Fundamentalmente inofensivo

Venimos hace años diciendo que hacer de nuestra presencia web en servicios gratuitos nuestra principal identidad digital es una pésima idea; muchos otros nos miran con escepticismo y abrazan los mismos como si fueran inofensivos.

Esta semana, sin embargo, al hilo del affaire Galli con su baneo en Twitter volvieron muchos a repetir lo que en otras ocasiones: «que Twitter tal», «que Twitter cual». Más allá de la mala baba que pueda haber de por medio (y hay una acalorada discusión al respecto sobre la que yo sé lo mismo que ustedes, únicamente lo que he leído de palabra de los implicados), el problema es el de siempre: usar servicios de terceros en los que nos volcamos a construir nuestra identidad digital. Servicios gratuitos, para más inri, que no dudarán en meter la tijera y vedarnos el acceso si en un momento dado eso les es más beneficioso que permitirnos continuar usando sus herramientas.

Resultando ya obvio que la existencia de estos servicios centralizadores es inevitable, que se alimentan del efecto Red y que espontáneamente tienden a generarse nodos con idéntica naturaleza centralizadora, la cuestión es que me da la sensación de que ésta es otra oportunidad perdida para la reflexión. Como todo esto lo hemos hablado mil veces, al leer las crónicas que Galli publica en Google Plus (esto es, en un entorno en que la relación prestador-usuario es idéntica a Twitter) me pregunto si este evento no habría de servir para profundizar un poco más en este asunto. O ¿será que vamos a limitarnos a cambiar el «inofensivo» por un «fundamentalmente inofensivo» que deje intacto el problema de fondo, que no es otro que el de qué autonomía estamos dispuestos a entregar y las implicaciones de entregarla?

Y muchos se sorprenden

Interesante post que descubro gracias a Pere Quintana en el que un programador cuenta su experiencia al sustituir su portátil por la combinación de un tablet de Apple + su propio servidor Linux en remoto. Resumiendo, está contento. De todas formas, me gustaría resaltar una frase que me ha hecho rebajar el valor de todo lo que había leído antes:

And yet not everything is perfect. I love having my data on a remote server and I’m deeply happy with my indefatigable Linode. Surprisingly, the weak link in all of this has become the iPad. And not just because of what it by design can’t do, but because the internet is moving towards richer and richer web apps and Mobile Safari still feels like a toy browser.

Using Google Docs has been a pain all year and it isn’t getting any better.

«Surprisingly?»

I don’t get it. Hace mucho que hablamos de la tabletización de la informática de usuario precisamente porque los tablets encarnan como ningún otro dispositivo la gran aspiración de eliminar la autonomía del usuario a través de sistemas operativos limitados. (Ni siquiera los móviles aspiraban a obsolescer nuestros portátiles hasta que hubo tablets con el mismo sistema operativo que el móvil.) Y sin embargo hay usuarios avanzados que se sorprenden de que el iPad sea la pieza limitante a la hora de trabajar 100% sin portátil.

Lo que el tráfico marítimo dice sobre la crisis

Hace un tiempo hablábamos de cómo la estandarización vía contenedores apilables en el tráfico de mercancías había impulsado la conexión entre lugares alejados del mundo y acercado esa realidad post-geográfica, y hace apenas unas semanas Bianka Hajdu recogía más números acerca del tráfico marítimo y los mencionados contenedores.

Ambos hechos son la crónica de un avance imparable: el de la globalización y el de un mundo en el cual cada vez es más fácil transportar mercancías a lugares remotos y, por tanto, conectar y comerciar con aquellos que están lejos de ti. En ese sentido, toda una liberación de la garra que tradicionalmente impuso la proximidad geográfica a la hora de comerciar.

Aunemos eso con lo que Antonio Ortiz tilda de «mensaje que Google envía sobre Europa» cuando deja más representaciones de Motorola en iberoamérica que en el viejo continente (sólo UK, Francia y Alemania sobreviven al cierre masivo de oficinas). ¿De verdad Google envía el mensaje? Lo cierto es que Google es el último de una larga serie de actores en sumarse a esa tendencia.

