Google, la reintermediación, y tu correo electrónico

Google Inbox

Hay una buenísima columna en Computer World que estos días me ha llegado compartida por innumerables vías pero no tuve tiempo de comentar. Se titula Why Google wants to replace GMail? y es una lectura que les recomiendo al hilo de Inbox, la nueva aplicación de correo electrónico de Google. Destaco aquí un fragmento traducido al vuelo así que sean compasivos:

La fundamental es que representa una intermediación más radical en la comunicación que mantienes con otras personas y con las empresas que te proveen bienes, servicios y contenido.

El lado positivo de esto es que incorpora más potencia e inteligencia a la bandeja de entrada de tu correo.

El negativo es que sustituye algo controlado por el usuario, predecible, claro, y lineal, llevándose el control fuera del usuario, convirtiendo el correo electrónico en impredecible, difuso, y no lineal.

Que los usuarios juzguen ésta o cualquier alternativa reintermediadora futura al correo electrónico y las etiqueten como buenas o malas es irrelevante.

El hecho es que Google, y las empresas como Google, odian las cosas desintermediadas.

El motivo es que Google está en el negocio de los algoritmos, usar las señales del usuario para adaptar y personalizar la experiencia online y los anuncios que se muestran como resultado de esas señales.

Google existe para intermediar lo desintermediado. Eso es lo que hace. Eso es lo que hace su buscador: intermedia nuestra relación con Internet. Ése es el motivo por el que Google mató Google Reader, por ejemplo. Suscribirse a un feed RSS y tener un lector de RSS que envíe el 100% de lo que el usuario pidió de forma ordenada, lineal, predecible y fiable es un negocio en el que Google no tiene interés.

La tesis obtenida es que hay un proceso de reintermediación como vía para la automatización del descubrimiento sin contar con el usuario, con el único fin (siendo Google) de mostrar más anuncios.

Buen momento para releer aquellas cuatro ideas para contextualizar el mito del «descubrimiento», en el que llegábamos a conclusiones similares hace algo más de un año.

Twitpic no cierra (sólo) por una demanda de propiedad intelectual

Twitpic

Las imágenes subidas a Twitpic desde hace años, la mayoría subidas cuando Twitter aún no permitía subir imágenes dentro de un tuit, finalmente no se perderán porque Twitter va a copiar todas las imágenes de Twitpic a su propio servicio, tras comprar ese archivo, evitando que miles de tuits queden rotos al no cargar las imágenes enlazadas en ellos.

Pero eso no es de lo que yo quería hablar. Yo quería hablar de lo que nadie parece comentar sobre este asunto: el verdadero motivo del cierre de Twitpic.

En septiembre, el fundador de Twitpic anunciaba el cierre del servicio, y culpaba de ello a la insistencia de Twitter de pleitear el nombre por considerar que Twitpic se aprovecha de una marca registrada por ellos.

Por más feo que sea ese asunto, si Twitpic fuera una máquina de ganar dinero para sus dueños y trabajadores, no habría más que cambiar el nombre y seguir funcionando. Pero no, esa vía se descarta y se culpa a Twitter de enviar a una empresa a la cuneta usando la propiedad intelectual y el registro de marcas comerciales.

Y Twitter ciertamente ha usado esa técnica para meter presión, pero el verdadero motivo del cierre de Twitpic es que el servicio no es rentable. Si estuvieran ganando dinero cambiarían de marca y punto, pero a estas alturas ya saben que han perdido la carrera frente a la funcionalidad nativa y no deben estar por la labor de volver a repetir la historia añadiendo otra funcionalidad a Twitter, conocederos como son ahora de la debilidad estratégica de construir un negocio completamente dependiente de otro servicio externo que no controlas, algo que hemos comentado otras veces en este blog (desde hace años).

