Una de humor por una causa más que justa de la que ya hemos hablado anteriormente:

Gracias, Javi.
Hace unos días dedicamos un artículo a explicar la diferencia entre datos propios, pagados, y públicos cuando hablamos de inteligencia en la empresa. En él hacíamos referencia a la inteligencia de fuente abierta (a menudo referida por su acrónimo inglés OSINT, Open Source Intelligence), que entra en acción cuando trabajamos con datos públicos y datos pagados. La mayor parte de la información disponible en Internet es públicamente accesible, de ahí que las metodologías para el procesado eficiente de toda esta información jueguen un rol determinante a la hora de optimizar los recursos destinados a trabajar con esta información con el objetivo de elaborar nuevo conocimiento.
La inteligencia de fuente abierta es la inteligencia que elabora nuevo conocimiento a partir de fuentes públicamente accesibles. A este efecto, se consideran abiertas fuentes de información tan diferentes como la web, una revista, o cualquier un repositorio de información (ya sea público o privado). Lo definitorio es que para acceder a ellas no necesitamos recurrir a técnicas de subterfugio.
Hay que reconocer que el nombre induce claramente a error. Por una parte, cuando hablamos de inteligencia (entendiendo inteligencia tal y como la entendemos en servicios de inteligencia) pensamos en servicios de espionaje y procesado masivo de información estatales. Típicamente cuerpos como la archiconocida (gracias a Hollywood, sobre todo) CIA, organizaciones opacas al servicio del gobierno con recursos ilimitados para el procesado sistemático, rutinario, y masivo de información. Por contra, nos estamos refiriendo a estructuras pequeñas, compuestas por grupos de analistas especializados que monitorizan y extraen datos relevantes desde fuentes diversas de información públicamente accesibles. Hay inteligencia, pero no hay agentes secretos.
Por otra parte, el término fuente abierta puede hacernos pensar en software libre. Aunque el software de código abierto no necesariamente es software libre, ambos términos se confunden frecuentemente y al ser ya conocidos por todos, la confusión está servida cuando hablamos de inteligencia de fuente abierta. La inteligencia de fuente abierta no es abierta en el sentido de código abierto, sino que hablamos de la pública accesibilidad de los datos. En OSINT no se recurre a subterfugios, ni «espionaje», ni consiste en acceder a información privilegiada en reuniones a puerta cerrada.
Muy al contrario, el objetivo es exprimir al máximo la información disponible públicamente, y ello incluye cosas tan diversas como información web, revistas especializadas del ámbito que estamos monitorizando (generalmente no serán ni gratuitas ni mucho menos libres), todo tipo de bibliografía gris (informes, white papers, libros blancos, …), o repositorios tanto privados como públicos (esto incluye también los registros administrativos públicos oficiales).
El principal objetivo de la inteligencia de fuente abierta es reducir el tiempo de investigación (y en paralelo el coste) de temas concretos, construir líneas de tiempo con aplicación en auditorías (líneas de tiempo hacia atrás, cómo sucedieron las cosas) y como análisis prospectivo (hacia adelante, cómo está previsto que sucedan), realizar análisis de redes, y junto a todos estos procesos el análisis nos ha de permitir detectar nuevas fuentes de información, e incorporarlas a nuestro catálogo para garantizar que el sistema sigue operando en el futuro de forma fiable.
Aunque los primeros en alabar las virtudes de la inteligencia de fuente abierta y adoptarla como método fueron los analistas especializados en relaciones internacionales y conflictos armados (en español, Jesús Pérez es probablemente el exponente más representativo), actualmente sus aplicaciones van muchísimo más allá de este ámbito. De hecho, en la mayoría de ocasiones la usaremos para resolver problemas de interés para cualquier empresa: estudios de inteligencia de mercado, inteligencia competitiva, análisis sectoriales o cartografía de redes y establecimiento de mapas de relaciones entre stakeholders de un ámbito concreto.
La inteligencia de fuente abierta no es «inteligencia» al estilo burocrático de la CIA ni al estilo agente secreto tipo James Bond. Y tampoco es de fuente abierta en el sentido en que el software es de código abierto.
Por contra, por inteligencia de fuente abierta entendemos metodologías de análisis de cantidades masivas de información con el objetivo de obtener conocimiento que puede ser aplicado a los procesos de toma de decisiones estratégicas propios de la empresa (inversión, detección de oportunidades, nuevos proyectos, internacionalización).
Parecen ser dos conceptos enfrentados:
Malcolm Gladwell too often presents as proven laws what are just intriguing possibilities and musings about human behavior.
A algunos ejemplos de vendedores de humo de tres al cuarto nada rigurosos que conozco bien el WSJ suma ahora al más conocido Malcolm Gladwell, que por cierto es citado por frecuencia por cualquier trilero que se precie, por su facilidad para generar afirmaciones fantásticas, aunque a menudo todo parezca indicar que no procede hacerlo.
Supongo que unos admiran en el otro la falta de rigor y, al percibirla, resuenan de felicidad.
El mismo autor de ese review publicó en su blog algunas ideas que no entraron en las 2.500 palabras que le dio como límite el periódico. En él recoge otras opiniones de Kottke, o de los autores de Freakonomics, que lo ponen en la misma línea.
Por mi parte, el libro de Gladwell lo tengo abierto en mi lector desde hace un par de días, aunque apenas me leí el foreword a estas alturas, habrá que ir con cuidado.