El análisis del tráfico marítimo mundial que glosan en EsMateria.com y descubro gracias a Jesús Pérez demuestra exactamente eso: la evolución del tráfico marítimo entre 2008 y 2011 enseña el estancamiento económico occidental en contraste con el ascenso de los grandes nodos asiáticos, ahora mucho más conectados entre sí; mucho menos dependientes de Europa. El mensaje («deshazte de la identidad geográfica, piensa en cualquier parte del mundo, busca tu mercado en cualquier parte del mundo») lleva mucho tiempo ahí, esperando que alguien deje de desestimarlo por irrelevante.

Twitter ahora es «JSON only»

En la documentación de la versión 1.1 de la API de Twitter (hecha pública ayer 6 de septiembre) podemos leer:

API v1.1 will support JSON only. We’ve been hinting at this for some time now, first dropping XML support on the Streaming API and more recently on the trends API. We’ve chosen to throw our support behind the JSON format shared across the platform. Consequently, we’ve decided to discontinue support for XML, Atom, and RSS, which are infrequently used today.

No debería sorprenderse nadie, hace un año en La vida en el desierto de una red sin RSS ya veníamos avisando que Twitter daba muy pocos RSS, y todos a regañadientes. Por si a alguien se le escapaba la jugada, hace un tiempo hicimos un resumen de ideas en torno al «APIcalipsis» de Twitter y el final de la inocencia de quienes se han entregado a construir sobre un servicio cuyo propietario no dudará en traicionarlos si con ello obtiene un beneficio.

Unir ambas ideas en el mismo párrafo parece off-topic pero no lo es. Twitter es un intermediario, un medio como los de toda la vida, y se postula a sí mismo sin rubor alguno y cada vez más abiertamente como el lugar en el que consumir información. Escribíamos en febrero de este año que:

En tiempos en que los periódicos sueñan con Twitters como los ISP de hace una década soñaban con terras y en que el periodismo se reivindica con falacias y excusas mientras habla de Orbyt, ¿cuál será el primero de estos medios en decir que abandona el uso de RSS para apostar por una especificación propia y cerrada, directamente encapsulada en una app?

Al final ha sido el mismísimo Twitter antes que otros medios, pero mucho me temo que otros no tardarán en subirse a ese carro. Todo ello no es sino una malísima noticia.

Indefensión ciudadana

«Que no hayan dedicado tiempo (hace falta muy poco) a tratar de entender de qué va realmente el tema nos muestra la indefensión de nuestras sociedades, pese a que Internet existe.»

Juan Luis Chulilla, que en el post anterior deja un comentario sobre el jurado sobre el caso de patentes Apple-Samsung

Qué resumen más conciso, en sólo una frase. El jurado no entiende, pero desdeña la posibilidad de esforzarse por entender; por desidia, para terminar antes (pero no para terminar mejor). Es negligente en sus funciones y de sus actos negligentes se derivan consecuencias que nos afectan a todos, nos dejan indefensos como individuos y como sociedad en conjunto. Otro ejemplo para colocar el ciberutopismo en perspectiva, como bien comenta Patxi Igandekoa (cuyo blog vuelve a estar activo) comentando acerca del mismo Evgeny Morozov del que hablábamos el otro día en Ad Astra (por partida doble).

Patentes, subvenciones, Apple, Samsung, y los tontos mirando el dedo

«La pregunta que debemos hacernos no es si Samsung “copió” a Apple o si Steve Jobs era un genio maravilloso que nos dió un teléfono que no nos merecemos, sino si dar a una empresa que está ganando dinero a patadas la capacidad de cerrar el mercado a sus competidores es una buena idea.»

Roger Senserrich, en Politikon

En el enlace anterior se explica claramente por qué las patentes (extensible a toda legislación sobre propiedad intelectual) son nocivas: «el estado transfiere dinero de los consumidores al inventor a base de protegerle de la competencia y permitir que mantenga altos los precios».

