Una sorpresa de parte de la TSA

Danger Room recoge unas declaraciones del que desde hace un año es director de la TSA estadounidense:

Este mes, en el Aspen Security Forum, John Pistole (director de la TSA) abrió su boca –y de ella salieron las palabras de Schneier. Pistole dijo que ya iba siendo hora de «reconocer que la gran mayoría de las personas que viajan a diario no son terroristas». Para «intentar aplicar más sentido común a este proceso», incluso.

Olvídense de cachear a los niños e indicar a personas con pases de alta seguridad que debe quitarse sus zapatos. «Creo que podemos recurrir a una forma diferente de monitorizar niños que reconozca que, en el caso más probable, no llevan una bomba encima».

Y añadió: «la mejor capa de seguridad que poseemos es la inteligencia.»

Ciertamente, una buena noticia que alguien al cargo de una de las instituciones más ignominiosas y que de más abusos legales se ha beneficiado rompa una lanza en una dirección opuesta a la que se ha seguido hasta ahora.

Con un poco de suerte es posible que la normativa se adecue a la realidad, lo que devolvería algo de dignidad a los viajeros, reduciría los costes públicos (y por ende, mejoraría la forma en que se gasta el dinero que esos mismos viajeros aportan en forma de impuestos) y, finalmente, mejoraría la capacidad de respuesta ante emergencias (pues el ahorro alcanza seguro para a la vez devolver impuestos y que haya más dinero en las arcas públicas que se puede usar cuando suceda un evento indeseado).

Es interesante que en un año al mando de la TSA, Pistole haya progresado tanto respecto de la candidez que demostró cuando se hicieron las protestas contra los escáneres corporales

Peter Fleischer de Google habla de privacidad

Peter Fleischer, máximo responsable en Google para asuntos de privacidad, concede una entrevista a Rosa Jiménez Cano en El País («Hemos cometido algunos errores»). Breve, algo evasiva en algunas respuestas e inexacta sobre el rol de Google en China (se centra en la salida de Google de aquel país), pero aún vale la pena leerla. Echo en falta una respuesta Google+, anonimato en Internet y denegación del uso de pseudónimos en los servicios de la propia Google. O quizá sobre Android y privacidad en el móvil. En general, deja sin tocar cuestiones que este verano están dando mucho que hablar en privacidad y libertades.

Los móviles guardan demasiada información personal

Una evaluación llevada a cabo entre usuarios de más de 100 aplicaciones para móviles encontró que la inmensa mayoría almacenan demasiada información personal de los usuarios y que, para colmo, la almacenan en claro, sin cifrar.

Con esta perspectiva, es normal que sea debido a los móviles que la preocupación por la privacidad esté despertando ahora para muchas personas.

Cinco claves para ofrecer un trato impecable a tus clientes digitales

Hace ya muchos meses hablé de The Mongoliad, la nueva novela por entregas de Neal Stephenson que se está publicando sólo para suscriptores recuperando la tradición clásica de las entregas en la que publicaron sus obras, hace ya muchas décadas, escritores venerados como James Joyce (cuyo Ulises se enfrentó a la censura al ser publicado de esta forma).

The Mongoliad

Del modo en que Subutai, la editorial tras The Mongoliad, ha gestionado su relación con los lectores se pueden extraer varias lecciones sobre cómo gestionar la relación con tus suscriptores de manera impecable, algunas fáciles de imaginar, que vale la pena retratar. El asunto es que ese trato impecable el que, en muchas ocasiones, hará que tus clientes vuelvan a comprar.

