El peligro de rediseñar internet

Leo en Slashdot que el ministro japonés de telecomunicaciones (la versión nipona de nuestro nefasto Clós) planea reemplazar la internet actual por otra que estaría lista para uso comercial el año 2020 y que sería más rápida (claro, la actual también será mucho más rápida para 2020). Como cebo ofrece la tan quemada excusa de la seguridad: la nueva red sería más fiable frente al ataque de virus y ataques informáticos (News Launches).

Reinventar internet. Es una idea recurrente en el vender la moto de cada día. Juegan con nuestra psicología y nos dicen será más rápida sabiendo que inmediatamente pensaremos qué cantidad de cosas nos podremos bajar con esa velocidad. Pero velocidad de conexión y buena conexión no siempre es lo mismo y eso lo sabemos de sobra los clientes del lamentable servicio de ONO con su capado al p2p. Pero, ¿y si la internet más rápida que te puedas imaginar no te permitiera acceder a nada sin pagar? ¿De qué te serviría? Ya contesto no: De nada.

Por eso me llama la atención esta propuesta. Porque oímos algo así cada cierto tiempo y siempre pienso en el peligro que sustituir la internet actual. La actual internet es lo que es y permite lo que permite porque fue diseñada para ello (para comunicar con otras personas) fue diseñada, no todas las redes de computadoras tienen porqué ser así y eso lo saben todos aquellos que en su puesto de trabajo tienen un filtro que les dice qué puertos pueden usar y para hacer qué (por ejemplo, filtros de navegación que bloqueen webs como hotmail, blogger). Si internet te deja comunicar con cualquiera libremente es porque fue concebida como una herramienta de comunicación, no una herramienta de comercio, aunque precisamente sea su diseño abierto y libre el que haga posible el comercio.

Todo lo que necesitas para usar la red es atenerte a ciertos protocolos. Un protocolo es un apretón de manos. Dos personas se ponen de acuerdo en cómo van a hacer algo y lo sellan con un apretón de manos. Dos computadoras se ponen de acuerdo en cómo se van a enviar mutuamente la información (qué turnos, qué cantidad, cada cuanto tiempo) y lo sellan con un apretón de manos. Un protocolo. Y la internet actual es justa porque funciona a base de protocolos, acuerdos en los que ninguna de las dos partes impone a la otra cómo se harán las cosas.

Lo contrario sería una red basada en controles. Un control es una imposición de los términos de actuación o comunicación de una parte sobre la otra. Imaginen que un juicio es un protocolo. Una cárcel es un control. En términos informáticos un control es cualquier cosa que te limita, como la censura china en la red o los DRM de iTunes. Rediseñar la web dejando de lado su espíritu comunicativo para centrarse en su espíritu mercantilista llevará a que en un hipotético rediseño de la red no se busque facilitar la comunicación, sino el mercado. Forzar a las personas a pagar por toda pequeña pieza de información que desee (acceso a webs, descargas de música, de películas, …), indefinidamente. El sueño de multinacionales niponas como… Sony. ¿Curioso?

La implantación de las redes mesh está bloqueada por las omnipotentes compañías de telecomunicaciones y por fabricantes de hardware que aspiran a convertirse en productores de contenidos (de pago por visión y drm, claro), lo cual hace que absolutamente nadie incluya funcionalidades de comunicaciones sin capar en sus dispositivos. La legislación en materia de internet o es inexistente o es perjudicial, no hay buenas noticias en este ámbito y cuando legislan lo hacen a peor con leyes arbitrarias diseñadas para callar la ambición de los grupos de presión de turno. Por eso me parece tan alarmante las voces que hablan de rediseñar la web, porque ni mis queridos lectores, ni aquellos que jamás me van a leer, ni yo mismo tenemos el dinero suficiente para pagar a los abogados que presionarán para que la nueva red defienda nuestras libertades de comunicación actuales. Por eso esta propuesta me causa más estupor que entusiasmo. No es que la red se convierta en un sitio lleno de censura, es que un rediseño podría eliminar todo lo que de libertad hay en ella. Puede ser que sea el fin de la inocencia de internet, pero como decía aquel, y en el peor de los casos, virgencita, virgencita, que me quede como estaba. Que se concentren en otras cosas, la red actual ya funciona bien.

