Lavando cerebros de «terroristas» en «centros de terapia»

¿Sabíais que Gordon Brown estuvo visitando a unos terroristas que están sometidos a terapia para dejar de ser terroristas? El gobierno británico lo llama «centro de desradicalización», y si no fuera tan serio daría para un gran guión de sci-fi.

Resulta que más de mil sospechosos de terrorismo de baja intensidad (recuerden que aquí esa expresión se inventó para llamar terrorismo a lo que de otra forma no habría sido posible calificar como tal cosa). Y recuerden que en Reino Unido la mera posesión de algunos libros es ilegal por violar leyes antiterroristas. A estos más de mil sospechosos se les lava el cerebro mediante un programa combinado de educación religiosa y tratamiento psicológico.

No es coña, lo contó El Mundo y yo me he enterado gracias a Algarabía.

No sé si me asusta más que los tengan en terapia (como si fueran enfermos, como esos que siguen pensando que los homosexuales son enfermos), que Gordon Brown se pasee por ahí dándose golpes en el pecho delante de toda su maquinaria lisérgica de lavado de cerebro, pensar que en algún lugar de ese «centro de terapia» hay lugares tan terroríficos como la habitación 101 donde a la gente los electrocutan como los electrocutaban en los años 50 en EE.UU. o el hecho de que en la actualidad todo lo que se criminaliza es tachado de terrorismo. Aunque haya palabras mejores para definir la realidad.

Y ahí está el presidente del país occidental que peor parado sale cada año en los informes de Privacy International, abusando de neolengua: usando la palabra que comienza por T para obligarnos a pensar en un sentido, pues (parafraseando a David Bravo) es muy dificil decir «estoy a favor del terrorismo» sin que suene a demencia senil.

Leer noticias como ésta da bastante repelús.

La lógica del hardware distribuido

En el post anterior hablé de cómo se puede usar la infraestructura como ventaja competitiva con la que arrollar a tu competencia en internet y de cómo estas prácticas repercuten en una concentración creciente de la red. Ninguno de los atenuantes (algunos de los cuales esbozo al final de ese mismo post) que podamos pensar para no juzgar a los gigantes de la red de forma excesivamente agria cambia el hecho de que la evolución de la red en los últimos tiempos amenaza un principio básico en la construcción de la misma; un principio subyacente a la red misma y que rara vez se comenta. Evidentemente, la concentración de la red afecta a la neutralidad de la red de forma mucho más sutil (y difícil de ver) que como lo hace el control grosero de paquetes de datos. En internet, lo que no te enseñe el buscador de turno prácticamente no existe.

Internet debe su éxito al modo en que fue construida. No, no voy a hablar otra vez de protocolos y controles. La red fue construida utilizando una lógica implícita que en su día nadie osó siquiera cuestionar (no había alternativa): la lógica del hardware distribuido. Toda conexión, todo servidor (tuviera o no conexión permanente a la red) necesitaba una máquina corriendo allí donde estuviera. Estos servidores se encontraban dispersos y no se podía tener un servidor sin tener una máquina.

Ahora, los gigantes de internet (Google, Amazon, Microsoft, Yahoo!, …) quieren cambiar eso. Cuando estas empresas te ofrecen hospedar todos tus datos, todas tus aplicaciones y todos tus proyectos, están subvencionando la infraestructura de la red. Pero algo sólo te pertenece cuando pagas por ello. Que te subvencionen la infraestructura y que no pagues nada por ello conlleva que la infraestructura hardware deja de ser tuya para ser propiedad de una empresa (la que sea: Google, Amazon, Microsoft, Salesforce, …).

El precio a pagar por esa infraestructura prestada, evidentemente, es dejar de tener el hardware distribuido y bajo control de infinitas personas para tenerlo centralizado y absolutamente bajo control de una única entidad. Se crea entonces una relación de dependencia allí donde había una relación entre iguales. Este esquema se repite no sólo en el ámbito personal, sino en el empresarial; incluso en sectores que son competencia directa de las grandes empresas de la red, como las empresas de hosting. Al fin y al cabo, ¿quién se queda un trozo de tarta si se puede quedar con la tarta entera?

Sucede, por tanto, que sin hardware distribuido la red no puede ser distribuida y por tanto no será totalmente libre. Los servidores deben estar diseminados por ahí y no en unos pocos data centers propiedad de únicamente 3 o 4 empresas que poseen la mayoría de nodos de la red. Una red distribuida necesita una lógica de hardware distribuido en la que apoyarse y de la que sustentarse. Si dejamos de pensar en clave de servidores distribuidos, la red quedará irremesiblemente bajo control de aquellos que pagan por ello. Cada euro que gastas apoya algo, y si no pagas nada por algo, no vale la pena engañarte creyendo que te pertenece. Le pertenece a aquel que pagó por ello. ¿Qué internet quieres tener dentro de 10 años?

