Una de las cuestiones que más escepticismo levanta cuando hablamos de La neutralidad de la Red es la influencia que la cultura de pago por todo en la telefonía móvil tendrá en el futuro desarrollo de los planes. Es una tesis que contradecían aquellos que confían en que la masificación del mercado de Internet móvil conllevará la implantación de planes de tarifa plana, como sucedió en Europa y Estados Unidos con la Internet doméstica, obviando que en países como Uruguay, con una tasa de penetración similar a la europea jamás tuvieron (ni tienen) tarifas planas domésticas; obviando que no hay una única ruta de evolución en la implantación de un servicio. No obstante, lo que observamos da la razón a lo comentado en ese libro y este blog: en primavera fue T-Mobile, y ahora es Verizon quien endurece sus tarifas móviles… y no deja ni rastro de plateau. Algo que hace (obviamente) porque la falta de competencia se lo permite. No, la eclosión de la Internet móvil no ha traído las tarifas planas, más bien las operadoras se enrocan en planes complejos que nadie logra comprender.
Escenificando un mensaje que es dos veces falso
La actuación contra Teddy Bautista de la última semana, ampliamente publicitada por los medios de comunicación, conduce a error de dos maneras importantes:
- La primera, porque hacen creer que la ley actúa contra todos por igual, bajo lo que se ampararán futuras represiones aún mayores en materia de propiedad intelectual y restricción de copia.
- La segunda porque al personalizar el ataque y demonizar a un individuo concreto pretenden enviar el mensaje de que el sistema en sí de restricción de copia es válido y sigue vigente,descartando que sea una verdadera obscenidad en tiempos de Red neutra y bricolaje nativo. El mensaje es que el motivo último de que no funcione, el responsable del malestar social acumulado en este ámbito, es la mala gestión de este individuo. La escenificación pretende decirnos que «muerto el perro se acabará la rabia», cuando el mundo está lleno de zombies que ni respiran, ni tienen corazón, ni se derrumban (aunque nadie sepa explicar por qué).
Por esos dos motivos creo que el mensaje que se pretende enviar con esta escenificación, exagerada y a destiempo, es doblemente falso, doblemente manipulador.
Pasado mañana se presenta en Madrid «La amenaza de los Dioses»

En realidad este jueves se celebra la primera fiesta de mecenazgo, ya que el libro saldrá editado en septiembre. Pero sigan leyendo, que les explico todo mejor :)
Este jueves se presenta en Madrid la primera novela publicada en la colección de ficción de la Biblioteca de las Indias. Representa a la vez la nueva etapa de la colección, a la vez que nos llena de satisfacción y nos resulta emocionante porque nos permitirá llevar el enfoque de la colección (ensayado ya con otros libros como Los futuros que vienen y La neutralidad de la Red) un paso más allá. Por supuesto, se mantienen la apuesta por publicar directamente en Dominio público, que el libro sea una novela no cambia eso porque es esencial a nuestro proyecto con la biblioteca.
El modelo resultante, basado en fiestas de mecenazgo y suscripciones (eso que viene en llamarse crowd funding) y charlas en vivo con el autor me parece fantástico. Hay posibilidades de editar, de hecho Internet es todo acerca de la distribución accesible de contenidos. Hay posibilidades de innovar en un sector, el editorial, muy cargado de caspa.
La primera fiesta de mecenazgo para La amenaza de los Dioses se celebrará en Madrid, en la c/Barco, el próximo jueves a las 8 de la tarde. Ahí podrás suscribirte al libro y tener acceso al mismo antes de que salga publicado en septiembre. Así, al ritmo que se vayan teniendo las galeradas, los suscriptores recibirán los capítulos en ePub y/o PDF y cuando el libro esté en papel, la suscripción les dará derecho a una copia del libro físico en papel, amén de aparecer con honores en la primera página del libro, como parte de los que lo hicieron posible.