RFID en la Chaos Communication Camp

Curioseando por ahí, leo en el blog de Alex Girard que en la conferencia hacker Chaos Communication Camp de este año, que se ha celebrado en Berlín esta semana pasada, hubo otra vez monitorización de los asistentes mediante RFID.

Solicitaron a los asistentes que llevasen el Sputnik (tag RFID activo) de la edición anterior (para hacerlo más cómico, ¿en qué conferencia hay que llevar la acreditación al año siguiente?), aunque evidentemente tenían más si alguien quería. Que nadie olvide que eso es un negocio. Encima se quedarán diciendo que el sistema empleado (OpenBeacon) es open source… Visto esto la cosa parece mala porque de experimento nada. Implantación progresiva y saben qué es lo peor: del año pasado a este hemos visto la RFID llegar mucho más lejos, pero sigue habiendo un vacío legal enorme en torno a ella.

¿Quién nos ayudará a mantenernos fuera de control?

El cercamiento digital

«La ley encierra al hombre o la mujer
que los gansos del común han de sustraer
pero deja en libertad al ladrón
que roba las tierras comunes del ganso, sin perdón.

La ley exige que expiemos
culpas cuando lo que no es nuestro tomemos
pero no condona a damas y caballeros
que toman lo tuyo y lo mío, arteros.

Los pobres y los desahuciados no escapan
si, temerarios, la ley quebrantan
y eso está muy bien, mas hay que tolerar
a quienes conspiran para las leyes crear.

La ley encierra al hombre o la mujer
que los gansos del común han de sustraer
y los gansos toleran la falta de la tierra
hasta que alguno va y la recupera.»

– Anónimo, datado alrededor del S. XVIII(*)

El cercamiento es el nombre que recibe el movimiento naciedo en Reino Unido (y extendido a todas partes, también Andalucía o Cataluña), por el que a partir del S. XVII comenzaron a vallarse los campos de cultivo que hasta entonces eran de uso común. La excusa es que los campos en manos privadas producirían más comida para todos. «La gestión privada salvaría vidas». Al estar el campo en manos privadas se dificultaba el acceso a algo que, hasta entonces, había sido de uso común. Posteriormente se desmostró que los campos no producían más, sin embargo se favoreció la concentración de la tierra, la aparición de latifundistas y terratenientes. Durante el S. XVIII hubo muchas tensiones sociales por culpa de este asunto.

Por supuesto, no estaría ahora hablando de este poema si no estuviéramos en mitad de un nuevo cercamiento: el cercamiento digital. Un nuevo intento de poner vallas al campo y convertir en propiedad de unos pocos lo que antes era propiedad de todos o, más aún, ni siquiera era propiedad de nadie porque hay cosas que no se pueden poseer: nos referimos a las ideas y a las nuevas leyes de propiedad intelectual. Parece que no hemos avanzado nada en casi cuatrocientos años años, justo cuando Monsanto pretende convencer al mundo de que la concesión de un monopolio sobre el arroz transgénico salvará vidas, cuando es precisamente la conversión al monocultivo del arroz de Monsanto y sus enormes campos de cultivo lo que hace que en numerosas zonas de asia los niños estén malnutridos (pues se ha abandonado por el arroz el cultivo de otro tipo de vegetales que les aportaban vitaminas).

El enésimo intento por ampliar la cobertura de patentes al software y la medicina, de restricción de copia, de alargar la vida de los monopolios de explotación exclusivos de obras culturales y científicas. La reducción de lo que podemos hacer con las cosas que pagamos, la reducción del derecho a cita. Cercar, bloquear, limitar, sin que importe qué derechos de réplica, libertad de expresión e información se pierdan por el camino. Vallas, y más vallas, sobre algo que hace medio siglo nadie se habría cuestionado. ¿Compartir es malo? ¿Copiar una canción es como robar un coche?