Al final estás vendido ante cualquier presión que te impongan desde ese servicio del que dependes. Y eso es lo que ha pasado a Twitpic, lo de la demanda de propiedad intelectual es en este caso tan sólo el resfriado que se lleva por delante a quien ya no posee sistema inmunitario.

Décimo aniversario de Ubuntu

Ubuntu

Este mes de octubre se cumplen 10 años desde la aparición de la primera versión de Ubuntu. Desde el absoluto desconocimiento inicial, Ubuntu se convirtió en la distribución preferida de muchos por ser la primera que se decidió a prestar atención a algo que los usuarios necesitan y piden: que todo funcione, y que todo funcione con facilidad.

En estos 10 años hemos hablado mucho de Ubuntu en este blog (que en unos meses cumplirá también su primera década de vida), la mayoría de las veces a favor, pero en ocasiones cuestionando sus decisiones y novedades.

Haciendo balance, las luces de Ubuntu merecen más protagonismo que las sombras. Linux es hoy una opción más realista para quienes quieran usarlo de lo que era hace diez años. Esa población que «quiere usarlo» es posiblemente más pequeña de lo que querríamos que fuera, pero quienes se deciden a probarlo encuentran instaladores amigables e interfaces algo más cuidadas que no son una mero calco del escritorio de Windows/OSX. Esto se encuentra en muchas distros pero probablemente la veda por esa mejora la abrió Ubuntu, y hay que reconocerles eso.

En estos diez años, el uso que hacemos de los computadores ha cambiado mucho: tenemos en el bolsillo computadoras mucho más potentes que aquellos PC en los que instalábamos la primera Ubuntu 4.10, Warty Wartog. Y el sistema más usado en estos PC de bolsillo es otro Linux como es Android, también sujeto a críticas por motivos merecidos (y algunos inmerecidos), como sucede a Ubuntu.

Podría contar algunas cosas más, pero entonces dejaría de hablar del protagonista de este post y me enredaría más. Esas otras historias las dejo para otro día. Si quieren leer un repaso más extenso a la historia de Ubuntu a lo largo de esta década, les recomiendo el artículo de Scott Gilbertson en Ars.

La RAE se convierte en parte del problema del billón de dólares

El problema del billón de dólares

Supongamos que mañana se pusiera de moda llamar mochila a otro tipo de bolsa más pequeña, en la que apenas quepan un par de cosas muy pequeñas, algo que ahora mismo tiene otro nombre que puede ser faltriquera (en ocasiones, riñonera). Si sucede eso, uno esperaría que la RAE dé por bueno ese nuevo uso y lo incluya en su diccionario como nueva acepción. Al fin y al cabo, es su única función útil, elaborar ese diccionario.

Supongamos, ahora, que mañana se pusiera de moda decir mil para lo que hasta ahora decíamos cien. La causa puede ser cualquiera, pero tomemos dos ejemplos:

  • En primera instancia, supongamos que en otro idioma, por ejemplo en francés, sea natural decir mil para representar el número cien. (Nota: esto es un ejemplo inventado y no se ajusta a la realidad, avisados quedan, :D)
  • En primera derivada de lo anterior, supongamos que los hablantes de español no dominen bien el idioma francés ni las matemáticas universales y, en consecuencia, realicen un calco lingüístico literal que derive en incorrecciones a la hora de confundir todo tipo de redacciones porque ahora el valiente hablante de español que no sabe francés y dotado del atrevimiento que procede del analfabetismo numérico crónico va por ahí diciendo mil cuando en realidad se refiere al número comúnmente representado por un uno seguido por dos ceros a su derecha. Y dice eso porque, al fin y al cabo, lo ha leído tal cual en una fuente escrita en francés, un idioma sobre el que cree tener un dominio mayor del que realmente tiene.

