Hay muchos matices a la afirmación que titula este artículo, pero sin duda esos matices son muchos menos si nos circunscribimos a un entorno como la web. En la web, lo que no pagas no te pertenece.
Desde ayer tenemos la polémica servida con los cambios en política de privacidad de Instagram. En breve: compartirán toda su info con Facebook y se guardan la propiedad de las imágenes, lo cual no resulta en absoluto sorprendente, pero de repente hay toda una ola de comentarios apocalípticos que ignoran lo fundamental: sabíamos que esto sucedería, y lo sabíamos desde el principio.
Como bien explicó hace mucho Bianka Hajdu en el blog de Cartograf:
- Con nombre de dominio propio somos completamente autónomos. Nuestro dominio es nuestro hogar, ese espacio en el que disponer la información como queramos.
- Si pagamos por un servicio web en el dominio de otro, somos inquilinos. Puede que tengamos que convivir con ese armario feo pero tan especial para el propietario, puede que resulte posible colocar algún adorno acorde con nuestros gustos, pero no tendremos mucho control. Nuestro contenido será accesible con las mismas URLs mientras sigamos pagando la cuota mensual o mientras nuestro proveedor siga en el negocio.
- Si usamos un servicio gratuito, en el mejor de los casos somos invitados a completa merced de nuestro anfitrión.
En el mejor de los casos, los servicios gratuitos te dejarán exportar tus datos y podrás cargarlo en otro sitio diferente, quien vaya a buscarlos a su antigua ubicación encontrará errores y para que te encuentren en tu nueva casa tendrás que volver a hacer esfuerzos y comenzar (en la práctica) casi desde cero.
No es el primer caso de servicio que toma medidas en este sentido y los usuarios se cabrean. De confirmarse en estampida masiva los gestos de hoy sería, y esto es lo lamentable, el primer servicio que debido a un cambio en sus condiciones de uso y privacidad es abandonado masivamente. Este mismo año Google y Microsoft hicieron cambios idénticos y agresivos, y no pasó nada. Y creo que ahora tampoco sucederá nada. Y, en cualquier caso, si el problema es la privacidad podemos aprender de Zuckerberg y si el problema es que el servicio hace lo que quiere con nuestros datos, podemos abrazar Internet y todo lo bueno que tiene que ofrecer y buscar un servicio propio con software libre, o al menos un servicio de pago que no pretenda ganar dinero con nuestros datos.
Y el que aún tenga dudas de por qué creo que no sucederá nada puede volver a leer el artículo de hace unos días (y los comentarios que allí hay) sobre dospuntocero tardío, recentralización y tabletización. En Instagram hay personas subiendo fotos que jamás usaron nada de lo anterior: no digo ya los blogs o la web de hace una década, sino Twitter incluso. Y son instagramer activísimos… y están tranquilos. Lo soportarán, lo cual no implica que haya que dejar de construir alternativas. Pero han de ser alternativas que permitan conciliar el futuro que soñamos hace 15 años con el entorno real en el que debemos construirlo.
[Actualización (2012-12-10): Tras la conversación mantenida en comentarios he actualizado el título a «Servicios gratuitos en Internet y precariedad».]