La infraestructura como ventaja competitiva

Google es uno de los temas de moda. No como la primera vez, cuando usaba Altavista y un compañero de la facultad (¿me estará leyendo el Juanma?) me dijo que había «otro mucho mejor: "gógel", con dos "o"». No como cuando revolucionó el webmail aumentando en tres órdenes de magnitud la capacidad ofrecida por los webmails de aquel momento (y sobre esto vamos a hablar ahora). No. Google es uno de los temas de moda porque está empleando una de las estrategias más agresivas que hemos visto en internet para conseguir y mantener una posición ventajosa en la red como ninguna otra empresa ha tenido nunca en ella.

Y esa estrategia agresiva no es otra que la de utilizar la intraestructura como una ventaja competitiva. Por supuesto, no son los primeros que lo han hecho en el mundo, pero son los que se están llevando el gato al agua en la red. Enseguida paso a explicar eso que digo. Voy a intentar ser conciso para que el tema no se me alargue.

En primer lugar, aunque tengo posts bastantes viejos que versan sobre este tema (la concentración de la red y la red que se pierde en la nube), no es hasta hace un tiempo (ya bastante, este post es uno de esas reflexiones eternamente inconclusas) que comenzó a tomar forma esta idea.

Antes he hablado de la aparición de GMail. Sucedió en 2004. En aquel momento el buzón de correo promedio tenía un tamaño de unos pocos megabytes (2MB Hotmail, 5MB Terra, 10MB Lycos) y había decenas de proveedores de correo electrónico gratuito vía web. Google lanzo el «gigamail» y en cuestión de meses la inmensa mayoría de proveedores de correo desaparecieron. Fueron borrados del mapa, arrasados por el huracán G. ¿Qué había hecho Google? Proponer su vasta infraestructura como una ventaja competitiva frente a otros proveedores de webmail. Ganar una parte del mercado a base de anteponer una barrera de entrada muy elevada (y el control absoluto del público más técnico a base de proponer una aplicación bien resuelta y elegante, que por cierto no es libre).

Desde abril del 2004 a septiembre del 2008, Google no ha cesado de dar pasos en la misma dirección, un camino que les apareció virgen visto el enorme éxito cosechado con el webmail. Google se lanzó a la carrera de ofrecer aplicaciones online. Así Google te ofrece editor de texto, hoja de cálculo, o almacenamiento de imágenes y vídeos, entre las varias decenas de productos que oferta. Todos tienen en común una cosa: se apoyan en la infraestructura del gigante para reducir a la competencia. La culminación de esta estrategia llegó con Google App Engine, en la que ofrecían «computación distribuida» para todo el que quiera hospedar sus proyectos con ellos. Lo llaman la computación en nube (palabra tan gastada ya como la web 2.0) y pese a que no dudo de la capacidad técnica de Google para desarrollar un proyecto de ese tamaño, me temo que mis objeciones no son técnicas, no al menos en primera instancia. La red es lo que es (lo que a todos nos gusta, ese lugar donde encontrar cualquier cosa que buscamos desde información a música, gente afín o descargas) porque era altamente distribuida. Si Google centraliza servicios y continúa acumulando peso (por hablar en términos de ponderación matemática) dentro de la misma, la red no puede considerarse verdaderamente distribuida.

Por supuesto, y como se argumenté en su día en una conversación en el blog de Acalpixca, no estamos aún en la GoogleNet (afortunadamente). Pero, como ella apuntaba, Google gana preeminencia en casi todos los frentes de mercado de Internet y corremos el riesgo de que se convierta en un monopolio incontestable. Y si no pudiéramos acceder más que a páginas de Google, ¿quién levantaría la voz? Mejor aún: ¿te dejaría Google (y su algoritmo) acceder a esas páginas que levantasen la voz?

Ahora mismo, Google tiene decenas de miles de computadoras y un montón de datacenters repartidos por el globo para que tu busqueda sea resuelta en centésimas de segundo. ¿Para hacerte más feliz ahorrando tiempo? Decir sí a esa pregunta es dar una parte de la verdad pero obviar el resto. Lo cierto es que dándote la búsqueda en 0.04 segundos en lugar de en 0.09, Google te ahorra tiempo. También te da el doble de búsquedas por unidad de tiempo (el doble de anuncios por unidad de tiempo, el doble de clicks, el doble de pasta que se llevan). Pero lo terriblemente cierto es que al rebajar ese tiempo al máximo lo que sí consiguen es expulsar de la carrera por “ofrecer resultados rápidos” a cualquier otro competidor. ¿Tienes un buscador maravilloso? Más te vale tener cientos de miles de máquinas tirando del carro (se calcula que Google tiene todas esas computadoras)… o estarás perdido en la batalla por ofrecer buenos resultados en tiempo récord.

Alguien dirá que si la manera de expulsar al resto de competidores es mejorar los productos, ¿dónde está el problema? El problema es que una vez expulsas al resto de competidores, no existe la necesidad de invertir para mejorar los productos. Cuando no puedes ganar cuota de mercado y nadie te la puede quitar, el mayor rendimiento pasa por no mover un dedo en cambiar nada y dejar que la maquinaria permanezca en un status quo inamovible. El problema es que cuando estás sólo en el mercado, puedes imponer condiciones draconianas a los compradores/usuarios. ¿Cuántas funciones nuevas ha incluído Microsoft Office 2007 que no estuvieran ya en MS Office 2000? ¿De verdad 7 años sólo para eso?

