Localización extrema en móviles, obligatorio a partir de 2018

Geolocalización
[Ilustración: Antonio Cerón.]

No es ningún secreto que uno de los puntos más vulnerables de nuestro anonimato y también de nuestra privacidad es el teléfono móvil. Es en el teléfono móvil donde tenemos a nuestra verdadera red social, donde guardamos el contacto de las personas que más nos importan y con quienes estamos más en contacto, de ahí que la preocupación por la privacidad en el móvil sea el tema de moda. Y es mediante la triangulación de conexiones y, más recientemente, mediante el GPS que traen integrados la mayoría de móviles como mejor se nos puede ubicar en todo momento. Aunque el teléfono esté apagado, como ya dijimos hace un lustro (qué jóvenes éramos).

La FCC estadounidense acaba de aprobar una norma que obligará a todos los teléfonos a mejorar enormemente la capacidad de geolocalización y seguimiento de sus usuarios a partir de 2018. Una piedra más en el camino asfaltado contra nuestras libertades; el Estado cada vez más protegido, nosotros cada vez más transparentes e indefensos.

Por nuestra seguridad, la FCC quiere que en las llamadas a números de emergencia desde dispositivos móviles la localización de la persona que hace la llamada sea tan exacta como lo es cuando la llamada se hace desde un teléfono fijo (PCMag). Actualmente se recurre a la triangulación de conexiones de antena, algo que es (dicen) lento e impreciso.

Eso ha sido interpretado por muchos como la obligación de incluir GPS en todos los teléfonos. Pero la FCC ya ha desmentido eso: «no hace falta que incluyas un GPS, tan sólo que sea posible ubicarte con la mínima exactitud que nosotros podemos proveer, unos 15 metros». Así, es un error decir que la FCC quiere que todos los móviles tengan GPS activado a partir de 2018, lo que quieren es que se te pueda vigilar como si tuvieran un GPS activado, y les importa poco (o nada) el método en que cumplas con ese requisito. No es que los GPS tengan un sex-appeal especial, lo que realmente quieren es saber dónde estás, y la técnica por la que se consiga les da bastante igual.

[Con este post estrenamos la colaboración de Antonio Cerón, ilustrador y amigo que apoyará algunos de nuestros posts, ¡bienvenido!]

Bocados de Actualidad (135º)

Nueva ronda de Bocados, centésima trigésima quinta, y primera que nos llega acompañada de verdad del fresco que prometía el otoño al que dimos la bienvenida hace un par de semanas. Nos acompaña My Brightest Diamond y el adelanto de su nuevo álbum, que sale a la venta mañana y, en uno de esos giros que demuestran la poca pujanza del p2p en tiempos recientes, aún no se ha filtrado.

  • En la semana de la muerte de Steve Job, Antroposcopio nos recuerda que Internet somos nosotros… y lo que hagamos con ella.
  • ¿Son Stallman y Jobs personajes de la misma talla histórica? Dave Winer dice que sí y sale en defensa de Stallman.
  • Un último post a este respecto, acabó la era de Jobs, ¿comenzará la era de Amazon de la mano de su low-cost Kindle? Error 500 por partida doble.
  • John Robb sobre los disturbios Occupy en Estados Unidos.
  • Juan Urrutia y siete lecciones para aspirantes a manipuladores públicos.
  • Convergençia Digital y el hito del 1% de tráfico weba través de móvil en Brasil. Mucho menos de lo que estamos acostumbrados aquí, pero un hito.
  • Write-only Mode y por qué la seguridad informática no es un buen negocio. Yo añadiría que el problema es que cuando funciona bien, el esforzado informático que asegura el sistema no tiene ni para hacer un powerpoint con los titulares. Si se equivoca, puede irse preparando a ser desollado.
  • Pere Quintana sobre Vibe y la banalidad con la que se adoptan y defienden herramientas.
  • No nos gustan los servicios de redes sociales, ¿no usarlos nos empuja a convertirnos en ermitaños? No necesariamente, ¿Quién vigila al vigilante? y un post imprescindible sobre autonomía en la Red.

Os dejo con lo nuevo de My Brightest Diamond, habrá que esperar para hincarle el diente al disco completo…

Intellectual Ventures contra Motorola… por Android

Estando las patentes de software de moda y siendo el móvil, y Android en particular, el centro de todas las miradas, ¿a quién debería sorprender que el mayor responsable del sumidero de innovación en que dicho artefacto se ha convertido demande a… Motorola por… presunta violación de patentes sobre Android? Lo dicho, cada día que pasa y no se deroga ese sistema injusto, cavamos más profundo el agujero. Así nos brilla el pelo, claro.

