“Ya encontré el bug, estaba entre el teclado y la silla”. Mi querido Juan Sierra, compañero de batallas en aquella semillita DevOps que ayudamos a plantar en Ericsson, solía comentar esto con bastante retranca a modo de mea culpa. Siempre me hizo mucha gracia eso de verme un poco metamorfoseado à la Kafka (con la moral un poco más alta, eso siempre), así que le copié la frase y la uso cuando procede, porque el que no la lía y la deslía sin contribuciones ajenas varias veces a lo largo del día es que no está trabajando.
¿A qué viene todo esto? A que vamos a hablar de despidos, de optimización empresarial, y de quitar al humano (al bug) de la ecuación.
Esta semana, como todas últimamente, hemos visto varias noticias relacionadas con despidos masivos.
- Meta notificando el despido a 8.000 empleados a las 4 de la madrugada (NYT) y de forma telemática. Zuckerberg es el villano oficial de Sillicon Valley pero hay que dejar de lado eso e ir al fondo, que comentamos a continuación.
- Cloudflare saliendo al paso de cómo se relataron sus despidos masivos este año (WSJ, vía Antonio Ortiz en X).
- ClickUp, una empresa pequeña valorada en apenas 4.000 millones de dólares, despidiendo al 22% de su plantilla (Evans, CEO, también en X).
Más noticias de despido, son parte del meme de la IA a estas alturas: despedimos para sustituir por IA. Salvo que es mentira. Nadie está, todavía, despidiento para sustituir por inteligencia artificial. Existe el incentivo de justificarlo así y, en cualquier caso, los mercados suelen acoger los despidos masivos con alboroto, empujando el valor al alza.
Y sin embargo, hay algo en estas tres noticias que les da un aire diferente al típico subterfugio de comunicación consistente en revisar la plantilla de un negocio en horas bajas usando el comodín de la IA para evitar dar explicaciones. En estos tres casos hay un trasfondo común: son empresas cuyos resultados son buenos, muy buenos, y que al mismo tiempo que despiden por una puerta están contratando por la otra.
Lo que dejan ir y lo que buscan, sin embargo, no es lo mismo. No despiden a un programador que no les está encajando en sus equipos para contratar otro y probar suerte a ver si encaja mejor. Contratan roles que antes no existían. Expertos en IA, orquestador de agentes (¿son los orquestadores de agentes los nuevos prompt engineers condenados a desaparecer cuando todo el mundo sea un orquestador de agentes?). De momento, apuntan a ser algunos de los que resistirán “en el bucle”.
Vamos, que al dar competencias a perfiles menos técnicos para implementar pruebas de concepto, lo que se busca es gente con gran conocimiento en el nuevo stack tecnológico. El clásico refresco de plantilla que los departamentos de HR enfocan con metáforas positivas, que es impopular entre muchos empleados pero necesario para cualquier empresa a partir de un cierto tamaño.
En notas anteriores hemos visto del complicado esquema de incentivos, trastocado de arriba abajo con la IA, desde repensar áreas funcionales completas a revisar el equilibrio interno-externo en la organización. Esto es una variable más a considerar.
Como contexto general es imprescindible recordar recordar que la elevadísima valoración de empresas como OpenAI o Anthropic no se justifica por la factura de 200€ mensuales para tu programador, como si fuese un SaaS caviar. Esa elevadísima valoración se justifica porque la promesa es la de reemplazar la fuerza laboral “de tracción animal” por otra automatizada, escalable, predecible. El sueño de Taylor hecho realidad al quitar de la ecuación a los humanos con su complicada psique, consiguiendo finalmente que el bug deje de estar entre el teclado y la silla.
[Imagen: El bug entre la silla y el teclado, Jose Alcántara con ChatGPT.]

