Presentación «Drupal: qué, por qué, cómo y cuándo usarlo»

Como comentábamos hace un par de días, ayer estuvimos en T3chFest hablando de Drupal. El evento (que aún se extenderá a la jornada de hoy, aunque desde Cartograf no podamos quedarnos a participar) estuvo muy bien y el track de software libre estuvo de lo más interesante con las charlas sobre cómo trabajar en una empresa distribuida, la de cómo contribuir al software libre, la participación de Mozilla hablando de Firefox OS, o la del jefe de sistemas de Github. Como decía, una jornada bastante completa.

Aunque no es lo mismo que asistir a la conferencia (y por supuesto no está presente el interesante debate de preguntas y respuestas que siguió a la misma), no quería dejar de compartir por aquí las diapositivas que usé en la misma, por si resultan útiles a alguien; aunque desde luego estoy seguro de que se puede hacer mucho mejor. No se asusten si ven alguna provocación… de alguna forma había que animar la conversación posterior a la exposición.

Están preparadas con Impress.js así que se pueden ver directamente en el navegador: ver Diapositivas de Drupal: qué, por qué, cómo y, sobre todo, cuándo utilizarlo. T3chFest, Madrid, 6 de febrero de 2014.

En el T3chFest, hablando de Drupal

Mañana jueves estaré en el T3chFest organizado por la Universidad Carlos III de Madrid hablando de Drupal, qué es, por qué, cómo y, sobre todo, cuándo utilizarlo, dentro del track de conferencias de software libre.

Será una charla introductoria, en tono muy didáctico, sobre las fortalezas de esta herramienta, que servirá también para situarla en el contexto de otras aplicaciones similares, de forma que se facilite esa (a veces complicada, a veces precipitada) toma de decisión inicial que atañe a qué software usar como base para construir un proyecto determinado.

La charla será a las 19:00 horas y si vais a estar por allí, os recomiendo que asistáis si queréis conocer un poco más acerca de Drupal.

Una vez más, la (porquería) de web de Renfe

Es un clásico de la Internet española: la web de Renfe. Ha estado ahí desde el principio para regalarnos chascarrillos y chistes y burlas y de todo.

Pero ya no me salen más chistes, porque es que lo de la web de Renfe no tiene ni chispa de gracia. Porque tantos años con una web de mierda. Una web que por más que actualicen sigue sin funcionar, y eso que seguro que se gastan una millonada cada vez. De hecho, seguro que para renovar esta web han pagado sin rechistar los cheques que luego no pagan en medidas de seguridad. Como si lo viera.

El flujo de los acontecimientos ha sido:

  • He intentado comprar un billete. Como quiero factura, y el sistema te recomienda loguear antes de rellenar los datos, pues lo he intentado; sin éxito.
  • El sistema no recuerda mi usuario. Voy a intentar recuperar mi contraseña, pero el enlace da error. Ah, es que hay que poner el nombre de usuario en el formulario de login y luego darle a recuperar contraseña (todo muy normal, vamos).
  • El sistema no envía la verificación al correo asociado a ese usuario, sino que me pregunta el nombre de mi mascota. Vaya, es que la web no deja completar el registro sin escoger una pregunta sin sentido. No sé qué respondí en su día, porque la verdad es que jamás tuve ni tengo mascota.
  • Voy a intentar crear otro usuario, y santas pascuas. El sistema no me deja poner mi contraseña porque «sólo se aceptan letras A-Z, números 0-9, punto ., guión – y guión bajo _»). Gracias Renfe por obligarme a usar una contraseña insegura; viendo lo fácil que será recuperar mi cuenta el día que alguien obtenga acceso no autorizado me quedo mucho más tranquilo.
  • En realidad, no he llegado ni a poner una contraseña insegura (aunque lo he intentado, porque el sistema no me deja registrarme porque dice que ya hay otro usuario con mi NIF (dato que el sistema pide para registrarse). Vamos, que el sistema sabe que yo ya tengo un usuario y no me deja hacer otro.
  • Ni me dejan acceder a mi cuenta, ni me dejan cambiar la contraseña, ni me dejan registrarme.

