Programas de fidelización

«- ¿Sabes como comenzó US Alliance, John?
– ¿Algo de puntos a cambio de kilómetros de vuelo?
– Eso es. Si llenabas el coche de gasolina y pagabas con la tarjeta American Express, te daban puntos que luego podías canjear por kilometraje en avión con American Airlines. Quien no tenía la American Express pedía una rápidamente. Y ahí cambió el ambiente de la competitividad para siempre. Porque de repente entraron a competir las empresas de tarjetas de crédito con las líneas aéreas.»

Max Barry, en Jennifer Gobierno

Inmobiliario viene de muerto

Me convocaron la semana pasada por correo-e a una manifestación en Madrid (y yo con estos pelos) convocada por unos «Jóvenes sin Futuro», y es que:

«Jóvenes estudiantes de instituto y universitarios, con el apoyo de intelectuales y profesores han constituído la plataforma de Jóvenes sin Futuro, con el objetivo de protestar contra la precariedad laboral que les ha conducido a una situación que les ha dejado sin vivienda»

Hoy, gracias a Luis, llego a una crónica del evento en la que se comenta que:

Es la primera respuesta unificada sin el paraguas de sindicatos o partidos. Bajo el lema «Sin casa, sin curro, sin pensión, sin miedo» están alzando la voz mientras recorren el centro de Madrid para reclamar cambios.

En ambas citas, las negritas las he puesto yo, que veo fallos argumentales.

No me creo que una organización espontánea desemboque en la constitución de una plataforma que convoca una manifestación a una semana vista, el swarming no opera así.

Me cuesta aceptar, así mismo, que la mayor preocupación de unos adolescentes de instituto sea tener una casa en propiedad, me da la sensación de que alguien les vendió la moto para que se pusieran tras una pancarta que no era su pancarta. Y no habría banderas de ningún partido político, pero no me creo que no los hubiera. Y si de verdad no los hubo, si de verdad la chavalería ahí reunida decide abrir la mani con la reclamación de vivienda… pues tamaña tristeza de adolescencia pensando en viviendas en propiedad.

Por último no acepto como válido, por obvio, que esos jóvenes «reclamen cambios». Todo lo contrario: reclaman que todo siga igual. Cuatro años después del inicio de una devastadora crisis financiera con pellejo inmobiliario y patas muy reales, se convocan manifestaciones por el status quo, por la vivienda en propiedad. Cuatro millones y pico de parados y el resto no llega ni a mileurista. Van todos camino de las peteneras y se pegan a la más conservadora de las banderas: la de la propiedad inmobiliaria. Inmobiliario viene de inmóvil, de carente de movimiento, de quieto. De muerto.

Don’t Be Open

Google, Don't be open!

Más allá de que la polémica suscitada por la posible violación por parte de Google de la licencia GPL de varios proyectos de software libre al ser incluídos en Android y liberados con una licencia no compatible con la GPL (y sobre este tema se elevan voces en uno y otro sentido), resulta importante detenerse ante la decisión de Google de no entregar el código de Android 3 mientras Google continúa fichando a altos responsables de Java quizá para aliviarse frente a posibles demandas.

A Android le hemos dado en el pasado alguna hostia merecida. Los beneficios del sistema de licencias blandas son ciertos, pero benefician sobre todo a las operadoras lo cual causa un desencanto porque la experiencia final se aleja de la habitual cuando usamos soft libre.

Ahí, redistribuciones de Android como Replicant, si la comunidad se muestra capaz de mantenerlas, pueden ser el camino a seguir. Pero de entrada está todo por hacer, la escasa apertura de Android se marchita y lo último es que éste nos haga pensar en todo el código que nunca nos dieron.

La paradójica ética obligatoria

El desarrollo de una ética como consecuencia de una letanía de prohibiciones y obligaciones es la falsa promesa que en tiempos de desesperanza aupa a los regímenes totalitarios. Así, se aprueban e imponen leyes que suplen las diferencias motivacionales de las personas, obligándolas a actuar como el gran hada madrina portadora de un final feliz inevitable quiere que actúen, obligándolas a ser más éticas. Sin embargo, la obligatoriedad misma impedirá la actuación ética en si misma, porque impide la decisión personal. Y en ausencia de decisiones personales no podemos diferenciar al honorable de aquellos que bajarían, sin dudarlo, la palanca de Milgram. Y es que es falso afirmar que la prohibición o la obligación destinadas a mantener en la inmadurez a las personas harán bullir el caldero del que emergerán personas adultas, responsables y virtuosas. Más bien es justo lo contrario: sólo bajo un régimen de verdadera libertad las personas crecen y se relacionan, formando grupos donde todos se conocen, cuidando unos de otros sin que nada ni nadie lo imponga.

