Estar a la altura

Ayer un grupo de personas tumbó el sitio web de la SGAE mediante un ataque de denegación de servicio clásico.

Desde el principio pensé que ese ataque es una cagada, pues equivale a darle munición y metralla a un grupo de personas que están ansiosas por recibir munición y metralla para dispararlo todo contra nosotros. No todas las opiniones coinciden con la mía, hay quien opina que la ciberprotesta siempre está justificada.

Creo que nuestra generación tiene un reto a su madurez en este tipo de situaciones. Ya basta de pedir que cambien las leyes. No se trata de decir qué mala es la SGAE [las ponencias para el concurso de obviedades en la segunda planta, pasillo derecha, al fondo]. Se trata de hacerle el bypass a las entidades de gestión (del ámbito que sean): se trata de construir la alternativa. Lo que toca es publicar música sin copyright, devolver nuestros libros y nuestros textos al dominio público, crear un procomún libre sobre el que nadie pueda arrogarse privilegios exclusivos que devengan expolio cultural y monetario.

Logotipo del Movimiento por la devolución

Las licencias Creative Commons no persiguen alcanzar un mundo sin copyright (todo lo contrario, pretenden inculcar a las personas lo inalienable de los derechos de explotación exclusiva, cuando lo único inalienable son tan sólo los derechos morales sobre las obras; puro cercamiento digital minifundista) y no son servirán para eso. El dominio público es la única alternativa real.

Es posible un mundo sin SGAE y sin intermediarios que recauden impuestos revolucionarios amparados por el Estado. La pregunta real no es esa, sino si de verdad quieren un mundo sin restricción de copia. ¿De verdad quieren un mundo sin restricción de copia donde la SGAE no tenga razón de ser y desaparezca? Den el primer paso: publiquen contenidos libres de verdad, dominio público. Pero no le tiren la página web, que no ganamos nada y se les llenan los bolsillos de munición. ¿Quieren un mundo sin ellos? Demuéstrenlo: estén a la altura y déjense de medias tintas en las que vamos perdiendo la batalla de fondo.

Lecciones de Creative Commons: un problema añadido

En este blog hemos hablado a menudo sobre licencias: licencias de software y licencias para todo tipo de obras, así, en general. También apuntamos algunos de los problemas derivados de una oferta excesiva de licencias incompatibles entre sí. (Y eso sin entrar a las obras huérfanas, que ése problema es de licencias pero tiene más matices.)

Es un debate/reflexión que aquí ya tuvimos hace mucho y que concluyó con la devolución del blog al dominio público.

Estas semanas pude leer varios apuntes que se hacían eco de un informe realizado y publicado por Creative Commons a partir de sus propios datos en el que daban una estimación de qué tipo de licencias son las más utilizadas. Los datos se resumen en esta gráfica, que puede verse en la propia página de Creative Commons (los datos son de julio de 2008, y siguen ahí a día 2 de septiembre de 2009, por si actualizan los datos en el futuro y la situación diera un vuelco inesperado).

Porcentaje uso licencias Creative Commons

De esta figura extraemos dos datos importantes (uno de ellos muy importante):

  1. El 25% de las obras permiten únicamente copia sin modificación, que no permiten ni siquiera con el componente viral (utilizado por casi la mitad de los usuarios de estas licencias). Simple copycat para una de cada cuatro obras. Un mal dato.
  2. Pero el verdadero dato es que el dos de cada tres obras no puede ser usada libremente. Dos de cada tres, casi el 70% de las mismas, restringen el uso de las obras.

Toca buscar dónde está fallando el problema: la gran mayoría de obras copyleft(*) no son libres. Sus usos son limitados, en una gran cantidad incluso limitadísimos. ¿Quién tiene la culpa?

(*) En realidad no son copyleft, el término ha sufrido una devaluación mortal, me temo.

¿El problema es de Creative Commons? Sí y no. Creative Commons persigue quitar el poder a los intermediarios y dárselo directamente a los autores. Por tanto son los autores los responsables de que las obras no sean libres. La responsabilidad de Creative Commons es consecuencia de su asepsia con respecto al régimen de propiedad intelectual contemporáneo, cuyos principios y base no son puestos en duda por Creative Commons en ningún momento. Como dije en su día cuando este blog adoptó la licencia GNU FDL:

mientras la licencia GNU persigue el ideal de libertad renunciando a todos los derechos (ojo, que el término Copyleft iba acompañado en su primer uso con el epígrafe «renunciados todos los derechos»), Creative Commons persigue otorgar el control a los autores.

Como estos días nos recordaban en la bitácora de Las Indias:

La cuestión es que Creative Commons nunca se planteó cuestionar el monopolio legal de los autores ni ejerció crítica alguna a su pretendida función como incentivo para la creación

Así, los autores son los verdaderos responsables, pero ha de quedar claro que el entorno acrítico con la propiedad intelectual actual (en el que Creative Commons tiene su negocio y al que no va a atacar porque se le acaba el chollo) no fomenta el cambio de mentalidad que haga a las personas comprender qué ventajas tiene liberar de verdad su obra. El problema aquí es de mentalidad, y no de licencia. Alguien debería preguntar a los usuarios de Creative Commons porqué no liberan más su obra.

