La ITU y el plan para que la ONU controle Internet

Hace varios días un vídeo corrió como meme por Internet, era el vídeo que advertía sobre la transferencia de poderes de regulación sobre Internet a la ITU, un organismo heredero de la unión de telégrafos creada en el s. XIX y actualmente vinculado una organización vinculada a las Naciones Unidas y que replica hasta el aburrimiento el esquema de «club de estados» de su matriz, esquema sobradamente conocido por todos.

Con objeto de dar visibilidad a la campaña y a lo que en ella se defiende se ha creado una web: What is the ITU?, en la que podemos ver el mencionado vídeo. El encuentro frente al que nos advierte esta campaña se celebrará dentro de cinco días. Y hace 5 días que el europarlamento alcanzó una resolución (via The Reg) para advertir del alzamiento de la ONU para controlar Internet y en cuyo tercer punto se lee que:

«[El Europarlamento cree que] la ITU, o alguna otra institución internacional centralizada y en solitario, no es el ente apropiado para imponer autoridad regulatoria sobre la gobernanza de Internet ni sobre los flujos de tráfico de Internet»

Es normal que se opongan: el europarlamento ya tiene bastante con quitarse de encima las reiteradas peticiones que la comisión europea realiza a la única cámara elegida de forma democrática en todo el organigrama de la UE como para tener que tragarse ahora sapos llegados desde la ONU (gracias, Vigi). Los Estados Unidos también han mostrado su descontento y grandes empresas como Google se han sumado a los coros.

Obviamente, todos ellos han intentado atar Internet a su antojo (cada uno con los medios a su alcance) pero que llegue un actor nuevo a intentar levantarles la liebre les ha sentado mal. Una cosa es decidir que Internet ha de tener fronteras y otra que el control de las fronteras las tenga un actor en el que ninguno de los intervinientes había pensado: Naciones Unidas. Está por ver la efectividad de su protesta, por otra parte, pero permaneceremos a la escucha.

En cualquier caso, y sea cual sea el resultado, sirva este post para dar a conocer la campaña y advertir del enésimo movimiento por intentar poner puertas al campo.

Stallman rectifica: «prohíban todas las patentes»

Hace unas semanas nos hacíamos ecos de una controvertida propuesta de Richard Stallman (a quien admiramos y en su día entrevistamos) para solventar el enorme y creciente problema del cercamiento digital que suponen las patentes de software.

Lo hacíamos en desacuerdo con él y analizando por qué las patentes de software no admiten soluciones pragmáticas. Las críticas han sido intensas desde muchos ámbitos del movimiento del software libre que él mismo ayudó a crear y hoy leemos en Ars a Stallman abogar por una prohibición total de las patentes de software (y aunque no se posiciona abiertamente, sugiere que sería la postura correcta también con las patentes industriales tradicionales).

Desde aquí no podemos sino alegrarnos de que Stallman haya rectificado y matizado el contexto en el que hizo su afirmación anterior, trayéndola al punto más razonable: el de que con temas como la limitación de la libertad de los demás en base a patentes sobre ideas, no caben medias tintas.

Concluye él mismo:

«The idea of really solving a problem strikes people as radical. People think, we’ve got to look for partial solutions… well that’s a mistake. It wouldn’t do the whole job, and it would be harder to get it passed. There are lots of software developers, they’re all threatened, and if we propose to protect them all, they will all have a reason to support it. Let’s propose a real solution.»

Agree. No es una postura radical, abolir el artificio mediante el cual las ideas pueden ser patentadas es la única postura que aporta una solución que confiera libertad y estabilidad para todos.

La madurez de la tecnoutopía

Gracias a comandogopegui llego a una pequeña crítica combinada que César Rendueles hace de un par de ensayos de Morozov y Lanier. Llegado un momento dice:

«Las herramientas 2.0 no han resuelto el problema de la fragilización del vínculo social en la modernidad, más bien lo han hecho más opaco mediante la difusión de prótesis sociales informáticas. Del mismo modo, los psicofármacos no acabaron con la experiencia de la alienación industrial, más bien la hicieron más tolerable y menos conflictiva.»

Estoy finalizando el ensayo de Lanier y tengo unas ganas locas de terminarlo para postear al respecto, porque creo que contiene varias ideas muy interesantes, pero vamos a tope de trabajo y no me da tiempo. De Morozov, sin embargo, sólo he leído columnas, algunas me dieron para escribir. El otro día comentaba en el blog de Antonello que últimamente me siento muy alineado con este discurso menos eufórico y más maduro.

En todo caso, la afirmación de Rendueles es fruto de la tabletización de la informática de consumo (y de Internet, por extensión): la creación de entornos que permiten migrar a sistemas digitales sin cuestionar los viejos modelos, sin aprovechar las mejoras y todo lo que lo digital podría traernos y, por tanto, haciendo que el tránsito desde la sociedad analógica a la digital sea menos conflictivo, ya que se ha convertido en aquello que Jose Miguel Vadillo, que dirigiera mi tesis doctoral, siempre definía como «una revolución estéril».

