Universidad del Terror

Parece que la mercantilización de la lucha contra el terror sigue su curso. Si en Londres la sociedad bajo vigilancia avanza a ritmos agigantados, en EE.UU. lo último es potenciar los estudios superiores de Experto en seguridad nacional. Más de 200 facultades han creado estas titulaciones de Licenciado en Seguridad Nacional desde el 11-S, y otros tantos (unos 150) han creado titulaciones de Gestión de Emergencias. Lo leemos en Slate (via Schneier).

El gobierno estadounidense fomenta la creación de estas titulaciones y el mensaje está claro: creadlas que la gente se matriculará. Hay todo un mercado en expansión, pura continuación de la ley que prometía más subvenciones e inversión pública a las ciudades que demostraran sufrir un mayor riesgo de ataque terrorista. Esto solamente significa una cosa: se acerca una subida de tensión en la política del miedo. Y siguiendo el manual de esta política del miedo: aquellos con los miedos más grandes, serán los más poderosos.

Hay todo un sector en expansión, una pirámide de gente (y favores) medrando a costa de la política del miedo y sus consecuencias: una cultura de institucionalizar el terror y aprovecharlo económica y políticamente, para ayudarnos a desarrollar tolerancia a este modo de vida y a esta política de dominación. Como sucede con todas las pirámides económicas que dependen de un determinado factor, cuanto más crezca la pirámide de gente que vivan a costa del terror más difícil será deterer estas políticas (aún cuando estas políticas son precisamente lo que los terroristas desearían que se impusiera sobre nuestra sociedad).

Si no entienden de qué les hablo, revisen lo que ha sucedido aquí con la vivienda: millones de personas dependiendo del negocio, tanto que era más fácil huir hacia adelante invirtiendo más y más que cambiar el sistema económico e invertir en ámbitos sostenibles. En estos momentos, éste es sin duda alguna un problema al alza. Primero la ciudad más amenazada recibe más dinero. Ahora la Universidad que cree una titulación de este tipo encontrará una fuente de ingresos allí donde no había nada. ¿Se opondrán a estos mensajes del miedo dichas universidades? Veladamente, como mucho, porque si les están garantizando un buen montón de ingresos no se atreverán a levantar la voz.

Conviene recordar que cuando uno educa martillos, todo lo que esos martillos verán será clavos, y todo lo que vean lo tratarán como tratarían a un clavo (que es lo que fueron enseñados a tratar). Y en un país donde los derechos se erosionan con la excusa del terrorismo, lo último que se necesita son expertos titulados universitarios especializados en buscar terroristas y únicamente terroristas.

El p4p y la neutralidad de la red

Cada vez que me prometen que, con la misma infraestructura, se conseguirá una internet mucho más rápida me echo a temblar. Pienso que un rediseño de la red podría dañar seriamente su carácter distribuido, libre y, en definitiva, lo que la hace grande. Con el p4p no fue una excepción, pero no me paré a buscar dónde podría estar la trampa. Antonio Ortiz nos lo explica: el p4p funciona optimizando conexiones entre usuarios geográficamente cercanos, si Telefónica puede priorizar sus conexiones toda la neutralidad de la red se va al carajo. ¿Cómo garantizamos que no bloquean otras conexiones por otros motivos? Con el p4p tendrían excusa legal.

¿Cuánto pagarías por la libertad?

«Google ofrece subsidiar nuestra infraestructura web aún más de lo que ya lo está haciendo con Gmail, Blogger and iGoogle gadgets. Así, si escogemos albergar nuestros propios servicios tenemos que pagar por la flexibilidad y el control que eso nos da, así como tendremos que tratar con los problemas de escalabilidad y seguridad que Google cuidaría por nosotros. En este contexto, ¿Cuánto pagarías por esa libertad?»

– Tim Anderson, Reg Developer

Más voces matizan los peligros subyacentes en el Google App Engine si Google consigue su propósito y una buena porción del mercado con su nuevo servicio. Me llama la atención que ponga el acento en el hecho de que Google se ofrece a ser el dueño y señor de toda la infraestructura de la red. En unos años, podría no ser tan increíble.

