen ya hacia adelante, se va haciendo tarde y ya hace falta que defiendan y rindan cuentas a los ciudadanos. Desde luego, la opción es apoyar o construir alternativas a las apoltronadas actualmente en el congreso, que mayoritariamente están anclados en el pasado y no recurren para nada a la formación de este nuevo relato sino al miedo.

Segunda cita:

Y en este contexto surge también la soledad, que es el temor al futuro más duro al que una nueva política de lo colectivo debe hacer frente. Una sociedad, y una comunidad, con más incertidumbres que certezas necesita hablar, conversar, para no sentirse sola, sin horizonte. (Deberíamos leer más a Ulrick Beck.) Necesitamos emocionarnos para creer que hay esperanza y nuevas oportunidades. La política debe ser esa emoción. No hay datos de la realidad que nos aseguren nuevas metas confortables, ni siquiera tenemos la seguridad de mantener nuestros niveles de bienestar, amenazados por el cambio climático, el terrorismo, las fracturas sociales o tecnológicas y una globalización no democrática. Frente a una tozuda realidad, sólo un discurso capaz de generar una ilusión colectiva o, al menos, un compromiso colectivo, puede ofrecer confianza a la ciudadanía. De ahí buena parte del desprestigio de la política. Ésta ha dejado de ser un relato épico, transformador, movilizador.

De acuerdo en todo: el desprestigio de la política reside en la mutilación continuada de incontables promesas electorales formuladas desde la frivolidad del que sabe que no las piensa cumplir. Un mundo mejor, con menos paro, mejor sanidad, más esperanza de vida, sueldos más altos, menos problemas, más fútbol en abierto y más algodón de azúcar. Y al final las mismas políticas destructivas y continuistas. Pero eso mismo hace que la solución sea sencilla: cumplir lo prometido. Qué rápido he acabado.

Pero en algo disiento: el relato político sigue siendo épico, aunque no sea transformador (todo lo contrario, persigue «conservar» los privilegios de las estructuras actuales, incluso aquellas que se dicen «transformadoras y progresistas»). Todos tenemos un ejemplo claro y muy reciente: la épica manipulación que desde todas las instancias políticas (Gobierno de Madrid y Gobierno Central) se está haciendo de la guerra que Inglaterra y Francia mantuvieron en la península ibérica durante el mandato de Napoleón, convertida en «hito nacional» épico y movilizador en pro del conservadurismo más descarado. ¿A que así descrita la «guerra de independencia» suena mucho menos importante? Claro, ¡es la épica la que le da nivel a esa guerra estúpida! Del mismo modo, la épica de la «estabilidad nacional» se usa para exagerar sobremanera todo lo relacionado con el terrorismo que menciona el mismo Antoni. Un ejercicio númerico para cuantificar la épica que hice en este blog hace algún tiempo.

El discurso es más épico que nunca, o digamos tan épico como antes, y yo creo que ese es el problema: el discurso debería en realidad ser infinitamente más lírico; yo no quiero que los políticos me hablen de grandes gestas nacionales ni rollos macabeos. Yo quiero un trabajo que me permita crecer como persona, una cierta tranquilidad, el tiempo libre que me permita hacer cosas que quiera hacer y mi trabajo no me permita, y hacerlo en compañía de las personas que son importantes para mí. Es todo lo que le pido a mis políticos. Yo, yo, yo. Llamadme egoísta, pero sólo aceptaré críticas de aquellos que antes se hayan mirado al espejo; descalificaciones per se serán ignoradas. Lírica. Y el que no esté de acuerdo conmigo que por favor me lo indique en los comentarios.

¿Por qué hablo hoy de «Políticas», cuando es un libro que leí hace ya unas semanas?
Hoy se presenta en el Centre Cultural Blanquerna (c/Alcalá, 44 Madrid) el libro Políticas: mujeres protagonistas de un poder diferenciado, escrito por Antoni Gutiérrez-Rubí y publicado bajo dominio público en la colección Planta 29. El libro ya se puede comprar en papel, pero también tenemos una versión gratuita y libre en PDF que podemos encontrar en la propia página del autor.



La cabezadita

Ethan: ¿Cuándo dormiste por última vez?
Bree: Hace dos días.
Ethan: Vete a casa y duerme.
Bree: Dormir está sobrevalorado. Todo el mundo cree que sólo por echarte una cabezada se te arregla la vida.

- Douglas Coupland, jPod

Sobrevalorado y todo lo que quieras (que un poco es cierto, aunque lejos del esperpéntico sentido del humor de Coupland) pero que levante la mano el que no sienta deseos de echarse una cabezadita después de comer (al menos de vez en cuando).



Un mundo feliz

La edición de Un mundo feliz, de Aldous Huxley que todos tenemos tiene un prólogo escrito en 1946 por él mismo, con objeto del final de la II Guerra mundial. Este prólogo está escrito 15 años después que el libro (1a edición, 1931), y tiene ya más de 60 años. Huxley se dedica a profetizar a dónde nos dirigimos y cuánto hay de posible para el mundo real de lo que él fantaseaba en su mundo feliz.

