Vía Antonio Ortiz llego a un enlace a Magnet donde se habla de las sanciones que van a comenzar a aplicar en Grecia a quienes no gasten al menos un 30% de su salario de forma trazable (esto es, con tarjetas o cheques bancarios).
Indudablemente es un avance en la lucha contra el dinero en efectivo, que es un tema que en este blog hemos repasado de vez en cuando a lo largo de los años. La última en 2017: Implicaciones del fin del dinero en efectivo.
Antonio se pregunta por las implicaciones en cuestión de privacidad, y Alejandro Nieto comenta que él ve implicaciones sobre todo en economía sumergida.
Por mi parte, veo el fin del efectivo como un escenario muy interesante de teorizar: actualmente una gran parte de nuestras interacciones y transacciones diarias son no mediadas. Pero, ¿qué sucederá cuando sea obligatorio recibir la luz verde de Mastercard hasta para comprar el pan por la mañana, ¿aparecerá algún tipo de divisa secundaria para agilizar los momentos en que el sistema no responda rápidamente?
Y es aún más interesante cuando nos alejamos de los casos normales, y nos vamos a los excepcionales: esos en que uno no llega bien a fin de mes o agota el límite de la tarjeta. En una sociedad que se acostumbre a delegar esa toma de decisiones en una tercera parte que actúa como autoridad (por ejemplo, El Algoritmo del banco que valida la transacción), ¿se realizará la transacción si éste dice no, aunque sea una situación menor e incluso fácil de comprender?
Cuando nos acostumbramos a intermediar la resolución de conflictos que antes hacíamos vis à vis, las consecuencias en los consensos sociales son inesperadas: con Internet en el bolsillo desde niños puedes tener a la iGen retrasando su entrada en la madurez, como bien explica Haidt en su libro. ¿Qué podemos esperar del fin del efectivo?