Que éste sea el estado de las cosas es beneficioso sobre todo para los que ya tenían la sartén por el mango y han frenado el efecto transformador de la Red porque ese status quo era lo que les salió, por pura inercia. Ojo, millones de usuarios abrazaron estos sistemas, también por pura inercia. Está claro que muchos harían las cosas de forma diferente de conocer que hay otras formas de hacer las cosas en Internet, pero la mayoría no cambiarían aunque lo supieran. Sin que esto sea criticable.

Si soñaban o sueñan con ver un cambio radical de mundo (positivo o negativo, que de todo hay en la viña del señor), desengáñense: Internet materializará aún cambios, pero serán secuenciales y no disruptivos; al menos más secuenciales y no disruptivos de lo que se creyó en aquellos ochenta donde Haraway o Bey exploraban ese post-anarquismo de identidades fraccionadas.

Estos cambios tendrán lugar, sobre todo, para aquellos que decidan abrazarlo, tomando las riendas de su vida, de su aprendizaje, de sus relaciones. El resto seguirá más o menos como siempre (más jodidos, si acaso), sin que eso sea ni radicalmente bueno ni radicalmente malo, excepto en términos de coste de oportunidad: esa oportunidad perdida cuyos efectos supuestos echaremos de menos aunque nunca los hayamos disfrutado (porque, recordemos, fue una oportunidad perdida), en un ejemplo de manual de lo que Jon Juaristi define como melancolía: la nostalgia del paraíso digital perdido que nunca llegamos a materializar.

Y sin embargo, hay motivos para el optimismo: esta madurez posibilita un momento de reconciliación entre aspiración y realismo, ser conscientes del entorno que tenemos es el punto de partida para construir de verdad las cosas que queremos construir.

Coworking, crisis y la mutación del mercado inmobiliario

Proliferan por todos los rincones de nuestras ciudades un nuevo tipo de locales: son los espacios de co-working, término en inglés para definir lo que no es otra cosa que una oficina compartida, generalmente en alquiler muy fragmentado que podemos arrendar por espacios de tiempo tan cortos como una sesión de trabajo. El mensaje oficial es que somos la hostia, que la crisis está sacando lo mejor del entorno, animando a las personas a emprender y efectivamente formando hornadas de emprendedores que comienzan su plan de dominación mundial en estas oficinas compartidas.

La realidad, estimo, es diferente y se observa una correlación: cuanto más se profundiza el parón económico más espacios de co-working hay. Recordemos que en estas latitudes el agujero económico se debe principalmente a un fogoso mercado inmobiliario en el que todos (incluidos esos firmantes que ahora dicen no tener responsabilidad) se sintieron capaces de coger la ola y hacer piruetas, por alta que ésta viniera.

Con el paro por las nubes y una economía sumergida que amenaza desprenderse de su despectivo apellido a causa de toda redundancia, ¿tiene sentido hacer esa correlación entre espacios de coworking-y la promoción y el apoyo de todo tipo de espíritu emprendedor? Posiblemente no.

Aquí una hipótesis: cuanto más se profundiza en la crisis y menos empresas y autónomos están dispuestos (o tienen los medios) para pagar el alquiler de una oficina completa, más propietarios de inmobiliario deciden que una solución es alquilar «porciones de oficina». Así, quienes no podían pagar una oficina (que dé espacio, pongamos, para 4 trabajadores) podrían convertirse en nuestro cliente, pues ya no ha de pagar más que un asiento donde antes necesitaba alquilar un espacio para cuatro personas y, en buena lógica, pagarás menos dinero, aunque en ningún caso vas a pagar ese 25% proporcional (ya sabemos que cuando compramos al por mayor, sacamos mejores precios).

No niego que el movimiento pueda tener sentido desde el punto de vista de la escasez de medios económicos para costearse un verdadero espacio de trabajo, pero contemplemos la panorámica tal y como se nos muestra: los espacios de coworking son una mutación del mercado inmobiliario, que se las ingenia para alquilar sus inmuebles vacíos buscando una rentabilidad mayor de la que conseguirían alquilando el inmueble completo a un único cliente, aún suponiendo que hubiera (y no la hay…) demanda de inmuebles completos, aunque sean pequeños despachos para 3-4 personas.

La próxima vez que alguien te diga que «los espacios de co-working son cool porque conoces gente como tú» dale esta explicación, o pásale este enlace, o dile que lo que necesitas son clientes, no personas que tampoco saben cómo van a llegar a fin de mes, pero que alimentar con publicidad positiva al mismo mercado inmobiliario de siempre (vestido de cordero, una vez más) no parece saludable.

