Se estima que más de 100.000 personas han sido espiadas sin su consentimiento mediante la localización que permite su teléfono móvil. En el periodo que han permanecido espiadas, esas personas han estado absoluta y permanentemente localizables y se han recogido datos referentes a su ubicación geográfica y sus hábitos. Su privacidad completamente violada. Lo contaba la CNN en su página web. En español describieron la noticia en Microsiervos, de forma bastante aséptica.
El estudio ha sido realizado por investigadores de la Northeastern University (Boston, EEUU), que se han negado a decir dónde han realizado el estudio, limitándose a confirmar que era «un país industrializado». Evidentemente, espiar a miles de personas sin su consentimiento es ilegal en la mayoría de «países industrializados», motivo por el cual no han querido mencionar de dónde (país, operadora) salieron los datos.
Pero no debería quedar la cosa así: ¿Hasta qué punto no es exigible que los investigadores revelen la identidad de la compañía que ha colaborado de los ciudadanos que han sido espíados? Con la información actual que ellos han proporcionado (país-industrializado) cualquiera de nosotros podría haber sido tomado en esa investigación y espiado sin nuestro consentimiento; incluso los que lean este blog, inlcuso yo mismo.
La jugada es maestra: alguien en una universidad yankee espía con absoluta impunidad a más de cien mil personas de un país del tercer mundo conquistable (si está fuera de EE.UU., sin duda es el tercer mundo y sin duda puede invadir de forma unilateral), de forma que a los tribunales yankees (que bastante tienen con los espionajes internos) el asunto se la traiga al pairo y los tribunales externos no tengan ni voz ni voto. ¿Obligará algún día la ley a revelar la identidad de los 100.000 espiados? Mucho me temo que no, pero eso significa que volverá a suceder; nada como la impunidad para que uno haga absolutamente lo que se le ocurra, sin límites ni cortapisas.