¿Debemos esperar que la RAE, esa selecto club plagado a partes iguales por «señores de letras» y tecnófobos, actúe de forma igual a como esperamos que actúe con el supuesto de la faltriquera ahora llamada mochila? La respuesta ya la tenemos, y sí: debemos esperar y esperamos que la RAE sea incapaz de diferenciar una palabra que representa a una cifra numérica (que por definición ha de ser exacta) de otra palabra cualquiera, donde la sujeción a interpretación y ambigüedad es más admisible (una mochila puede tener un volumen interior de 10 litros, o de 25 litros, o de 1 litro si mañana se pone de moda llamar mochila a una bolsita pequeña; donde el único problema real es que seamos incapaces de definir con exactitud cuánto son 10 litros, o 25, o 1).

Es lo que ha sucedido con la incorporación de una nueva acepción de billón que ahora equivale a mil millones, además de equivaler a un millón de millones. La RAE avala así la mala traducción desde el inglés al español, que con frecuencia no contemplan el hecho de que un billón en inglés representa la cifra que en español se denomina con la palabra millardo si somos exquisitos, aunque mucho más frecuentemente se habla directamente de «mil millones».

Al hacer esto, la RAE se convierte en parte del problema, en lugar de ser parte de la solución. Si los hispanohablantes no saben que un billón representa un uno seguido de doce ceros a su derecha, ni que para el número representado por un uno seguido de nueve ceros a su derecha existe otra palabra (millardo), la solución debe ser divulgar eso. Y si los hispanohablantes no saben inglés, la solución (que ya no compete a la RAE) es que lo aprendan.

Sea como sea, la solución no puede ser que una palabra sirva para denominar dos números diferentes. Y la solución no puede ser cambiar el significado de un palabra que representa a un número para que pase a representar otro número. Sin embargo, esperar que los miembros de la RAE hablen de forma unívoca cuando se refieran a los números es demasiado pedir.

Así que ya lo tienen, la próxima vez que un periodista iletrado traduzca one billion dollars como, ejem, un billón de dólares, pues sepan que si intentan corregir el desaguisado para aclarar que en el fondo eran mil millones, el interpelado dirá que no, que un billón es un billón es un billón…. Y para más risas probablemente esto lo hará un periodista que cubra la sección de tecnología de un periódico cualquiera. Se quedará tan ancho, y las matemáticas y la exactitud con la que nos comunicamos pagarán el pato, again.

No, Thiel, no todos los monopolios son disputables

Monopolio

Se está armando mucho revuelo con el nuevo libro de Peter Thiel y lo que se interpreta como una defensa a ultranza de los monopolios. Lo han comentado como poco Antonio Ortiz y Jesús Alfaro. En WSJ se publicó hace unas semanas una columna con la idea central que está generando debate ahora.

Más allá de que se pueda ver este tipo de discursos como la nueva élite empresarial extendiendo su propia mitología acerca del emprendimiento, debemos estar de acuerdo en que cada innovación es un monopolio, durante un tiempo al menos.

iOS/iPhone de Apple fue un monopolio, y ahora es un monopolio disputado por Android de Google. Y podríamos debatir si toda la elección que tenemos es entre un único y gran monopolio o pequeños monopolios en los que una vez entras ya estás igual de atado (porque el coste de disidencia, de cambiar de sistema operativo, de proveedor de backups, de hardware, de sincronización entre dispositivos, de tienda de aplicaciones controlada por este proveedor, … es un coste enorme). Pero no es el objeto de este post y, en cualquier caso, representaría bien el caso de monopolio disputable que llegado un momento deja de ser tal monopolio. En los sistemas operativos móviles ahora mismo no hay monopolio, y eso es bueno para todos (Android supo beneficiarse de la innovación de iOS, y luego iOS ha calcado funcionalidades de Android, y tanto los usuarios de uno como los de otro han salido ganando de esa competencia.)

En cuánto dura ese tiempo y en cómo de fuerte es la posición del monopolista para prolongarlo artificial e indefinidamente en el tiempo estriba, a mi entender, la diferencia los monopolios indeseables que a todos nos vienen a la cabeza cuando pensamos en esa palabra y estos pequeños estallidos de innovación y beneficio global que defiende Thiel.