Gracias Renfe, no veo el día en que entre al mercado español alguna empresa francesa o alemana para darles a ellos todo mi dinero y no viajar nunca más con vosotros.

Presencia digital propia, externalizada y no gestionada: la buena, la fea y la mala

Uno de los conceptos clave durante la elaboración de un proyecto digital es el de presencia digital. En concreto, lo que necesitamos identificar en esos primeros latidos de un proyecto digital es qué tipo de presencia queremos cubrir con el proyecto y qué tipo de presencia realmente estaríamos cubriendo con el enfoque que se plantea para el mismo. Esto es, el objetivo es dejar claro cuáles son las necesidades que encontramos y qué cambios hay que realizar al proyecto en esta fase de planificación para que cuando esté culminado estemos efectivamente paliando el problema detectado.

Es en este punto en el que en Cartograf siempre echamos mano de los conceptos de presencia digital propia, externalizada y no gestionada. ¿Qué son y cuáles son las diferencias?

Presencia digital no gestionada

Ésta es la mala, no por lo que se dice de nosotros sino porque nosotros no podemos influir en ello. Puede ser una noticia de prensa, o una opinión en un blog, o un comentario más o menos llamativo (o más o menos agresivo, o veraz, …) hecho en una web como Twitter o YouTube. Cualquier cosa que alguien interesado en nosotros pueda encontrar cuando se informe sobre lo que ofrecemos, ya sea buscando en Google o por cualquier otra vía.

Por supuesto, esta presencia no es intrínsecamente negativa: la nota de prensa puede alabar el impacto de nuestra gestión sobre la empresa y el empleo generado, el blog puede hacer una review positiva de nuestro producto, y lo mismo sucede con ese tuit o ese vídeo.

Lo que define y une a todas estas piezas de información es que existen sin que nosotros publiquemos nada, ni podamos hacer nada para evitarlo. Antes de Internet se podía aspirar a controlar lo que se decía de nosotros (la leyenda cuenta la mano de hierro con que algunas empresas muy conocidas apretaban a los medios), y ahora ya no. Lo sabemos desde los 90 y es la base principal de eso que ahora se llama social commerce, un término con el que no estoy de acuerdo pero que viene a decir que las personas, antes de comprar, van a investigar a fondo lo que vendemos, por todas las vías posibles, informándose desde muchas fuentes diferentes, la mayoría de las cuales (por sencilla estadística) no controlamos.

Debido a esto último, uno de los objetivos principales de nuestra presencia digital (a continuación hablamos de dos formas de enfocarla) será servir de contraste y complemento a lo que para bien y para mal pueda estar comentandose en Internet sobre nosotros.

Presencia digital gestionada y externalizada

Esta no es tan mala, es sencillamente, la fea. Está formada por toda la presencia web que depende de nuestra actividad directa, pero que no controlamos completamente por estar construida sobre servicios e infraestructura de terceros. Típicamente aquí encontramos nuestras perfiles en servicios «sociales» tipo Facebook, Twitter, Linkedin, o Pinterest. Pero también hay ocasiones en que aquí se incluyen espacios sobre los que tenemos un poco más de control, como nuestro blog si lo tenemos en algún servicio gratuito tipo Blogger, WordPress.com o Tumblr.

En estos perfiles, al ser espacios que controlamos nosotros, el mensaje es el nuestro y ahí no debería haber sustos. Hay dos aspectos, no obstante, que conviene no olvidar:

