Criptodivisas, anonimato y libertad

Me comentaba Pere ayer, al hilo sobre el post que dediqué al auge de las criptodivisas, que Bitcoin no es completamente anónimo, y que haciendo minado adecuadamente puede desvelarse la identidad del pagador.

Tiene razón, se almacena en público un registro de todas las transacciones que tienen lugar, así que tan sólo con que un ordenador con Bitcoin sea comprometido toda la información corre peligro. Luego, aplicando técnicas habituales de data matching y otras técnicas de análisis de redes (combinando otras fuentes existentes de información acerca de quién se relaciona con quién por otras vías) se podría llegar a identificar a los usuarios.

Por si fuera poco, la mayoría de usuarios de Bitcoin realizan pagos usando sistemas tipo Tor, por lo que ciertamente no son anónimos. Pero trazar la ruta desde el momento de la transacción hacia el inicio de la petición puede ser complicado. Uno de los casos más famosos de robo de bitcoins, el pasado septiembre, resultó en una gran polémica (muchos no terminaron de creer el asunto). Lo cierto es que más allá de que nuestros sistemas son tan seguros como el más inseguro de sus componentes, y al usuario afectado más le habría valido tener su reserva de bitcoins protegida con TrueCrypt o algún sistema similar. El caso está sin resolver (tanto si hubo como si no hubo robo real, nada sabemos).

Ahora bien, todo y que es cierto, la realidad es que sistemas que permitan volver opacos los movimientos de dinero tendrán un hueco ante el retroceso de la globalización ante los estados nacionales. Eso incluye minimizar los pagos automatizando lo que vulgarmente conocemos como «la cuenta de la vieja».

La cuestión es si llegado el momento de su adopción más o menos masiva se legitimará su uso o si, por el contrario, el uso de este tipo de sistemas estará perseguido y marginalizado como están otras muchas de las tecnologías que han llegado a nuestras manos en tiempos recientes y cuyo uso nos recuerda el camino de la libertad.

*** Actualizado 2012-08-09 @ 16:59: Gracias de nuevo a Pere, por su aporte :)

La inminente llegada de la tasa Tobin y el auge de las criptodivisas

Bitcoins

No es la primera vez que hablamos de la tasa Tobin como una de esas medidas cuya adopción tiene mucho de teoría del caos y puede acabar desencadenando la extensión de todo tipo de trucos para burlar el pago del impuesto al mover dinero a través de la frontera. Las criptodivisas, por supuesto, se perfilan como la opción más fiable.

Al ver cómo su puesta en marcha es inminente (tras la aprobación el pasado verano, ya son 9 los Estados de la UE que urgen a su entrada en funcionamiento) no puedo sino pensar que, al igual que el cierre de Megaupload traerá un afortunado renacer del p2p, la creación de un impuesto a los movimientos transfronterizos de capital impulsará el uso de sistemas ocultos entre aquellos que más necesitan hacer esto.

Y si hay un sector que mueve dinero a través de las fronteras, es el de envío de remesas, con Western Union a la cabeza. La entrada en vigor de la tasa Tobin debiera darles mucho que pensar a estos actores, por el auge que puede dar al uso de criptodivisas como Bitcoin.

Lo más relevante sobre este tema lo podemos leer en Criptodivisas, software libre y autonomía en un mundo post-geográfico.

La visión del analista de redes ante el futuro de Internet

Un análisis de redes detallado que tenga en cuenta la demografía nos indicará que el crecimiento de la Red, a estas alturas, será orgánico pero que, por esa misma razón, la red posee mucho más potencial del que quizá se ha desarrollado en los últimos cuatro o cinco años. No es un camino que recorrer pisando un lecho almohadillado de rosas, pero la red y su crecimiento podrían darnos más alegrías de las que algunos quieren creer. Lo sucedido en el último lustro es tan representativo (o tan poco representativo, como quieran verlo) de la Red como lo sucedido en los idealizados años noventa. La clave, como siempre, está en la disponibilidad y la difusión de herramientas y conocimiento: en la capacidad de soñar otro mundo.

La observación de todo sistema está sujeta a sesgos. Al contemplarlo, lo veremos inevitablemente del color de nuestro cristal. Si analizamos la red en base a cómo fue nuestra llegada a la misma a finales del siglo pasado, podemos juzgar que en los años noventa los usuarios eran altamente proactivos, más inclinados a participar en grupos de noticias, canales de IRC y foros, o que tenían un mayor espíritu de descubrimiento. Si analizamos la red en base a cómo es la llegada actual a la misma, podemos juzgar que los usuarios que han llegado a la misma en tiempos de Facebook son más pasivos, menos reflexivos, menos curiosos. Podemos incluso culpar a estas herramientas de dicho cambio y maldecirlas del atontamiento generalizado, mientras nos preocupamos por el futuro de la especie humana. Ambas apreciaciones son erróneas.