Google ha puesto rumbo hacia la concentración de la red bajo su control. Y quizá «no tuvieran elección». Es posible que con la tecnología de búsquedas actual, Google no se pueda permitir otro tipo de estructura de red que no sea la estrictamente centralizada sobre sí mismo. Puede que sea cierto que en una red cada vez más grande, la infraestructura necesaria para conectar dos puntos de internet en el tiempo que demandamos tenga que ser enorme y controlada por una única entidad. Es la paradoja del control de internet, y sin duda alguna Google se siente cómodo en esta situación, debido al papel que le toca desempeñar: en una internet cada vez más grande, son cada vez menos los que tienen la infraestructura necesaria para conectar dos nodos cualesquiera de la red en el tiempo que le pedimos a la red.

Reivindicar la condición de intruso

«Trato de que mis poemas conversen, por eso cada vez contienen más preguntas. Y cuatro, mi orgullosa condición de intruso. Hace unos días Victor Ruiz hablaba de que la informática es una chapuza, en el sentido de que era territorio fértil para gente imaginativa y bricoleurs frente a quienes tratan de ponerlo todo en cajoncitos estancos, eso sí, muy profesionales.Yo reivindico la condición de intruso para la poesía, porque a veces sólo con una mirada intrusa pueden verse detalles de la realidad que nos tratan de ocultar o que los profesionales del ramo, en su rutina, no ven.»

Daniel Bellón, poeta, ayer en la presentación de su nuevo libro.

Me encanta esa manera de ver las cosas. Ya está bien de que los que saben nos piensen el mundo: ni los que saben de periodismo (periodistas profesionales), ni los que saben de música (productores profesionales y editores) ni los que saben de nada de nada (políticos, sin ir más lejos). Ni necesito hacer más concesiones por culpa de la crisis en nombre de una «reforma del capitalismo» que da bastante susto así estando a la espera. Ningún ministro me representa mejor que yo, ningún periodista me cuenta el mundo mejor que yo lo veo. Ningún poeta me sueña el mundo mejor que yo lo sueño.

Diréis que representarse a uno mismo, ver el mundo con los propios ojos y soñar el mundo por uno mismo requiere trabajo y tiempo. Yo estoy dispuesto a hacer el esfuerzo de representarme, de ver el mundo con mis ojos y de soñar mi mundo. El resto de opciones, honestamente, son basura.

Mi jueves gana enteros leyendo posts así.

Bocados de actualidad (70º)

La sección periódica menos periódica vuelve hoy (y ni siquiera es domingo) porque pasé unos días fuera y al volver pensé que mejor que aburrirles con detalles que a nadie interesan podía pasarles algunos enlaces interesantes (muy pocos, no se agobien) con lecturas siempre provechosas. Suena la Coda Flamenca de lo último de Extremoduro (de verdad, pensé que jamás volverían a hacer un disco que me gustase) y les dejo con la septuagésima ronda de los Bocados.

  • ¿Leyeron que los blogs están muertos o van a morir? Tonterías. Los blogs no mueren aunque es verdad que quizá no todo el mundo sienta la necesidad de abrirse uno. Acalpixca hace un gran comentario sobre la muerte de los blogs (o sobre la no muerte de los mismos, diría yo).
  • coSSitas nos muestra algunos comandos muy interesantes para usar en la consola de GNU/Linux (incluso servirá a esos que usáis KDE :P).
  • Mercè Molist nos habla de optimismo. Me parece interesante para evitar que todo rumor financiero se convierta en verdad por el mero hecho de existir.
  • Estuve unos días por Barcelona y me tocó ignorar la última catetada barsalunesa: un enorme retrato de Barack Obama construido en mitad de la playa. Nadie comenta la jugada tan bien como Algarabía. No se pierdan el comentario de Arnau al respecto de la alienación abstracta que nos traen con tantas elecciones yankees (y eso que es de antes que la catetada ésta).

Uf, ¿ya? Eso parece. Pasen buen (resto de) fin de semana.

Homer Simpson y el voto electrónico

Sin que sirva de precedente, voy a empotrar un vídeo en el blog. Se trata de un fragmento de Los Simpsons en el que Homer intenta votar por Obama y en fin… véanlo ustedes mismos.

El vídeo lo vi en lo de Rinzewind y no he podido evitar acordarme del viejo vídeo del 2004 para parodiar el robo de las elecciones (de las que ni siquiera se avergonzaban los implicados) entre Kerry y Bush en aquel país. De un sistema de voto capaz de conseguir que ni siquiera un candidato se vote a sí mismo nos lo podemos esperar todo.

Estaré fuera unos días. Tengan cuidado ahí fuera y no la líen demasiado.

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