  • El contexto que rodea el mensaje escapa a nuestro control. A veces el servicio sólo es visible de forma sutil (como en el caso de Blogger) y otras veces canibaliza nuestro mensaje con su marca, lo envuelve y resulta muy difícil diferenciarnos y marcar diferencias, como en el caso de Facebook, donde nuestro mensaje tiene un formato muy predefinido y un tamaño muy concreto, estando además rodeado por todas partes de los colores y la identidad corporativa de nuestro anfitrión (del que pone la web y el servidor, para entendernos).
  • En esta presencia el propietario de la web, y el propietario último del perfil, es el dueño del servicio. Si decide que hemos inclumplido alguna norma, nos lo cerrarán. Si decide que a su modelo de negocio le va mejor que paguemos por lo que antes era gratis, lo harán de pago, como ya podemos observar en Facebook de forma muy acentuada desde verano de 2013. Nuestra comunicación está mediada por el diseño de un software (el que gestiona estas webs de terceros) que no controlamos y en cuya evolución no podemos influir. Si Internet promete desintermediación, al externalizar nuestra presencia web en estos servicios desperdiciamos esa oportunidad y cedemos ante un nuevo intermediario (ya sea éste Twitter, o Facebook, o Pinterest, etc.).

Ambos aspectos influyen negativamente en nuestro mensaje y nuestra comunicación, y por tanto en nuestros objetivos de negocio online (sean cuales sean los objetivos que hayamos fijado). Esto no significa que no haya que usar estos servicios, pero sí significa que hay que usarlos siendo tremendamente conscientes en todo momento de dónde está el norte, para no dejar de caminar en esa dirección: el objetivo de esta presencia web externalizada (siempre que la integremos en nuestra estrategia) debe ser generar una audiencia y canalizarla hacia donde podamos más adelante tratar con ellos directamente, sin intermediarios.

Conviene recordar lo mencionado acerca de construir identidad y marca en espacios que no controlamos en Identidad, marca, y dominios.

Presencia digital propia

Ésta es la más fácil de entender: se trata de nuestra presencia en nuestras propiedades web, típicamente será nuestra tienda online, o nuestra web corporativa, el conjunto de blogs de nuestra empresa y cualquier otro recurso web que estemos publicando.

Las ventajas respecto de la presencia externalizada son claras: desde la posibilidad de personalizar y adaptar completamente el contexto en el que nos comunicamos con nuestro público hasta la desintermediación y la libertad de expresar nuestro mensaje como mejor convenga a nuestra marca, y no dentro de los límites que mejor vienen al propietario de una web externa (por ej. Facebook). No resulta sorprendente que pese a que suponga un esfuerzo algo mayor que mantener perfiles en web externas, cada vez más empresas vean en la creación y mantenimiento de presencia web propia una necesidad, como leíamos en el blog de Zenith hace unos días.

Conclusiones

El diagnóstico va a depender del proyecto, y el rol y la importancia de cada uno de estos aspectos de nuestra presencia digital también. Pero es algo que no podemos dejar de analizar cada vez que se aborda un nuevo proyecto ya sea propio o para un cliente. En ocasiones, lo que se quiere paliar y las acciones que se llevan a cabo para paliarlo no van de la mano precisamente porque se ha obviado analizar adecuadamente esta cuestión.

De alguna forma, la frontera entre presencia externalizada y propia es menos evidente (o más borrosa), por cuanto en ambos casos la estamos gestionando nosotros. De ahí que sea especialmente importante prestar atención a lo que hacemos en uno y otro caso, para no dar por sentado que ciertos frutos del trabajo que sólo obtendremos trabajando con presencia digital propia vendrán «por su propio peso» actuando de otra forma. Sólo así conseguiremos obtener el mejor resultado posible.

Wallabag, nuevo nombre para el proyecto Poche

Poche

Tras las vicisitudes a las que se ha visto sometido el proyecto Poche tras la amenaza de demanda por parte de Pocket, el mismo cambiará de nombre para evitar problemas a su desarrollador (algo que aunque duela por ver la fiereza con la que sobreactuó Pocket, seguramente sea lo más inteligente). El nuevo nombre es Wallabag y dado que he hablado de este proyecto más de una vez, pues no quería dejar de avisar del cambio.

