Cómo los hackers y sus drones nos recuerdan el camino de la libertad

Este año será decisivo para la Red, la previsible entrada en vigor de la ley Sinde pondrá la libertad más difícil a partir de marzo. La extensión de la Stop Online Piracy Act desde Estados Unidos a Europa promete ahondar en la creación de fronteras y limitaciones artificiales en Internet.

Pero no queda ahí la cosa. El año comienza muy movido en temas de seguridad. Lo de menos, que a una compañía especializada en seguridad y defensas antivirus, como Symantec, le robaran el código fuente de su software. Aparte del escarnio, lo más probable es que se descubra alguna puerta trasera que Symantec ofrezca habitualmente a alguno o varios gobiernos alrededor del mundo. Nada que debiera sorprendernos a estas alturas; menos aún en el mundo de los móviles.

La caza de hackers que viene

Entre tanto, un grupo de hackers publicó decenas de miles de datos de tarjetas de crédito radicadas en Israel y ahora el estado israelí les quiere aplicar la ley antiterrorista. Pere Quintana apunta a que la responsabilidad ante la emergencia de este tipo de políticas durísimas debe ser compartida por black hats y gobiernos.

Es posible, pero no se puede negar que los Estados persiguen encontrar excusas que justifiquen la regulación de los usos de la informática. Si hay alguien interesado en la guerra contra el ordenador personal, esos son los estados, que actualmente ven cómo el usuario doméstico puede cifrar mensajes que sus servicios de inteligencia no pueden descifrar. Esta búsqueda no es nueva, pero está claro que en tiempos de SOPA y política del miedo equiparar a hackers con terroristas es el próximo paso en la instauración de un sistema post-democrático como la sociedad de control.

¿Recuerdan la caza de hackers? Sterling la glosó maravillosamente en The Hacker Crackdown. Mucho me temo que el empuje represivo será mucho peor ahora, sobre todo si poseer o usar un ordenador personal llega a ser alguna vez percibido como raro o exótico, un horizonte que puede ser terriblemente cierto de aquí a cinco años. O quién sabe, quizá lo que levante sospechas sea, como me contaba Aleix Cabarrocas en un correo electrónico, no haber sucumbido a la twitterización de la Red.

Guerra fría digital y el ataque de los drones

El gobierno japonés anuncia la creación de una ciberarma: lo llaman el virus antivirus pues, dicen, sólo será usado en defensa propia. Esta noticia ha sido recibida con estupor, y se apunta a que podría marcar el comienzo de una escalada de inversión en ciberarmas que, seguramente, recibió ya un pistoletazo de salida con Stuxnet.

Uno de cada tres aviones de guerra de Estados Unidos son robots. Máquinas que no necesitan tripulante, son controladas remotamente por un militar cuya vida no corre peligro. En los ataques sobre Pakistán, estos robots son responsables de un elevadísimo porcentaje de las muertes causadas por los aviones estadounidenses desde 2004. En los próximos años la proporción robot:humanos crecerá hasta haber más de 100 robots por cada persona, y ¿quién nos asegura que los primeros no serán utilizados para el control masivo de los segundos? John Robb, pintor habitual de escenarios apocalípticos, apuntaba en esta dirección recientemente. Robb puede equivocarse, pero lo cierto es que unas semanas después de que Robb publicara su artículo supimos que la frontera de Estados Unidos con México está siendo vigilada con estos aviones no tripulados, que facilitan y ayudan en la detención de los emigrantes.

La tecnología no es un fin, pero hace posible el fin: el fin único es la libertad

Mucho se ha hablado esta semana de las recientes declaraciones de Vinton Cerf sobre si el acceso a Internet es un derecho universal o no lo es. Cerf argumenta que la tecnología no es un fin, sino un medio. Tiene toda la razón.

Por eso, la pregunta que debemos hacernos acerca de la tecnología es, cómo podemos usarla para ser más libres o hacer más libres a quienes nos rodean. Ahí entroncan muchos de los temas que tratamos habitualmente: el software libre, el uso de los ordenadores como medio para generar autonomía a las personas, en lugar de dependencias, o en un plano low-tech el uso de jaulas de Faraday para proteger nuestras tarjetas de crédito cargadas de RFID.

Occucóptero
[Foto por Sean Captain: Tim Pool muestra su drone hackeado, conocido como Occucóptero, preparado para permitir la cobertura aérea de las manifestaciones de Occupy a los reporteros ciudadanos.]

