El trabajo mecánico es para las máquinas

Pocas cosas ilustran tan bien la situación actual como la cara de la secretaria en la última viñeta de la tira de Dilbert que vemos arriba, sobre el potencial del procesamiento de lenguaje natural por parte de máquinas. Es cierto que la economía es mucho más que grandes cifras, pero en las últimas décadas ha habido un gran aumento de productividad que ha generado menos empleos de los previstos. Por eso el paro sigue por las nubes (y agárrense los tobillos en aquellos sitios en los que la crisis no ha terminado ni siquiera formalmente).

No obstante, donde la máquina quita un empleo, está creando otro. Lo que sucede es que son empleos diferentes. El trabajo mecánico es para las máquinas. El puesto de trabajo-escondite en el que te refugias con 25 años para no tener que salir al mercado nunca más, ya no existe. Pero hay multitud de trabajos que no hemos enseñado aún a hacer a las máquinas. Ahí tenemos nuestra ventaja competitiva. Para muchos, el mayor rival para encontrar trabajo no son ya otras personas, sino máquinas. Si esa es tu situación, necesitas repensar qué estás haciendo. Porque a corto plazo, un robot pedirá menos vacaciones, salario y descansos que tú. A largo plazo, todo está en el aire.

Pese a lo que pueda parecer, que esos trabajos aburridos y repetitivos se destruyan no es una noticia tan desastrosa. Permitirá a las personas realizar trabajos y tareas con los que se sientan más realizados y en los que aporten más valor sacando de sí lo bueno que todos llevamos dentro (imaginación, disfrutar con nuestra tarea diaria, y creatividad.

Aunque algunos argumentos los matizaría, dije en Catarsis económica ya en febrero de 2008, algo que sigo creyendo:

«Estamos en catarsis económica. Una catarsis siempre es una victoria, porque de ellas se sale limpio y crecido, preparado para lo que venga. Lo cual no quita que los renacimientos no acarreen cierto dolor, pero quizá es un dolor que vale la pena padecer.»

Da igual que hagas análisis de redes, que seas poeta o diseñador de señales de tráfico. Toca renacer y toca huir de esos puestos simplones, fácilmente desempeñables. Porque esos los pueden cubrir con máquinas. Toca aprender, y mucho, constantemente, para ser más autónomo, para atreverse a ir donde ningún hombre haya estado antes.