Los errores derivan de haber tomado como reales lo que no son sino sujetos imaginados: tanto el idealizado hacker curioso de los noventa como el criticado lurker apático capaz únicamente de producir me-gustas son arquetipos abstractos (y en tanto que generalizaciones al comportamiento de toda una generación de usuarios, sujetos imaginados) cuya principal consecuencia es la prolongación de una estratificación conceptual de la Red entre netócratas (cuya existencia perciben y defienden en diversos ámbitos a modo de nueva aristocracia) y el resto del mundo, ignorante y plebeyo. Mientras esa percepción puede alimentar el ego y las aspiraciones de ciertos actores deseosos de arrogarse el liderazgo, está profundamente equivocada.

Los noventa: otro tiempo, otra vida

La realidad se parece más a un proceso de enriquecimiento de uranio, o a una destilación controlada. Ya estemos preparando sencillas bebidas alcohólicas o preparando combustible nuclear, pasamos de tener una mezcla de sustancias a tener dos mezclas de sustancias, con una proporción de componentes diferentes entre sí y diferentes a la proporción original. En el caso de la destilación (más fácil de entender), nuestra muestra destilada será rica en componentes volátiles (más alcohol, menos agua) y el residuo que nos queda rica en componentes menos volátiles (menos alcohol, más agua). Esto no significa que sólo hayamos volatilizado alcohol (generalmente, algo de agua habrá pasado), ni que no hayamos dejado alcohol atrás (posiblemente, algo de alcohol se nos ha quedado atrás). ¿Cómo lo traducimos a la historia de la Red?

Así, si analizamos la primera oleada de usuarios, la mayoría eran más activos, seguramente porque tenían más inquietudes o eran más tecnófilos. Y si analizamos la segunda oleada, en la que se sumaron a la Red los usuarios menos tecnófilos, podemos deducir que ya nadie se preocupa de ser autónomo en la Red, que cualquier tiempo pasado fue mejor y que ya nada es como antes. Mientras tanto, obviamos que ambas miradas dedicadas a simplificaciones conceptualizadas de la diversidad real de la Red ignoran deliberadamente que el pool social inicial no tenía ni tantos hackers curiosos como podemos creer al inicio ni tantos lurkers apáticos como demonizamos al final. Admitir esto es un paso importante y nos acerca a una visión más acertada de las cosas.

Esta visión no debe olvidar que aquellos primeros internautas (término ya en desuso, desde que todo el mundo es internauta) llegaron a la Red en una época de fuerte promoción de la misma, con amplias campañas de aprendizaje y en la que las herramientas disponibles exigían del usuario un conocimiento más detallado de los mecanismos.

La alfabetización perdida

La curiosidad no es exclusiva de nadie. La mayoría tenemos esa actitud exploradora, pero la mantenemos latente, a la espera. Cuando la despertamos, desarrollamos nuestro lado más explorador y hacker, ampliando los límites de todo lo que nos rodea. Afortunadamente, son multitud las personas que habiéndose incorporado a la Red en tiempos recientes (en los últimos 5 años, por ejemplo) mantienen en ella una actitud seria, y una presencia activa materializada con frecuencia en blogs. Porque siguen surgiendo nuevos blogs interesantes, pese a la madurez del formato.

Lo que cabe preguntarse es si no serían aún más quienes lo habrían hecho si no se hubiera producido el abandono de los planes de alfabetización digital, que movió a tantas empresas en los últimos noventa pero fue olvidada al olor del dinero .com. La falta de iniciativas potentes en este ámbito puede estar en el fondo del problema. Pese a que no lo parezca, ésta es muy necesaria, toda vez que usar cualquier herramienta mal siempre es fácil, pero extraer de ellas todo el potencial es harina de otro costal. La Red promete conferirnos autonomía y mayor control sobre nuestra vida, pero esa promesa no se cumplirá sola.

El florecimiento del hacker latente

Y comenzamos ya a tocar el fondo del asunto. Ante la llegada a la Red de futuras generaciones lo más importante será mantener vivo el relato de que otras formas de descubrir cosas y personas en la Red son posibles, y que no todo puede nunca estar al amparo de herramientas con vocación intermediadora ni de entornos limitantes como los que encontramos en el ecosistema móvil y tablet. Para ello es importante crear vías de entrada que permitan el progreso y el empoderamiento personal.