Apple patenta el rectángulo con esquinas redondeadas

No, no es broma: Apple ha conseguido que le concedan una patente para dispositivos portátiles de forma rectangular con las esquinas redondeadas (Ars via JL Chulilla). De los detentores de la patente de cosas con forma de filo de hacha, ahora nos llega la patente estúpida del día para «el diseño ornamental de un dispositivo portátil, tal y como se muestra y describe». Lo que se muestra y describe en el texto de la patente es una especie de trazo en línea fina de lo que podría ser un iPad… o cualquier otra cosa. Porque para qué engañarnos, hasta la bandejas de la cantina y las tablas de cocina son dispositivos portátiles rectanculares con las esquinas redondeadas. Me da que han concedido una patente tan amplia que su aplicabilidad es nula, e pur si muove…

Ahora Apple, 368 para VirnetX

Esto es un no parar: hace un rato se supo que Apple ha sido condenada a pagar 368 millones de dólares a VirnetX, por infringir unas patentes para VPN. Microsoft ya pagó 200 millones a la misma empresa, en 2010. VirnetX tiene demandas puesta contra todo bicho viviente, incluyendo Cisco y Siemens y la misma Apple, en otro Estado de los Estados Unidos. VirnetX anunció 36.000 dólares de beneficio en royalties durante el primer semestre; ahora le cae 100 veces esa cifra en virtud de una decisión judicial. Y suma y sigue. No puedo alegrarme porque cuando todos estos hayan pasado por caja, alguien se encargará de demandar a cualquier pobre desarrollador que liberó un software para VPN bajo GPL. Nadie está a salvo.

Las patentes de software no admiten pragmatismo

Defendemos quienes apostamos por producir modelos productivos alternativos y libres, capaces de otorgar a cada persona la capacidad de emprender, innovar y generar riqueza sin miedo a litigios inesperados la completa eliminación de las patentes de software.

La Free Software Foundation ha sido todo este tiempo un bastión para quienes defendemos este mundo más libre en el que una persona que desee trabajar en una idea pueda hacerlo sin miedo a ver cómo una demanda envía su trabajo a la basura.

Sin embargo, dice Richard Stallman (presidente de la anteriormente mencionada FSF) en Wired que «Let’s Limit the Effect of Software Patents, Since We Can’t Eliminate Them». Es un giro radical en la postura tradicional de la FSF y muchos otros defensores de un software sin patentes y es que del rechazo a la totalidad se pasa a proponer una alternativa al actual modelo de patentes.

Richard Stallman
[Foto: Richard Stallman.]

La nueva alternativa de Stallman

Su solución es técnicamente elegante, pero peca de cándida. La industria del software no ha movido un milímetro su posición en este tema y la solución que plantea ahora Stallman está pensada para funcionar incluso con la actual inmovilidad, demostrando una cintura que sus detractores le niegan, obviando que una de las grandes lecciones que nos lega su figura es precisamente la de la búsqueda incesante de la compatibilidad.

La candidez viene de pensar que la industria se va a quedar quieta mientras le extiendes a sus pies una modificación legal que les permite seguir patentando ideas… cuya aplicación no podrán frenar con las patentes que seguirían pagando. Stallman aboga ahora por considerar el software como elemento estratégico de nuestra sociedad, al nivel de la medicina quirúrgica, defendiendo a quien use la herramienta o desarrolle otras parecidas. Esto es un acierto de su propuesta: el software es un elemento estratégico de una sociedad que tiene su cotidianeidad y su gestión completamente digitalizadas.

Parece buena idea, pero…

Parece buena idea, pero su visión, pragmática por una vez y muy sorprendente viniendo de uno de los mayores filósofos (sí, he dicho filósofo) del último medio siglo, se relaciona con algo que comentamos cuando analizamos la iniciativa Innovator’s Patent Agreement de Twitter.

Esta percepción de las patentes como inevitables, amparada por la dificultad de eliminarlas, algo que requiere enfrentarse a monopolios concedidos y empresas que han construido su viabilidad sobre esos modelos avalados por los Estados, nos recuerda que lo peor está por venir. La mera acumulación de patentes concedidas, cuyo carácter es asombrosamente amplio y vago, tan sólo empeorará si abandonamos la posición de enmienda a la totalidad y comenzamos a percibirlas como una suerte de obra cultural, a la que podemos aplicar algo parecido a una licencia Creative Patents, como propone la IPA promovida por Twitter.

No son aceptables

No es aceptable pensar que se puede hacer un buen uso de estas patentes. Ya lo hemos comprobado con las otrora patentes «defensivas» de Yahoo! o Google. La más leve amenaza despierta al troll interior que llevamos dentro, en términos de Jarold Lanier, como ha sucedido a esas empresas que en su día se cargaron de defensivas intenciones, o a la decadente Vringo. No hay patente de software buena, ni buena intención que la merezca. Y renunciar a este rechazo total para promover pequeños parches tan sólo asegura un crescendo de amenazas, litigios y restricciones que nos dejará sordos y estancados como sociedad, justo cuando lo que se necesitan son alternativas capaces de promover innovaciones disruptivas.

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