Pero no, el debate (qué digo debate, mejor la guerra de trincheras) se centra en lo banal: parece que la sentencia ha evaluado si Apple copió a Samsung o no, y hay quien se alegra de que se haya «defendido la innovación». Así, en nombre de la innovación justifican lo injustificable: la concesión del poder legítimo para expulsar a toda la competencia del mercado a una empresa que cuenta en sus arcas con más de 100.000 millones de dólares en metálico; esto es, una empresa que ha demostrado fehacientemente que no necesita ese poder de controlar el mercado para rentabilizar sus esfuerzos por innovar. Una empresa que no necesita protección estatal para innovar y ganar dinero, mucho dinero, innovando.

Y es que lo mire por donde lo mire no veo el lado positivo. No desde el punto de vista de la competencia, ni del usuario, ni del consumidor, pero tampoco del ciudadano que ve cómo el software libre es lo único que garantiza una sociedad libre. El éxito de las patentes de software son una malísima noticia.

Pero nada, los tontos se quedan mirando el dedo en lugar de contemplar el cielo y el debate es si pepito copió el diseño de menganito. Pos weno, pos fale, pos malegro, que decía el Maki. La discusión en torno a este asunto me recuerda (demasiado) a la existente en torno a la propiedad intelectual, la ley Sinde y las descargas. Siempre que se habla de la ley Sinde parece que las descargas sean el centro del debate, cuando la realidad es que si salvamos la neutralidad de la Red, pronto nadie hablará de las descargas y las verdaderas víctimas de la reciente legislación en materia de propiedad intelectual son las libertades: la libertad de informarme y comunicarme libremente pero, y esto es tremendamente importante siempre pero más aún en los tiempos que corren, la libertad para ganarme la vida libremente, tan sólo con mi ingenio, mi capacidad para producir ideas nuevas y mi trabajo diario.

Y la libertad de emprender y ganarnos la vida libremente es lo que más peligra debido a veredictos como el del caso Apple contra Samsung. ¿Tanto nos afecta una sentencia de California? Es de primero de derecho que… Sin duda, pero nos afecta: no sólo por la capacidad estadounidense de exportar políticas y «sugerir» leyes similares en otros estados, sino porque contemplar el mercado como un mercado dividido en países no tiene ya sentido. Y por eso emprender en el mundo móvil es hoy un poco más difícil que ayer. Lo veíamos venir hace un año y en enero vaticinamos que las patentes de software serían el gran asunto del año. Por desgracia, no nos equivocamos.

¿Les quedaba algo de inocencia? Muera la inocencia, retorne el capitalismo más tradicional y bruto. Den las gracias a la propiedad intelectual y a las patentes de software. Y si así lo desean, sigan mirando el dedo, así se evitarán ver cómo el cielo se cierra sobre nuestras cabezas.

Terms of Service-Didn’t Read, conociendo mejor qué permitimos a cada servicio

Terms of Service - Didn't Read

¿Cuántas veces han hecho click en eso de Marcando esta casilla afirma que ha leído y está de acuerdo con los términos de de uso del servicio sin antes haber leído las mencionadas condiciones de uso? Muchas, muchísimas. Sería más divertido preguntar cuántas veces la han marcado después de leerla :)

Y luego pasa lo que pasa: permisos infinitos y eternos para usar tus fotos, servicios que no borran tu perfil cuando lo «desactivas», webs que te inundan a publicidad, y toda una serie de malas artes a las que dimos cancha (en primer lugar) aceptando las condiciones de uso del servicio.

Terms of Service – Didn’t read es una iniciativa que apunta a paliar esta situación. Surgida tras una conversación entre hackers pro-privacidad en la CCC de Berlín del año pasado, el objetivo es vigilar los términos de uso de los diferentes servicios y evaluarlos siguiendo diferentes aspectos/parámetros. Obviamente, no es lo mismo que leer nosotros mismos el contrato que estamos aceptando, pero si confiamos en el grupo que participa en esa iniciativa y la mantiene al día, nos permite una doble función: de cara a servicios nuevos nos da la opción de saber cómo se comportan, y de cara a los que ya habíamos aceptado nos da una idea de cómo de grande es la desfachatez de los mismos.

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