Hace un par de días tuvo lugar un hecho insólito: falleció la primera víctima mortal en un accidente contra un coche autónomo. La reacción más o menos generalizada está siendo de estupor, con Uber (empresa a cuyo servicio operaba el coche implicado en este accidente) suspendiendo sus pruebas con este tipo de vehículos, pese a que la policía sugiere que Uber podría no ser responsable.
Yo sin embargo quería detenerme en otro aspecto. En realidad, más pronto que tarde los coches autónomos conducirán mejor que los actuales pilotos bípedos de carne y hueso.
Cualquiera que trabaje o haya trabajado en seguridad sabe que se trata de una labor muy ingrata: si nada se rompe, nadie se acuerda de ti; puedes estar durante meses sin que se caíga la WiFi y nadie te dará las gracias («es tu trabajo») y el día que se caiga estará todo el mundo de los nervios y acordándose de ti.
Con el coche autónomo puede pasar lo mismo: esta semana todo el mundo hablará de este accidente, pero pronto los mismos podrían reducirse, podrían ser menos que en la actualidad y nadie reparará en ello. No será noticiable porque a los periodistas les encanta un suceso, algo de morbo fácil con el que captar la atención.
Tras muchos meses con el hype en torno a la conducción autónoma, puede que ahora leamos algún titular agorero. Pero la realidad no cambia nada: lo relevante no es la primera víctima mortal de un coche autónomo, sino la última. No habrá una última en términos absolutos, por supuesto, pero sí conceptualmente: un día los coches autónomos provocarán menos accidentes que los hasta ahora convencionales; y no será noticia porque tendemos a pasar por alto cuando las cosas sencillamente funcionan.
Es algo que veo con cierta analogía a lo sucedido con el ajedrez. Todo el mundo recuerda la primera victoria de una máquina sobre el mejor humano del momento jugando al ajedrez, campeón del mundo en vigor (Kasparov vs Deep Blue 1996). Apenas nadie recuerda la última victoria de un humano contra la mejor máquina del momento (Pomonariov en 2005). Los medios no consideraron ese hecho noticiable, cuando es el verdaderamente significativo en todo ese devenir ajedrecístico.
Como al sysadmin que no se le caen los servicios o al ajedrecista que gana y no es noticia, los coches autónomos tampoco serán mencionados el día en que conduzcan tanto mejor que los humanos que provoquen muchos menos accidentes.
[Otro día debatiremos sobre qué hacer cuando ese momento llegue, porque la única aproximación razonable llegados a ese punto de superioridad técnica es impedir que las personas conduzcan, pero socialmente será complicado de alcanzar.]