Poco tengo que añadir que no podamos leer en la página de la biblioteca, ya sea sobre el modelo, sobre esta cita en concreto, o también sobre La amenaza de los dioses. ¡Nos vemos el jueves!
Bocados de Actualidad (126º)
Una semana más aquí están los Bocados de Actualidad, la ronda centésima vigésima sexta es breve, así que la pueden leer donde quiera que se hallen disfrutando del sol (o de las nubes). Tengo en la cabeza la versión que, aún con Cadaveria al frente, Opera IX hicieron del clásico Bela Lugosi’s Dead de Bauhaus, que ayer me acompañaba en el camino a Bilbao. Concluyendo, aquí, los enlaces de la semana:
- Esta semana vi hablar mucho de patentes, en diferentes ámbitos: en Criticidades al hilo de la agricultura patentada y en Marginal Revolution al hilo de una serie de patentes estúpidas concedidas a Apple, que también ha conseguido patentar un mecanismo de censura automático.
- En Fast Company hablan del ascenso del cooperativismo, al que describen como «la forma empresarial del futuro».
- J.A. Millán y la compra impulsiva de eBooks. Si ya era así con los libros en papel (de ahí las torres con best-sellers que te asaltan conforme cruzas el arco de la librería), ¿por qué iba a ser diferente al vender bits?
- Fernando Tricas nos trae al frente un clásico: Git is the next unix.
- Econlog y un básico de la privacidad: entrar sin tu permiso en tu ordenador es como allanar tu casa.
- El Blog Salmón y una crónica de cómo los malvados mercados arrasaron Grecia. El post de Goirigolzarri sobre Grecia arroja toneladas de sentido común al asunto.
- En Burbuja.info nos recuerdan la noticia del mes o, mejor dicho, de todos los meses: éste es el mejor momento para comprar vivienda. Impagable.
Que no sirva de precedente, pero ahí va el vídeo.
Es la infraestructura, estúpidos
La comisión antimonopolios de los Estados Unidos abre investigación contra Twitter, dando cobertura a la reclamación de muchos programadores que afirman que «Twitter no permite la competencia».
Aquí no somos partidarios de usar Twitter, por ser un servicio centralizador y por el tipo de conversaciones que puede (y sobre todo por las conversaciones a las que da origen basado en sus limitaciones) albergar. No obstante, cabe preguntarse: ¿tienen razón los que reclaman contra Twitter por monopolio?
En mi opinión, para que eso sea cierto, Twitter debería estar impidiendo la aparición de una competencia, una serie de servicios similares al margen de ellos mismos. Eso no está sucediendo.

[Ilustración: Jace, el escultor de mentes, por Jason Chan; que seguro embaucó a los programadores lamentablemente vapuleados por Twitter.]
Por contra, tenemos a una serie de programadores que el día que hicieron la evaluación de fortalezas y debilidades de su proyecto no dieron importancia (posiblemente hasta les pareció cool) al hecho de construir el mismo sobre la infraestructura de otro. Pues ahora ese otro, que hace una inversión enorme en infraestructura, la quiere amortizar. Y ¿alentar la aparición de un ecosistema en su entorno para luego canibalizarlo no es jugar sucio? Pues quizá, pero que nadie diga que no lo sabía y, en todo caso, la discusión es otra. Participas y contribuyes al negocio de otro, en sus máquinas, con sus servicios y sus APIs. Te generas a ti mismo una situación de dependencia frente a tu proveedor, que éste hace valer y rendir económicamente a su favor en cuanto puede… y entonces lo denuncias por monopolio. Qué morro, ¿no?