  1. Para innovar, a menudo basta con reciclar. Los nuevos tiempos invalidan argumentos y formas pasadas, pero en ocasiones lo que creíamos olvidado puede, convenientemente adaptado a nuestro contexto digital, ser la vía perfecta de comercialización. Por ejemplo, publicar una novela por fascículos o entregas puede ser buena idea, pero no recurriendo a la edición impresa de unos diarios cuyas ventas en ese formato están en horas peor que bajas.
  2. Si prometes mejoras periódicas, cumple los plazos. Esto es un básico en todo servicio y producto que ofrecemos, pero ante la situación de un servicio de suscripción digital, que el catálogo se amplíe conforme a lo esperado, o que los nuevos episodios o capítulos que esperamos lleguen a tiempo es vital. Recordemos que en las compras digitales no tenemos lo palpable, son bits y no se ven, lo cual genera incertidumbre que hay que reducir a toda costa.
  3. Enriquece el paisaje, crea contextos. Un suscriptor a una novela puede desear leer sólo la novela, pero si ésta va acompañada de información electrónica suplementaria, como un pequeño resumen de cada personaje (en qué tramas aparece, unas líneas detallando su trasfondo), la experiencia se enriquece. En una novela que promete alargarse, para facilidad del autor a la hora de continuarla, confluirán numerosas tramas y aún más personajes. Si la versión en HTML o ePub de la misma tiene enlaces a ese contexto suplementario, mejor que mejor.
  4. Reconoce el valor a tus suscriptores, trátalos como si fueran inteligentes porque, de hecho, son inteligentes (por eso están suscritos a tu libro y no al de otro, ¿no?). Ante el menor atisbo de crisis, no los enfrentes, concédeles exactamente lo que piden… con celeridad y amplificación. Si los foros que ofreces a tus suscriptores se llenan de quejas por un retraso en nuevos capítulos, dales una explicación y esos capítulos que piden. Si se quejan de que los capítulos son demasiado largos y absorventes, impidiéndoles afrontar otras lecturas, como sucedió precisamente en Mongoliad hace unos meses, dales acuse de recibo y haz que tu oferta sea tan dinámica y viva como la demanda que te están realizando. Una demanda inesperada ofrece pistas e información que no teníamos. Para el proveedor habilidoso, dotado de la habilidad del judoka, constituye un aporte valiosísimo.
  5. Sorprende, pero sin pasarte. A todos nos gustan los regalos, cuando somos clientes también nos gusta que nuestra fidelidad se vea premiada de formas inesperadas. Más que detallar un lujoso plan de fidelización, que se vuelve en tu contra (si lo cumples porque estás, meramente, cumpliendo; si no lo cumples porque faltas a tu palabra), puedes abrir de vez en cuando un huevo de pascua: una dosis doble alguna vez, algún guiño. Lo que sea que haga a tus clientes salir, para bien, de la rutina de consumo. La sonrisa les durará lo que tarden en concentrarse en otra cosa, pero siete días después, cuando se acerque la hora de tu nuevo envío, recordarán… y volverá a aparecer. Subutai prolongó la suscripción a los early adopters, regalando unos meses más de forma gratuita precisamente a muchos de los que estarían dispuestos a renovar la suscripción sin dudarlo. Tiene algo de condicionamiento pavloviano, mientras no lo conviertas en costumbre (porque también su ausencia se volverá en tu contra y porque tampoco es plan de perder dinero con cada venta hecha), es otra vía de generación de satisfacción. Y eso es lo principal cuando la competencia está a sólo un click.

Podíamos haber añadido más puntos, del tipo obvio («haz un buen producto»), pero esos ya los conocemos de sobra. Estos cinco no son útiles ni exclusivos de la búsqueda de nuevos modelos para la comercialización de contenidos, aunque sirvan para muchas formas de producción cultural diferentes a la literaria. Si hubiera algún hilo conductor que los mantenga alineados sería que todo apunta a dejar de considerar al cliente/usuario como un individuo inerte que consume de manera pasiva.

En el consumo de contenidos en la era digital hay mucho de economía del cariño, si no existe un enlace emocional previo, hay que regar para que éste arraigue al menor atisbo de aparición.

Tus lectores/oyentes/televidentes son inteligentes y pueden aportar (y si se sienten cómodos contigo, no dudarán en hacerlo). Hace unas décadas esos aportes se perdían sin remedio. Cuando las rentas se disipan y la competencia florece, esos aportes pueden ser tu ventaja competitiva: apróvechalos, ábreles vías de expresión y comunicación, óyelos y mímalos.

Entonces volverán a por más, que es exactamente lo que todos queríamos: unos para seguir disfrutando y otros para seguir viviendo de aquello que más les gusta hacer.

