Conocimiento vs información desechable

La vida es muy corta para perder el tiempo prestando atención a información poco valiosa que dejará de ser válida y tener valor en cuestión de días, o semanas.

Sobre el artículo completo no opino, detesto la fijación en validar cualquier afirmación en base a la vida de gente famosa, pero es cierto que en información y conocimiento no son lo mismo, y que este párrafo extraído de Farnam Street me ha gustado:

Expiring information is sexy but it’s not knowledge. Here are a few telltale signs you’re dealing with expiring information. First, it’s marketed to you. Second, lacking details and nuance, it’s easily digestible. This is why it’s commonly telling you what happened, not why it happened or under what conditions it might happen again. Third, it won’t be relevant in a month or a year. Expiring information is one reason I stopped reading most news.

Yo mismo escribí hace una década que dejar de leer las noticias era algo urgente. La situación no ha cambiado absolutamente nada en estos años: hoy en día vemos cómo en la agenda sigue siendo fijada como lo fue durante todo el siglo XX.

Al respecto de los medios de masas publicidad, Pere Quintana compartía hace unos días otra frase muy pertinente al hilo de este post:

En un siglo donde los medios de publicidad divulgan infinitas tonterías, el hombre culto no se define por lo que sabe sino por lo que ignora.

Nicolás Gómez Dávila

Cada vez que descubro que en una conversación a mi alrededor sobre un programa de televisión cualquiera no me entero de nada, sonrío por dentro aunque intento que no se me note por fuera, ya que tampoco tengo interés en faltar el respeto a nadie; que cada uno vea lo que quiera.

De Lessig a Lanier, cómo la tecnología influye en nosotros

Leo un post de Fernando Tricas muy interesante donde describe algunos aspectos sobre el modo en que la tecnología que usamos para comunicarnos e informarnos influye sobre lo que percibimos. La forma en que la tecnología nos muestra la información condiciona significativamente el modo en que la percibimos.

Recomiendo su lectura, aunque tan solo sea porque me ha sido inevitable pensar que todo lo ahí expresado ya lo dijeron Lessig en Code is Law y Lanier en You’re not a gadget, libro que ya comentamos por aquí.

Además, también se mencionan esos trucos sucios propios de las máquinas tragaperras de los que ya hablamos hace un tiempo al hilo de la necesaria reducción del tiempo que usamos aplicaciones y servicios diseñados para exprimir nuestro tiempo y atención, incluso a costa de no servirnos bien.

Volviendo a This is water de David Foster Wallace

This is water es el nombre por el que se conoce al discurso de graduación pronunciado en el Kenyon College por David Foster Wallace allá por 2005, que descubrí hace unos meses vía Luis Garicano y del que ya os hablé en su día.

Con el paso de los meses me he dado cuenta de que he vuelto sobre este discurso de vez en cuando, y casi cada vez me ha quedado resonando un pasaje diferente. Hay en ese discurso tantas ideas válidas en tan poco tiempo que no quería dejar de recomendarlo de nuevo. Incluso aunque ya lo oyesen en su día, puede que sean los mejores veinte minutos que dedicarán a leer u oír podcasts en el día de hoy, posiblemente en toda la semana.

La paradoja del Blockchain

El desconocimiento sobre una tecnología nos hace pensar en ella, a menudo, como la gran salvación del universo. Ejemplo con Blockchain:

La paradoja del Blockchain

Más allá de las risas, lo cierto es que el hype en torno a Blockchain es enorme, está claro que el conocimiento sobre la tecnología es aún reducido para el gran público, y dado que toda tecnología incomprensible y lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia, la realidad es que las expectativas son altas, muy altas.

De contratos digitales con Blockchain hemos hablado aquí. Hoy, sin embargo, traigo las palabras de cautela de Bruce Schneier al hilo de la enésima vulnerabilidad en un software para gestionar blockchain:

Like all the other blockchain vulnerabilities and updates, this demonstrates the ridiculousness of the notion that code can replace people, that trust can be encompassed in the protocols, or that human governance is not ncessary

Todo lo que sabes de mí es lo que decidí que supieras

Jesús Pérez comenta acerca del curioso asunto del vídeo de Alexandra Ocasio-Cortez bailando y todo el ruido que surgió a su alrededor:

¿Fue filtrado el vídeo desde el equipo de Ocasio-Cortez ? Quién sabe. A lo mejor fue efectivamente un tuitero anónimo quien puso el vídeo en circulación, pero fue el equipo de la congresista quien magnificó el asunto para construir la narrativa de “fracasa la campaña conservadora de desprestigio”.