El coste de la fragmentación

La fragmentación de plataformas, un nuevo-viejo problema

Una de las maravillas de la web es que resulta sencillo hacer aplicaciones interoperables entre plataformas. Esto es, podemos diseñar una página web, incluso una compleja aplicación web, y si nos atenemos al diseño con estándares, probablemente no habrá ningún problema para usarla, independientemente de que accedamos a la misma desde Linux, Windows, Mac, o nuestro móvil con Android o iOS. Como consecuencia de esto y del abandono al que Microsoft empujó a su Internet Explorer, se hizo un énfasis necesario en que lo que verdaderamente importa es el navegador, que es el cuello de botella que ha de ser capaz de entender los estándares.

Esta situación tiene una ventaja: reduce costes. La Red lo es todo acerca de un nuevo mundo de posibilidades, acerca de más personas accediendo al mercado y siendo capaces de ganarse la vida por sí mismas, aunque tuvieran unos recursos iniciales muy limitados. Una de las maravillas del «edítalo una vez, léelo en todos los dispositivos» es que reduce los costes de edición y publicación. La edición digital va más allá de blogs y nuevos medios. La nueva edición digital abre la puerta a nuevas formas de edición de libros a precio reducido. Tanto la primera como la segunda faceta de la edición digital sufren en tiempos recientes de un problema creciente y peligroso: la fragmentación de plataformas.

Así, lo mismo que el impulso a las tiendas de aplicaciones en detrimento de la web está dañando a los medios digitales, que en esa inexplicable carrera de la rata podrían estar matándose a sí mismos, el editor online ve multiplicados sus costes al tener que maquetar los libros digitales para cada plataforma que apuesta por un formato propio e incompatible. La promesa de «edita una vez, léelo en todas partes» nunca ha estado más en entredicho.

Y no creo que sea inocente ni equivocado. Los medios entran al juego porque quizá no tienen otra opción: en la web se diluyen y son irrelevantes, cada vez más buscamos las noticias nosotros mismos y saben que tienen que asaltarnos por el camino. En este contexto, la fragmentación de publicaciones les supone a ellos un coste asumible, y a resto los deja fuera de juego; es un truco viejo. Es verdad que caminan por el filo de la navaja, pero están comprando tiempo.

Y lo peor es que no está justificado. Aplicaciones complejas se benefician, sin duda, de ser nativas para cada plataforma de móvil. Pero la mayoría de las aplicaciones son simples, envían una petición a un servicio web o reciben un flujo de información por RSS. ¿Hacía falta, entonces, sacar una aplicación nativa para cada plataforma, con el coste adicional (innegable, tiempo, esfuerzo, rediseños obligados) que conlleva? ¿Hace falta empaquetar un libro como aplicación de Android cuando me puedes pasar todo el contenido en ePub o, caso de ser una suscripción, mi nuevo capítulo vía un RSS sólo para suscriptores? ¿Qué parte de la obligación de maquetar el libro varias veces en formatos propietarios como el Kindle podríamos estar ahorrando en el precio final?

La fragmentación de plataformas es un nuevo-viejo problema. Recuerden el Write once, run anywhere de Sun y su Java. Durante un breve lapso creímos que había quedado atrás, pero parece que delante tenemos más, y no menos, fragmentación. Con los problemas que arrastra la misma.

Porque los tenemos delante. Probablemente no sea estrictamente necesario, pero parece que estás out si no tienes una App. Todo sea por estar a la moda, si bien esta tiene un elevado coste en términos de reducción de mercado y competencia. Pues ésa es la consecuencia de la fragmentación de plataformas para contenidos digitales, tanto libros como medios. El coste que añade es una barrera de entrada cuando pensábamos que esas barreras ya estaban por caer. Y es posible que no sea estrictamente necesario hacerlo así, pero supongo que hace falta para ir a la moda, aunque los beneficios de todo esto sean más bien problemas. Beneficios negativos que dirían por ahí; esto es, beneficios, pero en la dirección incorrecta.

No es que faltara confirmación, pero…

Hacía bastante que no pasaba por Flickr, un servicio que dejé de usar junio en 2007 cuando nos dimos cuenta del mal rumbo que llevaba lo 2.0. Hoy buscaba alguna foto libre y se me ocurrió que el mencionado sitio era un buen sitio para comenzar a tantear.