En todo caso, así a primera vista creo que podemos sacar algunas conclusiones, casi a vuela pluma:

  • La lógica de la abundancia no ha sido comprendida. De ahí las trabas a la libre distribución y remezcla de las obras.
  • Se sigue viendo la difusión máxima de las obras (no confundir con el plagio) como un enemigo. Seguramente hay entre los bloggers muchos que, como los medios masivos, piensan que Google y la circulación de sus obras es su enemigo. El problema no es la circulación, sino la abundancia (ya mencionado arriba).

Esto arroja otra conclusión siniestra: que casi todo el mundo impida el libre uso de sus obras confirma que aunque la mayoría critican a los partidarios del duro copyright (véase SGAE y similares), todos sueñan con repetir su mismo modelo de negocio: generar artificialmente escasez (prohibiendo el uso comercial de su obra) para ganar dinero en el s. XXI en la forma en que se ganaba en el s. XX.

Además, hay un problema añadido que comentan en No solo software:

Es por ello que me parece que los resultados obtenidos por Creative Commons en sus 8 años de proyecto no son suficientes, de hecho ni siquiera son positivos. CC está creando una ilusión injustificada de “obras libres” que no se corresponde con la realidad.

Una falsa sensación de obras libres que podría guiar a una relajación del activismo implicado en estos temas.

En conjunto, un verdadero problema. Esta vez el problema no es de licencias. Aunque aceptar el sistema de propiedad intelectual actual de forma irreflexiva, somo si fuera inocuo, sea algo negativo y eso sea precisamente lo que Creative Commons favorece, el problema no es de licencias: es de mentalidad.

Es en el modo de afrontar este problema de mentalidad donde alternativas como la Devolución al dominio público tienen un papel que jugar. Porque es disruptivo: porque invita a reflexionar sobre lo que el acto de escoger una licencia (en este caso, no escoger una licencia) representa y porque, en definitiva, suple muchas de las carencias mostradas por Creative Commons, sin devaluar lo que Copyleft significa. No olvidemos que la primera vez que el término Copyleft fue empleado, venía a compañado de la siguiente aclaración: «Copyleft. Revocados todos los derechos.» No parece que la mayoría de obras publicadas bajo Creative Commons merezcan (que viene de mérito) el apelativo de Copyleft.

CASH Music, artistas cortocircuitando discográficas

Ahora que lo veo escrito, creo que quizá el post es algo largo. Si decides leer, no digas que no te he avisado…

Kristin Hersh

CASH Music es un proyecto colectivo que conocí hace muchos meses por casualidad (buscando info sobre Kristin Hersh, confundadora del proyecto junto a Donita Sparks de L7) pero del que nunca llegué a hablar. CASH Music se defíne a sí mismo desde página web diciendo que que:

We are a Coalition of Artists and Stake Holders building an open source platform for the new, distributed music business. Our goal is to get powerful yet intuitive tools and services into the hands of the artists who need them so they can better reach their audiences.

Más abajo añaden que:

[CASH es] A way for audiences and creators to exchange creative perspectives and ideas. Why is this good? Because it’s how things are now — and in our humble opinion it’s a change for the better.

Vale. Ya lo voy pillando. CASH es un grupo de gente que ha entendido que en Internet la discográfica es una rémora y que hay que cortocircuitarla cuanto antes. ¿Nada innovador? Posiblemente no, iniciativas parecidas a otra escala las hay muchas (en Málaga tenemos a 2beginners haciendo una labor en esa onda). Lo que me llamó la atención fue que los artistas que participan ahí son muchos bastante conocidos, incluidas las dos confundadoras (pequeñas leyendas del rock alternativo hecho por mujeres desde los años 90).

¿En qué se traduce? De momento se traduce en cosas que podemos ver en muchos otros sitios: los grupos que están asociados a CASH licencian su música con licencias parcialmente abiertas (la más usada es la CC by-nc-sa) y permiten la descarga gratuita de los temas. A cambio tienen ahí su página web y un botón de paypal para que pagues lo que quieras, en la más pura tradición del Software libre (popularizada en la música gracias a Radiohead o NIN, aunque ninguno fueran pioneros), y también una sección en la que los fans pueden subir trabajos derivados o de tributo para que otros los puedan descargar también. Dicen que van a ir más allá permitiendo que los fans tengan una influencia directa sobre las giras y demás, supongo que al más puro estilo de los Einstürzende Neubauten y su supporter project. A ver si lo hacen y cómo les queda. De momento lo que hay ya es bueno. Me quedo escuchando Speedbath de Kristin Hersh (que fue por quien descubrí CASH), un disco liberado tema a tema durante 2007-2008 y que ahora podemos descargar entero en FLAC.

A diferencia de Radiohead, Kristin Hersh y los artistas de CASH no sacan su disco a través de discográfica alguna y eso hará que pase desapercibido pues los amantes de los top sin sentido y las listas no tienen en cuenta los discos que están fuera de los circuitos convencionales.