Me ha recordado a una (ya) vieja coplilla de Tool (Hooker with a Penis) que decía lo siguiente:

All you know about me is what I’ve sold you


All you read and wear or see and hear on TV
is a product begging for your fatass dirty dollar

so shut up and buy, buy, buy my new record
Buy, buy, buy! Send more money!

No deberían sorprendernos este tipo de movimientos de subterfugio y propaganda digital enmascarada como difusión espontánea y comunicación entre pares. Ya en 2006 Douglas Coupland hacía bromas sobre ello en jPod.

Sin ir muy lejos, en España ya hemos visto cómo dos de los nuevos partidos que con más velocidad han ganado tracción (Podemos, Vox) lo han hecho con una gestión excelente de su comunicación, especialmente en esa modalidad (la llamada social) que consiste en hacer Inception al votante para que comparta memes creyendo no tan solo que son espontáneos sino que se los apropie, los sienta como propios y, por supuesto, los recircule a todos sus contactos.

Sobre alfabetos antiguos

¿Por qué en alemán la letra V se pronuncia como F? Seguro que la explicación es más compleja, pero echando un ojo a este interesante poster sobre la historia del alfabeto (via Flowing Data) se puede ver que en griego antiguo el carácter que simboliza ambas letras es el mismo, una cosa muy parecida a la “y” actual.

A modo de curiosidad, eso explicaría que en alemán padre se escriba Vater mientras en inglés se escribe Father, aunque la pronunciación en ambos esa V y esa F suenen igual.

De Marie Kondo a las dietas: comercialización del sentido común

No he visto los programas, porque no estoy suscrito a Netflix, pero Marie Kondo es ahora uno de los memes (en el sentido original del término) del momento.

Así que he ido con interés a leer un artículo en The American Conservative donde comentan lo siguiente acerca del asunto:

If you haven’t made the connection already, there is another industry that operates on an eerily similar premise: dieting. I like to say that there would be no diets without Big Macs—diets are the reactionary extreme of a food culture that has widely adopted unhealthiness. What is lost is an everyday, unselfconscious habit of balanced and healthy eating.

Virtually every diet, no matter how wonkish, trendy, gimmicky, or celebrity-driven, comes down to the nutritional basics of consuming fewer and higher quality calories and foods. Our inability to naturally do that—driven, among other factors, by long working hours, less home cooking, more restaurant outings, and an overabundance of subsidized junk food—has given rise to a bloated industry dedicated to dressing up commonsense nutrition in every kind of trick and gimmick and gamification. Nonetheless, the essential similarity of all diets is underscored by the fact that not a single one of them recommends eating more, or more unhealthy, food. The diet industry and the organizing industry represent the privatization and commercialization of what would in a healthier society be common shared wisdom.

Las negritas las he puesto yo.

La sensación que me deja el artículo es que el mayor mérito de esta persona sea básicamente comercial: vender algo que nadie antes había vendido.

Decíamos en La vida privada como producto, allá por 2008:

toda nueva revolución comercial se ha cimentado convirtiendo en productos industriales producidos y comercializados en serie y de forma masiva objetos que hasta ese momento eran fabricados de forma artesanal

Varios años más tarde, en 2014, escribíamos acerca de la economía colaborativa que no tenía tanto mérito, salvo la audacia de vender lo que nadie había vendido antes. (Que no es poca cosa, por cierto.):

lo que conocemos como economía colaborativa no es más que una nueva hornada de negocios que, como todos los negocios cuando fueron novedosos, construyen su éxito sobre la audacia de vender lo que ningún otro ha vendido antes

Además de su mérito comercial, sospecho que el artículo enlazado arriba, cuya lectura recomiendo, tiene razón y que el éxito de la tal Marie Kondo tiene más que ver con los defectos que acumulamos (pun intended) que con sus propias virtudes.