¿Microagresión? Micromentira

De entre las muchas vaguedades argumentales que se han popularizado con ayuda de eso que englobamos bajo el paraguas de posmodernismo, me gusta siempre fijarme en el concepto de microagresión.

Me gusta porque es un concepto imposible y cuya carga moral es absolutamente rápido de desmontar. Muy interesante porque, en efecto, el posmodernismo es pura semántica de combate, y tildar de agresión los pequeños actos cotidianos tiene un claro objetivo: generar carga ideológica contra quienes actúan de una forma en la que el interlocutor que usa este término no quiere que actúen, para arrinconarlos socialmente.

La definición canónica: se suele llamar microagresión a pequeños actos cotidianos e involuntarios -comentarios, preguntas, gestos, …- que hacen que otras personas se sientan ofendidas o discriminadas, incluso cuando la persona que realiza la acción no pretendía en ninguna forma ofender ni discriminar. Usar la expresión humor negro, o no sentarse junto a alguien en un autobús pueden ser considerados microagresiones, según el contexto, siquiera aunque te sientes en otra parte del autobús por la sencilla razón de que hay más espacio (y no porque ninguna persona te cause problema alguno).

Como ya he anunciado arriba, el melón aquí es que el término es completamente falso.

  • Si es involuntario no es agresión. Una agresión requiere voluntariedad. Una agresión es lo que sucede cuando decidimos actuar de forma que hacemos daño a otros, voluntariamente. Si el daño (siquiera de ofensa) se causa sin querer podrá ser un accidente, pero desde luego no es una agresión.
  • Si el daño es voluntario, es inaceptable llamarlo micro. Y si decidimos voluntariamente actuar de forma que causamos daño o malestar en otros, no hay forma de que esa acción sea calificada de micro. Actuar voluntariamente para hacer daño físico o psicológico a otros no debe nunca ser calificado de micro como para quitarle peso.

Así que ya lo saben, la siguiente vez que alguien les insista con chuminadas posmodernas, interseccionalidad, y microagresiones, sepan que nada de eso tiene sentido. Y si se animan a debatir, ya tienen ideas para desmontarles las sandeces. Si además les interesa profundizar y aprender más sobre cómo estas corrientes de pensamiento están influyendo negativamente en la madurez de nuestra sociedad, lean a Jonathan Haidt, cuyo libro no me canso de recomendar en este blog.

Por qué prestar atención a las herramientas que usamos

Y no necesitas ser un optimista incurable para ver que las herramientas se hacen mejores con el tiempo. Piensa en el sistema de números romanos. Este aparato cognitivo es perfectamente bueno para ciertos propósitos, incluyendo medición y gestión de registros. Pero, tal y como señala el biólogo David Krakauer, no es particularmente bueno para el cálculo. No hay un algoritmo sencillo para dividir C entre IV, por ejemplo, o multiplicar X por MCMLX. Los europeos usaron el sistema romano durante 1500 años. Esto significó que, durante todo ese tiempo, fueron incapaces de multiplicar y dividir. Eran fisiológicamente capaces de hacerlo, por supuesto, pero no habían instalado en sus cerebros el software cultural apropiado. Actualmente usamos el sistema indoarábico, que facilita mucho el cálculo. Literalmente nos hace más inteligentes.

Steve Stewart-Williams, The Ape that Understood the Universe: How the Mind and Culture Evolve

Actualización 2020-06-20 @ 10:57: Me puso Pere sobre la pista de un algoritmo para multiplicar números romanos. Farragoso, pero válido, las cosas como son. Así que sí: las herramientas aún nos ayudan a llegar más lejos, pero parece los números romanos se pueden multiplicar.

Vacunas y patentes

Con el tema de la COVID19 y el creciente interés en el desarrollo de tratamientos, incluyendo tratamientos preventivos como el desarrollo de una vacuna, vamos a vivir un episodio más de la polémica sobre las patentes.

Si se desarrolla una vacuna, ¿se va a aplicar el mecanismo habitual de protección industrial para que solo una empresa pueda fabricarla durante años? ¿Se va a obligar a la misma a licenciarla para que otras fábricas puedan producirla? ¿Van a pagar los gobiernos a tocateja o se inventarán atajos para no pagar los mismos gobiernos que siguen cobrando canon digital por los discos duros de tu PC (aunque el 90% de la población se conforme con oir música en streaming desde Spotify o Youtube)?

En definitiva, quienes durante muchos años hemos debatido sobre propiedad intelectual nos lo vamos a pasar muy bien debatiendo de nuevo pero desde un ángulo nuevo: en lugar de debatir su aplicación al software hablaremos de medicina. Ambos elementos son críticos para nuestra sociedad, veremos si reciben trato simétrico o asimétrico.

Abrigo bastante curiosidad por ver cómo lo resolvemos como sociedad, todo sea dicho.

Hey promete rescatar al email, ¿lo logrará?

Soy un amante del email, me encanta escribirlo y me encanta leerlo.

Pero esto no incluye a los mensajes automáticos. Las notificaciones son útiles, pero me decepcionan cada vez que recibo un email y está escrito por un robot. Las newsletters, ya os conté lo que pienso de ellas.

Quizá por eso espero desde hace meses el lanzamiento de Hey, por parte de Jason Fried y la gente de Basecamp. En su blog incluso contaron cómo adquirieron el dominio, en una versión que imagino dulcificada pero estoy dispuesta a tomar tal cual, porque me parece también respetuosa. Y yo creo en el respeto en general.