Evidentemente, esto es deliberado. Si no me sigues el juego no te meto en las listas ni te hacemos el coro del autobombo. Lo cual es un motivo más que suficiente para odiar toda lista: todo ránking esconde detrás un interés que, generalmente, lo invalida. El leitmotiv general de los rankings y las listas es generar escasez: en otras palabras, los ranking se hacen por y para servir intereses económicos. Visto así es lógico que las listas de música popular ignoren sistemáticamente a los artistas que no bailan el agua a la industria. La pregunta es: ¿quién querría estar ahí? La respuesta es que cada vez menos artistas están ahí.

Decían el otro día que casi el 90% de la música que circula en la red no ha vendido ni una copia (no tengo ganas de buscar el enlace, pero se pudo leer en todas partes por la red). Decían que es culpa de la piratería. ¿Seguro? No, claro que no. Un disco editado por una disquera no vende ni una copia? ¿Nos toman por tontos? Claro que no es así: la realidad es bien distinta. Ese 90% de música que no ha vendido ni una copia es música que no está fluyendo por el circuito de las discográficas, es por eso por lo que no venden copias. El nuevo mundo va de otra cosa: las cosas se dan gratis y se pasa la gorra. La música se regala y se cobra la voluntad o se amortiza dando conciertos. O no se amortiza en absoluto porque quizá es tan sólo ganas de crear algo mientras uno hace otra cosa para pagar las facturas. Muchos dicen que este es el año de las discográficas. Yo digo que no. La música sobrevivirá, las disqueras perdieron la guerra.

*** Algo de info para quien la quiera:

Shakespeare, Cervantes y la restricción de copia

Hoy todo el mundo habla de lo bueno que es leer, incluso aquellos que fomentan una incultura rampante como medio para mantener a la población atontada y fácil de manipular. Incluso aquellos que se dicen dedicados a la difusión y la defensa de la cultura, como nuestro innombrable ministro, al que no le tiembla la mano para favorecer a la industria de la propiedad intelectual.

Lo que nadie va a decir es que tanto Shakespeare como Cervantes, dos de los máximos exponentes de la literatura universal (cada uno en su lengua) desarrollaron su obra en un mundo con imprenta y sin restricción de copia. Porque la restricción de copia como tal «protección del autor» (antes existía como control censor del Rey de Inglaterra que así evitaba que se imprimieran panfletos en su contra) no fue introducida hasta 1710, en lo que se conoce como el Estatuto de Anne. También Molière, uno de los mayores dramaturgos en francés de todos los tiempos, desarrolló su obra en este periodo.

Los que pretenden convencernos de que la restricción de copia persigue la excelencia y el progreso de la cultura deberían mirar al pasado, deberían analizar los hechos e intentar ser mínimamente rigurosos en sus afirmaciones, por una vez en la vida. Deberían ver qué sucedió cuando las leyes no prohibían las aplicaciones que la tecnología tenía para aumentar la difusión de la cultura entre todos. Es hora de reclamar un estatus similar para nuestro tiempo. Aunque a corto plazo será suficiente con que las leyes de propiedad intelectual se modifiquen hasta términos razonables; ahora son absolutamente grotescoss.

***Post-data curiosa:
Dicen que el día del libro (otra de esas tonterías que no quiero comentar) lo es porque tanto Cervantes como Shakespeare murieron un 23 de abril de 1616. Eso es cierto, lo que no es cierto es que murieran el mismo día. Ya que en 1616, la península ibérica y las islas británicas se regían por calendarios diferentes. Aquí el gregoriano (más exacto, origen europeo) y allá el juliano. Ambos calendarios vienen de antiguo y lo cierto es que para esas fechas acumulaban ya un desfase de 10 días (por entonces, el calendario juliano marcaba el inicio de la primavera el 11 de marzo). Por ello, traducido a calendario gregoriano (actualmente utilizado en occidente) Shakespeare murió un 3 de mayo de 1616, 10 días después que Cervantes.

Hoy en día se lleva copiar más que crear

Hoy en día se lleva copiar más que crear, éste enunciado recoge lo que yo llamo la falacia de la copia. Siempre, en todas las etapas de la historia (y la prehistoria) se ha llevado copiar; no es algo nuevo.

Ya puedo imaginarme la situación: cuando el primer homínido invento el fuego, como quiera que lo hiciera -chocando piedras o frotando maderas-, el que estaba al lado no lo copió, sino que se puso a fabricar una lente de vidrio pulido que enfocara el sol sobre la madera. Porque copiar el sistema de las piedritas, ¿a quién se le ocurriría tal barbaridad si eso de copiar es un invento post-moderno?

En fin, lo que es moderno es querer impedir que los demás copien (por todos los medios). Eso sí es genuinamente propio de nuestro tiempo (bueno, no exactamente pero desde luego nunca como en nuestro tiempo se ha utilizado esta restricción, subvertida por los que no creemos en ella).