¿Por qué recurrir a consultorías y auditorías externas?

Consultoría de negocio y comercio electrónico

Una de las barreras que las pequeñas consultorías como Cartograf deben superar es la reticencia de los clientes ante una empresa pequeña que dice que va a hacer consultoría, una palabra que se asocia fácilmente a grandes multinacionales como McKinsey o Accenture. Cualquier servicio es descrito como consultoría hoy día y no ayuda tampoco que ese término sea usado en muchas ocasiones para dar apoyo eminentemente psicológico, tipo coach. Hay algo de inflación lingüística, de destrucción de significados, que desemboca en incertidumbre, y en última instancia en las reticencias mencionadas arriba.

Pese a todo ello, desde Cartograf constatamos que hay demanda de los servicios que ofertamos, y eso en un contexto de contención económica como el actual (o como veremos más abajo, quizá debido a él). ¿Por qué? ¿Qué es lo que se esconde tras esa búsqueda de consultorías y auditorías externas que nos ayuden a enfocar mejor nuestro negocio en la red, aplicando esta lógica a cómo trabajamos internamente? ¿Acaso no hay nadie que sepa resolver estos dilemas internamente? Intentaremos responder a estas preguntas a lo largo del artículo.

Punto de partida: el mundo está lleno de consultores

Lo primero que debemos considerar es que incluso en estos años de recesión, el sector de empresas de consultoría no ha parado de crecer. Algunos dirán que precisamente debido a la recesión. Eso es así tanto en España como en la UE, y también en Estados Unidos. Se estima que en este último país más de medio millón de personas trabajando como consultores, más de 700.000 si se contabilizan también los consultores que trabajan como autónomos.

Por otra parte, huelga decir que una gran parte de esa «consultoría» es en realidad consultoría de gestión o management, representada por un reducido grupo de grandes compañías multinacionales.

Sin embargo, hay mucha otra consultoría que no es de gestión. En el caso de Cartograf ayudamos a las empresas a mejorar el uso de la información en la cara interna y en la cara externa de la organización, así como en los puntos donde estas dos entran en contacto. No hacemos management – ni lo tenemos en nuestros planes – pero sí ayudamos a obtener inteligencia a partir de los datos, a dotarlos de sentido físico. Al final, contribuimos a que el trabajo se oriente hacia los objetivos de negocio en red.

No sólo eso: el mundo está lleno de consultores jóvenes

No hay «licenciados en consultoría» pero, ¿por qué hay tantísimo consultor tan joven? Hay una cantidad creciente de personas que justo al terminar sus estudios deciden tomar ese camino. Tyler Cowen, que en The Great Stagnation hablaba de la superespecialización que conlleva Internet, argumenta que se debe precisamente a esta especialización:

«El resto del mundo está cada vez más especializado, de forma que la recompensa por tu inteligencia general, como factor complementario [a esa especialización de los demás], también está creciendo».

Comenta cómo un joven de 20 años antes podía hacer contribuciones significativas en un campo de estudio (por ejemplo, las matemáticas) y ahora para realizar una contribución significativa en su campo requiere de una década o más de estudio y experiencia adicionales. En este tiempo no serán tratados ni pagados como expertos (no son matemáticos senior). Una pequeña labor en su ámbito genera a su contratante una mejora marginal, y así se les recompensa. Pero una transformación en la forma en que una empresa trabaja y aplica la inteligencia de negocio y la observación del mercado puede ahorrar y hacer ganar cientos de miles de euros al año a la misma, y consecuentemente hay tras esas mejoras mayores recompensas.

Como en todo ámbito en el que hay oportunidad de trabajo y negocio, estas mayores recompensas atraen a una buena tanda de paracaidistas que pasaban por allí a medio camino entre la piratería (vender lo que no se sabe hacer) y el humo más elaborado (eso sí, humo embotellado). De esto hablaremos en otro momento, no es objeto de este artículo.

Pero, ¿hay valor real? Una mirada limpia

La pregunta obligatoria debe buscar el origen de estos servicios. ¿Qué hace que una empresa esté dispuesta a pagar una gran recompensa a personas sin apenas experiencia real?

El principal motivo, el origen de todo, es que las empresas son disfuncionales. Esto es indudablemente cierto para las grandes. Piensen en cualquier empresa del IBEX35, si las han visto por dentro sabrán perfectamente de lo que estamos hablando: existe una asignación errónea de recursos que resulta obvia cuando descubres que un montón de personas dentro de la empresa conocen el problema y tienen soluciones funcionales pero hay en el nivel superior otro montón de personas que se resisten a aplicar los cambios, ya que entienden que su status empeora con los mismos. El asunto es que esta misma situación, a pequeña escala, lo observamos también en pymes.

