El derecho a leer y el portátil para los niños de primaria

Interesante el post que leemos en Obra en curso: ¿y si como bola extra al portátil (con windows) para cada alumno que comentábamos hace poco se introdujera un sistema de gestión de licencias para cada alumno que posibilitara bloquear los eBooks de estudio en caso de que el portátil sea usado por terceras personas? ¿No es ésa la distopía que Stallman nos contó hace años en El derecho a leer? La verdad, este dato ya colocaría la propuesta más en la línea dura y ultra-restrictiva que el Estado ha mantenido en materia de derechos de autor y nuevas tecnologías, así que no resulta del todo descabellado.

Uniendo el pasaporte a tu tarjeta de crédito

La cosa se pone interesante cuando en el único Estado de la UE donde aún no tienen DNI (Reino Unido), cuya introducción está levantando mucha polémica entre sus ciudadanos, el Estado va a pedir la información relativa a tarjetas de débito y crédito a todo aquel que solicite un pasaporte (Computer Weekly via Open Rights Group).

Hace tiempo Henry Porter avisó que el Estado británico pretendía aumentar el espionaje económico a sus ciudadanos gracias al DNI. Parece que ahora están interesados en saber en qué gastas todo el dinero que mueves en pagos con tarjeta. En todo caso, fuerzan con esta medida algo de lo que pretendían conseguir con la implantación del DNI.

¿Para qué querrá el Estado con tantas ganas conocer en que gastan su dinero los ciudadanos británicos? ¿Para penalizar a discreción? Suecia, Francia e incluso Reino Unido han pensado en ello en el pasado.

Un portátil (con windows) para cada niño

portátiles en el colegio

La imagen es del siempre satírico Mi mesa cojea, al hilo del estúpido plan de dar un portátil para cada alumno (sin haber pensado qué hacer con él) con el agravante de instalar en esos miles de portátiles carísimas licencias de sistemas operativos privativos, en lugar de instalar sistemas operativos libres como los que desarrollan con dinero de nuestros impuestos muchos gobiernos regionales (y pienso en Guadalinex, Linex, Molinux, …).

Es urgente conseguir que los gobiernos autonómicos (que alguien me corrija, pero creo que les compete a ellos llevar a cabo el plan) incluyan software libre en esos portátiles.

Ya que el plan va a ser inevitable, al menos que se use software libre (se desperdicia menos dinero y huimos del colonialismo corporativo respecto de Microsoft).

Bocados de Actualidad (91º)

A la caída de la tarde, en lugar de a la mañana, estamos hoy domingo recogiendo la nonagésima primera ronda de los Bocados, una reunión de anotaciones que no tuve tiempo (o ganas) de comentar entre la semana. Suena My Brightest Diamond, el tono perfecto para esperar que el domingo se vaya terminando.

  • Indarki aclara los cambios en la tarifa de la luz del próximo 1 de julio.
  • Sergio Hernando y el regreso de una vulnerabilidad del pasado.
  • Felix Haro ve claras deficiencias en la muy promocionada ley contra el spam telefónico.
  • Dos mil uno y la caída de las discográficas pequeñas en Last.fm con la introducción del servicio de pago. ¿Fue el movimiento un giro de las grandes acotando mercado?
  • La vigilanta y el enésimo fallo biométrico, éste bastante sorprendente.
  • Ars Technica y la UE multando a Suecia por no trasponer la directiva de retención de datos a su legislación estatal.

Y por ahora esto es todo.

Libro analógico no autoeditado

Ayer hablábamos sobre por qué algunos autores no vamos a estar firmando libros en El Retiro. Hacíamos también un llamamiento a todos los autores que se quieran unir y programamos un acto alternativo el finde que viene. Hoy Rinzewind pone el acento en un detalle que yo olvidé comentar: los libros autoeditados también están prohibidos en la feria del libro. La vieja industria queriendo hacer valer eso que siempre hizo: regular la agenda de temas que se tratan y amplifican en la agenda pública, así como el enfoque con que se amplifican. Cada minuto me alegro más de no estar allí.