Es la magia de conseguir que quien se ve incapaz de algo más que adherirse a las propuestas de otros, descubra que puede fabricar su camino, salirse del molde y salir volando. ¿El camino? Permitir que las tecnologías que nos confieren autonomía, pero no gozan del visto público de ciertos sectores sigan vivas para que su transmisión, su extensión boca-oreja, sigan vivas.

Muchas personas que están en la Red actualmente se decantarían por esa otra red que es posible si tan sólo creyeran que es posible, que es para ellos el estar ahí participando de manera mucho más activa porque les aporta valor neto (una vez compensado el esfuerzo adicional).

El crecimiento orgánico y las herramientas

Porque lo cierto es que en las zonas en que la práctica totalidad de la población está en Internet, el crecimiento será orgánico y vinculado a la llegada de nuevas generaciones entre las que hallaremos la misma proporción de personas con espíritu explorador, capacidad creativa y corazón de hacker que entre quienes ya estaban aquí cuando Internet se hizo masiva. Esa proporción seguramente no se corresponde ni con lo que vivimos en la incorporación de usuarios en los años noventa ni con lo que hemos vivido estos últimos años. La verdad se esconde en algún punto entre una y otra simplificación excesiva de la realidad.

Sólo manteniendo vivas herramientas que permitan el desarrollo de las capacidades de cada uno, y sólo manteniendo viva la voluntad de alfabetización constante sobre el terreno y muy ligada a la realidad será posible diseñar y difundir el conocimiento y los sistemas que permitan la emergencia de esa actitud que, frente a la Red, despierte en muchas más personas su faceta más creadora y menos pasiva, más hacker y menos tabletizada. Todos llevamos (en diferentes medidas) dentro un poco de eso, pero muchos no son conscientes. Para tener una Red más diversa y que cumpla mejor las promesas pendientes de la era digital hacen falta, sobre todo, ellos, que poseen potencial sin conocerlo.

Democracias carcelarias

Es domingo y podríamos tener bocados pero en su lugar voy a comentar únicamente un artículo aparecido en New Yorker el pasado 30 de enero. El mismo se titula The Caging of America y reflexiona sobre el ascenso de una cultura del encarcelamiento en Estados Unidos.

Aquí algunas ideas pescadas del artículo:

  • Hay más personas bajo tutela del sistema penitenciario estadounidense que en el Gulag de Stalin.
  • En las últimas 3 décadas, la tasa de población encarcelada se ha triplicado (de 220 personas por cada 100.000 habitantes, a casi 700 de cada 100.000)
  • La mayoría de las cárceles están externalizadas en empresas privadas que ganan más dinero cuantos más presos hay, y cuanto peores son las condiciones de encarcelamiento de los mismos (menos espacio, peor infraestructura)
  • Estas empresas hacen lobby para la no despenalización de prácticas habituales para las que la norma social no está clara (consumo de estupefacientes) o es claramente favorable a su despenalización.

El autor plantea el conflicto entre los dos supuestos orígenes de esta cultura (el racional y organizativo, que sería heredero de la ilustración; la adaptación del odio racial ante los éxitos del black power hace medio siglo, defendido por la estadística –7 hombres negros encarcelados por cada hombre blanco). Ambas teorías tienen argumentaciones en las que apoyarse y ambas confluyen en el inquietante punto común en el cual a la ya arbitraria gestión de la justicia se le añade el interés de corporaciones que para mantener sus beneficios crecientes necesitan del aumento constante de población reclusa.

La pregunta inevitable es si este exceso de celo hace a la sociedad mejor o peor, más segura o menos, y si compensa el precio pagado. Estoy terminando de leer Liars and Outliers de Schneier y no puedo sino pensar que alguien lo está haciendo rematadamente mal. En esta gestión hay mucho de esa política del «salva tu culo».

La ligereza con la que se aplican penas de cárcel (recuerden que no hay que irse tan lejos para que a uno pueda caerle cárcel por exceso de velocidad o incluso por delitos de propiedad intelectual) y la alarmante desproporción entre delitos y penas no hace sino recordarnos que la policía y la presión institucional hacen nuestra vida levemente más segura, pero al coste de convertir nuestras vidas en un secarral aburrido. En el límite tenemos Gattaca o la policía del pensamiento. Piensen en ello cada vez que vean pulular el fantasma de una reforma penal en sus telediarios, y piensen en ello con ahínco si el discurso promete debatir el endurecimiento de penas (¿hay reformas del código penal que prometan otra cosa?) o la inclusión de penas tipo «cadena perpetua».

Les recomiendo la lectura del artículo completo, mi resumen no hace justicia. Y la plantilla del New Yorker es una delicia.