Nuestra experiencia es que la situación es crónica y posiblemente insalvable en las grandes empresas (al menos en los casos de IBEX que conocemos), si bien tienen un saludable margen de mejora (y por tanto, worth investing para éstas a pesar de que sea algo así como buscar cuidados paliativos ante un mal crónico). Más aún, hace no mucho charlando con Javier Ramírez de Red Hat (aquí su blog) nos contaba lo difícil que es conseguir que ciertas grandes empresas valoren el añadido en forma de consultoría que ofrece el software libre frente a otras alternativas (capacitación y autonomía, que revierte en forma de ahorro a medio y largo plazo), quedándose a menudo en la idea de que están pagando horas de trabajo como el que contrata un mechanical turk, desperdiciando ese ahorro futuro.

En las pequeñas empresas los resultados son mucho más esperanzadores, generalmente hay menos reticencias a abrazar nuevas lógicas de trabajo, si resulta evidente que aplicando esa nueva lógica el trabajo diario mejora y los resultados generales también. Por supuesto, siempre hay personas reticentes que tienen querencia a sus viejas prácticas aunque sea por pereza y comodidad más que por eficiencia. A casi nadie le gusta que le digan cómo hacer su trabajo, pero digamos que es menos probable que en estos casos sea injusta la incomprensión, y que si el tiempo pasa y tus propuestas no son valoradas es que tus ideas no son tan buenas como pensabas.

Al final, lo que permite que tanto unos como otros abracen el modelo de asesoría y consultoría externa es el aporte de una mirada limpia e inteligente, no contaminada por la inercia corporativa de la empresa en cuestión, es lo que hace que la visión aportada por un consultor externo pueda ser valiosa. Sin hipotecas respecto de situaciones pasadas ni futuras, sin trabas ni dependencia del recorrido, esa opinión informada (y contando con que hayamos contactado a alguien que de verdad sea tan listo como dice ser) puede tener mayor impacto sobre la orientación del trabajo hacia el negocio, debido a su carácter externo.

Sriracha, la última salsa de moda no está patentada (por eso está de moda)

Sriracha, de Huy Fong Foods

Leo en el LA Times (via Hacker News) una noticia sobre la Sriracha, que parece ser la última moda en salsas picantes en los iuesei. «With no trademark, Sriracha name is showing up everywhere»:

Sriracha, la ígnea salsa asiática de chiles rojos ha dado el salto desde éxito de culto a sabor del día, aliñando hamburguesas, patatas, caramelos, vodka y hasta lápiz de labios.

Esto puede parecer como una bendición para el hombre que dio nombre a la salsa, excepto por una llamativa omisión: David Tran, un refugiado vientamita que constuyó un imperio de la pimienta desde la nada, jamás registró la marca, abriendo la puerta a que otros desarrollaran su propia salsa y la llamasen Sriracha.

Cuenta cómo mucha gente ve la decisión de Tran como un error, incluidos gerentes de empresas de marketing (obvio, ¿no?). Sin embargo, continúa recabando la opinión de Tran (cuya fábrica ahora ocupa más de 60.000 metros cuadrados). «No veo el error en no registrar la marca, no es una oportunidad perdida».

Y de verdad no está claro que lo sea, si tenemos en cuenta que su propia fábrica ha crecido más de un 25% sólo en estos dos últimos años. Muchos dirán que la tarta era mucho mayor, que ese porcentaje es pequeñísimo junto al aumento del mercado para esta salsa, que seguramente se ha multiplicado por mucho más. La verdadera pregunta, y la que le da la razón a Tran, es: ¿habría existido este boom de sriracha si él hubiera registrado la marca y vedado el mercado para todos los demás? Probablemente no.

Y sentencia: «se me acercan abogados y me dicen «puedo representarte y demandarles [para que no usen el nombre]», y yo les digo «no, dejadles usarlo»».

En octubre del pasado año The Atlantic ya habló de Tran. Quartz lo hizo en 2013.

Todo lo que sea verdad

Puro Verso, Montevideo

«Si puede ser destruido por la verdad, debe serlo.»

Patricia Hodgell, aunque frecuentemente se le atribuye erróneamente a Carl Sagan.

Por otra parte, el título del post es la traducción de «Quæcumque sunt vera», una de esas frases que en latín sirven de mantra a instituciones. En este caso, a la Northwestern University estadounidense. Me parece un lema acertadísimo para una universidad.

Relacionado con la verdad hay en Puro Verso, una librería que frecuentaba deseosamente (era un sitio sencillamente hermoso) durante mis estancias en Montevideo, una vidriera que rezaba que «Veritas filia mendacii est». La verdad es hija de la mentira. Pueden realizar interpretaciones filosóficas en comentarios, si se sienten valientes.

Ubuntu Phone, cuando tu mayor problema es que WhatsApp no saque aplicación para tu sistema

Bq Ubuntu Phone

Estos días anda el patio revolucionado con la aparición del primer teléfono móvil con Ubuntu, ensamblado por Bq (en realidad, una revisión de un modelo de ellos ya existente, especialmente adaptado para este sistema operativo).

En Xataka publican un post sobre el mismo, que me parece algo largo para la información que se va dando sobre el teléfono y el sistema, pero del que me quedo con los varios minutos de vídeo. Seguramente porque permiten ver en movimiento la interfaz.