Coherencia, boicots y planes cambiados

[El post me ha quedado algo largo, a veces es imposible explicarlo todo con concisión porque resumir elimina detalles imprescindibles. Disculpen las molestias.]

Aunque no lo había comentado, pues no me gusta hablar en público de planes que aún pueden volverse atrás, el próximo 7 de junio éste que os escribe iba a estar en la feria del libro de Madrid firmando ejemplares a los lectores que por allí pasaran a charlar con nosotros. Nosotros, porque íbamos a estar varios autores de la colección Planta 29.

Iba a estar. Ese plan ha cambiado.

Resulta que la feria del libro de Madrid ha denegado la participación al libro electrónico de su evento. Me enteré hace unos días gracias a Loretahur, aunque sin duda quien mejor describe el sentir de muchos de nosotros ante ese movimiento es Daniel Bellón (poeta, autor en papel y, aunque le cueste comprenderlo al gremio de editores, partidario del libro electrónico): «cada cual se suicida como quiere».

La sociedad de control está editado en papel y se puede comprar en librerías físicas, esa estúpida norma no nos dejaba fuera: pero no vamos a estar allí. Y, ¿por qué los autores de Planta 29 no vamos a estar allí firmando, si nuestros libros están editados en papel y esa regla no nos dejaba fuera? Por coherencia.

Aunque en este país enfermo y sin cura haya ministros tecnófobos que consideren asustante la existencia de libros electrónicos. Aunque el sector editorial demuestre esa misma tecnofobia con medidas (desacertadas) como ésta, en las que dan la espalda a la única posibilidad que tienen de salvarse, muchos autores no estamos de acuerdo.

Los editores, sin embargo, ya tienen veredicto: el libro electrónico es el culpable de sus males. Como los necios que son, cerrarán los ojos soñando que al abrirlos el libro electrónico ya no esté allí, no se preocuparán de cuidar el único mercado que tendrán dentro de unos años (el digital) y en ese intervalo el público habrá desarrollado su propia oferta. Y luego vendrán las quejas y las choreras. ¿En qué otra industria han visto eso?

Y no se crean: a mí me habria gustado estar allí, porque me habría gustado que el sector editorial abriese sus brazos al futuro. Porque uno es un autor orgulloso de su trabajo, porque tengo un libro en la calle que quiero que la gente se lea (¡qué cojones, para eso lo escribí! ¡es por eso que está en dominio público, para que lo lea aún más gente!). Me habría gustado estar allí porque sólo voy a los sitios donde estoy agusto. Pero hay que ser coherente: no vamos a estar en una feria que no es capaz de englobar todas las sensibilidades en torno a la creación literaria. No gasto un minuto haciendo nada en lo que no creo, y no creo en ese modelo del pasado. Quieren un corralito para ellos mismos, que se lo queden. ¿De qué sirve estar allí haciéndole las palmas a un gremio incapaz de mirar al futuro y solucionar sus problemas? El mismo gremio que luego exije el canon por bibliotecas y criminaliza el préstamo de libros porque va contra la licencia de uso.

No sirve de nada. Por eso tenemos un plan alternativo: el sábado día 6 habrá un acto de firma de ejemplares de los autores de la planta 29 en El arte de las cosas (Arte de las cosas). El cambio de fecha hace que aún no pueda confirmar mi asistencia, pero sí que estarán Juan Urrutia (El capitalismo que viene), así como Arnau Fuentes y David de Ugarte (De las naciones a las redes).

El arte de las cosas está en pleno barrio Maravillas (malasaña, pa entendernos), en la calle Barco. Esté yo o no (de hecho, con lo aburrido que soy en persona es bastante irrelevante), seguro que pasar por allí compensa el paseo, así que no lo dudéis ni un segundo.

Seguiremos informando.