Sin embargo, al leerlo uno piensa que realmente no está tan viejo este prólogo excepto por, eso sí, las referencias a la bomba atómica (muy lógicas tan sólo unos meses después de la masacre de Hiroshima y Nagasaki). Por lo demás pasen y vean: política kropotkiniana, periodo de paz tensa amparados por el miedo atómico, y totalitarismos refugiados en el terror. Viéndolo desde 1946, resulta sorprendente.

Si ahora tuviera que volver a escribir este libro, ofrecería al Salvaje una tercera alternativa. Entre los cuernos utópico y primitivo de este dilema, yacería la posibilidad de la cordura, una posibilidad ya realizada, hasta cierto punto, en una comunidad de desterrados o refugiados del MUNDO FELIZ, que viviría en una especie de Reserva. En esta comunidad, la economía sería descentralista y al estilo de Henry George, y la política kropotkiniana y cooperativista. La ciencia y la tecnología serían empleadas como si, lo mismo que el Sabbath, hubiesen sido creadas para el hombre, y no (como en la actualidad) el hombre debiera adaptarse y esclavizarse a ellas.

Straik uan.

Suponiendo, pues, que seamos capaces de aprender tanto de Hiroshima como nuestros antepasados de Magdeburgo, podemos esperar un período, no de paz, ciertamente, pero sí de guerra limitada y sólo parcialmente ruinosa. Durante este período cabe suponer que la energía nuclear estará sujeta al yugo de los usos industriales. El resultado de ello será, evidentísimamente, una serie de cambios económicos y sociales sin precedentes en cuanto a su rapidez y radicalismo.

¿No les parece que la Guerra fría y la Unión Europea han ofrecido precisamente un periodo de guerra limitada ciertamente asombroso? Straik tú.

Ciertamente, a menos que nos decidamos a descentralizar y emplear la ciencia aplicada, no como un fin para el cual los seres humanos deben ser tenidos como medios, sino como el medio para producir una raza de individuos libres, sólo podremos elegir entre dos alternativas: o cierto número de totalitarismos nacionales, militarizados, que tendrán sus raíces en el terror que suscita la bomba atómica, y, en consecuencia, la destrucción de la civilización (o, si la guerra es limitada, la perpetuación del militarismo); o bien un solo totalitarismo supranacional cuya existencia sería provocada por el caos social que resultaría del rápido progreso tecnológico en general y la revolución atómica en particular, que se desarrollaría, a causa de la necesidad de eficiencia y estabilidad, hasta convertirse en la benéfica tiranía de la Utopía. Usted es quien paga con su dinero, y puede elegir a su gusto.

Strike zrí. Este tampoco está muy desencaminado, aunque nosotros sabemos que en las noticias no nos hablan de bombas atómicas sino de otras cosas que también dan miedo. Me encanta que acabe con una frase que recuerda uno de mis mantras: Cada euro que gastas apoya algo, ¿sabes bien qué estás apoyando?

Y recuerden, todo eso lo dice en un prólogo que, siendo política ficción (se dedica a hacer predicciones), no es demasiado fantasioso ni está alejado en un futuro irreconocible. ¿No creen?



La transición y la ley de Godwin española

Signos de que el proceso de transición fue un cambio de disfraz con menos cambios de los deseados (aunque negar la existencia total de cambios no sería justo).

«De pronto, parecía que el mundo entero estaba viviendo el mismo tipo de existencia acelerada que los polacos: la Unión Soviética se hallaba al borde de la desmembración, el apartheid sudafricano daba sus últimos estertores y en América latina, europa del este y asia no dejaban de caer regímenes autoritarios.

[...]

Era como si la mitad del mundo hubiese entrado, en apenas unos años, en un periodo de «política extraordinaria» o «en transición», como en los años noventa se decía que estaban los países recién liberados, suspendidos en una interinidad existencial entre el pasado y el futuro.

[...]

Según esta idea de la «transición», las mismas personas que controlaban el estado bajo el comunismo lo seguirían controlando bajo el capitalismo, pero disfrutando al mismo tiempo de una mejora sustancial del estilo de vida. El modelo que pretendían emular no era el de Estados Unidos, sino más bien el del Chile de Pinochet.»

- Naomi Klein, La doctrina del Shock

Claro, en Rusia, en Suráfrica y en China siguen mandando después de la transición los que mandaban antes. Y en países que no eran comunistas sucedió otro tanto.

Sobre la ley de Godwin española, podría pensarse que sería análoga a la que todos conocemos pero mencionando al franquismo. Yo creo que el verdadero tabú está en otra parte, ya que la extraordinaria placidez de entonces ya sólo es reivindicada por descerebrados:

A medida que una discusión en Internet se alarga, la probabilidad de que aparezca una comparación en la que se mencione a Suárez o a La Transición tiende a uno

Evidentemente, cuando se nombra la transición o el espíritu de la transición, toda discusión acaba porque la transición es un proceso mediocre altamente idealizado y bajo este manto idealista toda discusión carece de sentido, pues todo argumento se rompe en pedazos al chocar contra la propaganda institucional.

