El dinero en efectivo es una rémora para la nueva industria publicitaria y aseguradora que pretende florecer y medrar mediante el profundo conocimiento de las personas, de sus hábitos y de los más ínfimos detalles de sus vidas. El dinero en efectivo es un agujero en la trazabilidad de nuestras costumbres diarias. Bendito agujero, por cierto.
Cada vez que pagamos en efectivo no se sabe quién paga y por tanto los publicistas del supermercado no pueden añadir nuestra compra a nuestro perfil para seguir conociéndonos cada vez mejor. Pero es que cada vez que pagamos en efectivo, nuestra aseguradora (que podría estar interesada en cada vez más detalles supuestamente irrelevantes de nuestra vida) no tiene la ocasión de verificar si actuamos de acuerdo a un hipotético patrón de conducta pactado en el seguro. Imaginen que igual que nos piden que encendamos el GPS, nuestro seguro médico nos prohíba comprar patatas fritas y al pagar con dinero en efectivo pudiéramos burlar esta norma. ¿Quién sería uno de los grandes interesados en que no paguemos en efectivo? El estado y nuestra aseguradora de salud estarán tan interesado como los publicistas del super en conocer qué hemos comprado.
La incipiente industria de la información personal, cuyo ejemplo más exitoso hasta ahora es Google (Facebook también promete llegar muy lejos a costa de reducir nuestra privacidad), que rascando mínimamente la información personal que obtiene de nosotros se ha convertido en una de las empresas más ricas del mundo, está por tanto ideando continuamente formas de pago más «cómodas» y «revolucionarias» que prometen hacer olvidar el dinero en efectivo. El último en pronunciarse al respecto ha sido uno de los directivos de VISA Europa, que apuesta a que dentro de 5 años el dinero en efectivo habrá desaparecido (Independent via Meneame).
Se equivoca de pleno y que habla con el corazón y no con la cabeza anteponiendo sus deseos a la situación más probable dentro de 5 años (para este hombre, ese escenario representa un éxito absoluto pues su empresa está en posición ventajosa para instaurar la nueva divisa digital). No creo que en un periodo de tiempo tan breve veamos una revolución tan fuerte en este ámbito. En cualquier caso, las consecuencias de un movimiento en esta dirección serían desastrosas y las comentamos hace meses en Hacia un mundo sin dinero en efectivo. Por supuesto, junto a aseguradoras y publicistas, el estado está igualmente interesado en saberlo todo sobre todos. Ahora que el contrato social se ha roto en la Unión Europea, el estado podría comenzar a cobrar impuestos adicionales a aquellos que no cumplan estrictas normas de alimentación saludable. Esto ya sucede en países como Suecia y se ha intentado introducir en Reino Unido, de forma que no sorprende que la UE quiera introducir chips RFID en los billetes de euro, que también reducirían el anonimato incluso cuando empleemos dinero en efectivo.
En definitiva, creo que la afirmación de este directivo de VISA es muy osada y que forma más de su mensaje publicitario que de una predicción verdadera, pero aún es cierto que hay una tendencia a abandonar el pago en efectivo para muchas de las cosas que hacemos regularmente. En todo caso, la reducción de los pagos anónimos es una tendencia a tener muy en cuenta cuando medimos y evaluamos la situación y la salud de nuestra privacidad, así como su situación futura.

La batalla legal de la RFID está por jugarse y hay mucho en juego.

