El informe de Transparencia internacional es un clásico anual de estas fechas, y ya ha salido publicada la edición de 2014.
El informe recoge bastante bien la corrupción en diferentes partes del mundo, y eso por supuesto incluye a la existente en estas latitudes. La recoge tan bien que inevitablemente, si segmentamos a Unión Europea y Europa Occidental, España sale en la zona de cola, afectada por la corrupción a nivel de sistema. Hay zonas peores en las que estar en UE y Europa Occidental (y ni que decir en europa oriental), pero resulta obvio que estamos lejos de los estándares daneses o suizos.
Si no mirásemos más el informe, podría parecer por tanto que cualquier acción está justificada, que toda revolución (cueste lo que cueste) vale la pena. La realidad es que se puede mejorar y mucho la situación, pero también que hay mucho que perder y que, en consecuencia, no toda acción estará justificada, y no toda revolución (menos aún una revolución cueste lo que cueste) valdrá la pena.
Es fácil hacer un discurso hiperbólico sobre la idea de que se ha tocado fondo y que no hay nada que perder, que la única solución es comenzar de nuevo con un folio en blanco. Sin embargo, el informe permite contrastar con muchas otras partes del mundo. Es ahí donde vemos la panorámica completa: si regionalmente la corrupción es de las peores de europa, en un contexto global la situación es casi envidiable. No hay más que ir a América, donde excepto Uruguay y Chile que salen muy bien paradas (de hecho, por encima de muchos países europeos) encontramos muchos otros estados como Haití o Venezuela que salen peligrosamente mal parados en términos de corrupción sistémica, e incluso yendo a nivel global son de los peor valorados en este informe.
No, por desolador que resulte, no se ha tocado fondo. Y recomiendo no comprar a la ligera el discurso de quien diga que se ha tocado fondo y que las cosas no pueden empeorar. Ya saben, ante todo, sean escépticos ante afirmaciones demasiado simplificadas sobre la realidad.