*** Relacionado: Ley de godwin sobre privacidad.



El destino del plan terrorista

«El destino del plan terrorista no es alcanzar el triunfo sea cual sea la derrota del imperialismo norteamericano o la consecución del califato universal, etc. Estos son meros señuelos o autoengaños dentro de la lógica global de control; la consecuencia obvia e inmediata de sus exitosas campañas es el estímulo de la vía del control total, hacia un régimen parafascista de democracia débil en todo el mundo. El carnet de identidad, los códigos de barras, el chip subcutáneo, las pulseras electrónicas, el GPS, las cámaras de vigilancia por doquier, etc., ya no son invenciones para una distopía futurista sino artefactos perfectamente cotidianos, asumidos por la población en aras de la salvaguarda de su seguridad supuestamente amenazada por terroristas y criminales.»

- Cibergolem, en Panel de Control.

Sobre la política del miedo, sobre qué representa verdaderamente la victoria del terrorismo y sobre el teatro de seguridad. Todo en un párrafo.

[Volví del puente; volví en avión así que mejor ni me pregunten]



Panel de Control

Panel de Control es muchas cosas. Es el epígrafe bajo el que ZEMOS desarrollaron y tejieron su trabajo durante muchos meses. El tema subyacente en todo ese trabajoera el control social. Panel de Control es también un blog, y panel de control es también un libro.

Esta anotación va dedicada al libro, que apareció en noviembre y recibí no mucho después (muchas gracias), pero al que aún no había hincado el ojo. Este libro ha sido una de mis últimas lecturas y voy a intentar expresar brevemente lo que pienso de él.

El libro trata básicamente de control social a través de videovigilancia, haciendo especial hincapié en el desarrollo de tolerancia a la misma [1]. Las cámaras son parte del mobiliario, están ahí, las interiorizamos y dejamos de pensar en ellas. Pero las cámaras nunca olvidan: son ojos mecánicos que nunca dejan de prestar atención al fin único para el que fueron hechas.

La aproximación a la videovigilancia y al control desde un punto de vista de la creación y el arte, distante al que yo puedo tener, ya me parece suficientemente atractiva (de hecho, eso no es algo único del libro, sino de todos el trabajo que han hecho) y justificó la lectura. Después de leerlo no puedo poner la misma por debajo del interesante. La visión de Santiago López Petit (que por cierto estuvo en Málaga en octubre y yo no le hablé del tema porque no sabía que participaba en esto) o las entrevistas a Bill Brown de SCP y Alex Galloway aportan visiones diferentes del fenómeno.

Por darle caña a algo (sí, así soy yo, ji ji) hablaré de una de las cosas que tengo calientes y con la que no estoy de acuerdo: criticar lo transgénico porque lleva al control y poner el enfásis en lo moral o inmoral o en la redifinición del concepto de vida me ha resultado sorprendente. Lo transgénico no es bueno ni malo (aunque no sea neutro) y, al menos desde mi punto de vista, lo malo es principalmente que con los transgénicos se está patentando la vida. La industria de los transgénicos está empujando a tope el cercamiengo digital y eso es lo malo de ese asunto. Lo malo no es que Monsanto juegue con la ética (habría que dirimir sobre ética y encontrar un baremo que nos sirva a todos), lo malo es que Monsanto patenta un producto, te lo ofrece y si te niegas contamina tus campos y te exige el pago de royalties por violación de propiedad intelectual; lo malo es que aunque te hubieras negado anteriormente a comprar su producto, la justicia les da la razón [2]. El problema no es ético por lo que toca a lo transgénico: es ético por lo que compete al acceso al conocimiento. No es mediante la modificación de alimentos que nos regulan el control, sino usando las patentes; aunque aún haya que evaluar el problema final que supondría «vivir en Gattaca».

Dicho esto, el libro merece la pena y se lee rapidito (¿tienes un fin de semana? pues te lo puedes leer con tranquilidad). El libro lleva Creative Commons y se puede descargar en formato PDF o también puedes pagar algo y pillarlo en papel. En estos tiempos en que tanto hablamos de «la experiencia del usuario» aplicada a la web y a todo lo que cogemos, ya sabemos cuál es el mejor cacharro[3] jamás diseñado. Pero claro... no puede uno comprarse los 17 libros que le recomiendan cada día; así que eso ya es cosa vuestra.

Notas al pie:
[1] El tema de la tolerancia a las medidas de control es clave y aquí lo mencionamos a menudo. Es lo que determina que te opongas o no a algo. Dentro de 20 años, toda una generación crecerá habituada a las videocámaras y a utilizar una llave RFID para ir al baño en cualquier parte (intimidad powah!). También podrías crecer creyendo que las calles se construyeron para consumir o que no tienes derecho a beber en la calle porque a nosotros nos lo han prohíbido pero la próxima generación ni siquiera se enterará de ello (es El derecho a beber, como lo definió Andrés Lomeña).
[2] Naomi Klein, Vallas y ventanas, p108 (Ed Paidos, 2002). Información electrónica extendida en Percy Schmeiser vs Monsanto.
[3] No se dice Gadget, se dice cacharro.

*** Porque el final de un post nunca es el final, puedes seguir leyendo:

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