[Nota: las negritas en la cita son mías]

¿Cuánto vale tu privacidad? Las aseguradoras y el mercado para limones

¿Cuánto vale tu privacidad? Esta pregunta no es baladí. Mapfre ha puesto precio a la privacidad de sus asegurados: exactamente la valoran en (como máximo) el 60% del precio de la póliza del seguro del coche, a cambio de estar vigilados siempre que te metas en el coche (20minutos).

Por supuesto, el que se crea que aceptando estas condiciones va a ahorrar dinero es que no tiene ni idea de cómo funciona el mercado de las aseguradoras, un sistema de información asimétrica cuya descripción en 1970 le valió a George Akerlof años más tarde (en 2001) el premio Nobel de economía.

La teoría de George Akerlof se conoce también como la teoría del mercado para limones y funciona así: la compañía recopila sobre las personas tanta información como pueden, para poder catalogarlas acertadamente como casos de alto riesgo (limones) o de bajo riesgo (melocotones). Si resulta que eres un caso de alto riesgo lo tienes crudo, no te va a asegurar ni cristo.

La mejor situación para los asegurados es aquella en la que la aseguradora no puede determinar si eres de alto riesgo o de bajo riesgo (podrías ser de bajo riesgo para un seguro de coches, porque conduces reposadamente, pero de alto riesgo para un seguro médico, porque tienes asma desde que naciste; te conviene por tanto que la compañía no conozca ni tus virtudes ni tus defectos). Pues Mapfre quiere conocer mejor a sus clientes, para discriminarlos mejor, y sólo ofrece (y sólo a los buenos, porque a los otros no les renovarán cuando concluya la póliza) un máximo del 60% de la cuota. Y encima te vigilarán, mediante GPS, todas y cada una de las veces que te subas al coche.

¿Cuánto vale tu privacidad?

*** Bola extra: lo preocupante del mercado de limones es que los estados quieren aplicar este mismo criterio, cuando dicen que los obesos deben pagar más impuestos o que tal o cual perfil de ciudadano debe pagar más sanidad, están aplicando exactamente los mismos principios. Manda cojones que esos estados estén sostenidos con nuestros impuestos, ¿no creen?

Bocados de Actualidad (57º)

Con algo de retraso respecto a lo habitual aquí tenemos la quincuagésimo séptima ronda de los Bocados, a ritmo de Vetusta Morla.

Algunas lecturas interesantes para un lunes laboral.

Buenas noticias aeroportuarias

Los autores de El estado secreto y los ciudadanos transparentes podrían estar a punto de recibir una bofetada a su plan de estado de excepcion permanente, algo ya común en todos nuestros aeropuertos.

Lo leemos en El Periodico de Cataluña: los duros controles aeroportuarios están a un paso de su anulación.

Hace unos años, un pasajero al que obligaron a desembarcar por llevar dos poderosísimas raquetas de tenis (de esas que matan a miles de personas) inició un litigio que ahora toca a su resolución. Lo cuenta Arnau y son buenas noticias, aunque aún estén por confirmar y quepa la posibilidad de que quede en nada.

La abogada general del Tribunal de Justicia de la Comunidad Europea ha presentado sus conclusiones al respecto de este caso:

El conjunto de medidas de seguridad son jurídicamente inválidas y debido a su carácter secreto deberían ser declaradas inexistentes.

Según la abogada, el artículo 254 del Tratado de la CE dice que el deber de publicar los reglamentos es inequívoco y no admite excepciones, que un anexo es una parte integrante de un acto legislativo y que por tanto, se están eludiendo de forma persistente e intencionada los requisitos de publicación, con lo que los ciudadanos no podemos saber los efectos de dicho reglamento al no conocer el anexo.

Las negritas son mías. Por supuesto, podría darse el caso de que nada cambie, de que cambie temporalmente para que se vuelvan a introducir medidas similares. Pero, por favor, permítanme soñar. La respuesta habrá de esperar todavía en torno a un mes.

