Servicios gratuitos en Internet y precariedad

Hay muchos matices a la afirmación que titula este artículo, pero sin duda esos matices son muchos menos si nos circunscribimos a un entorno como la web. En la web, lo que no pagas no te pertenece.

Desde ayer tenemos la polémica servida con los cambios en política de privacidad de Instagram. En breve: compartirán toda su info con Facebook y se guardan la propiedad de las imágenes, lo cual no resulta en absoluto sorprendente, pero de repente hay toda una ola de comentarios apocalípticos que ignoran lo fundamental: sabíamos que esto sucedería, y lo sabíamos desde el principio.

Como bien explicó hace mucho Bianka Hajdu en el blog de Cartograf:

  1. Con nombre de dominio propio somos completamente autónomos. Nuestro dominio es nuestro hogar, ese espacio en el que disponer la información como queramos.
  2. Si pagamos por un servicio web en el dominio de otro, somos inquilinos. Puede que tengamos que convivir con ese armario feo pero tan especial para el propietario, puede que resulte posible colocar algún adorno acorde con nuestros gustos, pero no tendremos mucho control. Nuestro contenido será accesible con las mismas URLs mientras sigamos pagando la cuota mensual o mientras nuestro proveedor siga en el negocio.
  3. Si usamos un servicio gratuito, en el mejor de los casos somos invitados a completa merced de nuestro anfitrión.

En el mejor de los casos, los servicios gratuitos te dejarán exportar tus datos y podrás cargarlo en otro sitio diferente, quien vaya a buscarlos a su antigua ubicación encontrará errores y para que te encuentren en tu nueva casa tendrás que volver a hacer esfuerzos y comenzar (en la práctica) casi desde cero.

No es el primer caso de servicio que toma medidas en este sentido y los usuarios se cabrean. De confirmarse en estampida masiva los gestos de hoy sería, y esto es lo lamentable, el primer servicio que debido a un cambio en sus condiciones de uso y privacidad es abandonado masivamente. Este mismo año Google y Microsoft hicieron cambios idénticos y agresivos, y no pasó nada. Y creo que ahora tampoco sucederá nada. Y, en cualquier caso, si el problema es la privacidad podemos aprender de Zuckerberg y si el problema es que el servicio hace lo que quiere con nuestros datos, podemos abrazar Internet y todo lo bueno que tiene que ofrecer y buscar un servicio propio con software libre, o al menos un servicio de pago que no pretenda ganar dinero con nuestros datos.

Y el que aún tenga dudas de por qué creo que no sucederá nada puede volver a leer el artículo de hace unos días (y los comentarios que allí hay) sobre dospuntocero tardío, recentralización y tabletización. En Instagram hay personas subiendo fotos que jamás usaron nada de lo anterior: no digo ya los blogs o la web de hace una década, sino Twitter incluso. Y son instagramer activísimos… y están tranquilos. Lo soportarán, lo cual no implica que haya que dejar de construir alternativas. Pero han de ser alternativas que permitan conciliar el futuro que soñamos hace 15 años con el entorno real en el que debemos construirlo.

[Actualización (2012-12-10): Tras la conversación mantenida en comentarios he actualizado el título a «Servicios gratuitos en Internet y precariedad».]

Google fuerza SSL en búsquedas desde Chrome

Google aún no confirma el movimiento, pero desde hace unos días todas las búsquedas realizadas a través de la omnibox de Chrome se procesan usando un canal SSL. Un nuevo movimiento agridulce: por una parte está bien la extensión de SSL, pero cuando lo hace Google, no podemos obviar todas las implicaciones del gesto.

Hace un año, Google ya dio este paso para los usuarios que habían iniciado sesión en sus sistemas, oficialmente por motivos de seguridad. En Google, SSL, seguridad y asimetría de la información comentábamos que:

«con este movimiento Google limita la cantidad de información que entrega a webmasters que hasta ahora podían saber qué términos de búsqueda dirigían más tráfico a sus páginas

Google amplía la asimetría de la información existente entre lo que ellos almacenan y lo que saben/sabemos los demás»

Pues ahora, más. Google es un amante celoso y no le vale con acumular toda esa información, además la quiere sólo para él. Los amantes y/o profesionales del SEO lo tienen un poco más complicado, toda vez que Chrome tiene casi un 36% del mercado (StatCounter de este mes) y no para de subir mes a mes en el último año. Y aún tengo pendiente hablar de Universal Analytics y el giro copernicano que ello supone… y lo que podría implicar para la privacidad de las personas.

Y todo ello, como comentaba, sin olvidar que en sí misma, la extensión de SSL es positiva, aunque ya sabemos que fue objeto de exploits (y seguro volverá a serlo).