No deja de llamar mi atención la facilidad con la que en todas partes se tiende a reclamar por la fuerza el éxito (ya sea vital o empresarial) que los propios errores hacen inviable; la capacidad que tienen algunos para presentarse a sí mismos como víctimas de un fenómeno sobrenatural y malévolo cuando todo el daño se lo hicieron ellos mismos. Y esa peligrosa realidad parece ser una constante universal, pues se cumple desde los ángelitos «afectados por la hipoteca» (como si no la hubieran firmado por propia voluntad) a los pobrecitos «programadores oprimidos por los todopoderosos» (como si alguien les hubiera obligado a construir su negocio sobre la infraestructura de otro, con todas las debilidades que ello implica). Eso sí, luego la salida es común: que me den por la cara lo que no supe ganar y no me merezco. Cuánta cara dura.
Solsticio sin fuego
Ayer noche estuvimos en la playa. Se celebraba el solsticio de verano con la niebla más densa que nunca se vio en una noche como ésta. Una niebla que no era, ni con mucho, lo más extraño. Lo más extraño fue comprobar que habían prohibido encender hogueras en la playa. Miles de años celebrando estas fechas con fuego, pero ahí chocamos con la incapacidad de gobierno del ayuntamiento. Con más del 30% de la población en paro las autoridades encuentran en la prohibición su única vía para demostrar absurdamente su poder. Y aquí no se fuma, y no se bebe en la calle, y no se te ocurra pasar de 110, y no enciendas fuego en la playa en San Juan. Habrá quien se consuele pensando que ni Rucalcaba ni sus esbirros están detrás de este último despropósito. La realidad, como siempre, es más cruda: el Estado es incapaz de aupar alternativas ideológicas al prohibicionismo desbocado, uno tan sólo quiere escupirlo todo, para quedarnos limpios por dentro; y entonces correr, correr lejos, sin mirar atrás.
Por qué se han perpetuado los monopolios de publicación científica
¿Porqué a pesar de que en todos los demás ámbitos la Red ha conllevado la erosión de las rentas de los editores, en el mundillo de la publicación científica eso no sólo no ha sido así, sino que no se prevé que la situación vaya a cambiar en el corto plazo?
Ya hemos hablado anteriormente del acceso libre a las publicaciones científicas, de las condiciones draconianas que imponen las editoriales, algo que conozco muy bien. Si al cóctel añadimos la posibilidad de patentar los resultados la bomba está servida.
Gracias a Against Monopoly leo un artículo en The Economist donde se discute acerca de por qué los monopolios privativos de publicación académica han subsistido pese a Internet. El contexto actual es:
University librarians pay rather a lot. In Britain, 65% of the money spent on content in academic libraries goes on journals, up from a little more than half ten years ago.
(…)
And what a living it is. Academic journals generally get their articles for nothing and may pay little to editors and peer reviewers. They sell to the very universities that provide that cheap labour. As other media falter, academic publishers have soared. Elsevier, the biggest publisher of journals with almost 2,000 titles, cruised through the recession. Last year it made £724m ($1.1 billion) on revenues of £2 billionan operating-profit margin of 36%
La negrita (en ambos casos) es cosa mía.
Yendo al grano: existe un mal reparto de incentivos, por eso las publicaciones científicas no han mutado y se han convertido en más abiertas y accesibles y los científicos siguen gastándose dos tercios de su presupuesto en acceder a sus propios resultados de investigación.
¿El incentivo de los científicos se satisface con el «progreso último de la ciencia y la humanidad»? No. Eso está por ahí, es un colateral no despreciable, pero no el leitmotiv.
Los científicos encuentran un incentivo en ser ellos los que realizan esos avances (un interés legítimo) y en garantizarse su propia continuidad investigadora (bien abriéndose puertas en otra parte haciéndose un nombre, bien cumpliendo requisitos para justificar proyectos presentes que avalen proyectos futuros). Los problemas comienzan a la altura del reparto de los fondos públicos.
El dinero se reparte considerando el número de publicaciones de los investigadores y ponderando la importancia relativa de estas publicaciones. Como medida cuantitativa de la importancia de una publicación se construye un baremo basado en el índice de impacto de las revista donde fue publicado.