Cosas que he descubierto:

  • Esto es lo que se encuentra uno cuando llega a la página principal de Flickr.
    Inicia sesión con tu cuenta Google o Facebook
    Yahoo! fue un proveedor de identidad digital, ya han admitido (era hora, supongo) que han perdido esa guerra, con lo que ello conlleve.
  • Cuando encontré una foto decente, no veía cómo bajármela. (Tuve que recurrir a ver la página sin CSS, algo que podemos controlar en las opciones del navegador.) ¿Por qué no veía cómo bajármela? Porque no quieren hotlinking. Lo repito: Yahoo! no quiere hotlinking, como si fueran nuevos y no hubieran entendido nada de Internet, como si no tuvieran servidores o algo. Esto explican en la FAQ:

    El enlace directo al archivo de la foto ya no se muestra en la página. Según las Normas de la comunidad de Flickr, “las páginas de otros sitios web que muestren contenido alojado en flickr.com deben proporcionar un enlace a Flickr: cada foto o video debe llevar a su página en Flickr”. Un enlace directo al archivo de la foto no hace esto.

Pos mu bien, pos vale, pos malegro. Eso me pasa por ir a buscar a Flickr, lección aprendida. ¿Cómo no va a ser ubicuo el botón de Facebook si hasta Yahoo! se rinde ya ante Connect?

Neutralidad de la Red, el debate oriental

No es que Chile fuera el primer país del mundo en aprobar una ley que garantice una Internet neutra de verdad, es más que eso. Leo en el blog de Michel que estos días la discusión sobre la neutralidad de la Red llega a Uruguay, y más de uno se sorprenderá de la forma en que lo hace.

Y es que una alianza para muchos improbable entre el Partido Pirata del Uruguay y el Partido Colorado (conservador, dirigido por el hijo del ex-dictador Bordaberry) ha servido para elaborar un proyecto de ley que pretende garantizar la existencia de una Internet neutra que ofrezca oportunidades de crecimiento y desarrollo para todos. Tal como lo oyen, el hijo del dictador, candidato por un partido conservador se tira al juego en defensa de una Internet neutra. Casi ná.

Qué quieren que les diga, he leído el documento declarativo y es envidiable. Falta por ver en qué se traduce finalmente, si se aprueba y con qué backdoors (estamos acostumbrados ya a que nos la cuelen). Pero creo que hay motivos para ser optimista y pensar que La Neutralidad de la Red saldrá bien parada de todo este ajetreo.

«Internet no debe estar bajo el control ni del Estado ni de las empresas», dice el documento en un momento dado. Entre tanta progresía reaccionaria de corte cuasi-stalinista, va a ser verdad que los jueves son los nuevos viernes y que ser conservador (al menos lo que desde muchos ámbitos se tilda de conservador) es revolucionario.

Claves para tener una Red que haga honor a su nombre

La tecnología digital hace posible una vida más fácil, pero lograrlo no es un proceso inevitable. Debemos ser conscientes de que cada solución y acto que llevamos a cabo influye. Cada acto nos acerca, o aleja (si nos equivocamos), de ese futuro en el cual la tecnologíanos empodera y en la Red nos dotamos de autonomía para tomar el control de nuestras vidas. Para ir en la dirección correcta, es necesario retomar el control de nuestra presencia en la Red. Es un mensaje sencillo, hace una década habría resultado innecesario, ahora es urgente. Cada clic influye en el tipo de Red que construimos. ¿Sabes bien hacia en qué dirección caminas con cada uno de tus clics?

La web del futuro

La Red vino para cambiarlo todo a mejor, tanto en el ámbito privado y de relaciones personales como en el del desarrollo profesional. Por eso nos encanta. Ese futuro mejor no es inevitable, sin embargo. Para que la promesa de Internet se cumpla hacen falta dos cosas:

  1. Que la Red siga siendo neutra. Un bit es siempre un bit, sin importar si forma parte de un e-mail o de un vídeo. Es vital que los operadores no puedan filtrar bits en función del tipo de contenido del que forman parte.
  2. Que mantengamos el control sobre nuestra presencia en la Red, tanto en el ámbito personal como, desde luego, en nuestra comunicación profesional y de empresa.

La imposibilidad de bloqueo y filtro de nuestras comunicaciones por parte de los proveedores de acceso está bajo acoso en todos los frentes, y el Europarlamento no se queda atrás. El otoño será muy complicado, pese a la incansable guardia de numerosos activistas que nunca se rinden. Es muy complicado luchar contra el Estado.