En un momento dado se dice que por cómo funciona el teléfono y por el estado de las aplicaciones, el teléfono nos permitirá realizar sin problemas la mayoría de las cosas que le pedimos a estos cacharros diariamente. A excepción, eso sí, de usar el servicio de WhatsApp, porque de momento no hay aplicación WhatsApp para Ubuntu Phone. Más abajo Javi Pastor se reafirma: «no encuentro motivos más allá de los sentimentales para recomendar este teléfono». Palabras duras, sin duda.

La esperanza es que Meizu (compañía de la que hace años compré un reproductor de mp3 que me dejó encantado tras años de fiel y fantástico servicio) presente un terminal más ambicioso en el ya próximo MWC, y que en 2016 efectivamente veamos hecha realidad la promesa de Ubuntu Edge (hecha en 2013) de que tu próximo PC sea ese móvil que llevas de un sitio a otro y conectas a cualquier monitor para usar a modo de «desktop».

Eso sería sencillamente maravilloso, aunque de momento tiene más pinta de reto que de logro.

En los foros hay un debate al respecto.

Bocados de Actualidad (188º)

Pasan las semanas y por fin encontramos el hueco para acudir a nuestra cita dominical. Al ritmo de Anja Plaschg, más conocida como Soap and Skin, tenemos con nosotros a la ronda centésima octogésima octava de los Bocados, esa colección de enlaces que no tuve tiempo (o ganas) de comentar durante estas semanas, y que pueden encontrar con antelación en mis enlaces compartidos (aquí, el feed RSS) y en Twitter.

  • «Ángeles, demonios, y fraude fiscal», en Politikon acerca de la corrupción y la tibia respuesta de Podemos contra sus propios casos, que le impiden ser una referencia creíble contra la misma.
  • ¿Y si, después de todo, jugar mucho a videojuegos enseñara a los niños habilidades sociales que no aprenden en otro sitio? Penelope Trunk.
  • Microsoft demuestra en sus «acquihires» la incapacidad que tiene para desarrollar software para movilidad, según Om Malik.
  • El sistema D13 y la involución de la libertad a la hora de publicar cosas tan inocuas como un cómic, con el ejemplo de Makinavaja.
  • Interesante columna en The Guardian de Timothy Garton Ash sobre la nueva ofensiva política-militar rusa.
  • Small Datum y respuestas rápidas para preguntas tontas sobre decisiones tecnológicas: «Las preguntas pueden ser baratas porque la especulación es gratuita. Una respuesta no especulativa es cara porque requiere investigación y experimentos».
  • Un artículo en NY Times sobre un tema del que luego he visto escrito (mucho peor, lo siento) en varios sitios: To Fall in Love with Anyone, Do This.
  • La ciudad viva publica una serie de mitos sobre circulación urbana, aquí desmontan que prohibir los coches sea la solución. Lo que hay que hacer no es prohibir, sino construir los espacios poniendo en el centro primero a personas y luego a ciclistas, en lugar de a los coches; pero sin prohibir.
  • Arnau Fuentes y la guerra del copyright se ha de acabar.
  • Adam Butler y 100 días de software libre.
  • Miles de millones y la cápsula Orión no nos va a llevar a Marte.
  • La Universidad de Paris 8 sustituye en sus planes la enseñanza de Photoshop por Krita, proyecto de software libre.
  • Adrián Perales sobre referencias bibliográficas y su gestión.
  • Una de usabilidad en formularios de login, por Coding Horror.
  • Otra de Om de hace algo más de tiempo, sobre cómo hasta los taxistas sienten la «fiebre del oro» de Sillicon Valley.
  • El blog del gran Fernando Tricas cumplió 13 años, toda una marca.

Aquí os dejo con Sleep, interpretada en directo.

Como no perdemos las buenas costumbres, recuerdo que son bienvenidos enlaces e ideas tangenciales en comentarios, o aún mejor en los foros para debatir sin estrecheces de espacio sobre cualquier asunto. Buen domingo :)

Las empresas investigan, pero no comparten (tanto) sus resultados

Laboratorio láser

En Marginal Revolution leo sobre la caída de publicaciones científicas llevadas a cabo por empresas. El trabajo evalúa datos disponibles de un periodo de casi tres décadas que comprende desde 1980 a 2007.

De los datos parece que este fenómeno no se debe tanto a una disminución del gasto en investigación, sino que parece más bien atribuible a un cambio de hábito: se investiga como siempre pero no se comparten los resultados.

Se comparte parte de los resultados de forma inevitable, eso sí, mediante la solicitud de patentes, que no ha disminuido en ese mismo periodo.

Esto constituye todo un golpe a esos economistas que sin haber investigado jamás en ciencia sostienen el discurso de que la investigación científica ha de ser, sobre todo, llevada a cabo en entornos corporativos. La realidad parece demostrarnos que el cambio de incentivos al cambiar la naturaleza de ese agente investigador tiene un impacto significativamente negativo en cuanto a la investigación que se comparte.

El hecho de hacer pública disposición de los avances obtenidos es la base del desarrollo científico y tecnológico, corazón mismo del método científico. Todo aquello de situarse a hombros de gigantes.

Hay disponible una copia del trabajo en formato PDF.

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