La red que se pierde entre la nube

La lógica de hardware distribuido sobre la que se construye la red está en peligro. La red tal y como la conocemos juega una batalla decisiva frente a aquellos que pretenden reducirla y someterla a su control, aquellos que ansían construir algo diferente a lo que siempre soñamos que debía ser la red. La neutralidad de la red se prepara para recibir, en los próximos años, una columna de ataques que podrían borrar su esencia para siempre.

La neutralidad de la red en tiempos de GoogleNet. La red perdida en la computación en nube.

Si algo ha posibilitado el cambio que en las últimas dos décadas ha sufrido el mundo en el que nos desenvolvemos diariamente ese algo es, sin lugar a dudas, internet. Las redes en general, englobadas de una u otra forma en la internet que todos conocemos hoy. Internet no es una red de computadoras cualquiera. Internet es una red de computadoras altamente distribuida en la que, bajo la lógica de la inexistencia del derecho a veto (neutralidad) han prosperado nuevas formas de desarrollar actividades, relaciones personales y negocios en los que con pocos recursos se conseguía plantar cara a las empresas más poderosas del mundo. Esta lógica, que ha configurado nuestra sociedad digital como hoy la conocemos, está en peligro.

Internet es, en principio, una red distribuida. Millones de nodos por los que la información puede pasar del mismo modo, con igual facilidad para entrar y salir del sistema sin que esto afecte al resto de la red. Todos recibiendo información, todos emitiendo. Evidentemente, hay nodos permanentes en la red dedicados a emitir información y garantizar que la información que contienen están siempre online, con independencia de que su dueño esté durmiendo, en el trabajo, en la playa, en el avión. El truco y el éxito de internet es que todos podemos tener uno de estos nodos iguales al resto bajo nuestro control, sin más que contar con la conexión a internet y dejar la máquina permanentemente encendida.

Sin embargo, internet está cada vez más centralizada. En parte es culpa de la paradoja de control de internet: con una red cada vez más grande, las infraestructuras necesarias para conectar dos nodos cualesquiera de la red en un tiempo récord son también mayores, el aumento de la barrera de entrada reduce el número de actores que disponen de esta capacidad. Esto se traduce en la reducción de la competencia hasta dejarla, en muchos ámbitos, reducida a un oligopolio o a un conjunto de monopolios (si todas deciden desarrollar un modelo ultracerrado «tipo Apple»). Con la progresiva fusión y las adquisiciones de unas grandes empresas por otras (Microsoft quiere comprar Yahoo!, que mientras tanto decide aliarse temporalmente con Google para extorsionar a la compañía de Gates mientras lo único seguro es que Yahoo! no mantendrá su independencia durante mucho más tiempo), el número de actores se reduce por momentos. La neutralidad de la red reposando peligrosamente sobre el filo de la navaja.

Este contexto modifica radicalmente la lógica con la que estaba diseñada la red. La red, tal y como fue inventada, representaba un sistema distribuido en el que cualquiera pudiera conectar directamente con otro nodo. Y toda esta maravilla está construida usando una lógica: la lógica del hardware distribuido. La misma lógica de hardware distribuido que está siendo atacada constantemente cuando se publicita sin rastro de crítica la bondad de la computación descentralizada o cloud computing (literalmente sería computación en nube, pero me parece un nombre poco objetivo, más dado a la semántica del vendedor que a la lógica matemática de la red).

Sucede que este tipo de computación repartida entre diferentes máquinas está lejos de ser distribuida (quizá lo sea desde un punto de vista técnico, pero no desde el punto de vista del control de la red), más aún representa un ejemplo de manual de un servicio centralizado completamente bajo control de un único nodo. Por más que el vendedor (en el último caso que hemos conocido, Google) se empeñe en convencernos de que ofrece «computación distribuida», lo que realmente está ofreciendo es computación centralizada; centralizada en sus infraestructuras. El Google App Engine corre en muchas máquinas, pero tienen una única salida a la red, que es la que permite que no se note todo eso. Y esa única salida pertenece todo el tiempo al mismo (en este caso Google).