Propiedad Intelectual y censura en Italia

Gracias a Alfredo Romeo llego a una nota en Slashdot en la que comentan que en Italia Yahoo! ha sido obligado a eliminar ciertos resultados de sus búsquedas porque a través de ellos era posible descargar películas. Nada innovador esto de usar la propiedad intelectual para censurar y controlar lo que podemos hacer. Recuerden que la misma sentencia servirá para eliminar cualquier otro resultado de búsqueda molesto.

Hablarle a las máquinas, porque somos nosotros

Necesitamos referenciar todo cuanto nos sucede para hacernos una idea de su envergadura, para sentirnos menos desorientados, pero estimar la magnitud de la transformación que estamos viviendo no es una tarea fácil ya que sólo podemos trazar paralelismos entre cambios históricos pasados y actuales; paralelismos cuya validez no está del todo clara.


[Imagen: Steampunk, The legend of Yamato, por Yapkr, que hace ya mucho borró su galería de DeviantArt]

Crecí, la mayoría de nosotros crecimos, en un mundo eminentemente analógico. La revolución de Internet produce una discontinuidad dramática, un salto a mejor ala que nos creemos bien habituados, pero que en ocasiones nos deja flotando en el vacío, sin nada sobre lo que apoyarnos para retomar el camino. Y es que donde la revolución industrial nos obligó a cuestionar dónde acaba nuestro cuerpo (¿la herramienta es o no parte de mi cuerpo?), la nueva era digital nos conmina a ampliar los límites de nuestra mente. A priori es el mismo tipo de cambio, pero como expresa Douglas Rushkoff en Program or be Programmed:

«Mientras las máquinas una vez reemplazaron y usurparon el valor del trabajo humano, las computadoras y las redes hacen más que usurpar el valor del pensamiento humano. No sólo replican nuestros procesos intelectuales –nuestros programas repetitivos– sino que desincentivan nuestros procesos más complejos –nuestra comprensión, contemplación, innovación y generación de sentidos más elevadas, cuyo aumento debería ser la recompensa de «externalizar» nuestra aritmética en chips de silicio.»

En este sentido, es bastante probable que abunden los ludditas que, afirmando que la tecnología destruye la esencia humana, rechacen la tecnología como otros rechazan las transfusiones sanguíneas, el algodón de azúcar o los transportes aéreos.

Constituye un grandísimo reto el ejercicio proprioceptivo que necesitamos acometer para romper la aparente paradoja de externalizar multitud de tareas en una máquina para tener más tiempo para otro tipo de actividades que no acaban por aparecer ya que el externalización misma inhibe ese segundo tipo de desarrollos más elaborados. El reto es admitir que la máquina es parte de nosotros, algo más que un aparatejo vibrante que nos obedece sin determinar en qué nos estamos convirtiendo.

Creo que toca justamente despojarnos de todo lo que creímos saber acerca de las máquinas, en su mayoría prejuicios. Como dijo Jesús, toca aprender a hablarles.

Los robots no serán como los soñamos de pequeños, y los ciborgs tampoco, aunque sea tan sólo porque no haya que viajar al futuro para verlos. Ahora que hemos externalizado nuestra esencia, quizá ésa sea una de las grandes aventuras que tenemos delante: asumir que toca reabsorver lo externalizado, siquiera socialmente, asumir al ciborg en la mayor de sus amplitudes. Un ciborg que no tiene identidades determinadas ab initio y sí sentimientos mediados y alentados por la tecnología.

Hacer una aventura del descifrar en qué nos hemos convertido para entendernos a nosotros mismos en el proceso de desvestirnos de todo lo que nos impide crecer, para dejar de convertir en un parto con dolores lo que no debía ser sino una gran fiesta.

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