Los códigos de respuesta rápida (Quick Response Code o QR code, para abreviar) parecen haber roto el círculo de uso entre los más avanzados. O al menos eso creen los publicistas, que de un tiempo a esta parte no hacen ni un sólo cartel que no incluya uno de estos códigos.
Los códigos QR no son una solución para personas, sino para máquinas (no puedo leerlo directamente, necesito un dispositivo especial), y son una fuente de inseguridad. No obstante, los publicistas no paran de usarlo, si bien seguramente se están equivocando en el uso que le dan. Hace tiempo que tenía ganas de escribir este post, porque no paro de oir alabanzas sobre ellos y pensé que en todos esos comentarios olvidan varios aspectos clave.

[La renovación de la banca en 2011 según AXA: un código QR.]
Me explico:
- Inseguridad. Los códigos QR aportan una fuente de inseguridad, al habituar a las personas a leer etiquetas y realizar acciones (actualmente lo habitual es visitar una determinada URL, en función de la información de la etiqueta) sin que las personas sepan dónde van. Lo que es peor, el hábito implícito es dejarnos llevar a ciegas, a sabiendas de que no sabemos qué hay detrás. Ya habrá quien deje códigos QR pintados en cualquier parte, esperando que pase un despistado que lo escanee al tuntún. Tienen los mismos problemas de seguridad que los acortadores de URL.
- Nefasta usabilidad. Estos códigos son legibles por máquinas (pensados inicialmente para la industria del automóvil), pero no aportan absolutamente nada a las personas. Sólo incógnitas. ¿Qué información hay en el código? ¿Una URL? Y si es así, ¿qué URL? ¿Qué hay detrás del mapa de cuadritos? No sabemos nada. Los QR codes nacen como un parche a una carencia técnica: la carencia de buen software OCR, y está pensado para ser leído y entendido por máquinas y no por personas. ¿Por qué diseñamos mensajes que las personas no pueden leer? Me sorprende sobremanera en el caso de los publicistas, se supone que ellos son los expertos en esto de comunicar e imagino que están angustiados por el CPL pero sacrificar una parte del mensaje de esa forma es tremendo, porque su target no puede leerlo directamente.
La solución, claro está, no es que todos nos instalemos software lector de QR code y comencemos a hacer click a ciegas y visitando quién sabe qué páginas y computadoras que podrían estar esperándonos para no sabemos qué. La solución es comunicar para personas, y no para máquinas (al menos mientras las personas deban llevar a cabo alguna acción con nuestro mensaje). Y si eso requiere mejor software OCR, se debe hacer trabajo en eso. De esta forma, yo podría tomar una foto con mi móvil, igual que ahora la saco del código de marras, y el mismo teléfono reconozca los caracteres de una URL que yo ya he leído y quiero visitar y, obviamente, visite la web automáticamente. Parece el mismo mecanismo, pero de esta forma el usuario está más seguro, y además lo percibe, porque tiene más información.
¿Lo demás? Parches. Y no me parece de recibo que insistan en vendernos un sistema que carece absolutamente de usabilidad y nos anima a adquirir malos hábitos en cuestión de seguridad como la cojonovedad. Si somos tan listos como nos creemos, en el futuro habrá menos códigos QR y más y mejor OCR.