El próximo lunes abren lo que sea que hayan hecho ahí. A ver qué es, a ver qué mejoras trae, y a ver si tienen suerte.

No son las newsletters, soy yo

Estamos en 2020 y, si hay un tema tan de moda en Internet como el coronavirus es, se trata de las newsletters. Todo el mundo tiene una, y quien no la tiene, da vueltas a la idea de hacer una.

Al hilo de esto, Olga Rusu (el alma detrás de Cotton Seeker), Juan Lupión (creador de tantas cosas, que no sabría cuál enlazar*), y yo mismo charlábamos el otro día.

No voy a decir que las newsletters no sean válidas. Claro que lo son, pero no son para mí. Tampoco podemos decir que sean nuevas: han existido desde siempre. De hecho, Calacanis (que fundó Weblogs Inc. y la vendió por un dineral aunque ya nadie recuerde eso) ha escrito newsletters durante décadas ya. Incluso hizo el intento de cerrar su blog para centrarse en este formato por email… en 2008. De forma nada llamativa, Calacanis sigue teniendo un blog en 2020; y abrió una empresa de newsletters para vender anuncios. Sorprendente no va a resultarnos ahora que todo en esta Internet del gratis con publicidad sea marketing.

Y este es el meollo del problema: el e-mail marketing fue siempre el ariete de carga de toda campaña online. Si te cuelas en el email de alguien, has llegado muy lejos. De ahí que la proliferación de notificaciones y newsletters, todo ello aterrizando sin freno en nuestro email, convirtió uno de los pocos reductos digitales íntimos que nos quedaban en otro soporte para publicidad.

Mi respuesta no reflexionada: solamente sigo una newsletter que no me guste saltarme. La de Antonio Ortiz. Una época seguí la de David Bonilla, pero hace bastante tiempo que no la he abierto siquiera. Tampoco siento la llamada de suscribirme a otras.

Más allá de esto tampoco nada especial que añadir sobre el formato. Supongo que no son las newsletters, soy yo.

*, no es cierto, de entre todas sus creaciones siempre me gusta enlazar su aplicación para anticipar cuándo cae la Semana Santa cada año.

Hazte el favor de expresarte mejor

Los límites de mi lenguaje significan los límites de mi mundo.

Ludwig Wittgenstein

Por pura serendipia (gracias, Marta) encuentro esta proposición 5.6 del Tractatus Logico-Philosophicus de Wittgenstein.

Pocas cosas más significativas del embrutecimiento y envilecimiento de la sociedad que la reducción de los matices lingüísticos cuando hablamos y escribimos. Y no, no voy a hablar de adolescentes que innovan y usan su propia jerga, algo que me parece natural y necesario. Voy a hablar de adultos.

Lo que me parece llamativo es que una vasta mayoría de la población tenga vocabulario muy limitado, incluso cuando muchos de ellos presumen de alta cualificación. El vocabulario es clave para describir lo que nos gusta pero también, sobre todo y si cabe más importante, lo que no nos gusta sin caer en imprecisiones desde el punto de vista práctico ni en lugares comunes desde el punto de vista puramente estético.

Una derivada directa de esto es la simpleza imperante en el discurso público y resulta inevitable pensar que ese discurso simplificado hasta lo soez está diseñado para, y es comprado por, una población analfabeta funcional que sabe leer pero a duras penas consigue articular ideas complejas.

Me parece este hecho más grave aún que la existencia o no de faltas ortográficas en un texto, todo y que estas últimas me inquietan y me parecen especialmente graves cuando las firman vanidosos titulados universitarios que no merecen la credencial que ostentan.

Microsoft y software libre

Un artículo en el blog de entrevistas/conversaciones del MIT (vía The Register vía The Verge) recoge declaraciones de Brad Smith, actual presidente de Microsoft y durante muchos años uno de los principales responsables de asuntos legales y propiedad intelectual en esa empresa, donde afirma que son conscientes de que en el pasado se equivocaron respecto al software libre, que han aprendido, y que saben que el camino no es oponerse sino abrazarlo. Dice ahí el señor Smith que:

“Microsoft was on the wrong side of history when open source exploded at the beginning of the century, (…) the good news is that, if life is long enough, you can learn … that you need to change.

En este blog no nos sorprenden los hechos en sí, hemos repetido eso en varias ocasiones, como al hilo de la compra de Github por Microsoft hace un par de años, y del balance que hicimos de la situación hace unos meses. Decíamos entonces que:

Microsoft ha cambiado mucho en las dos últimas décadas, de difundir FUD continuo contra el software libre a contribuir activamente a muchos proyectos (precisamente mencionaría GVFS, íntimamente relacionado con Git) o, como ahora, comprar Github.

Lo cierto es que es absolutamente reseñable que Microsoft esté detrás del IDE en software libre estrella del momento (VS Code), del lenguaje de programación estrella del momento para la web (TypeScript), del gestor de paquetes más usado para NodeJS (Node Package Manager, comprado hace apenas un par de meses), y del servicio más utilizado para almacenar código fuente en proyectos libres (Github, que ya he mencionado en este post).

Sabiendo todo esto, solo a un ciego le sorprenderían estas declaraciones, pero sigue siendo reseñable que hablen claro sobre este tema.

Otro día hablamos sobre cuánto de todo esto hay que atribuirle a Torvalds con su visión pragmática o a Stallman con su visión idealista. Está claro que Microsoft compra y apoya el modelo por motivos puramente ingenieriles, esto es: se produce mejor software así. Pero, como digo, todo eso lo debatimos otro día.