La vida en el desierto de una Red sin RSS

La vida en un desierto sin RSS

Alrededor de los siglos tercero y séptimo de nuestra era, las civilizaciones del norte de África abandonaron el uso de la rueda. Las razones aparecen claras ahora, en retrospectiva: los carros con ruedas requerían bueyes, y los camellos pueden transportar más carga, en menos tiempo, y consumiendo menos comida y agua que los bueyes. La rueda es reintroducida con el avance occidental, más de mil años después.

¿Por qué el uso de la rueda es abandonado en el lugar mismo de su invención? Porque, para vivir en el desierto, el camello era una tecnología mejor que la rueda, al menos la rueda tirada con tracción animal.

En Internet, podríamos estar a punto de presenciar cómo la rueda digital cae en desuso. Y la rueda digital no es otra que el RSS: capaz de transportar más información, más fácil y más lejos, con menos consumo de datos.

Muchos dirán que no, que el RSS no muere, sino que vive en servicios muy utilizados, que funcionan internamente a base de RSS. Puede ser, pero yo intentaría ser más preciso. Multitud de servicios utilizan XML, a veces incluso con las especificaciones de RSS. RSS, sin embargo, es el acrónimo para Really Simple Sindication o Sindicación realmente sencilla. ¿Permiten estos servicios la sindicación realmente sencilla de sus canales fuera de la plataforma y con un software estándard que no necesite establecer una petición con formato específico para una API determinada?

El RSS está inventado, no es más que XML y el XML puede hacer de todo. Y no se puede des-inventar la rueda (ni el RSS). Pero se puede abandonar. Junto a los servicios masivos tipo Facebook o Twitter, que deniegan el uso fácil de feeds y obligan (en los casos en que todavía no lo han cerrado bien) a hacer auténticas peripecias, Google anunció recientemente mejoras en sus servicios de Blogspot. En enero de 2012, el blog oficial de Blogger anuncia comentarios anidados (ya era hora, Drupal los tiene desde hace una década, y WordPress desde hace un par de años). Pero no es todo, claro: en el blog oficial de Blogger anuncian también mayor control sobre los feeds de cada blog, con la opción estrella siendo la de no ofrecer ningún tipo de feed. Sin duda, el paso definitivo (arriesgado reputacionalmente, por eso tímido) en la plusificación (o facebookización, para ser más correctos) de Google.

¿Recuerdan cuando era necesario hacer definiciones, más o menos canónicas, de lo que es un blog? Un sitio con actualizaciones mostradas en orden cronológico inverso y que ofrece un canal RSS con dichas actualizaciones, los comentarios son opcionales.

Así, una tecnología libre no será abandonada del todo. Y muchos seguiremos pensando en vitaminar la gestión de los enlaces con esta tecnología tan accesible, pero el destino de la misma, como abanderada que es de una red más dispersa y libre, podría estar cada vez más alejado de un mainstream que camina a dedazos en mitad de la tabletización de la informática de uso personal y los placeres de una centralización empobrecedora que nos regala momentos Megaupload una década después de que los mismos dejaran de tener sentido.

Por supuesto, y como decíamos hace unas semanas en Cómo los hackers y sus drones nos recuerdan el camino de la libertad, para que estas cosas sucedan no hace falta más que un enjambre de personas con ganas de hacer red. Pero la pregunta es otra: ¿cuál será el primer gran medio que se desalineará abiertamente de ese futuro de hackers y libertad abandonando la tecnología que nos ha permitido hacer de la red lo que es hoy?

Parece una locura, pero debemos volver a los años en que el RSS se inventó y la polémica en torno al mismo. El RSS sólo es adoptado por los grandes medios cuando uno de ellos se decide a adoptarlo. En aquel caso fue el New York Times, corría el año 2002. En tiempos en que los periódicos sueñan con Twitters como los ISP de hace una década soñaban con terras y en que el periodismo se reivindica con falacias y excusas mientras habla de Orbyt, ¿cuál será el primero de estos medios en decir que abandona el uso de RSS para apostar por una especificación propia y cerrada, directamente encapsulada en una app?

Facebook y Twitter ofrecen pocos RSS; y a regañadientes. Blogger (Google) ahora te permite tener tu blog sin RSS. Hay quien sueña con el abandono de esta tecnología. Como con el p2p, su erradicación es imposible, de forma que el objetivo es marginalizar su uso.

Lo que no nos contarán es que presionar en esa dirección detendrá la llegada de la primavera informacional y el florecimiento de una Red mucho más rica y diversa, obligándonos a llevar el duro modo de vida del desierto sin ruedas (y esperemos que dure menos de mil años), justo cuando creíamos que la red y el software libre nos habían entregado un oasis sin límites.

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