El Juicio Final, Miguel Ángel

La obstinada música que se niega a desaparecer

Decía Luis Eduardo Aute hace 5 años exactos, el primero de diciembre de 2009:

En cinco años esto desaparece. No habrá ni canciones ni música

El apocalipsis ha llegado. Han pasado cinco años desde la pronunciación de esta profecía. Apaguen sus iPods, y su Spotify, y dejen de oir a ese grupo nuevo en Bandcamp. Destruyan las entradas que ya han impreso para el concierto del próximo finde. Qué deje de sonar el piano de una vez, arranquen las cuerdas de la guitarra (y dejen de encordar la misma al revés si tienen ustedes la manía de ser zurdos).

O, por supuesto, hagan todo eso y mucho más, y con más ahínco. Vayan a The Pirate Bay a por ese disco que les falta, y miren en Last.fm si su artista preferido está de gira (quizá puedan verlo en vivo), y si no es para tanto y sólo es antojo de oir una canción, búsquenla en YouTube y luego sigan haciendo lo que quiera que estuvieran haciendo.

En estos tiempos, pareciera que todo tiene arreglo menos la actitud de ciertos artistas que se empeñan en convencernos de que la cultura se muere y de que la culpa es nuestra y no de sus patrones (y de ellos mismos) que no han sido incapaces de reinventar su propuesta de valor cuando la tecnología ha mejorado a menor coste lo que ellos hacían desde la poltrona con total arbitrariedad (distribuir copias de música grabada).

Por supuesto, afirmar que la música iba a desaparecer nos pareció un atrevimiento innecesario, pero en aras de la justicia decidimos no hacer chistes en el momento, otorgarle el beneficio de la duda, y esperar. Esperar a que pasaran cinco años, a que llegara el primero de diciembre de 2014 y ahí verificar si la música en efecto ha desaparecido, o no.

The time has come.

Afortunadamente, Luis Eduardo, te equivocas. Tú, y todos los que se empeñan en convencernos de que el problema de la propiedad intelectual es un problema de «descargas». No, no es un problema de descargas ni de piratería ni nada de eso. Es un problema de libertades. Y de libertades básicas como son la de informarse, comunicarse, y ganarse la vida libremente. De hecho, jugando con el título de una vieja película, nadie hablará de descargas cuando hayamos muerto.

Afortunadamente, Luis Eduardo, se graba, se distribuye, y se ve más música en directo que nunca, pese a la actitud y la presión de quienes a toda costa quieren ponerle puertas al campo. Y no me apena en absoluto que esta realidad estropee tu discurso.

[Gracias a Gonzalo Martín, que hace ya un par de años me dio la idea para este post.]

[En la imagen, para despistados, un detalle de El juicio final de Miguel Ángel.]

Doctor en Química laser especializado en desarrollo de hardware para análisis. Consultor y Project Manager. Autor de los libros publicados La sociedad de control y La neutralidad de la Red.

7 Comments

    • Estoy por postearlo, creo que en los últimos 8 años he posteado en mi muro 1 frase o 2 (no es que haya logueado mucho más xD). No pasaría nada por dejar un link… jajajaja.

      Edit: Obviamente me confundí y pensé que tu comentario iba en el otro post… jajajaja. Cosas de responder desde el panel de admin xD

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