Repositorio de fuentes libres

¡Usar fuentes libres es fácil!

WebFonts es un repositorio de fuentes libres recopilado por Google. Incluye muchas, muchísimas, fuentes, todas libres, la mayoría liberadas con licencia SIL Open Font License o licencia Apache.

WebFonts es un proyecto de Google, y no es casualidad. Las fuentes son el monopolio olvidado de Microsoft y liberarnos de él es muy necesario. Google aspira a la vez a desposeer a Microsoft de uno de sus viejos monopolios y, apoyado en las características de CSS3 que ya soportan los navegadores más recientes, convertirse él mismo en el proveedor de todas las fuentes. Pero al menos lo hacen con la elegancia del mumi: usan fuentes libres, sí, y permiten su descarga. No les importa que alguien se baje los archivos, saben que si tienen éxito, una gran mayoría no lo hará y enlazará a las fuentes que ellos ya alojan; con eso les basta.

Me ha gustado WebFonts porque la mayoría de sitios para descargar fuentes no filtran únicamente fuentes libres y porque la Liberation hizo mucho por nosotros, sirve muy bien para lo que sirve (documentos, ofimática en general) pero al ser fuentes neutras y estar su uso tan extendido no sirven para lo que no sirven (conferir personalidad a logos, por ejemplo). Y ampliar nuestro catálogo con unas cuantas fuentes bonitas nunca está de más.

Por cierto que para instalarlas en tu Ubuntu tan sólo hay que copiar los archivos a la carpeta .fonts dentro de tu home. La siguiente vez que arranques tu LibreOffice debería cargar tus nuevas fuentes sin problemas.

Impunidad ante abusos con la retención de datos

Garda

¿Qué sucede cuando un policía abusa de su acceso privilegiado para curiosear en el registro de llamadas de una persona, siempre disponible por obra y gracia de la directiva europea de retención de datos?

Nada. Eso es lo que sucede, al menos si nos atendemos al caso de un policía irlandés que decidió hurgar en los registros de llamadas de su expareja.

¿Cómo vamos a estar contentos con la retención de datos? No es posible cuando vemos que el registro masivo que los Estados han instaurado sirve precisamente para lo que dijimos que servirían, que la privacidad de las personas sufre precisamente las violaciones que dijimos que sufriría y que, además, la jugada sale gratis al fisgón.

Los chips RFID, inútiles ante secuestros

RFID

México es esa parte del mundo que se desangra en un conflicto que amenaza con frustrar todos los éxitos que su ubicación (puente maravilloso entre la América latoc y Estados Unidos) prometía traerle, impulsando la migración hacia Estados Unidos no de los más pobres, sino de los más ricos y mejor educados.

El caso es que parecen haberse puesto de moda los implantes subcutáneos de chips RFID, de dudosa utilidad para el fin escogido, cuya demanda ha crecido un 40% en los últimos dos años. Esos chips están diseñados para trazar el paso de personas por lugares concretos (transporte público, edificios, calles emblemáticas; ya se hacen una idea). Recuerden la patente de IBM –una empresa de patentes creativas— al respecto.

Son inútiles para seguir la ubicación de una persona en mitad del monte, una persona cuyo mejor destino es un zulo en algún lugar recóndito (el peor de los destinos ya se lo pueden imaginar). Los chips RFID no están pensados para comunicarse con un satélite, que es lo que se necesitaría. Ya me gustaría que por una vez sirvieran para algo, pero es que parece que no va a ser así.

Lo peor es que aún nos encontramos el típico eco que abusando de la banalidad atribuye a ciertas tecnologías propiedades milagrosas. Enfrentado en un caso real como el de México, los chips RFID son inútiles. En el primer mundo, sin embargo, gusta creer que pagar los peajes con RFID salva vidas. Me lo expliquen.

[Ambas noticias las he alcanzado gracias a un Pipe que hace años hice probando el servicio de Yahoo!, y que me acompaña desde entonces en mi lector de feeds aunque la mayoría de las veces no le haga demasiado caso.]

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