Es más importante saber instalar una aplicación web que aprender a programar

Luke Skywalker con Yoda

Hace años que tenemos claro que en el futuro (no se pierdan las cursivas, porque ya hace años que llegamos ahí) las personas se separarían en dos grandes grupos: las que saben cómo modificar el comportamiento de la máquina para que se adapte a sus necesidades y las que no. De forma algo más poética, es lo que Rushkoff recogió en su celebrado Program or Be Programmed, que en su día revisamos.

Recientemente hay un hype en torno a aprender a programar. La versión oficial es algo así como «aprende a programar y cómete el mundo». La implícita parece ser que si no sabes programar eres un pringao.

No es que esté mal aprender a programar, en general es preferible tener unas nociones básicas de programación (como las que se pueden obtener en Codecademy) a no tenerlas, pero creo que la clave no es tanto saber programar como ser autónomo con una computadora: ser capaz de tomar una pieza de software e instalarla, configurarla y adaptarla a tu necesidad y la de tu proyecto, sea éste un proyecto comunitario o empresarial.

Programar no es un fin en sí mismo (aunque, repito, la lógica mental que se desarrolla al hacerlo siempre te va a servir). Es un medio para un fin, y el fin es ser autónomo.

En este sentido, es mucho más importante aprender a configurar un aplicación web (un blog, un lector de feeds, una wiki, cualquier cosa te sea útil a ti o a tu entorno) que te permita acceder de forma autónoma a herramientas y funciones que de otra forma no puedes aprovechar que saber programar esa misma herramienta.

Te abre más oportunidades saber cómo instalar un WordPress, un OwnCloud o un Etherpad que saber programar en Ruby on Rails, PHP o NodeJS, aunque el paso natural tras aprender a instalar un WordPress sea aprender (al menos, un poquito) de PHP (y un poco lo mismo con las demás herramientas). Al fin y al cabo, antes o después querrás personalizar algo y te tocará aprender a tocar al bicho.

Por eso me sorprende que todos los que repiten la cantinela de «aprender a programar te hará libre» no hagan hincapié en la verdadera piedra angular de la autonomía: ser capaz de poner en marcha sin sufrir en el intento tu propio servidor básico y configurar cualquier herramienta que te haga falta.

RSS vs JSON (según Google)

RSS vs JSON (según Google)

Aquí una captura de pantalla de lo que nos muestra Google Trends cuando comparamos los términos de búsqueda RSS y JSON:

RSS vs JSON (según Google)

A tener en cuenta:

  • El término RSS tuvo su pico en algún momento entre finales de 2005 y comienzos 2006.
  • JSON justo comenzaba a ser visible en aquel momento, y aunque ha crecido mucho más lentamente, a mediados de 2013 más gente buscaba información sobre JSON que sobre RSS.
  • RSS fue mucho más conocido por el público masivo (no tan masivo, claro): durante un breve periodo de tiempo salió del nicho de los usuario realmente técnico para alcanzar al usuario techie.
  • JSON jamás ha cruzado esa frontera; ni la va a cruzar (por su propia naturaleza).
  • El RSS como marca con la que popularizar la distribución de noticias entre usuarios no técnicos está muerta y enterrada. (Vale, esto ya lo sabíamos, pero por si necesitábamos más pruebas).
  • Pero como tecnología, el RSS y su concepto (el de feed de actualizaciones) impregna todas las aplicaciones actuales: desde Facebook a Twitter, a cualquier nueva app que promete ayudarte a descubrir contenido; por más que utilicen especificaciones propietarias parecidas al RSS, o que interpreten datos devueltos por un web service en formato JSON
  • El problema, claro, es que la herramienta no es buena ni mala, lo bueno o lo malo es lo que hagas con ella. El trabajo de apertura y distribución de información que se realizó con RSS la década pasada está bastante lejos de los jardines vallados que, reutilizando el concepto, pretenden construir todas y cada una de las nuevas «apps/startups» de moda.

Seguro que se puede pensar más sobre esto. Pero voy a la carrera y no tengo demasiado tiempo ahora, sólo dejo esto aquí porque no quería olvidarlo ni dejarlo en borrador eternamente.

Este blog usa cookies para su funcionamiento.    Más información
Privacidad