Un post sobre ciencia, investigación y precariedad.
A cuento de la crisis habrá quien diga que la cosa está parda, y que pronto estará negra. Y cosas peores. Que el empleo será precario, que vamos a peor. Que los banqueros se comen los niños crudos y todo eso. Dirán que la crisis (ese monstruo difuso, con cuernos y tridente) nos devora por momentos.
Aquellos que piensen que estamos a punto de hincar el hocico, deberían revisar el historial de premios Nobel de los últimos cien años y descubrir que nadie que se haya quedado investigando en ejpaña ha ganado el premio Nobel desde 1906 (Ramón y Cajal); Severo Ochoa ganó el Nobel cuando trabajaba en EE.UU. Más de cien años, cero premios Nobel.
Me dirán lo que quieran, que hay más parámetros para evaluar el nivel científico, que eso es mirar muy alto, que no es representativo de la masa de investigación y blablablabla (qué sopor de excusas, déjenme hablar, coño). Déjense de historias. Por lo que a mí respecta, aquí siempre estuvieron en crisis. No paré de trabajar desde antes de acabar la carrera y aún no pasé de mileurista.
¿Por qué? Porque tuve el noble deseo-desgracia de ser investigador. Replicarán rápidamente que nadie me apuntó con una pistola para que tomara ese camino. Es cierto. Pero eso ya da igual. Es el camino que cogemos muchos: no sólo yo. Y resulta que la situación en la que están los científicos al sur de los pirineos es lamentable.
Sueldos lamentables, inestabilidad laboral y precariedad absoluta. ¿Quién tiene la culpa?
La respuesta sencilla es culpar al Estado. En el fondo, el Estado es ampliamente responsable, porque es el único contratista real de investigadores en España y porque las políticas que mantenga el Estado favorecerá la implantación de centros de investigación privados o los asustará. Y ése es el problema: el Estado sabe que la gente con vocación investigadora trabajará por lo que le ofrezca (aunque sea una miseria) porque nadie más compite por contratar investigadores. Mientras acaban de leer esto, recuerden que Irlanda estaba en el foso pero allí apostaron hace unos años por hacer posible este tipo de investigación privada que ahora conviven con los públicos. En 2009, la renta per cápita de Irlanda duplica la de España.
No. No me digan que hay muchas fundaciones privadas que investigan. Pregúntense de dónde proviene ese dinero en la mayoría de los casos. Exacto, subvenciones públicas.
El verdadero problema es que no hay industrias que quieran investigar. No hay grandes grupos como BASF, Bayer, ni grandes sedes farmacéuticas o biomédicas (aunque haya alguna, no es nada comparado con lo que hay por ahí). Si nadie más compite por los investigadores, el Estado pone su sonrisa de lobo y decide que no necesita pagar más por una mano de obra que no se le va a escapar en ningún caso. Y aunque parte de las razones de esta ausencia de maquinaria investigadora privada no sea achacable a las políticas públicas, en gran medida sí son achacables. Eso sí, si tienes fortuna, tras una ristra de años trabajando de forma precaria e inestable el Estado te regalará una plaza funcionarial que, para colmo, tendrás que agradecer de por vida.
Uf. Yo creo que paso, oiga. Los visos que toma este camino ya no me gustan porque no voy a pasar la vida trabajando en precariedad, y no voy a ser yo el que intente luchar contra los molinos de un Estado en el que no creo y que, mientras yo escribo esto, dispersa sus subvenciones de I+D entre todos aquellos que instalan aire acondicionado. Para vomitar del asco. Ejpaña, ese país chanante.