Las leyes de propiedad intelectual no son un brindis al cielo para apoyar a unos cuantos artistillas que se hacen una foto en los escalones de Moncloa. Los artistillas se harán la foto gobierne quien gobierne porque de adular al gobierno (del signo que sea) le caerán favores. Las LPIs del mundo son parte de un todo más grande, y el que no quiera entenderlo que no lo entienda. Pero quizá mañana será tarde.

(*): «Prohibido pensar, propiedad privada» es un libro escrito al alimón por varios autores y que comienza con este poema eléctrico sobre «el cercamiento» (allí podrán encontrar también la versión original en inglés).

Cuando fueron a por los crackers

Mercè Molist se descolgó el otro día una adaptación del popular poema de Niemöller atribuido a Brecht. La reproduzco por si hay algún despistado que no lo haya visto en su blog.

«Cuando fueron a por los crackers de software,
guardé silencio
porque, aunque me aprovechaba de su trabajo,
yo no era una cracker de software.

Cuando fueron a por los trackers de p2p,
guardé silencio
porque, aunque me bajaba su música y películas,
yo no tenía ningún tracker de p2p.

Cuando fueron a por los hackers de seguridad,
guardé silencio
porque, aunque sus herramientas defendían mis sistemas,
yo no era una hacker de seguridad.

Cuando mi sistema ya estaba indefenso, fueron a por él,
pero entonces no quedaba nadie que supiese qué pasaba
y pudiese protestar

– Mercè Molist, inspirada en Cuando los nazis vinieron a buscar a los comunistas… de Martin Niemöller.

Mezclando sillas con manzanas. Drogas, armas y piratería.

Hay una entrevista muy interesante a Manu Chao en El País. Más allá de lo que Manu Chao pueda decir, que suele ser bastante interesante, me quedo en lo tendencioso de las intervenciones que hace el periodista Diego A. Manrique.

«En el nuevo disco hay una referencia a Tepito, extraordinario barrio de México DF donde todo lo ilegal está a la venta: armas, discos piratas, drogas.»

Ahí ahí, bien acompañado y cogidos de la mano. El tráfico de armas, el tráfico de drogas y los discos piratas. Son exactamente lo mismo oiga. Puestos a enunciar la pregunta de forma que el interlocutor y el lector puedan ser manipulados y asocien las ideas que queremos, yo lo habría hecho mejor, evitando que el entrevistado me responda a algo que no me interesa mucho:

«En el nuevo disco hay una referencia a Tepito, extraordinario barrio de México DF donde desde prostitutas hasta pederastas es posible encontrar hasta armas, camisetas falsas del Barça, discos piratas de Ramoncín, y drogas duras ilegales. ¿Cree usted que la piratería tiene a ese distrito en la miseria?»

¿No creen que expreso mucho mejor los verdaderos problemas de un barrio pobre de México DF?

El problema de las obras huérfanas en un mundo de copyright

Sirva esta cita de Cory Doctorow como introducción del problema:

«La posteridad se esfuma. En el caso Eldred contra Ashcroft ante el Tribunal Supremo de los EEUU el año pasado, el tribunal halló que el 98 por ciento de las obras con copyright ya no generan ingresos para nadie, pero que averiguar a quién pertenecen esas viejas obras con el grado de certeza que a uno le gustaría cuando un error significa el apocalipsis económico total [por las demandas por infracciones de de copyright] costaría más de lo que uno podría ganar con ellas. Esto quiere decir que el 98 por ciento de las obras expirará mucho antes de que lo haga su copyright.»