Los drones no son un tema aparte. Ya hay quien los usa para monitorizar manifestaciones. Estas personas son hackers, en el sentido que Himanen da a la palabra y aquí tanto nos gusta. Sin embargo, lo más probable es que cuando lean la palabra hacker, ésta venga vinculada a otros temas: piratería, delincuencia, virus. Se trata de una confusión interesada que desgraciadamente se ha colado en la agenda, para lamento de quienes se sienten hackers, como Rudy Rucker nos contaba hace unos meses:

«Hacker en el sentido original, antes que la prensa tomara la molesta costumbre de asociar hacker con criminal. Una costumbre muy molesta porque estábamos orgullosos de ser hackers. Queríamos explorar el caos»

Que un dispositivo como un drone doméstico sea utilizado para monitorizar una protesta como la de Occupy Wall Street cuyos objetivos están por aclarar y sus éxitos están por ver no deja de ser anecdótico y, como tal anécdota, poco relevante en sí mismo. Lo importante es el hecho: la tecnología, en manos de las personas, es una fuente inagotable de puertas hacia la libertad. No es la libertad, pero la permite. Por eso cuando prohíben y criminalizan la tecnología (del p2p al cifrado, limitado por ley en algunos países) el daño es mucho mayor del aparente. El daño que Internet ha recibido durante 2011, y el que posiblemente va a recibir durante 2012, tendrá una proyección tremendamente negativa en los años por venir.

Quizá el futuro de Internet y la comunicación libre pase por un enjambre de drones enviando reportes a través de los mismos Magnet Links a los que ahora han abocado a The Pirate Bay y conectados a un Ushahidi (como el que hace unas semanas pusimos a punto en el Hackaton de Open Data). Toda la potencia del p2p, a nuestro servicio gracias a la disponibilidad de hardware. Estos drones domésticos son baratísimos y en muy poco tiempo podrían ser un dispositivo cotidiano. No es desdeñable la posibilidad de que el Estado intente impedirlo y seguro que muy pronto comienzan a retumbar los tambores de la regulación. Cada día que pasa es un día menos para la llegada del momento en que para volar un drone doméstico haya que pedir una licencia al Estado; eso sí, todo en nombre de la «seguridad nacional».

El reto es, por tanto, conseguir que siga siendo posible la obtención de libertad y autonomía para las personas, el fin del que hablamos nosotros, pero también Cerf. Ese reto requiere que no se criminalice a quien haga un uso liberador de la tecnología, ya se trate de un ordenador personal o de un pequeño avión teledirigido. Las campañas de generación de miedo y las prohibiciones exhaustivas buscan demonizar la diferencia y se apoyan en nuestros sentimientos más irracionales.

Si rechazamos ser aterrorizados y si rechazamos ser controlados, podemos crear un entorno mejor en el que vivir, ¿tendremos la voluntad de hacerlo?

Doctor en Química laser especializado en desarrollo de hardware para análisis. Consultor y Project Manager. Autor de los libros publicados La sociedad de control y La neutralidad de la Red.

3 Comments

  1. Gracias por este potente y denso comentario que tendré que digerir por partes y tiempos.
    Dices que “La tecnología no es un fin, pero hace posible el fin: el fin único es la libertad”. Como casi siempre, nos enfrentamos a una dualidad: para unos la Tecnología nos permite ser libres, para otros la Tecnología es la herramienta soñada para impedir que el resto seamos libres.
    Un último apunte, sólo para molestar a los que se repanchingan en su pequeña libertad de ciudadanos de país rico: ¿Queremos ser libres?

    • La tecnología es precedida por ideas (fue aquí que leí esa cadena: ideas-tecnología-organizaciones-instituciones-ideologías) de modo que la tecnología es un medio (junto al aprendizaje y los negocios) para llegar de la idea al menos hasta la organización. El problema que trata el post, creo, es que cuando las instituciones y la ideología son demasiado fuertes, hay muchos incentivos a impedir que ese lugar de las ideas la ocupen ideas nuevas. Tu pregunta me parece, por eso, pertinente. Sólo si nuestra respuesta es sí, querremos comenzar con ideas nuevas. En caso contrario, nos estaremos moviendo en círculo.

    • Claro, la tecnología hace posibles ciertos sueños represivos. Sobre todo cuando se abarata: videocámaras baratas, almacenamiento de vídeo barato, tráfico de datos barato y software de reconocimiento facial barato. ¡Menudo combo!

      Pero la tecnología barata también hace posible cosas buenas: Internet, la posibilidad de configurar nuestra propia dieta informativa que dé lugar a una agenda de intereses que realmente sea nuestra, personalizada.

      Hay muchas personas, seguro que algunas no están dispuestas a tomar el duro sendero de la libertad. El verdadero objetivo es mantener esa ruta transitable para aquellos que estén dispuestos.

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