Durante más de una década ha habido una lucha a desgaste contra el p2p y las descargas.
Era (ya nadie habla de las descargas) común hacer chanzas: da igual que cierren una red, salen quinientas más. Pero ese enfoque se pierde parte de la foto: no era necesario cerrar las redes p2p al completo, les era suficiente con hacerlo difícil. Si bajar un disco de música desde una red p2p es muy complicado, usarlo sin más vía Spotify es una opción más viable (aunque te maltraten con publicidad, al punto incluso de llegar a pagar).
En la lucha contra AirBNB y los nuevos modelos de alquiler vacacional pasa algo parecido: cerrar AirBNB será muy complicado si cumplen la norma y pagan sus impuestos, pero complicando la burocracia conseguirán que muchos que podrían ofrecer habitaciones y casas usando estos servicios perciban la opción como insegura, falta de garantías. No hace falta cerrarlas del todo: si consiguen que una mayoría de potenciales usuarios (tanto en la parte de la oferta como en la de la demanda) no se acerquen a estos servicios por desconfianza, los actuales controladores del oligopolio hotelero ya habrán ganado.
Sí, los principales ganadores son el oligopolio hotelero que ya tiene capacidad instalada y funcionando. Por eso cuando veo que el ayuntamiento de París se querellará contra AirBNB sé que aunque no ganen el juicio, ganarán la batalla. Y París no es más que un ejemplo de muchos.
Y no la ganarán los ciudadanos de a pie (unos tendrán una fuente menos de ingresos, otros tendrán una opción menos de alojamiento y la reducción de la oferta siempre eleva los precios). La ganarán los grandes grupos hoteleros, esos a quienes la prohibición de construir nuevos hoteles no importa tanto (porque ellos ya están instalados) y a quienes AirBNB supone una competencia que obliga a ajustar los precios de sus servicios.