Cory Doctorow (via JA Millán)

¿Cuál es el problema? El 98% de las obras que tienen restrigida su copia mediante leyes nefastas como nuestra LPI no dan rendimiento económico para los editores y en muchos casos ni siquiera se sabe a quién pertenecen los derechos de monopolio y explotación exclusivos. Como consecuencia no vale la pena ir a juicio para ver a quién pertenecen (porque ya hemos dicho que no darán beneficios económicos) y como no se sabe a quién pertenecen los derechos o no dan beneficio pues nadie las edita para no pillarse los dedos en un juicio. Una cosa por otra y la casa sin barrer.

El 98% del caudal cultural de nuestra sociedad se pierde por culpa de leyes mal diseñadas, tremenda obsoletas en nuestro tiempo, cuando la solución legal para que toda esa riqueza no se pierda ya existe: tanto la aproximación que realiza el copyleft como la que se realiza desde el dominio público salvarían de la quema a todas esas obras.

¿Hasta cuando va a ser así? ¿De verdad queremos vivir en Farenheit 451?

El anarquista en la biblioteca («The anarchist in the library»)

Hace unas semanas estuve leyendo «The anarchist in the library» (Siva Vaidhyanathan, Ed Basic Books, 2004, que resultó ser una de las lecturas más adictivas de mis últimos tiempos.

El libro plantea un debate sobre algunos aspectos de la sociedad actual, principalmente se centra en la propiedad intelectual en muchos de sus ámbitos (desde el p2p, la RIAA y la vigilancia hasta los principios que rigen la ciencia, que han transformado el mundo estos últimos siglos y que ahora con la DMCA son bloqueados y amenazados en muchas ocasiones. Muchos casos de importancia elevadísima, como en los casos de patentes médicas y biotecnológicas.

La idea central del libro es que en este asunto se está llevando a cabo una lucha sin que ninguna de las dos partes haya analizado porqué surgen los problemas en éste ámbito ni el problema ético que acoge en su seno. La batalla tiene que ver con internet y con la intención de mantener unos mecanismos excluyentes para el acceso a la cultura, generando escasez artificial; la batalla tiene también que ver con los esfuerzos de mucha gente por destrozar esos límites artificiales. De un lado están las grandes corporaciones y los gobiernos queriendo imponer orden en un universo caótico (la red tal y como está diseñada ahora) y del otro está la gente luchando, paradójicamente, por imponer la economía de mercado que tanto propugnan -cuando les conviene- los que tanto se quejan del p2p y del acceso libre a la información (si hay dos productos iguales, adquiriré aquel que se me ofrezca más barato). Unos intentan imponer controles y otros se los saltan, y en el camino se queda el debate sobre qué es lo que más conviene a largo plazo y cuál es la mejor manera de asegurarlo. Como consecuencia nefasta de ésta carencia de análisis tenemos que se legisla en muchos ámbitos (propiedad intelectual, control de telecomunicaciones) a golpe de talonario e incluso a dedo, sin analizar qué es mejor a largo plazo, entendiendo como «lo mejor» lo que genere un mayor beneficio a la sociedad en su conjunto. Esto, por cierto, sucede en muchas partes pero en España me faltan dedos para contar las veces en que ha sucedido.

Bueno, partiendo de la base de que no comparto todas las tesis del autor, pues soy de los que piensan que el mayor beneficio a largo plazo se obtiene si no hay exclusión de acceso a la cultura, es un libro no muy largo, que se lee de forma muy ligera y que está escrito desde la moderación, intentando ser objetivo. Algo que se agradece cuando se tratan temas como la propiedad intelectual en el que solemos dejarnos llevar poderosamente por nuestras pasiones. Como pequeño inconveniente para muchas personas, no pude encontrar una edición en español de este libro, así que los que estén interesados habrán de leérselo en inglés.

Un libro muy interesante por las cosas que dice pero aún más por cómo lo dice. Aunque hay cosas con las que no estoy de acuerdo en absoluto creo que el esfuerzo del autor por mantener la cabeza fría bien vale un poco de atención. Un libro muy recomendable cuyo descubrimiento agradezco a La Vigi, que habló de él hace ya algunos meses.

Este blog usa cookies para su funcionamiento.    Más información
Privacidad