En los desarrollos teóricos y experimentales que llevaron al hallazgo de la partícula que mediáticamente se conoce como «bosón de Higgs» han participado miles de científicos en el último medio siglo. Hoy a los dos investigadores principales se les ha condecorado con el mayor reconocimiento posible en su ámbito, con el premio Nobel de física. Lo hacen al más puro estilo de la academia sueca: premiando el desarrollo teórico sólo tras la demostración del mismo mediante la experimentación. En su día nos hicimos eco de este tema, ya era evidente que este reconocimiento sería inminente.
Para leer más sobre el tema, aunque no es difícil encontrar enlaces:
Hechos:
Solución propuesta:
Por suerte, el tiempo corre a nuestro favor. Ustedes ya no lo recuerdan, pero hubo un tiempo en que a cualquier cosa se la llamó blog… cuando los clientes se hartaron de la palabra, se les cambió el nombre. A los pósters les pasará lo mismo: dejarán de ser llamados infografías.
Y saco este post porque ya me aburrí de ver pasar impunemente una colección de pósters de mediocres hacia abajo que son «vendidos» al grito de #infografía.

Hace un par de semanas publiqué en el blog de Cartograf un post sobre Mozilla Persona, cuáles creo que son sus virtudes (principalmente, qué virtudes tiene frente a OpenID que tanto prometía y que tan poco éxito tuvo finalmente) y cuáles son principales retos. En concreto, un ecosistema de sistemas de identidad centralizados con Facebook Connect como actor principal de proveedor de identidad, aunque Twitter, Google y otros no cejan en su empeño.
Precisamente, Persona por ser libre debería contar con el apoyo de todos los que no son Facebook (que es el que va ganando esa carrera, con creces), pero esto constituye que estas compañías asuman algo que no van a aceptar fácilmente, y es la renuncia a ser ellos mismos los que controlen un mercado (el del proveedor de identidad digital) tan cerrado como el que Facebook está capturando. En las condiciones de aislamiento actual, Persona puede pecar de ser una pareja fenomenal con la que nadie se atreva a bailar.
El post intenta ser didáctico, pueden leerlo en el blog de Cartograf: Persona como alternativa libre a Facebook Connect.
Hoy publico en el blog de Cartograf un detallado artículo sobre la ley de cookies: qué es, por qué cumplirla, cómo cumplirla.

Analizo un poco la situación, tomo nota de diversas interpretaciones, propongo algunas soluciones y esbozo alguna conclusión.
Es en las conclusiones donde se hace más evidente que hay algo desastrosamente roto con esta ley: ha enfurecido a quienes gestionan webs y lo ha hecho sin reportar beneficio ninguno a los usuarios, que quedan sumidos en una especie de «teatro de privacidad» (por paralelismos con el Teatro de seguridad, obvio) donde pueden terminar creyendo que no están siendo minuciosamente vigilados por algunos servicios web cuando no sólo es posible que éstos hayan instalado cookies, sino que lo más probable es que a corto y medio plazo ni siquiera las necesiten.
Peor aún, se trata de una regulación estatal para adaptar una directiva europea en nombre de la privacidad, al mismo tiempo que los servicios de inteligencia públicos se esfuerzan sin descanso en obtener más y mejores datos de cada uno de nosotros. Pero hacer una ley de cookies totalmente penetrada de posibilidad (a causa de ese consentimiento informado e implícito) parece ser un bastión de la privacidad. Mucha farsa.
Sin más, les recomiendo la lectura del artículo, que para eso se ha escrito :)