Hace unos días me hizo gracia que alguien decía que el futuro es distribuido para acto seguido cantar las maravillas del «cloud computing» de Google y sus nuevos servicios en los que Google «distribuye» la computación entre sus servidores. El problema es de concepto: digamos que esa computación es distribuida de puertas adentro (pues Google reparte carga entre diferentes máquinas) pero es absolutamente descentralizada si la vemos desde fuera (que es como lo vamos a ver todos) pues pertenece únicamente a Google; y Google impondrá sus condiciones.

Cuando se enfatiza que con estas tecnologías, y sobre todo estos servicios, alguien puede competir de igual a igual frente a cualquier gigante en la red se obvia un dato importante: se compite en igualdad frente a todos excepto frente al dueño de la red. Mientras en la red nunca nadie gozó de tanta preeminencia (siquiera por desdén, ya que Microsoft -que podría haberlo intentado- rechazó ese papel) que le colocara fuera del alcance, por encima del bien y del mal. Si alguien duda de a dónde nos dirigimos, hay signos que parecen pequeños pero indican mucho. ¿Por qué Google pretende repetir el fiasco de Microsoft con Passport y convertirse en el identificador omnipresente en la red? ¿Acaso no sirve OpenID? No, no sirve precisamente porque representa la lógica que están combatiendo: la lógica de lo distribuido. Google quiere centralizar la red, al máximo. Y si hace unos años compró los archivos de USENET y los convirtió en Google Groups, no sería sorprendente que de aquí a 7-10 años tuviera bajo su infraestructura la práctica totalidad de la web, convirtiéndola en una GoogleNet bajo su control. Google ha comprado cables transocéanicos y entró en la subasta del espectro de frecuencias liberado en EE.UU. como consecuencia del apagón analógico (que finalmente rechazó comprar).

Y me preocupa que la semántica de combate de aquellos que pretenden monopolizar la red se empeñe en robarnos los atributos que hicieron a internet lo que es y que por eso son recibidos tan agradablemente por todos: resulta que ahora hay una «computación en nube» que es distribuida. Un uso brillante de la neolengua, pues hay que ser muy inocente para estar en contra de una organización distribuida. Sin embargo, hay un pequeño detalle pendiente: si la infraestructura pertenece a un único agente, la red pertenece a un único agente. Si el hardware está centralizado, el sistema no puede nunca ser distribuido. Pese a lo evidente que resulta esto, ahí está «la nube», la seducción de la simplicidad, encandilando a todos. La palabrería del vendedor sigue embaucando como hace siglos embaucaban los mercachifles que llegaban a la villa cargando su carro lleno de trastos inservibles.

La factura la paga la lógica del hardware distribuido que ha permitido a internet llegar a ser lo que es en la actualidad. Esta lógica se diluye, y se diluye porque nos la diluyen. Ahora que nuestro hardware es potente y barato y un pc pequeñito, portátil y ligero, puede hacer todo el trabajo de computación que puedas necesitar para la mayoría de cosas resulta que (oh milagros) hace falta que Google nos deje sus servidores y la gente ya especula en mantener blogs personales con CMS adaptados para estas plataformas. Parece haber una euforia en torno a «la nube», en torno al hecho de poner el software «en la nube» para delegar capacidad de computación en terceras partes.

Y en la nube estamos perdiendo la red, así tan ligeritos, tan descuidadamente. Porque en la nube habrá algo que quizá llamarán red, quizá incluso la seguirán llamando internet, pero no lo será: internet es un ente distribuido y la nube es un intento para recentralizar la red justo cuando menos falta nos hace porque tenemos más capacidad para hacernos cargo de lo nuestro.

¿No será, al revés, que Google necesita que sigamos usando sus servidores para hacer algo más de negocio? ¿Quieres Internet o quieres GoogleNet? Internet ha llegado hasta aquí siendo distribuida, y GoogleNet no será nunca distribuida aunque intentarán llamarla así. Cada vez es más urgente luchar por convertirse uno mismo en nodo y proveedor de los servicios que pueda. Si hace ya unos años tuvimos que saltar a la búsqueda de software libre para nuestros ordenadores, ahora ha llegado el momento de evitar que la red acabe subyugada a los deseos de un par de empresas. Hace años nos opusimos a Microsoft, ahora también hay que oponerse a Google.

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