Corren buenos tiempos para la lírica, pese a lo que hayan podido escuchar. Y a pesar de eso, hay quienes se obstinan en hacer lo blanco negro y poner cara de refugiado triste para intentar que le den lo que, equitativamente, le pertenece a otro. La tecnología nos abre puertas y ventanas que algunos intentan cerrar con leyes. Hoy vamos a hablar de fotografía y derechos de autor.
Sucede que un grupo de fotógrafos profesionales quiere cambiar la Ley de propiedad intelectual porque consideran que sus fotografías no están protegidas en la actual ley. En concreto quieren quitar la «odiosa» calificación de meras fotografías para todas las fotos rápidas que hacemos en un segundo (como las que enseñé en el post del otro día). Lo piden en el Manifiesto por un cambio en la protección legal de la fotografía disponible en Fotografía natural.
Por supuesto, no puedo estar más en desacuerdo ni en lo que piden ni en el fondo mismo de lo que ellos creen que es un problema.
¿Realmente hay un problema con la protección legal de la fotografía? Ellos argumentan que hoy en día cualquiera te coge una fotografía y la usa para algo y que la mayoría de las veces ni siquiera se puede reclamar porque las «meras fotografías» no están protegidas por la LPI (sí lo están las artísticas). Claro, todo esto es subjetivo y casi sería discutible: ¿qué es arte? ¿qué está preparado y qué no? ¿a qué huelen las nubes? Sin embargo, creo que no vale la pena discutirlo. ¿Acaso lo que están pidiendo algunos pocos fotógrafos es que se les den los mismos privilegios que la ley ya otorga a esos que siempre ganan algunos euros?
Hace ya 8 meses que se superó la cifra de 2000 millones de fotografías sólo en Flickr; no me sorprendería que ya fueran casi 3000 millones. Y Flickr sólo es una de las páginas de internet dedicadas a la compartición de fotografías. Nunca bien visto por nuestros lares, Photobucket tenía hace un tiempo hasta 7 veces más visitas que Flickr (y posiblemente, muchas más fotos que éste último). La lista de estas páginas donde todos podemos subir nuestras fotos no acabaría nunca: Zooomr, Smugmug y el omnipresente Google con Picasaweb también tienen una gran comunidad de usuarios. Y una gran parte de todas esas fotos están licenciadas para permitir todo tipo de usos.
Una cámara digital utilitaria que no tenga excesivas prestaciones no vale ni 100 euros. Millones de personas tienen así, desde cien euros, la posibilidad de hacer muchas fotografías; sin más gastos, sin carísimos revelados para tener veinticuatro fotos de nada. Y muchas serán chapuzas; pero otras serán buenas fotos. Las cámaras digitales democratizaron la fotografía porque todo el mundo las podía hacer y ahora un grupo de selectos fotógrafos profesionales quiere que sus fotos estén más protegidas. ¿Para qué? En un mercado sobresaturado de fotografías, imponer restricciones de uso a las tuyas propias es dispararte en tu propio pie. En un mercado abundante, la visibilidad lo es todo y querer generar escasez de fotografías justo ahora que por fin tenemos abundancia es deleznable. O acaso quieren beneficiarse de la red: tener un enorme y gigante escaparate, en gran atrio desde el que mostrar las fotografías para luego decirte se mira pero no se toca.
Lo siento chicos: no puede ser todo a la vez; así son las cosas y así es la red. Si quieres proteger una fotografía porque ya tiene un valor (digamos que es un trabajo por encargo) no la subas a la red. Cualquiera que haya tenido una idea alguna vez sabe que parte del valor de la idea reside en mantenerla en secreto hasta el momento correcto. Esto se aplica a los negocios y en general a cualquier nuevo proyecto que alguien pueda tener. También a las fotografías. Si es una fotografía hecha por encargo, ya está pagada; si la vas a usar para hacer autopromoción, te conviene su máxima difusión y si pretendes hacer fotografías para colgarlas en la red y esperar que alguien te las compre tengo una mala noticia: con miles de millones de fotografías ahí fuera, ese modelo de negocio está en extinción; y tu fallido modelo de negocio no es mi problema. Millones de personas en todo el mundo no te cobran por el acceso a sus blogs, e incluso te empujan a que los copies: mi blog por ejemplo, puede ser copiado y republicado donde sea: si tienes la habilidad para ganar dinero de alguna forma adelante. La única condición es que no se me plagie. 20 minutos no te cobra el diario en papel… la lista de ejemplos sería interminable. Y sin embargo, mucha gente ve en esta forma de hacer las cosas una posibilidad. Eso es porque buscaron formas diferentes de rentabilizar el trabajo.
Intentar endurecer las leyes de propiedad intelectual para mantener un negocio que se hunde sólo no es el camino. Así que más nos vale luchar precisamente por lo contrario: que la LPI deje de ser un laberinto que pronto no nos dejará ni pensar, que nos dejemos de historias que ya está bien la cosa aquí todo el mundo quiere proteger la intelectualidad de lo cotidiano (¿están las arrugas de las sábanas protegidas por derechos de autor? ¿y la suciedad de las ventanas? ¿las manchas de los pantalones?).
Pero de eso hablaré otro día: hoy nos quedamos con el sabor agridulce de ver cómo otro grupo de lumbreras encuentra en la invención de unos derechos inexistentes el único refugio ante los cambios que imponen los tiempos. Siempre lamentamos que 12 años después de Napster la industria de la música no lo haya entendido pero, ¿qué hacemos con esta gente que 12 años después de Napster no sólo no lo entienden sino que además se ponen meramente dignos? La red es así: la red es abundancia. Y en condiciones de abundancia querer hacer negocio a base de escasez es introducir en el sistema fricciones de las que el sistema intentará zafarse. Mejor invertir el tiempo buscando la forma de hacer negocio en condiciones de abundancia, ¿no creen?
Y ahora, les dejo: hay una ciudad bonita a la que tirarle fotos y no me voy a quedar aquí sentado en mi portátil :)