Sobre dospuntocero tardío, recentralización y tabletización

Al hilo de The web we lost, un interesante post de Anil Dash, el minipost de Antonio titulado De los mitos de la web2.0 a la dictadura de los concentradores sociales me ha dado pie a dejar un comentario que ahora convierto en post por dos motivos: porque me quedó un poco tocho (decidí ignorar el capítulo de comentarios de la netiqueta blogger por una vez) y porque no puse enlaces a conceptos que mola revisar para entenderlo todo (no decidí saltarme la netiqueta blogger completamente y no spammeé demasiado).

Vamos, lo que llevamos años diciendo por aquí, pero si lo dice Dash mola…

Yo no creo que lo 2.0 se amparase en que «adsense pervirtió» nada. Vamos, eso lo he oído muuuy pocas veces y decir que esa es la percepción general es reinterpretar la historia.

La promesa del 2.0 era la promesa de la diversidad: gestionar tu agenda, las fuentes de las que te informas, la forma en que te informas. Prometía darte libertad para comunicarte con los otros sin intermediarios que merecieran llamarse medios, para informarte de las cosas que de verdad te incumben.

El problema es que los pioneros que veían eso obviaron un hecho: la mayoría de la gente no va a construir su propia red de fuentes, su propio sistema. El problema del RSS no es que no permitiera descubrir (en sí mismo, es una tubería por la que circula y se distribuye información… es la base de ese descubrimiento de información, si las personas lo usan bien e innovan sobre él), sino que las personas no estaban dispuestas a aprender lo que era. El RSS quedó para techies no porque fuera inútil o extremadamente difícil, sino porque había que aprender a usarlo.

De ahí que el «2.0 tardío» diera lugar primero a espacios tipo Meneame (frente a Del.icio.us) y luego a Facebook o Twitter, y que ahora todo lo que no sea una «app» muy bonita pero muy encorsetada lo tenga crudo para recibir reviews y visibilidad. La realidad es que hay personas usando Flipboard en su iPad que jamás leyeron ni leerán asiduamente blogs.

Porque la mayoría de usuarios que fue llegando a Internet veían en estas herramientas concentradoras unos sistemas que les permitía realizar una transición acrítica a lo digital, y es lo que estaban buscando al llegar a casa agotados después del trabajo: más de lo mismo, pero en digital.

No sé, de verdad… lo que dice Dash no es nada que no hayamos dicho ya mil veces otras personas, yo entre ellas. Y no cometemos el facepalm de tener comentarios de Facebook mientras lo contamos.

Más aún, ese tipo de evolución es lo natural en Internet y a menos que alguien venga con una idea disruptiva que cambie el modo en que nos conectamos, nada de eso va a cambiar.

Lo principal es hacer didáctica de que «otra Internet es posible»: más diversa, más empoderadora, menos centralizada y, en consecuencia, menos frágil ante los caprichos del intermediario.

Internet es un entorno en el cual la competencia es enorme pero el efecto red es aún más importante que en otros ámbitos. y eso favorece dinámicas de mercado perversas en la cual encontramos toda la meritocracia posible (gran competencia e innovación aparejada) y posteriormente un efecto «el ganador se lo lleva todo». Google innovó, revolucionó el mercado de búsqueda y moldeó el de la publicidad online, ganó miles de millones de dólares. Arrasó a la competencia, se lo llevó todo y más de una década después sigue estancado en una interfaz que es el equivalente a una consola de comandos. Ouch.

Stallman sobre la integración Amazon – Ubuntu: «es spyware»

Al hilo de la integración de Amazon en la nueva Ubuntu (cuyas ventajas y desventajas ya analizamos detalladamente en estas páginas), Stallman dice (desde las páginas de la FSF):

But there’s more at stake here than whether some of us have to eat some words. What’s at stake is whether our community can effectively use the argument based on proprietary spyware. If we can only say, «free software won’t spy on you, unless it’s Ubuntu,» that’s much less powerful than saying, «free software won’t spy on you.»

To protect users’ privacy, systems should make prudence easy: when a local search program has a network search feature, it should be up to the user to choose network search explicitly each time. This is easy: all it takes is to have separate buttons for network searches and local searches, as earlier versions of Ubuntu did.

Privacidad por una parte. Erosión del discurso del software libre por otra.

En Venture Beat sentencian:

Aside from the issue of how unusual it would be for someone to be searching their own computer for commercially-useful queries like “the beatles,” or “Lord of the Rings movie,” this is unlikely to satisfy privacy advocates.

Hacer el sistema intrusivo para un caso de uso altamente infrecuente es mala idea. Y el coste en privacidad también es mala idea.

Recomendable volver a leer el análisis que hicimos al respecto de la integración de Amazon en Ubuntu.