Ahora bien, ¿qué hay del segundo aspecto? Ansiamos la promesa de ubicuidad y sincronización pero, ¿somos dueños de nuestras presencia en la Red? Ser dueño de nuestra presencia en la Red requiere de nuestra parte mantener una presencia gestionada suficiente, pero no basta con eso. O quizá sí, si redefinimos gestionada. Para tener el control de nuestra presencia en la Red no basta con mantener un perfil actualizado en Facebook; en realidad, eso nos aleja de la consecución de esa promesa con la que abríamos el post. Hace falta más: nuestra presencia ha de estar en una página que sea nuestra, en un servidor que sea nuestro, con una URL en un dominio que nos pertenezca. Esto es importante y no es casualidad que estas direcciones se llamen dominios.

De este segundo punto no se habla casi nunca. Y los efectos acabarán siendo tan devastadores como la capacidad de filtrado de los proveedores de Internet. En 2006 atisbábamos la incipiente recentralización de la Red y la achacábamos a la Paradoja de Internet: Internet es de un tamaño tan grande que su continuo crecimiento, en lugar de fortalecer su topología distribuida, fomenta la aparición de nodos centralizadores. En 2010, Google (sin incluir YouTube) representó más del 7% del tráfico global de Internet. En 2011, YouTube recibe más atención que Facebook y Twitter juntos; y no quiero pensar en qué porción de tráfico global de Internet representa eso.

Hace unos años, un vídeo titulado The Machine is Us/Using Us corrió como la pólvora por la Red. Eran los primeros tiempos de lo llamado 2.0, como lo atestiguan el centro en NetVibes, Del.icio.us, o Flickr. El vídeo era realmente bueno. ¿Qué ha cambiado desde entonces?

Las herramientas posteriores no eran tan inocentes como las que ocupaban nuestras conversaciones en 2005. Y la tercera encarnación, abanderada por Facebook, es verdaderamente temible. Facebook dificultó en todo momento la migración desde su servicio a cualquier otro, convirtiendo sus servidores en silos en los que depositar nuestra información pero de los que difícilmente extraeremos nada sin dolor; con su nuevo aprovechamiento del pasado apretará el candado sobre quienes aún cuestionan mudarse a otros servicios; si antes era difícil, ahora será casi imposible que nadie abandone el servicio. Sus widgets se han convertido en ubicuos en la web, y gracias a ellos sus servidores acumulan información sobre todos nosotros: lo hacen incluso aunque no hayas iniciado sesión (algo tan contraintuitivo que incluso el público informado piensa lo contrario), si bien se apresuren a decir que fue un error; como con Beacon, supongo. Espero el día en que se equivoquen a favor del navegante anónimo y no a favor de ellos; mientras ese día llega, sólo nos queda la pura contratecnología, cosas como Disconnect.me.

La realidad es que ahora mismo la máquina no somos nosotros usándonos a nosotros. Ni podemos complacernos pensando que cada clic, incremento infinitesimal del conocimiento que ese sistema tiene sobre nosotros, nos hace un poco más libres, como si el algoritmo genético no tuviera otro rumbo que nuestra autonomía. Porque no es así: en un mundo cuya Red se pierde sin remedio en la nube –aunque no en la de AppEngine, sino en la de Facebook y Amazon— cada post que posteamos en Google+ o en Facebook, cada Twit y cada reTwit hacen más poderosa a una máquina que no está bajo nuestro control, ante la que no sucumbir, ya sea en lo personal como en lo empresarial, es cada vez más difícil.

Y en la de tantos otros. En la biblioteca de Alejandría, lo valioso son los ojos que te miran. Se compite por la atención y los grandes proveedores de servicio, como Facebook, culminan ya su masterplan para apoderarse de todo, algo que no debería sorprendernos. Cada vez es más difícil recibir atención en una Web en la que Facebook devalúa el valor de las conversaciones. Habría que evaluar si Facebook hace que nos comuniquemos con más personas, que lo dudo, pero desde luego no lo hacemos mejor.

En medio de todo eso, aún hay maneras de que cada clic no alimente a un sistema que nos hace dependientes. Puedes escribir en tu propio sitio, mejor si tienes tu propio dominio. Y la mejor opción quizá sea tener un bonito blog, pero quizá no te interese nada de lo anterior; qué le vamos a hacer. A los que sí hicieron el esfuerzo y dieron el paso, a quienes tienen su propio sitio, su bonito blog y hasta su propio dominio les toca hacer lo posible para revertir la tendencia: seguir emitiendo desde su propia ventana como faro bajo la tormenta, para que la Red del futuro sea mejor, y no peor, que la del pasado. Esa era la promesa y eso es lo que queremos, ¿no es así?

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