Responder la duda anterior nos lleva de cabeza al concepto de monopolio disputable frente al de incontestable. ¿Alaba Thiel los monopolios en que algún competidor, aunque sólo sea uno, puede estructurar una alternativa real al producto/servicio monopolístico o por el contrario está haciendo apología de esa situación en que tienes la renta garantizada por ausencia de competencia y, según él, puedes dedicarte a ser bueno y justo y majo? (Nota: ya sabemos que en ausencia de amenazas, desaparece el incentivo a la innovación, así que este segundo escenario incontestable e idílico es poco verosímil.)

Me da la sensación de que él asume que todos los monopolios son disputables según las reglas de mercado, por eso digo que creo entrever la mística de esa nueva élite empresarial que vende su discurso como reproducible cuando es probable que ya no lo sea.

Y es ahí donde yo veo su principal falla argumental, pues podemos argumentar razonablemente que es precisamente con Internet y la última globalización, cuando la escala óptima de las empresas ha crecido tanto que apenas hay espacio para un competidor global por mercado, que es más difícil que nunca armar una competencia real. Recomiendo leer el post y los comentarios acerca de lo difícil que es armar de la nada un competidor global en Internet.

Mantener a los monopolios de la era digital dentro de ese margen de «disputa» en el mercado que permmita la aparición de competidores es una labor tan dura que a quienes han vislumbrado mínimamente cómo poner barreras al líder de un sector para que no impida la emergencia de competidores le acaban de dar el Nobel de economía. Por eso creo que Thiel, por quien siento una cierta admiración, yerra en esta ocasión.

Aaron Swartz, Internet’s Own Boy

Aaron Swartz, Internet's Own Boy

El fallecimiento de Aaron Swartz pilló por sorpresa a todo el activismo por libertades en la nueva sociedad de control. Y sobre él se ha escrito ya tanto que es fácil deslizarse hacia la redundancia. Fácil que su figura se convierta en un reclamo más para atraer atención, como otros tantos argumentos. Aún así, no creo que se dejen de vender camisetas con el rostro del ché en la Gran vía madrileña porque para bien o para mal la cibercultura de los paseantes no llega para tanto.

El tema es que ayer pude ver Internet’s Own Boy, un documental sobre Aaron Swartz que recoge excelentemente muchas de las cosas que se conocen sobre él (el contexto en el que forja su carácter, su evolución como persona, y por supuesto el desenlace del affair con JStor y el MIT).

El único propósito de este post es el de recomendar el documental a quienes aún no lo hayan visto. Es una pieza informativa, seria, y que tiene la ventaja de no asumir conocimiento previo por parte del espectador, al que se le dan piezas bastantes para aún partiendo desde el desconocimiento armarse una buena idea sobre quién fue Aaron Swartz, cuáles fueron sus motivaciones, y por qué terminó como terminó.

Me gustó sobre todo una frase que aparece en el documental, en el que se avisa a la fiscalía (y a quienes se ampararon en la equidistancia para no defender a Swartz, como el MIT) de estar «en el lado equivocado de la Historia». Quiero creer que esa profecía sea cierta, pero van a disculpar que últimamente no soy el más optimista/idealista en estas cosas.

Como digo, corran a ver el documental.

Bocados de Actualidad (183º)

Tal y como ven, la sección fija menos fija de la blogosfera está de regreso, con todos ustedes, los Bocados, esa colección de enlaces y lecturas interesantes que no tuve tiempo (o ganas) de comentar durante la semana (porque esta sección solía ser semanal, aunque este año sólo haya acudido dos veces a su cita y estemos ya en octubre). En esta ocasión los Bocados vienen al ritmo de Pearl Jam, suena Binaural y yo dejo de robarle protagonismo al motivo que les ha traído hasta aquí, que no es otro que los enlaces del domingo.