Bocados de Actualidad (154º)

Y ahí van otra vez esa colección de enlaces que no tuvimos tiempo (o ganas) de comentar durante la semana. La ronda centésima quincuagésima cuarta nos llega al ritmo de Shannon Wright, a quien pudimos ver en La Faena hace unos días.

  • Andrés Lomeña publica una interesante entrevista con David Graeber.
  • Dropbox como el paradigma de las herramientas que se usan en las empresas sin control del departamento de informática de la misma, en GigaOM.
  • En Cartograf una serie de artículos sobre empresa cuantificada, con justificación de decisiones y alguna explicación adicional.
  • Koen de Paus en su Google Plus sobre por qué Alemania se las ingenia para seguir produciendo cosas industriales. En una palabra: Research.
  • Buytaert y la extensión del plazo para la feature freeze de Drupal 8 hasta el próximo febrero.
    Hablando de gestores libres, mañana saldrá WordPress 3.5 y Technosailor nos dice 10 cosas que debemos saber sobre él. Lo cierto es que hacen un upgrade muy tímido.
  • Bianka Hajdu comenta los pasos de Coursera, yendo tras Udacity al ofrecer servicios de reclutamiento y selección de talento. El rival a batir en esa lid, en todo caso, es Linkedin.
  • Transformación Digital y ¿está la educación superior en un momento pre-Napster?
  • La UNCTAD (Naciones Unidas) sobre software libre.

Recordar que comparto muchos más enlaces casi diariamente en mi gestor de marcadores, y que hay un feed al que pueden suscribirse, que también comparto algunas cosas en Twitter y que publico notas breves y más variadas en Ad Astra Errans.

Aquí, Shannon Wright y su Avalanche en la gira de 2009 (año en que también pudimos disfrutar aquí en Madrid).

Y ya sabemos que los bocados son un saco, así que pueden dejar aquí ese comentario o ese enlace que en otro sitio sería considerado off-topic :)

No me cabe duda de que culparán a David Bravo

«Siento que la Comisión me pide que me abstenga de hacer algo que la ley no prohíbe, bajo amenaza de acciones legales de todo tipo. Se trataría en mi opinión del delito de amenazas del artículo 171.1 del Código Penal.

Por otra parte, estoy seguro de que la jugada les será de poca utilidad. No me cabe duda de que los medios de comunicación, cuando lean esto y vean hasta qué punto es capaz de llegar la Comisión para guardar en secreto la identidad de sus integrantes no descansará hasta conseguirlos, no pararán de llamarles y solicitarles los nombres por todos los medios a su alcance hasta hacerse finalmente con ellos. No me cabe duda de que los periodistas harán su trabajo. No me cabe duda.»

David Bravo, en El diario

(Las negritas las he puesto yo.)

David Bravo demanda a la «comisión Sinde» por amenazas. El problema actual no es que la citada comisión se encargue de hacer cumplir la tristemente famosa (y vigente) ley Sinde (también llamada Sinde-Wert, este señor se hizo pronto un hueco en nuestros corazones…), para la que hay poca alternativa que no pase por destruir el entramado artificial de restricciones que provoca la ley de propiedad intelectual actual por la vía del hackeo al sistema: creando contenido libre.

No, el problema es que lo hace de forma opaca y eso es inadmisible en democracia. Pero bueno, a mí tampoco me cabe duda que los periodistas, que ven su puesto de trabajo en peligro y necesitan justificar diariamente su rol de luz y guía de la libertad de expresión (y, de camino, que nos gastemos un eurillo -largo- en su periódico), harán su trabajo en favor de esa Internet libre para una sociedad libre. O quizá es esta Internet libre en la que cualquiera publica lo que quiere la que… nada, idea descartada. A mí tampoco me cabe duda de que cuando cierre el último periódico en papel (y no logren replicar el modelo en digital) los periodistas también culparán a David Bravo de la situación. Por pirata primero, y por intrusismo profesional después. No me cabe duda.

Burbuja

«It’s wannabe journalists writing about wannabe investors giving money to wannabe entrepreneurs and everyone in the circle jerk believing that the whole thing makes perfect sense because, trust us. This. Will. Be. Huge. Oh, and by the way, bloggers aren’t just bloggers anymore — they’re now entrepreneurs too. Because blogs are venture-funded startups. Get it?»

Dan Lyons, en Readwrite.com

La palabra emprendedor mola, claro. A mí siempre me recuerda a Luis Pérez: «no me llames emprendedor que parece que me voy con la mochila al Aconcagua; llámame empresario». Porque ésa es la verdad, pero en determinados contextos (el español, por ejemplo) esa palabra tiene connotaciones negativas. Y cada vez que un wannabe periodista sube «el código fuente de su noticia» a Github, dios mata a un gatito.

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