Esto nos lleva de cabeza al primer problema: encasquillamiento, aunque de naturaleza diferente al que Juan Urrutia describe en La privatización de la ciencia [PDF] (enlazar no equivale a endorsement, que dirían por ahí). El sistema de journals tiene una cierta componente dinámica, pero esta manera de repartir fondos (y quizá no hayan descubierto otra mejor) es burocrática y fomenta el mantenimiento de la inercia y la no adopción de otras (quizá mejores) soluciones para publicar resultados. En definitiva, fomenta actitudes conservadoras.
¿No hay forma de superar este encasquillamiento? Sí, pero entonces enfrentamos el segundo gran problema: el umbral de rebeldía: necesitas saber que no serás el único en cambiar la revista en la cual publicas. Y resulta complicado mover al unísono a una comunidad científica. He vivido movimientos de este tipo, algunos con un cierto éxito. Lamentablemente tenían más que ver con el ego (y el el cheque a final de mes) de los investigadores que con otra cosa, pues las revistas que nacían eran más de lo mismo.
El tercer problema deriva de lo que parecía una buena idea. Los ministerios suelen derivar la legislación en este ámbito a los científicos, apoyándose en su conocimiento para trabajar conforme a lo que éstos podrían necesitar. Esto tiene un efecto perverso, pues se condiciona la abolición de los privilegios de acceso y publicación de resultados científicos a que sea aprobada por los mismos científicos que no han superado el umbral de rebeldía necesario para sobreponerse al encasquillamiento. Muchos de ellos, además, se sienten infrapagados (aunque eso no depende del precio de los journals) y están habituados a generar spin-offs que reciben la tecnología recién desarrollada, aún calentita, y la explotan sin competencia en virtud de patentes pagadas con fondos de investigación y licenciadas sin coste por la institución pública para la cual trabajan (una ayudita).
Es demasiado lastre para que los planes del acceso abierto sean algo más que timideces. Y en ausencia de una norma que obligue a la devolución de este conocimiento al dominio público, los problemas primero y segundo (encasquillamiento y no alcance del umbral de rebeldía) impiden el cambio espontáneo de hábitos.
Entre tanto, las grandes editoriales dedicadas al ámbito científico no se han quedado paradas y han minado la amenaza de los journals Open Access comprando los mismos por centenares cuando era necesario, como hizo Springer. Y si nos vamos a publicaciones específicas pero de gran valor, como blogs concretos, vemos que Elsevier (el mayor editor del mundo) invertía varios millones de euros en GigaOM, una publicación tecnológica especializada, para que ésta se vuelque más en su servicio de pago para suscriptores (GigaOM Pro)
De un lado científicos con los incentivos mal repartidos para acometer un cambio que a corto plazo les obligaría a rediseñarse a si mismos y a su sistema, como sería el pedir dominio público, en especial para toda la investigación pagada con dinero público, permitiendo de forma efectiva que cualquiera (que a todos nos forzaron a pagar) pueda beneficiarse de ese conocimiento si así lo desea. De otra, editoriales que sí que han aprovechado la última década para reposicionarse, reformar sus ofertas (con la enorme trampa que el pago por acceso conlleva en caso de carestía de fondos) y aumentar su pedazo de la tarta, obteniendo un dinero extra que a buen seguro les permitirá defenderse con soltura en el futuro más cercano.
Y seguirán gastándose dos tercios de la pasta en acceso a sus propios resultados. Eso sí, lo fácil es reclamar más financiación, sin reparar en la propia (e ineficiente) gestión de los fondos ni en las (malas) consecuencias de las propias acciones. Y claro, cuentan con la semántica de su parte: resulta difícil afirmar que uno está en contra de financiar las investigaciones que hacen progresar a la humanidad sin que lo tomen por un degenerado o un egoísta.
Y, en mi modesta opinión, eso sería todo. Ya saben porqué Internet ni ha cambiado el mundillo de la publicación científica, ni (creo) se prevé que lo vaya a cambiar lo más mínimo en el futuro cercano.