  • Un artículo de hace unos meses (tantos como llevan sin aparecer los Bocados) en PopSci sobre el dilema ético de la robótica en la era de los coches que se conducen sólos: ¿debe el coche salvar tu vida o minimizar el número de víctimas mortales en un accidente, aún al precio de tu propia vida?
  • John Kay sobre anumerismo endémico, esta vez al hilo de créditos de bajo importe con tasas de interés desorbitadas.
  • Otra de economía familiar y ahorro en Educación financiera, si perdieras tu empleo, ¿cuánto tiempo podrías aguantar tu ritmo de vida?
  • ¿Es Twitter un amplificador de discursos incorrectos y ofensivos? No lo sé, pero de ser una «máquina de café» en la que descansar del Inbox a estar pendiente de las notificaciones, Twitter ha devuelto a los usuarios al punto de partida del que querían huir en primer momento. Por Kevin Marks.
  • Om Malik en su blog al hilo de los 800.000 comentarios recibidos por la consulta abirta por el gobierno federal estadounidense al hilo de la neutralidad de la red.
  • En el blog del proyecto Casa Tia Julia, ¿por qué no debes fiarte de las ayudas que prometen a los emprendedores?
  • Otra sobre neutralidad en Vice, de hace un tiempo: las operadoras cogidas in fraganti en un astroturfing para promover ideas contrarias a la neutralidad. Justo en el post de hace unos días se debatía en comentarios sobre quiénes son los verdaderos beneficiarios, por si alguien aún no se había enterado.
  • En Indiecamp, webmention, un protocolo que quiere actualizar la noción de pingback.
  • McKinsey y planes de fidelidad: tus mejores clientes te están haciendo trampas.
  • ¿Qué lector de feeds ofrece la mejor experiencia actual? Si hablamos de lectores como servicio, parece que Inoreader está muy por encima de Feedly. Otra cosa sería que busquemos software libre. El debate en los foros: Inoreader como information hub.
  • GigaOM: es hora de dejar Facebook Connect en favor del nuevo OpenID Connect.
  • ¿Sabías que el principal inculpado en la trama de Silk Road fue identificado gracias a re-Captcha de Google? Krebs on Security.
  • Ars Technica y la contaminación de acuíferos debido al gas natural emanado del fracking.
  • Politikon y por qué la hora de Berlín triunfa en Europa occidental. Más madera al debate del huso horario que más conviene a cada lugar…
  • En privacidad, Neelie Kroes dejó caer la idea de un «DNI europeo».
  • También sobre privacidad, Félix Haro sobre asociaciones profesionales en ese ámbito y por qué no forma parte de ninguna.
  • Por cerrar el tema privacidad, TechCrunch y Snowden diciendo que si te preocupa el tema dejes de usar Dropbox, Facebook, y Google. Casi ná.
  • Krugman, sobre economía y estabilidad política en Europa: «Puedes encontrar improbable la teoría de que Marine Le Pen saque a Francia fuera del euro y de la UE pero, ¿cuál es tu escenario?». Frases para reflexionar cuando oigan que «Francia no es Grecia», o «España no es república bananera».
  • GigaOM, Tim Wu hace campaña en Nueva York y hace de la neutralidad de la red su principal bandera. Ver la entrevista con Tim Wu que en su día hicimos en este blog.

Les dejo con una versión de Insignificance en directo, grabada en Köln (Colonia, en cristiano) en el año 2000. Apenas ha llovido desde entonces :)

Esto es todo por ahora. Hay más enlaces en los marcadores de Cartograf (aquí, el feed RSS) y alguna cosa también comparto en Twitter.

Como no perdemos las buenas costumbres, recuerdo que son bienvenidos enlaces e ideas tangenciales en comentarios, o aún mejor en los foros para debatir sin estrecheces de espacio sobre cualquier asunto. Buen domingo :)

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